Valparaíso

La OlaFig. 1. Primera presentación © scs.

En un sitio eriazo oculto tras una fachada continua en los cerros de Valparaíso, un taller de la escuela de arquitectura de la Universidad de Oslo creó un espacio excepcional, un teatro abierto y comunitario. A diferencia de operaciones similares, aquí la arquitectura sí importa. El proyecto le da sentido al encargo y al sitio, proponiendo un modelo de intervención urbana que bien podría replicarse en otros lugares.

Eriazo, nuestro cliente para el proyecto La Ola, es un colectivo cuyo objetivo es reemplazar la estructura neoliberal de Chile a través de espectáculos, obras de teatro, títeres, circo, música y seminarios. Así, reciclan los desechos producidos por la sociedad para generar herramientas de resistencia, transformadas en arquitectura, teatro, música, circo, pintura, artesanías y educación, ayudando a construir formas alternativas de trabajo y aprendizaje que vendrían a transformar nuestra relación con el entorno.

Cuando nos contactaron a fines de 2014 para desarrollar el proyecto en Ecuador 428, no entendíamos los objetivos generales del colectivo. Asumimos que, siendo en su mayoría actores egresados, necesitaban un anfiteatro donde realizar espectáculos. Desde el otro lado del mundo, y teniendo un contacto digital esporádico, fue sólo durante el mes que pasamos en Valparaíso construyendo conjuntamente el proyecto que nos dimos cuenta de la magnitud de las actividades sociales del colectivo.

Es difícil saber en qué medida este malentendido afectó el proyecto. Si hubiésemos tenido la comprensión que hoy tenemos de Sitio Eriazo, es probable que hubiéramos respondido de otra forma. A la vez, la arquitectura como artificio surge no sólo de una respuesta directa a las necesidades del cliente sino que tiene objetivos propios que interactúan de manera compleja con las particularidades de la tarea en cuestión.

La Ola toma la forma clásica del anfiteatro, yuxtaponiendo una rampa de acceso en espiral que sirve tanto a los asientos como al nivel superior del sitio, convertido en huerto. Un ‘parrón’ inclinado da sombra a las mesas por debajo. Detrás de los asientos se ubican las instalaciones auxiliares: un área de cocina con horno de barro y una parrilla, (que le permite a Sitio Eriazo repartir comida durante los espectáculos), bancos de taller, un baño y áreas para reuniones del grupo.

Fig. 2. Anfiteatro © scs

Fig. 3. Planta.

Fig. 4. Detalle módulo asiento e isometría despliegue de elementos.

Por-que-el-croquis-Titulo

Publicado en

ARQ 92
Abril 2016

Autores

Christian Hermansen Cordua. Arquitecto, Pontificia Universidad Católica de Chile, 1970. Master in Architecture and Urban Design, Washington University, 1974. Profesor en Kingston School of Architecture, Strathclyde University (Escocia) y Mackintosh School of Architecture Glasgow School of Art, donde se desempeñó además como Director de Estudios de Posgrado. Ha dictado conferencias en América, Europa y Asia. Ha publicado diversos libros, entre otros Manifestoes and Transformations in the Early Modernist City y contribuido en revistas, libros y exhibiciones en Europa y ee.uu. Desde 2004 es profesor en la Oslo School of Architecture and Design (aho), donde dirige el ‘Scarcity and Creativity Studio’ (scs).

Solveig Sandness. Ingeniero, Norwegian University of Science and Technology, Noruega, 1994. Master in Structural Engineering. Se desempeñó como ingeniero entre 1994 y 2006 en el desarrollo de software de análisis estructural, diseño de infraestructura submarina para la industria petrolera y proyectos de estructura para distintos edificios. Desde 2004 ha sido profesor asistente en la Oslo School of Architecture and Design, donde dicta clases en cursos tanto de pregrado como de postgrado, entre ellos, el ‘Scarcity and Creativity Studio’ (scs).

Este libro busca dar a conocer la obra del arquitecto chileno Miguel Eyquem, con el fin de exponer su trabajo a arquitectos y estudiantes para que puedan reconocer y dimensionar su genuina contribución a la arquitectura, siempre con una mirada que recorre desde la observación hasta la construcción de la obra.

Su trabajo profesional se desarrolla en distintos ámbitos del quehacer arquitectónico nacional, tanto público como privado, destacándose por su permanente capacidad de proponer una mirada propia desde su condición de urbanista y arquitecto, como también desde la ingeniería y la construcción, lo que queda expuesto en cada una de sus obras. Presentar el trabajo de este arquitecto no es solamente exponer un listado de obras, sino que exige conocer y acercarse a su manera de ver y sentir el oficio en toda su dimensión. Desde su permanente disposición para hacer de cada obra un nuevo ejercicio de pensamiento arquitectónico –que no se separa en ningún momento del oficio constructivo– y para resolver y materializar una idea en forma concreta, Eyquem desarrolla su trabajo cerca del ámbito del detalle y también de la gran escala, de la ciudad y del territorio.

Toda esta experiencia profesional se ha visto acompañada por su labor académica como profesor en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso, la que junto a Alberto Cruz, Godofredo Iommi y otros arquitectos y artistas, refunda el año 1952, en base al encuentro e interacción entre la poesía y la arquitectura. La Escuela de Valparaíso desarrolla un fructífero trabajo académico, planteando una nueva forma de enseñar y concebir la arquitectura desde una permanente investigación, exploración y una nueva mirada del mundo que nace de la observación del acto poético en el lugar que iniciaba la obra por intermedio de la palabra y el croquis, algo que más tarde encuentra en el concepto de Phalène la manera de hacer aparecer el regalo poético de la obra.

Extracto de la presentación por Germán Squella.

La realización de este libro ha sido posible gracias a la colaboración entre el Taller de Diseños de la Escuela de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Ediciones ARQ y Ediciones Universitarias de Valparaíso.

Miguel-Eyquem-Titulo

Lanzamiento:
4 de Mayo 2016

Autor: Miguel Eyquem
Proyecto editorial: Germán Squella, Sylvia Arriagada

Textos en español, fotografías e imágenes duotono y blanco y negro, planos, dibujos y esquemas
Páginas: 180
Formato: 22 x 26 cm.
Peso: 0,8 kg. aprox.
ISBN: 978-956-9571-13-8

Índice
Presentaciones

Miguel Eyquem, arquitecto / Germán Squella

Introducción / Miguel Eyquem

La construcción de la arquitectura / Fernando Pérez

Lo leve y lo extenso en el acto arquitectónico. El aire, la materia, el espacio / Cristián Valdés

El domino del aire / Juan Baixas

El aire recortado de las envolventes / Tomás Browne

Miguel Eyquem. Reseña de una conversación sostenida en el tiempo / Alex Moreno

Obra comentada

Tienda Citröen CAAL, Miguel Eyquem. Santiago, 1978 / Cristián Valdés

Casa Peña, Miguel Eyquem. Colina, 1980 / José Cruz Ovalle

Del Proyecto a la Obra

Hotel Antumalal

Parroquia Santa Clara

Casa Gabor

Casa Ischia

Parroquia Santa Teresa

Casa en Machalí

Centro Alameda-Villavicencio

Casa Las Flores

Urbanización San Luis

Casa Olivetti

Casa en Santo Domingo

Tienda de electrónica Panasonic

Edificio tipo para Alameda

Tienda Citroën caal

Plaza Puente

Edificio Orán

Casa en Portezuelo de Colina

Casa Braidot

Casa en Capellán Abarzúa

Colegio Francisco de Asís

Galería La Puntilla

Torres de la Plaza del Agua

Casa en Santa Julia

Proposición de Edificio Económico

Casa en Los Perales

Otros estudios

Notas para una semblanza de Jean Prouvé

Travesías

Moldajes flexibles

Estudio de muebles

La aviación

Conclusión
Agradecimientos y Colofón

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En Valparaíso, el sector inscrito el año 2003 como Sitio de Patrimonio Mundial por la UNESCO corresponde a 23 hectáreas del área histórica de la ciudad puerto y a 46 hectáreas que han sido definidas como zona de amortiguamiento. Este polígono de 69 hectáreas, de límites muy acotados en relación a la superficie total de la ciudad, cuenta en la legislación chilena con una protección bajo la categoría de Zona Típica, en el marco de la Ley 17.288 de Monumentos Nacionales.

En la postulación del expediente enviado el año 2001 al Centro de Patrimonio Mundial de UNESCO, la única zona portuaria que Chile incluye dentro del polígono propuesto para protección era el sector de Muelle Prat y el espigón, dejando fuera toda el área donde hoy se contempla el plan de expansión del puerto. Esta zona se encuentra poblada por una serie de estructuras patrimoniales que testimonian el auge de Valparaíso durante la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, muchas de ellas con protección oficial por parte del Estado en tanto inmuebles singulares.

La escasa representación de bienes portuarios en la nominación no se explica entonces porque se desconociera el valor patrimonial de las instalaciones industriales o ferroviarias en desuso. Al contrario, se trató de una decisión consciente; una omisión que hacía viable en términos políticos una postulación de esta naturaleza. Concretamente, junto con el reconocimiento internacional de una zona acotada, se buscaba dejar fuera del Sitio de Patrimonio Mundial todo el sector en el que habría de expandirse a futuro el puerto de Valparaíso, predios fiscales en los que justamente se emplazan la mayoría de estas estructuras.

En ese entonces la Empresa Portuaria de Valparaíso ya contaba con su plan de desarrollo, el cual fue explicitado en el expediente a UNESCO y llevado a efecto gradualmente en los años posteriores, según lo allí señalado¹. Para las lógicas de este plan, una protección territorial que incorporara mayor superficie habría constituido un obstáculo indeseado para la libre estrategia de expansión trazada, que ya se encontraba en curso. De tal manera, pese a que en su resolución UNESCO recomendó al Estado de Chile hacer un esfuerzo por catastrar los vestigios industriales del pasado portuario², estas acciones no fueron emprendidas y se siguió adelante con el plan original. Sin embargo, nadie en el país pudo prever en 2003 que diez años después, al momento de hablar de una óptima protección patrimonial en contextos urbanos, la idea misma del límite habría caído en descrédito tanto en Chile como al interior del Comité de Patrimonio Mundial y entre los órganos internacionales que asesoran a UNESCO en estas materias³.

De-limites-y-patrimonio-urbano-01Fig. 1 Fuente Paula Lavados, 2014. Plan de Desarrollo Portuario. [1] Terminal San Mateo. Aumento área de acopio: 14,6 hás. Inversión: MMU $ 510. Integración caleta El Membrillo. / [2] Ampliación Terminal 1. Aumento del muelle: 120 m de largo. Aumento de área: 0,6 hás. Inversión: MMU $66. Obras: 2013 – 2015. / [3] Ampliación Terminal 2. Área de acopio: 9,5 a 12,4 hás. Inversión: MMU $ 350. Obras: 2017 – 2022. / [4] Centro Urbano Puerto Barón. Nuevo centro urbano y económico. Paseo costero: 840 m de largo, 40 metros de ancho. Conectividad: 2 estaciones Merval, Nueva avenida Bicentenario. Inversión: MMU $ 120. Obras: 2014 – 2014. / [5] Puerto a gran escala Yolanda. 82 hás. Inversión: MMU $ 1.800. Plan Manejo Zona Típica.

El anacronismo de los límites

El impacto producido por el explosivo crecimiento urbano en ciudades como Sevilla, Kiev, Panamá, Londres, Quito, entre muchas otras –sumado a una creciente valoración del paisaje– instaló en el Comité un profundo cuestionamiento hacia proyectos que, pese a construirse fuera de los límites de un Sitio de Patrimonio Mundial determinado, fueron considerados como una amenaza a los valores por los cuales se estableció su resguardo.

El conflicto se consolida cuando, para hacer frente a esta situación, el propio Comité comienza a echar mano de manera sistemática a un apartado específico de las directrices prácticas de la convención de 19724, con el claro objetivo de forzar una interpretación que permitiera ampliar su ámbito de recomendaciones hacia situaciones que ocurrían fuera de los polígonos protegidos y de sus zonas de amortiguamiento.

El proceso descrito, aún a riesgo de parecer discrecional, se encuentra en clara sintonía con la recomendación metodológica de los Historic Urban Landscapes que aprueba la Conferencia General de UNESCO el año 2011. Ésta propone una aproximación amplia, que integre políticas y prácticas de conservación dentro de los desafíos del desarrollo urbano. Esta visión global, al poner énfasis en la complejidad de los factores que inciden en el adecuado manejo de lo que ahora se conceptualiza bajo parámetros de paisaje, relativiza de paso –sin hacerlo explícitamente– el tema de los límites impulsados en la misma convención.

Esta dinámica internacional, en que la idea misma del límite queda en entredicho al momento de proteger patrimonio urbano, paisajes y territorios, es similar a la que viene ocurriendo simultáneamente en Chile, en un proceso impulsado más por los porfiados hechos que por un pensamiento articulado capaz de prever la complejidad del fenómeno.

En efecto, si cotejamos los primeros casos de protección de contextos urbanos impulsados bajo la ley de Monumentos Nacionales con otros más recientes, podremos constatar el aumento exponencial de las superficies comprometidas en estos últimos respecto a los primeros. Un ejemplo claro resulta al comparar las 3,7 hectáreas protegidas en la zona típica Entorno Iglesia La Matriz (1971), en Valparaíso, con las 113,5 hectáreas de la zona típica de los barrios Yungay y Brasil, en Santiago Poniente (2009).

Este cambio de paradigma está cruzado por múltiples factores. En primer lugar, por el ya mencionado crecimiento urbano que, tanto en Chile como en otras zonas del planeta, ejerce presión sobre áreas consolidadas y las transforma radicalmente. En estos casos, las figuras legales de protección patrimonial suelen ser empleadas como una forma de resistencia a normativas urbanas consideradas permisivas e instrumentales a estas lógicas de desarrollo.

En segundo lugar, la relativización de los límites puede explicarse por la ampliación sostenida de las superficies protegidas, en un proceso que pasa de los enclaves acotados a vastos territorios. Bajo esta lógica, se trata de establecer por decreto la idea de que la protección del paisaje requerirá de un área de resguardo que tenga al menos su tamaño, incorporando idealmente los conos visuales, los sistemas naturales o culturales que lo sostienen, u otras condicionantes sistémicas propias de cada sitio.

Esta situación de cambio de paradigma se refleja con nitidez en el caso de Valparaíso, al que el Comité de Patrimonio Mundial ha prestado una especial atención. Lo anterior, pese a que los proyectos mismos del Plan de Desarrollo Portuario –con excepción de las vías de acceso, que sí cruzan el polígono– se ubican fuera de los límites protegidos dentro de las 69 hectáreas del Sitio de Patrimonio Mundial.

Esta preocupación de UNESCO queda expresada con claridad en diversas recomendaciones del Comité de Patrimonio Mundial, el que invita primero a que el Estado de Chile retrase cualquier intervención irreversible en el Mall Puerto Barón hasta que una misión internacional de asesoramiento haga sus recomendaciones⁵, para luego solicitarle al mismo Estado la elaboración de diseños arquitectónicos alternativos para dicho centro comercial, que tomen en cuenta los atributos del bien patrimonial⁶. En el caso de Chile, el problema es que la actualización del criterio que pone en entredicho la operatividad de los límites no viene acompañada de un ajuste en los instrumentos diseñados para la salvaguarda de los bienes patrimoniales. En el fondo, el conflicto nos sorprende en un momento de transición conceptual y normativa.

En parte por el escenario descrito tanto en el concierto internacional como en el plano local, la relativización de los límites tiene a la vez una inesperada consecuencia: devolver al proyecto de arquitectura su rol central al momento de dar una respuesta adecuada y específica a estas fuerzas en pugna. Al menos eso es lo que termina expresando UNESCO con sus recomendaciones y así lo han entendido también las variadas propuestas alternativas que han sido levantadas para enriquecer el debate.

De-limites-y-patrimonio-urbano-04Fig. 2 [A] 1971. Zona Típica entorno Iglesia La Matriz, Valparaíso. Superficie: 3,7 hás. / [C] 1984. Zona Típica sector que rodea la Plaza de Armas de Yerbas Buenas. Superficie: 8,8 hás. / [E] 2009. Zona Típica sector que indica de los barrios Yungay y Brasil de Santiago Poniente. Superficie: 113,5 hás. / [B] 1977. Zona Típica calle Baquedano y plaza Arturo Prat, Iquique. Superficie: 9,6 hás. / [D] 1996. Zona Típica barrio Mulato Gil de Castro, Santiago. Superficie: 12,3 hás. / [F] 2010. Zona Típica propuesta polígono para zona típica barrio Bellavista, Santiago. Superficie: 118,7 hás.

Costanera pública de Valparaíso

Si no fuera por el pequeño andén abierto al mar del Muelle Prat, en términos de acceso público, Valparaíso sería hoy una ciudad mediterránea entre el sector de Muelle Barón y el molo de abrigo.

Esta larga franja de tres mil metros lineales enfrenta justamente el área histórica de la ciudad en que se ubican el Barrio Puerto y el barrio El Almendral, zonas cuyo origen y desarrollo no pueden entenderse separados de las dinámicas históricas del borde costero.

Esta forma de aislamiento de la ciudad respecto a su frente marino está relacionada a la segregación programática de gran parte de los terrenos fiscales ubicados en la línea de costa para usos portuarios, lo que en la práctica se traduce en la imposibilidad de que los ciudadanos, ya sean habitantes de Valparaíso o visitantes, puedan acceder a ellos.

Actualmente, esta segregación no supone una negación de las vistas, debido en gran medida a la geografía de la ciudad y a que la principal zona de acopio y transferencia de carga portuaria se concentra en el sector del Terminal 1, frente a la escarpada ladera del cerro Artillería, en el extremo poniente del Barrio Puerto.

Sin embargo, tanto las lógicas de accesibilidad como la relación visual de la ciudad con su frente marino se podrían ver radicalmente alteradas a la luz de los proyectos contenidos en el Plan de Desarrollo Portuario, especialmente en aquellos trazados para el Terminal Cerros de Valparaíso, también conocido como Terminal 2, y para el polígono asociado a la bodega Simón Bolívar en el sector del Muelle Barón.

Si bien existen otros proyectos de la empresa portuaria que en el papel aparecen como significativamente más invasivos, como es el caso del ciclópeo Puerto a Gran Escala en el sector de Yolanda, en la práctica son el Terminal 2 y el denominado Mall Puerto Barón aquellos que constituyen hoy las amenazas más inminentes a la relación de la ciudad con el océano Pacífico⁷.

La importancia de ambos proyectos, y el nivel de impacto que tendrán en Valparaíso, no se condicen con la escasa participación que han tenido las autoridades porteñas y los representantes de la sociedad civil en las definiciones más básicas de estas iniciativas.

Lo anterior se explica en gran medida por la completa autonomía y el escaso diálogo entre los instrumentos de planificación del puerto y los que rigen a la ciudad, así como por la atomización de los distintos proyectos contemplados. Todo esto se ha visto traducido en un fuerte movimiento de resistencia por parte de la ciudadanía organizada, la que ha logrado canalizar sus demandas mediante consignas simples y directas –»Mar para Valparaíso», «No al Mall Barón»– las que han sido acompañadas de campañas comunicacionales y de la generación de propuestas alternativas.

Frente a esta realidad parcelada, resulta imposible enunciar el que a simple vista parece ser uno de los principales proyectos para la ciudad de Valparaíso hoy: la conquista de su frente costero como un paseo público continuo, compatible con funciones portuarias, de ocio y de servicios. Al contrario, en lugar de entenderlo como el espacio articulador de la ciudad con su mar, los distintos proyectos existentes lo consolidan como una infranqueable frontera o como distintos enclaves segregados.

Antes de entregar una solución informada exclusivamente por condiciones técnicas y logísticas asociadas a la actividad portuaria y al funcionamiento de un centro comercial, que es lo que se ha hecho hasta ahora, un proyecto de recuperación del borde costero debería plantear al menos dos estrategias de entrada:

1. En primer lugar, ofrecer una alternativa de emplazamiento al Terminal 2, manteniendo sus requerimientos técnicos y de competitividad pero sin clausurar el frente marino; al contrario, ocupando esta infraestructura como un catalizador para construir calidad urbana.

2. En segundo lugar, soterrar o mover la línea férrea del Metro de Valparaíso y el tren de carga de la costa, de manera tal que la estructura de calles de la ciudad pueda hacerse presente en el borde costero y no termine chocando con un límite infranqueable de contenedores. Con esto se lograría el paso continuo de los ciudadanos por todo el paseo costanera y no sólo por un par de accesos controlados con barreras.

Lo anterior permitiría además reutilizar con naturalidad y una visión conjunta las estructuras patrimoniales hoy aisladas –tal como los almacenes fiscales, la bodega Simón Bolívar, las bodegas y la tornamesa del ferrocarril, los antiguos galpones de la maestranza en Yolanda, los antiguos muros de defensa costera, entre otras– e incorporar servicios, comercio o vivienda como parte de un sistema lineal coherente⁸.

Proyecto ciudad y capacidad política

La razón para insistir en que un proyecto de infraestructura como éste tiene la responsabilidad de entregar un hecho memorable a la ciudad y no hipotecar su futuro es simple: se trata de la inversión más importante que tendrá Valparaíso en un siglo y por lo tanto no debería seguir adelante sin contar con el apoyo ciudadano y con una hoja de ruta que tenga en el centro el problema de la ciudad, con todas sus complejidades y riquezas. Lo anterior, por mucho que se trate de justificar el avance de las propuestas del puerto para el borde costero en argumentos técnicos, muchas veces rebatibles, o en la existencia de planes trazados hace más de quince años y heredados sin mucha convicción por varios Gobiernos.

Esta falta de un proyecto ciudad –y de la capacidad política de llevarlo adelante– no es nueva en Valparaíso y no se limita sólo al borde costero. De hecho, luego de los proyectos urbanos impulsados por el alcalde Lautaro Rosas en el período 1928–1930, Valparaíso no ha tenido nuevamente un proyecto urbano coherente capaz de dar sentido global a las iniciativas sectoriales⁹.

La vía elevada de comienzos de la década de 1970 o el nudo vial del acceso sur de 2008 –conocido también como camino La Pólvora– son algunos de los ejemplos de esta dinámica: deseables y necesarios en tanto obras de infraestructura, toscos en su resolución formal y degradantes con su entorno urbano inmediato.

Así como la vía elevada tuvo su contrapropuesta –no ejecutada– en el proyecto del Instituto de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso en 1969, la cual sin desahuciar la obra de infraestructura buscaba hacerla compatible con el uso intenso de un borde costero público, los desafíos actuales de Valparaíso requieren de ideas equivalentes, de proyectos concretos capaces de canalizar los planes de inversión portuaria por medio de propuestas que manejen la complejidad, que reconozcan las potencialidades urbanas del borde costero, y le den forma.

Junto a esto, y quizás más importante, se requiere que el Estado comprenda este conflicto en su real dimensión, aquilate el cambio de paradigma, y vea en él una oportunidad para generar bienes públicos urbanos por medio de las necesarias obras que permitirán mantener la capacidad portuaria de Valparaíso.

De-limites-y-patrimonio-urbano-02Fig. 3 Nueva Plaza Aduana Fiscales. Proyecto de Título de Pedro Pablo Contrucci. Profesor Guía: Emilio De la Cerda.

De-limites-y-patrimonio-urbano-03Fig. 4 Parque Deportivo Barón. Reconversión de Industria Ferroviaria de Valparaíso. Proyecto de Título de Esteban Arteaga. Profesor Guía: Emilio De la Cerda.

De-limites-y-patrimonio-urbano-Titulo

Publicado en

Proyecto Ciudad: Valparaíso
Octubre 2015

Autor

Emilio De la Cerda. Arquitecto y Magíster en Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, 2006. Socio de la oficina OWAR Arquitectos desde 2005. Secretario Ejecutivo del Consejo de Monumentos Nacionales de Chile entre 2011 y 2014. En la actualidad es el Director de la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Notas

1 Consejo de Monumentos Nacionales. «Nomination of Valparaíso as a World Heritage Site». UNESCO . Notebooks of the National Monuments Council, Second Series nº70. 1st Edition, 2004.

2 El Comité del Patrimonio Mundial estimula al Estado Parte a continuar sus esfuerzos en orden a inventariar y proteger la infraestructura relacionada a los usos históricos del sector portuario y de los sistemas de transporte. Alienta además (further encourages) al Estado Parte a desarrollar planes de manejo y conservación (conservation management plans) en toda el área marítimo – portuaria. Decisión: 27 CO M 8C.4127ª Reunión Ordinaria en París, en la Sede de la UNESCO, 2003.

3 The International Council on Monuments and Sites (ICOMOS), The International Centre for the Study of the Preservation and Restoration of Cultural Property (ICCROM) y The International Union for Conservation of Nature (UICN).

4 «El Comité del Patrimonio Mundial invita a los Estados Partes en la Convención a que informen, a través de la Secretaría, de sus propósitos de iniciar o autorizar, en una zona protegida por la Convención, obras de restauración considerables o nuevas edificaciones que pudieran modificar el Valor Universal Excepcional del bien. En tal caso, la notificación se deberá efectuar lo antes posible (por ejemplo, antes de la redacción de los documentos básicos de proyectos específicos) y antes de que se tomen decisiones difícilmente reversibles, a fin de que el Comité pueda participar en la búsqueda de soluciones adecuadas para garantizar la plena conservación del Valor Universal Excepcional del bien». Directrices Prácticas para la Aplicación de la Convención del Patrimonio Mundial UNESCO. Comité Intergubernamental para la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural. Centro del Patrimonio Mundial. WHC. Enero 2008.

5 Decisión: 37 com 7B.95. 37ª Reunión Ordinaria en Nom Pen, Camboya, 2013.

6 Decisión: 38 com 7B.41. 38ª Reunión Ordinaria en Doha, Qatar, 2014.

7 En cuanto al Terminal 2, se trata de un proyecto de expansión portuaria que contempla la habilitación de una plataforma de 17,8 hectáreas y un frente de atraque de 725 metros, que se desarrolla entre el espigón y la calle Edwards, en pleno centro de la ciudad. La envergadura de esta obra de ingeniería y el farellón de contenedores de 13 metros de altura que se formará en la zona para la transferencia de carga, aislarán de manera permanente a Valparaíso de su mar, el cual quedará escondido e inaccesible detrás de una cortina de hierro multicolor. Junto a lo anterior, el proyecto supone el reingreso masivo de camiones al centro de Valparaíso, los que deberán sortear el complejo nudo de plaza Sotomayor para asegurar la accesibilidad al nuevo terminal portuario. Para el caso del sector Barón, y asociado a la bodega Simón Bolívar, se propone la construcción de un centro comercial que asimila parcialmente la estructura patrimonial de 455 metros lineales y que supone la entrega en comodato de estos paños fiscales a un consorcio privado. Este proyecto comercial propone la habilitación de una costanera de 840 metros que daría continuidad a los 1.722 metros lineales del paseo Wheelwright, pero que quedaría luego cortada por la zona de expansión del Terminal 2. Aislado por el paso en superficie del Metro de Valparaíso y del ferrocarril de carga, en la práctica se trata de un islote privatizado frente al mar, con sólo dos puntos de acceso en sus extremos: las convenientemente bautizadas plaza Barón y plaza Francia.

8 Si bien distintas en su alcance y definición formal, en esa línea de pensamiento ya se han planteado algunas propuestas, las más recientes de Boris Ivelic, Alberto Texido y Gonzalo Undurraga, Puerto para Ciudadanos o la desarrollada por las Escuelas de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Universidad de Chile, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y Universidad de Valparaíso, en el contexto de la XIX Bienal de Arquitectura y Urbanismo, en abril de 2015.

9 «Nos referimos a Lautaro Rosas Andrade (1876-1932), quien fue titular de la Municipalidad entre octubre de 1928 y octubre de 1930, y en tal calidad encabezó realizaciones de tal magnitud que en su conjunto constituyen el último momento de esplendor porteño, antes de entrar en una fase de estancamiento y paulatino declive, a lo largo de la segunda mitad del pasado siglo». Castagneto, Piero. Monografía Histórica de Valparaíso. 1910-2010. (Viña del Mar: Ediciones Altazor, 2011), 57.

Bibliografía

CASTAGNETO, Piero. Monografía Histórica de Valparaíso. 1910-2010. Viña del Mar: Ediciones Altazor, 2011.

Consejo de Monumentos Nacionales. Nomination of Valparaíso as a World Heritage Site. UNESCO. Notebooks of the National Monuments Council, Second Series nº70. 1st Edition, 2004.

Comité del Patrimonio Mundial. «Decisión: 27 COM 8C.41». 27ª Reunión Ordinaria en París, en la Sede de la UNESCO, 2003.

Comité del Patrimonio Mundial. «Decisión: 37 COM 7B.95». 37ª Reunión Ordinaria en Nom Pen, Camboya, 2013.

Comité del Patrimonio Mundial. «Decisión: 38 COM 7B.41». 38ª Reunión Ordinaria en Doha, Qatar, 2014

Comité Intergubernamental para la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural. «Directrices Prácticas para la Aplicación de la Convención del Patrimonio Mundial UNESCO». Centro del Patrimonio Mundial. WHC. Enero 2008.

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ARQ 73 | Valparaíso

La pasada XIX Bienal de Arquitectura y Urbanismo de Chile titulada «Arquitectura + Educación: el país que queremos» tuvo un gran mérito. Realizada por primera vez fuera de Santiago y con el inédito apoyo de fondos públicos, superó los cinco mil visitantes de las versiones pasadas, contando con más de treinta mil asistentes.

Asimismo, se introdujeron diversas modificaciones en su estructura. El Colegio de Arquitectos, presidido por Sebastián Gray, incorporó en el comité organizador a la Asociación de Oficinas de Arquitectos y la Red de Escuelas de Arquitectura. Al mismo tiempo, el equipo curatorial fue seleccionado mediante un concurso público, quedando conformado por Fernando Marín, Francisca Pulido, Gabriela de la Piedra y el Grupo Arquitectura Caliente.

El montaje se presentó dividido en dos grandes secciones: la muestra profesional y la muestra académica. La primera se organizó como un gran recorrido por Chile a través de 127 obras de las cuales se destacaban 36 proyectos representativos del estado de la arquitectura a nivel nacional. Las obras estaban expuestas en una superficie desplegada y densa de información, articulándose a lo largo de todo el territorio chileno. Región tras región, sin embargo, se hacía evidente la decisión de los curadores. En vez del país que queremos, como muchos visitantes esperaban, se trataba de una fotografía del país que tenemos o, para ser más precisos, de la arquitectura que se produce en el territorio en el que estamos. Sin proponer un punto de vista nuevo, la selección se limitó a las obras enviadas por los arquitectos colegiados de cada región.

Por otra parte, la muestra académica contó con la participación de más de 20 escuelas. Contrario a la colaboración que se esperaría, las distintas instituciones dedicadas a enseñar y pensar la arquitectura, plantearon su propia muestra en términos de oferta. En los paneles a cargo de las distintas universidades no se hilvanaba un discurso, por lo que las comparaciones que podían hacerse eran más bien banales, dando la sensación de que las propuestas académicas fueron reemplazadas por stands publicitarios. Más aún, los estudiantes, inducidos por una evidente pretensión profesional, presentaron proyectos que renunciaban a la oportunidad de ser una contraparte interesante en el debate.

Prisioneros-involuntarios-01© Felipe Fontecilla.

Ambas secciones de la muestra dejaron en evidencia el estado de las cosas. Si bien los curadores manifestaron esta intención en sus discursos, hubo una directa contradicción con el título de la bienal –el país que queremos–. Evidentemente no bastó con convocar a distintos actores, incluir todo el territorio nacional o concursar las distintas partes de la muestra. Los intentos de democratización pueden resultar infructuosos si la disciplina sigue siendo autocomplaciente. La arquitectura chilena ya está posicionada en relación a ciertos valores, ha sido extensamente publicada y cuenta con profesionales de reconocida trayectoria. Seguir festejando la realidad arquitectónica que tenemos y el sistema académico que la produce equivale a un encierro.

No obstante, la exposición tuvo un prófugo.

Un grupo de escuelas de arquitectura decidió realizar un montaje en el barrio puerto. El contraste se evidenciaba aún más, ya que se encontraba en el palacio Subercaseaux, uno de los edificios abandonados de la zona. El acierto del proyecto estuvo en la simpleza con la cual dialogaba y completaba la ruina del edificio existente, transformándola en la señal de que algo estaba ocurriendo en su interior. Esto, a pesar de que los proyectos presentados y el plan maestro para la zona portuaria de Valparaíso resultaban ingenuos y poco significativos respecto a la apuesta que se proponía. Sin embargo, este gesto amplió los juicios que podían hacerse sobre la estructura de la exhibición, indicando un camino positivo respecto al potencial de esta institución y lo que se puede lograr con la colaboración entre academias.

En este sentido, las bienales no están llamadas sólo a presentar obras ni son plataformas donde todos pueden subir contenidos, sino que debieran poner en discusión y permitir la crítica sobre el estado de la disciplina. Las nubes de conceptos y el uso repetitivo de hashtags reforzaban la sensación de estar ante una página web; esta confusión entre las formas y los contenidos dejó en evidencia una inquietante incapacidad para enfrentar los temas de la arquitectura contemporánea.

Las treinta mil personas que asistieron al evento se encontraron frente a demasiados proyectos y pocas ideas nuevas. Estando ahí era muy alentador ver la cantidad de estudiantes y el gran entusiasmo con que se tomaban las actividades propuestas. Esto es sintomático de lo necesaria que es la bienal como institución en el debate arquitectónico. Sin embargo, la muestra no fue capaz de responder al interés que ella misma despertó, atrapando involuntariamente a los visitantes en una cárcel.

Esta cárcel de autocelebración puede ser particularmente peligrosa. Habernos convertido en prisioneros involuntarios significa haber perdido la distancia necesaria para juzgar los valores que se le reconocen a la arquitectura chilena. La bienal debería tener el coraje para salir de este encierro. Por el contrario, en su XIX edición reforzó estos límites y bajo la promesa del país que queremos se limitó a mostrar el estado de las cosas, señalando la urgencia de una mirada crítica sobre la arquitectura que tenemos.

Prisioneros-involuntarios-Titulo

Publicado en

ARQ 90 | Estructuras Desmontables
Agosto 2015

Autores

Benjamín Gallegos Gabilondo. Arquitecto, Instituto Universitario di Architettura di Venezia
(IUAV), 2014. También realizó estudios de pregrado en la Universidad de Strathclyde, Glasgow, en el 2012. Es coeditor de The Ship, proyecto editorial que diseñó la exposición Archizines en Venecia en 2013 y que colaboró en el proyecto Ground Floor Crisis para Monditalia en 2014 durante la XIV Bienal de Venecia.

Agustina Labarca Gatica. Estudiante de Magíster de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile. En el 2012 realizó estudios en el Instituto Universitario di Architettura di Venezia (IUAV).

Lecturas recomendadas

Proyecto Ciudad: Valparaíso
ARQ 80 | Representaciones
ARQ 73 | Valparaíso

El incendio del 13 de abril de 2014 no sólo trajo al debate país a ese Valparaíso que habitualmente es invisible a los ojos del turista, sino que también abrió una ventana para que se volviera a pensar ‘en’ Valparaíso como un todo. Paradójicamente, la catástrofe sobre una parte hizo aparecer a la ciudad completa.

Proyecto Ciudad: Valparaíso viene a dar a conocer el pensamiento desarrollado al interior de la academia sobre el futuro de la ciudad de Valparaíso, a través del trabajo realizado por investigadores, profesores y estudiantes de cuatro escuelas de arquitectura –la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), la Universidad de Chile (UCH) y la Universidad de Valparaíso (UV)– quienes se hacen parte del debate sobre los problemas y desafíos de la ciudad puerto a través de investigaciones, análisis críticos y, por sobre todo, propuestas. Esta publicación cuenta con textos de académicos como Marco Ávila, Emilio De la Cerda, Alberto Fernández, Sebastián Gray, Boris Ívelic, Iván Ívelic, Lautaro Ojeda, Iván Poduje, Elke Schlack, Agustín Squella, o Alberto Texido, entre muchos otros.

Finalmente Proyecto Ciudad: Valparaíso presenta parte del trabajo colaborativo realizado entre las universidades ya mencionadas, formalizado a través de una propuesta conjunta denominada «El Valparaíso que sí queremos», que fue presentada en un pabellón construido en el Palacio Subercaseaux de la ciudad de Valparaíso, en el contexto de la XIX Bienal de Arquitectura y Urbanismo de Chile de 2015. Se trata de un esfuerzo inédito de trabajo colectivo, en el que la producción académica se puso al servicio de la esfera pública a través de una visión conjunta que junto con demostrar el potencial efecto negativo de los planes actualmente en curso para la ciudad propone, en base a las mismas reglas, una contrapropuesta para el futuro de la ciudad puerto.

Extracto de la introducción.

Francisco Quintana, Francisco Díaz.

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Precio: $17.000

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Autores: Francisco Quintana (ed.), Francisco Díaz (ed.)

Textos en español, fotografías e imágenes duotono y a color, planos, esquemas
Páginas: 208
Formato: 17,5 x 24 cm.
Peso: 0,6 kg. aprox.
ISBN: 978–956–9571–12–1

Índice

Prólogo / Agustín Squella

Introducción / Francisco Quintana, Francisco Díaz

Valparaíso: Línea de tiempo / Melisa Miranda

1 — Borde Costero

De límites y patrimonio urbano. El caso del borde costero de Valparaíso / Emilio De la Cerda

Expansión infraestructural e invisibilidad urbana: una alternativa compatible para Valparaíso / Alberto Texido, Gonzalo Undurraga

Parque de Mar Puerto Barón / Boris Ivelic, Edison Segura

El Mall Puerto Barón: la relación no resuelta entre la ciudad y el puerto de Valparaíso / Nicolás Stutzin

Rambla de Las Delicias Valparaíso. Consolidar una medida urbana desde un orden geográfico / Sandra Iturriaga

2 — El Plan

Espacios de mercados en Valparaíso / Elke Schlack, Cristhian Figueroa

El Plan de Valparaíso respecto del tono único de la circulación / Marco Ávila, Andrés Oyarzún

Los conjuntos habitacionales de vivienda colectiva como modelo de revitalización urbana: barrio El Almendral de Valparaíso / Iván Ivelic, Mauricio Puentes

Operaciones e intervenciones en Barrio Puerto / Alberto Moletto, Sebastián Paredes

Propuesta para la restauración de un barrio patrimonial. El Almendral, Valparaíso / Sebastián Gray, Francisco Vergara

3 — Cerros y Quebradas

Urbanización como estrategia de reconstrucción segura e integración social / Iván Poduje

Cerros y quebradas: Valparaíso territorio en el tiempo / Alberto Fernández

Estructura de espacios públicos sustentables para los cerros de Valparaíso / Carolina Katz

Atlas de disrupciones urbanas: infraestructura, ecología y espacio público en las quebradas de Valparaíso / Arturo Lyon, Alejandra Bosch

Espacios públicos en ascensores de Valparaíso / Eugenio Garcés, Elisa Izquierdo, Magdalena Ulloa

Quebrada informal: lógicas, dialógicas y armaduras urbanas / Lautaro Ojeda

De caserío a barrio: el edificio de equipamiento como detonador de una identidad comunitaria / Martín Hurtado, Raimundo Arteaga

Creación de nuevo suelo público en torno a siete ascensores de Valparaíso / Martín Labbé, Francisco Chateau, Thomas Batzenshlager

Construyendo la pendiente: la memoria moderna de Valparaíso / Macarena Cortés, Thaise Gambarra

La descripción como proyecto. El levantamiento como estrategia proyectual para la intervención de piezas patrimoniales en Valparaíso / Hugo Mondragón, Fernando Carvajal

Propuesta Conjunta 4 Escuelas

El Valparaíso que no queremos

El Valparaíso que sí queremos

Pabellón Valparaíso

Fotografías de Felipe Fontecilla

Anexos

Bibliografía

Biografías

Estudiantes

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Una pequeña casa obrera al lado de una antigua instalación industrial, un amplio templo arruinado por la naturaleza, fotos anónimas en un archivo, el recuerdo de unas rejas que cercaban un jardín urbano, modestas construcciones ganaderas en el desierto, un elegante regimiento convertido en espacio de exhibiciones: el conjunto diverso de obras que este número recoge intenta poner en evidencia la naturaleza múltiple, dispersa y heterogénea de lo que entendemos por ‘patrimonio’.

Se podría afirmar que el conjunto completo de lo que tenemos forma parte de nuestro patrimonio, en una definición ampliada y ciertamente genérica que abarcaría de paso tanto los ámbitos individuales y colectivos como aquellos privados y públicos, además de los materiales e inmateriales. Sin embargo, ese patrimonio diverso es objeto de valoraciones complejas y asimétricas, nunca homogéneas, para nada evidentes: como lo plantea el texto de Márquez y Rozas, la mayoría de las veces la definición cualitativa del patrimonio ha sido «monolítica y articulada desde el poder», con una mirada enfocada por cierto en el monumento.

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Asociada más veces de lo conveniente al conservacionismo y al discurso hegemónico, durante los últimos años la noción de patrimonio ha sido desplazada de su anterior centro y puesta en revisión. La naturaleza polifónica de la ciudad ha dado lugar a la validación de otras identidades que, desde los márgenes, han logrado instalar otros idearios, otras imágenes y otras culturas que han abierto el concepto de patrimonio hacia nuevos campos.

La primera acepción de la palabra registrada por el diccionario alude –con algo de candor– a la esfera de la familia, los bienes y las preexistencias e incluye por cierto una componente de permanencia y sedimentación: patrimonio es la «hacienda que alguien ha heredado de sus ascendientes». Acumulada en el tiempo y vinculada inequívocamente con el pasado, la heredad de la que como arquitectos participamos también tiene una proyección al futuro, en la medida que su comprensión integral incluye la generación y cuidado de una herencia para las generaciones que nos sucederán. A la pregunta por cómo cautelar lo que hemos recibido, habría que agregar otra pregunta por cómo construir –material e inmaterialmente– lo que vamos a entregar.

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Sumario
XIX Bienal Nacional de Arquitectura y Urbanismo 2015, Valparaíso, Chile
Editorial

Patrimonios / Patricio Mardones

Portafolio Galería AFA

Circa / Nicolás Franco

Lecturas, obras y proyectos

Obras en la Basílica del Salvador, Santiago, Chile / Dino Bozzi, Francisco Prado

Armería en Park Avenue, por Herzog & de Meuron / Olimpia Lira

Teatro Thalia, Lisboa, Portugal / Gonçalo Byrne, Patrícia Barbas, Diogo Seixas Lopes

La rehabilitación arquitectónica planificada / Claudia Torres

Nueva Biblioteca del Congreso Nacional, Santiago, Chile / Alejandro Beals, Loreto Lyon, Matías Zegers

Del passage a las galerías populares / Wiley Ludeña, Diana Torres

Phantom Railings, Londres, Inglaterra / Catalina Pollak

El lugar del patrimonio dominante / Francisca Márquez, Valentina Rozas, Rodolfo Arriagada

Cubierta de la antigua iglesia de Baños / Christian Brown, Paola Meneses

El tiempo de Carrières Centrales, Casablanca / Cristina García, Raúl Castellanos

Recuperación de una rectoría, Sales de Llierca, España / José Quintanilla Chala, Josep Maria Riera i Mas

Arquitectura de remeseros en San Pedro de Atacama / Flora Vilches, Lorena Sanhueza, Cristina Garrido

Casa Barrios Bajos, Valdivia, Chile / Pablo Ojeda

Noticias de la Facultad

120 Años Escuela de Arquitectura Pontificia Universidad Católica de Chile 1894-2014

Concurso Arquideas

NOA: Nature Observatory in Amazonia

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Turismo y arquitectura moderna en Chile. Guías y revistas en la construcción de destinos turísticos (1933-1962), de Macarena Cortés, ofrece una particular mirada sobre el acerbo de modernos edificios que permitieron hacer de Chile un país turístico desde mediados de los años treinta. Esta mirada se basa en considerar cómo eran mostrados estos edificios en la publicidad que, desde la empresa Ferrocarriles del Estado de Chile, se llevó a cabo durante más de tres décadas para impulsar los viajes y el conocimiento tanto del territorio como de las ciudades chilenas.

Paisajes naturales, arquitecturas y ciudades son mostrados a la luz de una estética que aspiraba a un gran público y que quería hacer de ellos «destinos» deseables. Los artículos de Claudio Galeno, Hugo Weibel, Luciano Basauri y Dafne Berc, permiten ahondar esta perspectiva desde diversos puntos de vista, que van desde la historia urbana local a la consideración de casos internacionales.

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Autores: Macarena Cortés, Luciano Basauri, Dafne Berc, Claudio Galeno Ibaceta, Hugo Weibel Fernández

Textos en castellano, fotografías e imágenes a color y b/n
Páginas: 215
Formato: 17,5 x 24 cm.
Peso: 0,6 kg. aprox.
ISBN: 978-956-9571-02-2

Índice
Presentaciones

Consejo Nacional de la Cultura y las Artes / Cristóbal Molina

Ediciones ARQ / Patricio Mardones – Alejandro Crispiani

Cenfoto, Universidad Diego Portales / Samuel Salgado

Introducción

La arquitectura moderna en la difusión de Chile como destino turístico / Macarena Cortés

Piezas de arquitectura para el ocio y el turismo

Arquitectura e infraestructura turística: el hotel Turismo Antofagasta / Claudio Galeno

Hotel Turismo Antofagasta / Macarena Cortés

Salón de té del Parque del Salitre

Restaurante Cap Ducal

Hotel Miramar

Piscina y Club Social Rocas de Santo Domingo

Hotel Portillo

Termas de Puyehue

Hotel Puerto Varas

Conjuntos urbanos como destino turístico

La Plaza de Armas de Osorno. Construcción local de arquitectura y paisajismo modernos / Hugo Weibel

El litoral de Viña del Mar / Macarena Cortés

La plaza Sotomayor de Valparaíso

El barrio cívico de Santiago

El barrio universitario de Concepción

La rivera de Valdivia

La Plaza de Armas de Osorno

Epílogo

Intervenciones costeras y turismo de masas: la lección europea / Luciano Basauri, Dafne Berc

Bibliografía
CV Autores

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Al mismo tiempo que desarrollaba en el estudio de Bresciani Valdés Castillo Huidobro el proyecto de la Unidad Vecinal Portales en la Quinta Normal de Santiago, el arquitecto Fernando Castillo Velasco proyectaba una pequeña casa de verano en la localidad de Algarrobo, en la costa central de Chile. La casa de Algarrobo (1960) sería un lugar de descanso para su familia, y planteaba una serie de temas que ya habían sido explorados en proyectos anteriores, como la casa de calle Simón Bolívar de 1947 o la casa Santos en Papudo de 1958: plantas libres, esquemas de orden espacial declaradamente horizontales, uso expresivo de elementos estructurales. Su pequeña escala y modestia material contrastaba con las enormes magnitudes de los bloques de la Unidad Vecinal; pero ante todo, era la soltura del aire atrapado en el interior de la casa quizá el elemento de mayor diferenciación respecto a las grandes obras que el estudio desarrollaba en esos años.

La casa de Algarrobo, antiguamente llamada por los locales «la casa de Tarzán», era una construcción de madera conformada por un plano horizontal de 11 x 7,6 m. aproximadamente apoyado sobre grupos de pilotes, el que estaba cubierto por una membrana literalmente colgada como una sábana entre dos hileras de rollizos de madera.

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La catenaria, descrita por tensores de varas de eucaliptus y delgados tableros, acentuaba el mínimo espesor de la membrana y su independencia de cualquier tabique o elemento vertical interior; la luz y el aire entraban generosamente por los extremos donde había mayor altura interior.

El ambiente de la casa de Algarrobo parecía no disimular su cercanía con la sensación de liviandad de una carpa, con la arquitectura nómade de textiles y hasta cierto punto con una vida interior que prescindía de jerarquías y apostaba por relaciones de fluidez y apertura. Una parte importante de esa carga atmosférica radicaba en la delgada membrana que flotaba, tensada por su propio peso, sobre el espacio interior de la casa.

Este número recoge el impulso del V Simposio Latinoamericano de Tensoestructuras, realizado en 2012 en la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y hace una revisión de otros ejemplos de arquitectura tensil y los vínculos que, tal como en la casa de Algarrobo, aparecen entre estas estructuras y ciertos sistemas de relaciones sociales, materiales y formales. Opuesta a las lógicas de la arquitecturas de compresión, la arquitectura tensil echa mano a una cierta invisibilidad –por su ligereza y densidad– y se asocia a la capacidad de cambio y adaptación que buscaban las arquitecturas radicales de la segunda mitad del siglo XX, en el intento de abrir un camino divergente de una modernidad sólida e instalada.

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Sumario
Dossier técnico ARQ
Editorial

Estructuras tensiles / Patricio Mardones

Portafolio Galería AFA

La Difunta Correa / Marcela Correa

Lecturas, obras y proyectos

On Space Time Foam, Milán, Italia / Tomás Saraceno

Tensegridad como crítica al abuso de las formas estables / Rafael Beneytez, Víctor Manuel Cano

Torre Antena Santiago, Santiago, Chile / Smiljan Radic, Gabriela Medrano, Ricardo Serpell

Moom, Tokio, Japón / Kazujiro Kojima

Una escalera suspendida / Albert Samper, Blas Herrera

Restauración Iglesia St. Pere, Corbera D’Ebre, España / Ferrán Vizoso, Núria Bordas

Aulas neumáticas, Valparaíso, Chile / Juan Ignacio Baixas

Tres arquitecturas de cuerda rígida y hueca / Javier Pérez-Herreras

Cubierta para el Museo Chileno de Arte Precolombino / Smiljan Radic

Noticias de la Facultad

Cocinando con Mónica / Seminario realizado por Alejandro Aravena

V Simposio Latinoamericano de Tensoestructuras 2012

Sistema abierto de módulos tensados / Macarena Burdiles

La influencia del montaje en el diseño de las tensoestructuras / José Ignacio De Llorens

El LILD y las estructuras autoportantes de bambú para arquitectura textil / João Correia de Melo, José Luiz Ripper, Luís Moreira, Lucas Ripper

Noticias

Serpentine Pavilion, Londres, 2014

Mies Crown Hall Americas Prize 2014

Taller al Cubo

Mercado/estación fluvial de Collico

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En el Chile de las dos últimas décadas, la arquitectura del paisaje lentamente ha logrado una creciente visibilidad e identidad disciplinar, ya sea como profesión incipiente o como campo de estudio. Sin embargo, las visiones contemporáneas que consideran al paisaje como una forma de urbanismo –y que favorecen el desarrollo de la planificación desde el proyecto de paisaje– contrastan con el actual compromiso que hay en Chile con el manejo de los espacios abiertos y públicos.¹

Los tres proyectos seleccionados para esta discusión han desmantelado la noción de lo que se entiende en el país como buen diseño para los espacios públicos, al considerar al paisaje como una expresión de la cultura social, en lugar de una secuencia de obras que despojan de sentido a sus contextos hasta convertirse en postales de un lugar y de un momento específico. Los tres proyectos fueron concebidos considerando aspectos urbanos, sociales y de infraestructura del sitio en que se emplazan, pero difícilmente calzan con la nomenclatura tradicionalmente asociada al campo de la arquitectura del paisaje.

Una-discusion-sobre-espacio-publico-02Fig. 1 Grande Place de Santiago de Chili. Grabado de Aubert, c. 1845. © Bibliothèque Nationale de France.

Las dos «plazas» en Santiago de la Fundación Mi Parque fueron determinadas por la adopción de una eficaz gestión de suelo y por el diseño de estrategias implementadas a través de una variedad de formas de gobernabilidad; la secuencia de «paseos» y «explanadas» de MOBIL Arquitectos en dos de los emblemáticos cerros de Valparaíso fue concebida como una respuesta progresiva a los desafíos sociales, culturales, medioambientales e infraestructurales de la urbanización contemporánea. El «parque» de Teodoro Fernández Arquitectos, por su parte, propone al paisaje como una forma de «urbanismo arquitectónico»: una noción recientemente discutida en algunos círculos académicos y que agrega otra capa a la identidad del campo disciplinar, a pesar de lo que ha sido considerado como su reciente renacimiento bajo la distintiva etiqueta de urbanismo del paisaje.

Plaza de la villa San Luis y plaza Sandro Escalona. Fundación Mi Parque. Santiago

Desafortunadamente, el abandono, la pobreza y la delincuencia son algunos de los conceptos más utilizados para describir la realidad de los espacios públicos en las áreas de menores ingresos en Chile. Para enfrentar esta situación, el principal objetivo de la Fundación Mi Parque es entregarles identidad urbana, no necesariamente a través de un diseño rupturista, sino a través de la redefinición del concepto de manejo privado de los espacios públicos en barrios sin los medios necesarios para mantenerlos.

Una-discusion-sobre-espacio-publico-10Fig. 2 Vista de la plaza de la Villa San Luis tras la intervención. © Fundación Mi Parque, 2011.

Para lograrlo, la fundación ha construido una sinergia entre comunidades, empresas y municipalidades en los procesos de diseño, de construcción y de mantención. Esta colaboración, presentada aquí en dos de los 62 proyectos emplazados en 28 comunas de Santiago, incluye cuatro etapas: primero, la identificación de sitios urbanos problemáticos, susceptibles de ser intervenidos; segundo, el desarrollo de un modelo de participación ciudadana para los tres actores involucrados: los vecinos (quienes juegan un rol activo en cada etapa del proceso), las compañías patrocinadoras (a través de la participación de sus trabajadores como voluntarios en la construcción del proyecto) y las municipalidades, que se comprometen a mantener los proyectos en el futuro. La tercera etapa consiste en la recuperación de sitios eriazos a través del llamado «diseño apropiado», propuesto por la fundación, y que considera nivelación y reparación del suelo, la incorporación de material vegetal de acuerdo a las condiciones climáticas y la inclusión de mobiliario urbano, irrigación e iluminación, entre otros. Es importante destacar que el proceso termina con un día de construcción, que incluye tanto la preparación del terreno como la ejecución de la propia obra.

Las dos plazas aquí abordadas incorporan la noción de paisaje como un elemento urbano que opera en base a dos premisas sociales: primero, lograr la máxima experiencia urbana reduciendo los pasos y operaciones proyectuales a un mínimo; y segundo, transformar la noción de plaza desde una tipología formal a una narrativa, exponiendo los vínculos y contradicciones entre las distintas geometrías provenientes de la topografía, del trazado, de la sombra arrojada por los árboles plantados y de las formas que adquiere la infraestructura.

Junto con reconocer la relevancia de Fundación Mi Parque como un modelo para la gestión del espacio público que ha permitido recuperar su sentido como un lugar de encuentro al responder a las necesidades reales del barrio en que se emplaza, es inevitable no preguntarse cómo avanzar un paso más allá. En primer lugar, es necesario superar un kit de diseño determinado por una secuencia de manchas verdes, por el uso de neumáticos reciclados y por la instalación de islas de árboles que necesitarán varios años antes de dar buena sombra. Y segundo, es tiempo de elaborar un discurso de diseño capaz de determinar rigurosamente los aspectos formales de la estructura del paisaje propuesto y de reconfigurar espacios de relevancia urbana en lugares que no los tienen.

El siguiente proyecto, desarrollado en un terreno de similares condiciones sociales, si bien en una ciudad diferente, establece un camino para lograrlo.

Cerro Toro y cerro Santo Domingo. MOBIL Arquitectos. Valparaíso

Podemos referirnos a Valparaíso como una suerte de anfiteatro geográfico configurado por un terreno con pendiente natural, extensamente sobrepoblado, que rodea a la costa en torno a una bahía. El trabajo de MOBIL Arquitectos fue parte del plan maestro para el mejoramiento de los espacios públicos de Valparaíso, y consistió en la rehabilitación de dos de los cerros de la ciudad: el cerro Toro y el cerro Santo Domingo. Específicamente, el proyecto puede leerse como «una rehabilitación del tejido urbano», una reconfiguración de las áreas públicas icónicas de Valparaíso, construidas sobre lo que antes eran las quebradas naturales del terreno: calles, pasajes, senderos y miradores que definen también el sistema de conectividad entre los cerros y el plan de Valparaíso.

Una-discusion-sobre-espacio-publico-03Fig. 3 Acuarela de Valparaíso. Anónima, s/f. © Museo Histórico Nacional de Chile.

La organización del sitio demuestra el espíritu del proyecto. Opuesto a la construcción tradicional de una plaza, este se instala sobre los senderos existentes que lentamente se han ido desvaneciendo por el uso cotidiano. La recuperación del terreno a través de la reinterpretación del paseo tradicional delineó una frontera entre la continuidad de la calidad peatonal tradicional y distintiva de Valparaíso, y la habitabilidad precaria y dispersa de las construcciones abandonadas y erosionadas de la ciudad contemporánea.

Históricamente, la particular disposición de los cerros ha permitido que las construcciones y espacios públicos en las áreas altas de Valparaíso puedan participar visualmente de la bahía, de los otros cerros y del resto de la ciudad a través de las depresiones y quebradas existentes, mismos fragmentos que se han convertido en sus puntos de acceso natural y, por ende, principal. El reconocimiento de esta condición por parte del proyecto es la clave para establecer el punto de vista de los autores, para quienes la arquitectura y la ciudad coexisten como un continuo que entiende y posiciona al espacio público como un edificio. El proyecto establece así una aproximación que elimina clichés arquitectónicos, transformando a la obra en una acción anónima y, al mismo tiempo, en una visiblemente urbana.

Una-discusion-sobre-espacio-publico-05Fig. 4 Une quebrade a Valparaíso. Dibujo de Bartolomé Lauvergne, litografía de Joly y figuras de Adolphe Jean Baptiste Bayot, 1841. © Museo Histórico Nacional de Chile.

Una-discusion-sobre-espacio-publico-04Fig. 5 Paseo Atkinson. Alfredo Helsby, 1896. © Museo Histórico Nacional de Chile.

De cierta forma, el proyecto reproduce la compleja realidad urbana y social de Valparaíso, emergiendo desde el especial contexto geográfico, cosiendo los cantos y bordes empinados entre las secciones bajas y altas de la ciudad. Las costuras operan y se manifiestan como formas de relieve y como inserciones circulatorias, a la vez que mantienen y se acoplan a los programas existentes. Mientras el tejido urbano se adapta a las pendientes con volúmenes que escalan, rotan, o cuelgan, el nuevo suelo se despliega en la forma de muros perimetrales o de veredas, fabricando los espacios públicos del cerro, con escaleras que emergen como pasajes, senderos, esquinas y recodos en cualquier ángulo y dimensión posible. El proyecto asume esta condición sabiendo que las plazas tradicionales necesitan ser reemplazadas aquí por miradores o calles ensanchadas con barandas que permitan habitar los acantilados, a la vez que mirar sobre la bahía mientras se pasea. Y, en un nivel más profundo, este es un proyecto que intenta también articular política y diseño, dos agentes claves en la creación de espacios públicos.

Una-discusion-sobre-espacio-publico-12Fig. 6 Vista hacia la tercera plaza tras de la intervención. © Antonio Lipthay, 2013.

Si bien el equipo de diseño generó un suelo complejo e intrincado –que incluyó además el diseño hidráulico, eléctrico y el de los elementos de paisaje y prefabricados donde fuese posible– los arquitectos tuvieron que luchar contra un complejo sistema burocrático que iba desde la oficina regional de Monumentos, al Consejo Nacional de Monumentos, al Servicio Regional de Vivienda y Urbanismo, a la Dirección de Obras Municipales y similares, al Ministerio de Planificación y al Ministerio del Interior, entidad que finalmente firmó los permisos de construcción. Tras todo este proceso, la intervención es legible como una estrategia de conectividad que aprovecha la red peatonal en los cerros. Y pese a que no todos los elementos del proyecto original sobrevivieron, este fue capaz de ejercer un impacto mayor dentro de la ciudad, incorporando la noción de espacio público como un medio que define una plataforma de habitabilidad.

Como resultado, el proyecto adopta una articulación urbano-social del territorio, promoviendo la mejora en las condiciones de vida y, más importante aún, el rescate y desarrollo de una identidad urbana a través del diseño². De igual manera, el próximo proyecto se articula a partir de la construcción de un parque comprometido con su condición territorial.

El Estadio Nacional como un Parque de la Ciudadanía. Teodoro Fernández Arquitectos. Santiago

Durante 76 años el Estadio Nacional ha sido el espacio público que ha congregado la mayor cantidad de eventos cívicos, deportivos y culturales en Chile. Sin embargo, desde su inauguración en 1938 y a pesar de las reparaciones que se han hecho al coliseo principal, la totalidad del sitio nunca había sido abordada desde una perspectiva urbana. Así, la propuesta ganadora del concurso organizado por el Instituto Nacional del Deporte en 2011 se estructuró en torno a la concepción del diseño del paisaje como un medio para destacar la geografía, y como una oportunidad para reinterpretar la concepción tradicional de la plaza y de la calle, considerados como los principales espacios públicos de Santiago.

Una-discusion-sobre-espacio-publico-06Fig. 7 Vista del valle del Aconcagua. Thomas Somerscales, s/f. © Thomas Somerscales, Pintura Chilena del siglo XIX. (Santiago: Origo, 2008), p. 18.

El proyecto de Teodoro Fernández Arquitectos es, antes que todo, un ejercicio topográfico. Introduce una nueva dimensión en el sitio conectando las vistas lejanas de la cordillera de los Andes con el paisaje circundante propuesto para el nuevo parque. Al interior del sitio, esta nueva topografía –denominada por los autores como «un balcón en el valle»– se centra en el coliseo y se define por una plataforma elevada hasta el segundo nivel de la estructura principal, que conecta el interior y el exterior del sitio por medio de un sistema de explanadas, bordes y rampas. El proyecto rompe también con la condición enclaustrada del sitio a través de una serie de accesos peatonales articulados que contribuyen a la organización de los espacios como espacios públicos. Como resultado, el proyecto enfatiza simultáneamente cinco aproximaciones para su entendimiento como «parque»:

Una-discusion-sobre-espacio-publico-07Fig. 8 Laguna del Parque Cousiño. Alberto Orrego Luco, 1887. © Colección Museo Nacional de Bellas Artes de Chile.

Una-discusion-sobre-espacio-publico-14Fig. 9 Vista hacia la laguna de botes y de piscinas recreativas. © Teodoro Fernández Arquitectos. Equipo concurso, 2011.

En primer lugar es un parque urbano que crea un nuevo sistema, integrando al Estadio Nacional al contexto urbano e incorporando un diseño que responde a los distintos bordes del sitio, a través de la propuesta de ocho accesos peatonales que operan como espacios públicos a la vez que consolidan el rol del sitio como una pieza urbana. Es un parque topográfico que considera y realza el relieve preexistente dentro y fuera del sitio. Es un parque de la ciudadanía, para el público, promoviendo el uso recreacional no sólo a través de nuevos programas, infraestructura y eventos, sino también a través de la organización de los preexistentes. Es un parque atlético que preserva usos tradicionales, a través de una organización de capas y elementos que lo definen como un campo de deportes para atletas profesionales y amateurs, ciudadanos comunes y corrientes, familias y turistas. Finalmente, es un parque educacional que incorpora historia, memoria e identidad en la configuración espacial del Estadio Nacional.

A pesar de tratarse de un concurso internacional que tomó cinco meses y que fue organizado en tres etapas que incluyeron a 27 oficinas y a un jurado compuesto por representantes de gobierno, reconocidos arquitectos, arquitectos del paisaje y planificadores urbanos, nacionales e internacionales, la materialización efectiva del elemento principal del diseño ganador –el sistema articulado por la plataforma elevada y explanadas– aún está en riesgo. El Consejo de Monumentos Nacionales, el mismo que declaró al coliseo bajo esa categoría en 2003, dio luz verde a la demolición de su marquesina para ampliar el aforo del estadio, tras su reducción en diez mil asientos el año 2010. Esta operación implicaría la instalación de una estructura de pilares de concreto rodeando al coliseo y ocupando, en consecuencia, gran parte del área de la plataforma propuesta. Y pese a que el proyecto resultó ganador precisamente por el plan maestro para el sitio, que posiciona a la plataforma como el principal elemento de la composición, de acuerdo a una declaración entregada por un representante del consejo a un diario chileno había cierta preocupación por el riesgo latente en la cantidad de cruces diagonales propuestos al interior del sitio y, en particular; también por la plataforma elevada al segundo nivel del coliseo, la que no es un mero gesto compositivo sino un elemento que absorbe el 2 % de la pendiente del sitio, nivelando la parte alta del recinto con las vistas lejanas, reconociendo así la organización natural del terreno³. Consecuentemente, la materialización efectiva de este ejercicio topográfico, de este «balcón en el valle» que entregaría una fuerte identidad a las casi 65 hectáreas y a toda el área circundante, el mismo que absorbe la significación histórica y nacional del sitio, sigue sin haberse realizado.⁴

Es cierto que la intervención gubernamental luego de un concurso público no es nueva, pero si realmente creemos que el espacio público no es neutral, algo de hecho confirmado por las tres propuestas aquí presentadas, entonces es tiempo de recordar episodios como la condición urbana de Santiago durante la celebración del Centenario de Chile. En dicho momento, el paisaje público de Santiago era un producto complejo, determinado por la coexistencia de paisajes productivos (como la Quinta Normal de Agricultura), paisajes culturales (como el parque Cousiño) y paisajes construidos sobre elementos geográficos como el río Mapocho y el cerro San Cristóbal. Esas piezas urbanas fueron propuestas de diseño pensadas y construidas no sólo para incorporar áreas verdes, sino también para conectar la ciudad y su valle a través de espacios públicos que operaban como medios para reconocer la extensión geográfica del contexto circundante, una situación igualmente reconocible en el concurso del Estadio Nacional y en los cerros de Valparaíso, que entregan a sus habitantes un sentido de identidad urbana y territorial.

En un período en que grandes parques históricos han sido canibalizados hasta convertirse en los patios traseros de los barrios en que se emplazan, donde los proyectos de paisaje ganadores de concursos internacionales son transformados por las entidades que obtienen los contratos de construcción, y donde espacios públicos notables han sufrido progresivas, inadecuadas y descontroladas intervenciones a manos de las autoridades de turno, países como Chile –sin una gran tradición en diseño de paisajes– necesitan continuar con la instrumentalización táctica de intervenciones que han probado ser efectivas y desarrollar diseños estratégicos capaces de transformar los sitios, ampliando el alcance de las posibilidades futuras de sus formas y funciones urbanas de modo que puedan ser utilizados por quienes más los necesitan: los gobiernos locales y la ciudadanía.

Una-discusion-sobre-espacio-publico-08Fig. 10 «Urbanismo desde el paisaje: doce piezas urbanas en proceso, 1910 vs 2010», Fondecyt Nº11103332, investigación de Romy Hecht. © Dominique Bruneau, Romy Hecht, 2014.

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Publicado en

Who Cares for Chilean Cities?
Agosto 2014

Artículo realizado por

Romy Hetch. Arquitecta y Magíster en Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Doctora en Teoría e Historia de la Arquitectura de Princeton University. Sus investigaciones se desarrollan en el campo de la teoría, la historia y la crítica del paisaje del siglo XX como espacio público, en Estados Unidos, Europa y América latina, centrándose en la identificación, descripción e interpretación de las formas como vestigios del pasado. Ha presentado partes de su tesis de doctorado, The Attack on Greenery: Critical Perceptions of the American Man-Made Landscape, 1955-1969, en las universidades de Princeton, Harvard, Columbia y Rice. Sus
artículos se han publicado en diversos medios editoriales, tales como Harvard Design Magazine (USA), ARQ, CA, y Revista 180 (Chile), y New Architecture (China). Ha sido la traductora al español del libro de J.B. Jackson The Necessity for Ruins and Other Essays (La necesidad de ruinas y otros ensayos, 2012). Ha sido Profesora Visitante de la Graduate School of Design de Harvard University y es Profesora Asociada de la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Notas

1 Este ensayo es un producto del proyecto Fondecyt de Inicio 11110332, «Urbanismo desde el paisaje:
lectura de doce piezas urbanas en proceso. Santiago 1910 vs. 2010», de Romy Hecht.

2 Durante el proceso de edición de este ensayo, Valparaíso sufrió lo que ha sido catalogado como el peor incendio urbano en la historia de Chile. Entre el 12 y el 16 de abril de 2014 se quemaron once de los 42 cerros de la ciudad, abarcando una superficie de 900 hectáreas y dejando como resultado quince muertos, quinientos heridos, doce mil quinientos damnificados y dos mil novecientas casas destruidas. La tragedia expuso las deterioradas condiciones urbanas de la ciudad y, en particular, de sus quebradas, las mismas recuperadas como espacios públicos por el proyecto de MOBIL que, afortunadamente, no fue afectado por el evento.

3 Ver Patricio Cofré, «Santiago: Evalúan demolición de marquesina para ampliar capacidad del
Estadio Nacional», La Tercera (31 Ago. 2012).

4 En marzo de 2014 fueron inauguradas 23 hectáreas de la propuesta original, justo antes del inicio de los Juegos Suramericanos, ODESUR 2014. La sección, correspondiente al paño oriente del terreno, entre el coliseo y la Avda. Pedro de Valdivia, incluye los espacios abiertos propuestos por Teodoro Fernández Arquitectos: nuevas áreas verdes, estacionamientos, senderos, paseos y ciclovías, y la renovación de los accesos al sector. Se instalaron además tres Memoriales a los Detenidos y Desaparecidos de la Dictadura Militar (1973-1989) y un Polideportivo y Centro Acuático, además de iniciarse las obras para la nueva estación de Metro por Avda. Grecia. Sin embargo, a la fecha, ninguna de las plataformas elevadas ha sido construida. Tampoco existe fecha de inicio para la segunda etapa, en la que el equipo ha propuesto una versión muy reducida del «balcón» original.

Lecturas recomendadas

Who Cares for Chilean Cities?
La necesidad de ruinas y otros ensayos
Teodoro Fernández | Arquitectura en el paisaje
ARQ 73 | Valparaíso
ARQ 83 | Edificios, paisajes, ciudades

Quién se preocupa por las ciudades chilenas? evalúa la producción chilena reciente en los campos de la arquitectura, el espacio público y los proyectos urbanos, desde el punto de vista de la ciudad y sus actores.

En base a esta pregunta, los investigadores chilenos Luis Eduardo Bresciani, Romy Hecht y Rodrigo Pérez de Arce seleccionaron tres proyectos para cada una de las categorías mencionadas. Luego, los académicos Saskia Sassen, Stan Allen e Iñaki Ábalos –todos ellos radicados en Estados Unidos– evaluaron la selección realizada por sus pares chilenos, dando pie a una serie de conversaciones moderadas por Clara Irazábal, Galia Solomonoff y Enrique Walker.

Tras estos debates, una reflexión de Mark Wigley sobre las ciudades chilenas y el espacio público cierra el libro.

Los textos y proyectos aquí publicados se basan en dos conferencias realizadas en Nueva York y Santiago en el año 2013. Sin embargo, más que un catálogo de esos eventos, entendemos este libro como algo con vida propia; como un dispositivo que, al presentar respuestas provisorias a la pregunta, abre la conversación a un público más amplio que puede ofrecer nuevas respuestas.

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Disponible
$15.550

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Autores: Francisco Díaz (ed.), Alejandro de Castro (ed.)
Co-edición: Ediciones ARQ, GSAPP Books

Textos en castellano e inglés, fotografías e imágenes a color y b/n, planimetría, esquemas
Páginas: 232
Formato: 17,5 x 24 cm.
Peso: 0,65 kg. aprox.
ISBN: 978-1-941332-05-4

Índice
Presentaciones

GSAPP Latin Lab / Alejandro de Castro, Clara Irazábal
CEDEUS UC / Fernando Pérez

Introducción

¿Quién se preocupa por las ciudades chilenas? / Francisco Díaz

Proyectos urbanos

Hacia la ciudad justa / Luis Eduardo Bresciani

Proyectos

Debates

Comentario / Saskia Sassen

Conversación / Saskia Sassen, Luis Eduardo Bresciani, Clara Irazábal

Espacio público

Una discusión sobre espacio público / Romy Hecht

Proyectos

Debates

Comentario / Stan Allen

Conversación / Stan Allen, Romy Hecht, Galia Solomonoff

Arquitectura

La arquitectura y el dominio público / Rodrigo Pérez de Arce

Proyectos

Debates

Comentario / Iñaki Ábalos

Conversación / Iñaki Ábalos, Rodrigo Pérez de Arce, Enrique Walker

Epílogo

Ciudad, universidad y espacio público / Mark Wigley

Anexo

Exposiciones

Conferencias

CV Autores

Créditos

Columbia Global Center Santiago

Auspiciadores

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Pocas obras recogen con tanta densidad y elocuencia la rara cualidad multiescalar de la madera –reconocida por Fernando Pérez en la conferencia ‘Desde la madera’ con que se inauguró el año académico del Magíster en Arquitectura de la UC– como el Cabanon de Le Corbusier. Construido como apéndice de un pequeño bar costero, a metros de la célebre casa de Eileen Gray en Cap Martin, el Cabanon es tan edificio como mueble, y condensa toda la complejidad que las escalas de la madera plantean.

¿Cómo abordar la madera desde una perspectiva contemporánea? Dejando de lado los atributos que la hacen tan atractiva para los promotores de la hoy ineludible sostenibilidad (bajo un manejo adecuado, la madera es un recurso renovable, biodegradable y reciclable) la hipótesis que esta edición plantea es que, quizá, y justamente gracias a esta versatilidad escalar, la madera ofrecería la rara oportunidad de resolver el proyecto de arquitectura con igual contundencia tanto en los frentes que plantea la construcción y la ingeniería como en los asuntos de la cualidad atmosférica y sensorial del espacio.

estructuras de madera
Este número de ARQ se detiene particularmente en proyectos y artículos que dan cuenta, simultáneamente, de esa doble escala de la madera. Por una parte, se trata de una materia capaz de desplegar una notable potencia estructural, en algunos casos llegando al punto de las grandes luces y de la edificación en mediana altura. En el otro extremo, la madera aparece como fértil terreno para el desarrollo del detalle, gracias a su condición táctil –en cuanto materia sensual, liviana y cercana en su medida a la mano– y sus propiedades plásticas: cálida, colorida, aromática, moldeable, precisa. Lo interesante es que esta combinación escalar puede existir desde la economía de medios materiales y usando tecnologías de bajo impacto, como en el notable ejemplo de la casa Cúpula de Buckminster Fuller, presentada lúcidamente en el ensayo que abre este número.

Dos proyectos de título ejemplifican caminos de desarrollo que, desde el prototipo constructivo o el proyecto edilicio, exploran las posibilidades expresivas y estructurales de la madera y que, al igual que la bóveda de lamelas o el conjunto de viviendas en Constitución, plantean un uso del material capaz de abordar magnitudes de orden mayor.

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Sumario

Editorial. Estructuras de madera / Patricio Mardones

Portafolio Galería AFA

Resistencia local / gt2p

Lecturas, obras y proyectos

Casa Cúpula en Carbondale, Illinois. R. B. Fuller, 1960 / Miguel de Lózar de la Viña

Casa Unamuno, Las Condes, Chile / Cecilia Puga

Cuba de madera, San Diego Sur, San Clemente, Chile / María Francisca Navarro

Emergencia y permanencia. Un caso de investigación aplicada y prototipo / John Saffery Gubbins, Juan Ignacio Baixas Figueras

Proyecto Villa Verde, Constitución, Chile / Elemental

Casa Gago, San Pedro De La Paz, Chile / Pezo Von Ellrichshausen

Casa en Tunquén, Casablanca, Chile / Pablo Lobos, Branko Pavlovic

Casa Pantalón, San Felipe, Chile / Eduardo Castillo

El potencial de la madera como elemento estructural / Enzo Valladares Pagliotti

Hotel Slowhorse, Piancavallo, Italia / Stefano Pujatti

Un edificio híbrido, Valparaíso, Chile / Claudio Viñuela

Construcciones de madera compuestas para cerramientos autoportantes / Khaled Saleh Pascha

Noticias de la Facultad
Dossier técnico ARQ

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Parque Cultural Valparaíso

Proyecto realizado por HLPS Arquitectos y publicado en ARQ 81 | Espacios para la cultura.

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espacios para la cultura
Con Utopians and visionaries 1871-1981 y otras exposiciones como Poetry must be made by all! o la controversial Hon, Pontus Hultén, historiador de arte y curador nacido en Suecia en 1924, dejaba claro que para él el museo era, literalmente, ‘espacio disponible’ para las expresiones marginadas del teatro, la ópera, las ciencias o las artes en general: todo lo que no tuviese cabida en el circuito cultural establecido podía encontrar un lugar en el museo. Esa actitud anunciaba su futuro como director fundador del Centro Georges Pompidou en París, inaugurado en 1977 y tan cercano a las utopías de fines de los sesenta.

espacios para la cultura
La misma mirada anima la reflexión que ARQ81 intenta estimular: si la cultura es el conjunto total de modos de vida, creencias y costumbres de un grupo o época, el espacio para la cultura debiera ser necesariamente un ámbito colectivo y de participación; una instancia de intercambio, juego y encuentro y, ante todo, un campo no resuelto, donde aún hay espacio disponible. La inmunidad a la norma legal y social de las animitas en Chile, la celebración de fiestas multitudinarias en las calles catalanas, el replanteo de la estructura de una biblioteca pública en Seattle y los proyectos de arte en las barriadas de Quito que este número presenta hablan, justamente, de ese espacio en blanco que levanta sus barreras y posibilita la construcción espontánea y colectiva de nuevas realidades.

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Sumario

Editorial. Espacios para la cultura / Patricio Mardones

Opinión. Los museos en el siglo XXI / Iñaki Ábalos

Opinión. Lo público del espacio / Alberto Sato

Obras y proyectos

Parque Bicentenario de la Infancia, Santiago, Chile / ELEMENTAL

Teatro Municipal de Constitución, Constitución, Chile / ELEMENTAL

Museo de la Memoria, Santiago, Chile / Figueroa, Fehr, Dias

Casa do Chile, São Paulo, Brasil / Figueroa, Fehr, Dias

Parque Cultural Valparaíso, Valparaíso, Chile / HLPS Arquitectos

Teatro Municipal de La Serena, La Serena, Chile / HLPS Arquitectos

Fundació Antoni Tàpies, Barcelona, España / Ábalos + Sentkiewicz

Espacio para la experimentación teatral, estructura itinerante / Al Borde Arquitectos

Portafolio Galería AFA
Lecturas

Reporte: Biblioteca Pública de Seattle, OMA 1999-2004 / Giulia Foscari, OMA

Arte y comunidad. Espacios de transformación / Colectivo Tranvía Cero

La ciudad común en fiesta. Espacios para la construcción cultural / Juan J. Tuset

Animitas. Una expresión informal y democrática de derecho a la ciudad / Lautaro Ojeda

Libros y revistas recibidos
Dossier técnico ARQ








En el mundo del siglo XX, poblado como nunca antes por artefactos técnicos y obras que aspiran al estatus de arte, diversas corrientes modernistas quisieron poner en circulación otra familia de objetos, que no pudieran ser catalogados ni como técnica ni como arte y que tuvieran como primera razón de ser la modificación radical de lo existente. El invencionismo argentino fue una de esas corrientes. Nacido a mediados de los años cuarenta, pese a su corta existencia incubó las líneas importantes del arte argentino, como Madí, el Arte Concreto-Intervención y el Perceptismo. Alejandro Crispiani nos presenta aquí un estudio que parte del invencionismo para reconstruir la trayectoria de su impulso radical en dos direcciones, la que lleva a la arquitectura y la que lleva al diseño industrial, y en ambos casos en un territorio distinto de aquel en que se originó, el Chile de las décadas de 1950 a 1970.

Así, este libro traza por primera vez las relaciones entre el arte invencionista argentino, la Escuela de Arquitectura de Valparaíso (promotora de algunas de las más osadas iniciativas de vanguardia de la región) y las experiencias del Grupo de Diseño liderado por Gui Bonsiepe (una inmersión del diseño industrial europeo de avanzada en la realidad social y política latinoamericana plena de consecuencias); dos experiencias, estas últimas, que pasaron por un momento particularmente álgido en lo relativo a su naturaleza y aún a su propia existencia a comienzos de los años 1970, cerrando el ciclo modernizador iniciado en la posguerra.

Objetos para transformar el mundo, combina la historia de la arquitectura y el diseño, la historia del arte y la historia intelectual para poner luz en el entretejido de intenciones estéticas ambiciones filosóficas y aspiraciones políticas que constituyó la propia matriz de este fascinante episodio de contactos culturales y viajes de ideas y personas a uno y otro lado de la cordillera.

Disponible
$14.550

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Autor: Alejandro Crispiani

Textos en castellano, fotografías e imágenes a color y b/n
Páginas: 432
Formato: 15,6 x 22,8 cm.
Peso: 0,6 kg. aprox.
ISBN: 978-987-558-213-2

Sumario
Introducción. Objetos para transformar el mundo
Parte primera. Intervenciones

Capítulo I. Las raíces latinoamericanas del invencionismo

Capítulo II. Una definición plástica del marxismo

Capitulo III. Bajo el dominio del arte

Parte segunda. Signos

Capítulo IV. Arte concreto en Valparíso. ¿Qué es una exposición?

Capítulo V. El acto poético

Capítulo VI. La obra y sus bordes

Parte tercera. Productos

Capítulo VII. El problema de la realidad

Capítulo VIII. Objetos revolucionarios bajo formas familiares

Epílogo. Dos proyectos








Este número 76, presentado durante la celebración de la XVII Bienal de Arquitectura de Chile, es la última edición en que intervino Montserrat Palmer, su fundadora y directora hasta mayo de 2010.

Día y noche trata sobre la relación de los cuerpos construidos con el ciclo de luces y sombras: en la preparación del número fueron convocados iluminadores, arquitectos y especialistas a discutir sobre la noche, la ciudad, los edificios y la luz natural.

La selección de Lecturas incluye una revisión a la presencia de la luz artificial en la obra de Le Corbusier, pasando por la presentación de un plan de iluminación urbana diseñado en Brasil. Las obras, por su parte, son un buen ejemplo de la condición variable de la arquitectura en cuanto cuerpo bajo la luz: la Wall house en Lampa, la casa Umbráculo en Asunción o la escuela Flor de Campo en Cartagena de Indias dan cuenta de los matices con que luz y sombra determinan la cualidad de los espacios que ocupamos, mientras el ciclo del día y la noche sigue su curso.

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$10.550

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Sumario
Portfolio ARQ / +arquitectos
Lecturas

La luz en la obra de Le Corbusier / Claudio Vásquez

Iluminación natural de edificios de oficina / Magali Bodart, Waldo Bustamante, Felipe Encinas

Un futuro para la luz urbana / Pascal Chautard

Plan de iluminación urbana para Brasil / Rodrigo Poltosi

Obras y proyectos

Wall House, Lampa, Chile / Marc Frohn, Mario Rojas

Casa Umbráculo, Asunción, Paraguay / Javier Corvalán

Casa en Barra do Sahy, São Paulo, Brasil / Lua Nitsche, Pedro Nitsche

Estudio Barrionuevo, Ñuñoa, Chile / Renzo Alvano, Pablo Riquelme

Estudio y galería Leme, São Paulo, Brasil / Paulo Mendes da Rocha, Martin Corullon, Anna Ferrari, Gustavo Cedroni

Colegio Flor de Campo, Cartagena, Colombia / Giancarlo Mazzanti, Felipe Meza

Ocho casas, tres patios, Gran Canaria, España / Pedro Romera, Ángela Ruiz

Intervención en el edificio Clave, Valparaíso, Chile / Daniel Ruddoff

Diálogos 0300TV / Juhani Pallasmaa







Este número de ARQ dedicado a la ciudad de Valparaíso, Chile —declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2003— busca describir las nuevas obras que se están haciendo o planificando, sin diferenciar si son o no parte del sector patrimonial y sin dramatismos innecesarios, solo considerando en su calidad de arquitectura cotidiana, su capacidad de acoger de una mejor manera la vida de los habitantes y de los afuerinos.

Obras y proyectos de diversas escalas son mostrados en detalle: edificios de viviendas, espacios públicos y proyectos de remodelación de edificios con usos públicos. Se incorpora en la sección Lecturas diversas visiones de la ciudad que ahondan en sus características propias, como son: su calidad de principal puerto del cono sur de Sudamérica, su situación de anfiteatro en una geografía de cerros, la adaptación de los habitantes a sus pliegues y quebradas y las posibilidades de replantearse la manera de mirar la ciudad.

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Sumario
Portfolio ARQ / Izquierdo Lehmann Arquitectos
Lecturas

El Pacífico Latinoamericano / Escuela de Arquitectura PUCV, Alberto Cruz, Godofredo Iommi

Ciudad Anfiteatro / Glenda Kapstein

Las aguas ocultas de Valparaíso / Marcelo Araya

Transacciones topográficas / Rodrigo Pérez de Arce

Evolución del frente marítimo / Alberto Texidó

Obras y proyectos

Reparación de tejido urbano, cerro Toro y cerro Sto. Domingo / Antonio Lipthay

Rehabilitación Unión Obrera, cerro Cordillera / Raúl Araya, María José Castillo, Francisco Prado

Parque Cultural Valparaíso, cerro Cárcel / Jonathan Holmes, Martín Labbe, Carolina Portugueis, Osvaldo Spichiger

Paseo Altamirano, camino La Pólvora / Emilio Marín

Museo Naval y Marítimo, cerro Artillería / Roberto Benavente, Gabriel Rudolphy, Alejandro Soffia

Edificio Vistabarón / Ricardo Judson, Roberto Olivos, Javier Ávila, Isabel Perelló

Mercado Puerto, Barrio Puerto / Rodrigo Pérez de Arce, Francisco Díaz, OWAR Arquitectos, Serex UC

Loft de la Aduana, Barrio Puerto / Gabriela Muñoz, Mauricio Sánchez, Vicente Swinburn, Matías Swinburn








La discusión que plantea este número llamado “En territorio” se refiere por una parte a la revisión panorámica de obras de arquitectura que presentan una fuerte relación con el territorio donde se insertan, ya sea este natural o construido. Por otra, se presentan una selección de artículos que ejemplifican desde diferentes puntos de vista la relación entre las obras de arquitectura y el contexto donde se insertan. El artículo sobre Lo Contador ejemplifica quizás, de mejor manera, como una obra puede ser decisiva en la conformación y el destino de un territorio, en este caso un barrio.

Esta nueva edición de ARQ se centra principalmente en la arquitectura reciente construida en Chile y la relación con su escabrosa geografía. Las múltiples maneras de ocupar un territorio presentan el terreno propicio para ejemplificar esa relación: desde dos casas en el borde del mar, a un “Ski Box” en Portillo, en la cordillera de Los Andes. Destacan además, las termas Geométricas en el parque nacional y obras en territorios urbanos como los Lofts en Valparaíso y la Plaza del Patriarca en Sao Paulo. Todas ellas forman parte de una revisión panorámica, donde la localización de la obra en relación a su contexto presenta un repertorio enorme de posibilidades, dando cabida en ellas a los problemas habituales de la profesión.

Disponible en
oficinas ARQ

$8.550

Sumario
Lecturas

Territorializar la arquitectura / José Rosas

Lo Contador: casa, barrio, ciudad / Fernando Pérez Oyarzún

Una tradición constructiva del Norte Chico / Rocío Blaitt

Territorio de la furia / Rodrigo Ganter

Espacio público / Elke Schlack

Obras y proyectos

Casa Pite / Smiljan Radic

Casa El Morro / Teodoro Fernández

Comentario transversal: Dos obras en balnearios / Miguel Eyquem

Lofts Yungay / Antonio Menéndez, Cristián Barrientos

Comentario transversal: Una obra en Valparaíso / Miguel Eyquem

Campus Saucache / Jorge Marsino, Claudio Santander, Diego Achurra

Plaza del Patriarca / Paulo Mendes da Rocha

Casa lago Colico / Fabio Cruz, Tomás Browne

Ski Box / Nicolás del Río, Max Núñez

Termas Geométricas / Germán del Sol