Santiago

‘Lugares Comunes: Recoleta–Independencia’ es una investigación liderada por la oficina de arquitectura Plan Común y ha tenido dos hitos académicos importantes a la fecha: el primero, un Taller de Ejercitación y, el segundo, un workshop internacional. Ambas instancias se llevaron a cabo en la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

El desarrollo de nuestras ciudades en las últimas décadas ha estado directamente determinado por la aplicación de un modelo neoliberal experimental –donde intereses individuales buscan explotar los recursos que deben ser compartidos por todos, subordinando la esfera pública sobre la privada– y por una debilidad conceptual que se suma a la falta de visión de autoridades, expertos urbanos y legisladores, lo que ha tenido como consecuencia la proliferación de lugares comunes, en la peor acepción del término.

Lo anterior no es casual y ha traído como consecuencia que la ciudad –como problema de arquitectura– haya quedado abandonada exclusivamente a los vaivenes del mercado. En este escenario, nuestra profesión también ha sido responsable: se ha conformado con ‘surfear la ola’, adecuándose obedientemente a las condiciones dadas o definitivamente subordinándose a encargos y clientes con agendas cuestionables.

La investigación está enfocada en el desarrollo de proyectos en dos comunas vecinas en la ciudad de Santiago: Recoleta e Independencia. Ambas comunas se seleccionaron por su riqueza cultural e histórica, dos emblemas de un modelo de ciudad en peligrosa retirada. Dada su posición privilegiada en el contexto metropolitano, ambas comunas comienzan a sucumbir por la fuerte presión de las inmobiliarias, área donde estos intereses han detectado un crecimiento paradójico: por condiciones intangibles de índole cultural, no se ha podido explotar todo el potencial de un sector bien equipado y conectado al resto de la ciudad. Estas contenciones a la especulación de suelo son los cementerios y hospitales más antiguos del país, en particular el Cementerio General que funciona como un centro de gravedad intercomunal.

Leyes de protección del patrimonio histórico y habitantes fuera del patrón de alto consumo (inmigrantes y tercera edad) alimentan un sistema que contradice el dogma del libre mercado. Nos interesa contribuir en esta discusión, intentando establecer lugares colectivos activos y con carácter. Se propone recuperar la vocación pública, la radicalidad y la capacidad transformadora del proyecto de arquitectura.

Extracto de la introducción.

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Lanzamiento:
16 de diciembre

Editores: Felipe De Ferrari, Francisco Díaz, Diego Grass

Textos en español, imágenes duotono
Páginas: 128
Formato: 17 x 24 cm.
Peso: 0,4 kg. aprox.
ISBN: 978-956-9571-01-5

Índice

Introducción

Cementerio General de Santiago — 10 consideraciones

Concepto

Taller de Ejercitación: Anillos de infraestructura comunitaria

7 Proyectos — 7 Equipos

Centro deportivo y recreativo — Tribuna Pública

Patio de Flores — Cultivo y venta autosuficiente

Centro de Artes — Plaza teatro

Nuevo acceso cementerio — Zona norte y patio 29

Nuevo acceso cementerio — Centro popular La Chingana

Centro gastronómico — Encuentro y cooperación

Centro de voluntariado — Plaza redonda

Una apuesta / Rodrigo Pérez de Arce

El lugar común de la creatividad / Emilio de la Cerda

Workshop — Cementerio General como Espacio Público Metropolitano

Introducción

Selección Planimétrica

Yashiharu Tsukamoto — Conferencia 30 abril 2015

Investigación de Campo / Francisco Quintana

Recursos complementarios
Plan Común Arquitectos

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común
¿Es tan común lo común? Por una parte, se puede entender como aquello sin la pretensión de transformase en algo excepcional. Por otra parte, asumiendo el problema en términos de propiedad, lo común puede aparecer en relación a lo público (si algo es común es de todos, por lo tanto es público). Finalmente, a partir de la reciente revalorización de conceptos como the commons (Hardt y Negri) o ‘uso común’ (Agamben), lo común se puede entender también como un dispositivo político.

En este número ARQ están presentes todos estos enfoques, exponiendo las controversias para que nuestros lectores puedan apreciar los distintos argumentos. Aunque quizás, al hablar de lo común, esas controversias no sean tales.

En su texto «Public and Common(s)», Reinhold Martin analiza las distintas acepciones de lo común y su aparente confusión con lo público. Hannah Arendt, por ejemplo, ve a lo común como sinónimo de lo público (que aparece en la polis) pues ella lo entiende en oposición a lo individual (que aparece en el espacio privado); Hardt y Negri a su vez proponen que la metrópolis «es el espacio de lo común, de la gente viviendo en conjunto, compartiendo recursos, comunicándose, intercambiando bienes e ideas.»

común
Martin observa que en ambas visiones es la ciudad el entorno que permite que lo común aparezca. A esto se agregan casos como los Smithsons, Venturi y Scott-Brown, o Atelier Bow-Wow, para quienes lo común como lo ordinario surge a partir de una relectura de la ciudad existente. Es decir, cualquiera sea el énfasis –cotidiano, público o político–, es en la ciudad donde lo común aparece y se produce.

Hoy en día sin embargo, y desafiando las porfiadas idealizaciones que podamos hacer sobre la vida urbana, pareciera ser que el miedo, la comodidad y la desidia reducen cada vez más la existencia de aquellos espacios donde lo común aparece y se produce. Entonces, ¿qué hacemos mientras descubrimos como recuperar la cualidad común de la ciudad? ¿cuáles pueden ser esos espacios comunes donde los distintos puntos de vista tienen un lugar de debate, negociación y finalmente de encuentro? Idealmente debieran ser muchos. Por cierto, y en base al prestigio construido a lo largo de 35 años, aspiramos a que revista ARQ pueda ser uno de esos espacios.

Extracto de la editorial.

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Sumario
Portafolio Fotográfico

The Mid-space / Stephannie Fell

Editorial

Definiendo un espacio común / Francisco Díaz

Lecturas, obras y proyectos

Un nuevo uso de la arquitectura / Camillo Boano, Giovanna Astolfo

Opera House | House Opera / A(n) Office

Políticas del playground / Nicolás Stutzin

Taller de Formación y Representación II: Campo de Juego / Escuela de Arquitectura UC

Común-Unidad / Rozana Montiel, Alin Wallach

De los bienes comunes y lo público / Alberto Sato

Hacia la producción de bienes comunes del diseño / Elena Antonopoulou, Christos Chondros, Maria Koutsari

Kitamoto Station Plaza / Atelier Bow-Wow

Museos de Arquitectura y Fotografía / Plan Común

La ciudad como acumulación / José Ignacio Vielma

El Plano Oficial de Urbanización de la Comuna de Santiago de 1939 / José Rosas, Wren Strabucchi, Germán Hidalgo, Pedro Bannen

Santiago, locación común / Marcelo Vizcaíno, Claudio Garrido

Sede social comunitaria / 3arquitectos

Gobernación de Malleco / Francisco Correa, Cristóbal Fernández, Pedro Hoffmann, Andrés Mas, Sebastián Mundi, Soledad Pérez

Cabaña Lanalhue / Juan Pablo Corvalán

Arquitectura tras la crisis / Pelin Tan

Opinión – Bienal de Chicago 2015 / Sebastián Paredes

Noticias
Novedades ARQ

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Ediciones ARQ tiene el agrado de presentar su nuevo libro Sudamérica Moderna, editado por Hugo Mondragón y Catalina Mejía, y realizado en conjunto con la Dirección de Investigación y Postgrado de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Sudamérica Moderna presenta 15 ensayos de autores provenientes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Italia, Reino Unido y Uruguay. En cada uno de ellos se analiza la forma en que el proceso modernizador se implantó e implementó en Sudamérica, subrayando las distinciones respecto a la modernidad tal como se desarrolló en el hemisferio norte.

Gran parte de los capítulos presentan casos, puntos de vista y materiales gráficos inéditos, o bien desconocidos, transformando a este libro en un excelente material de consulta para académicos, estudiantes e investigadores.

Esta publicación, cuyos textos fueron arbitrados por más de 40 pares evaluadores alrededor del mundo, representa un esfuerzo académico de proporciones tendiente a mostrar nuevos puntos de vista sobre la modernidad en Sudamérica, y así contribuir a ampliar el conocimiento sobre nuestro sub-continente.

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Autores: Hugo Modragón (ed.), Catalina Mejía (ed.)

Textos en castellano e inglés, fotografías e imágenes en b/n, planimetría
Páginas: 296
Formato: 17,5 x 24 cm.
Peso: 0,6 kg. aprox.
ISBN: 978-956-9571-05-3

Índice

Prólogo / Mario Ubilla

Sudamérica y las formas de lo moderno / Hugo Modragón, Catalina Mejía

Desde fuera / Valeria Fraser

Objetos

El proyecto de Bornancini y Petzold. Un estudio sobre innovación de producto para Todeschini / María Do Carmo, Gustavo Cossio

Un caso de diseño y producción moderna. Orígenes de la Dirección de Aprovincionamiento del Estado (D.A.E.) / Rodrigo Vera

La gráfica en dictadura. Colombia 1953-1957: Un contexto social / Augusto Solórzano, Didier Correa

Edificios

Impulsos modernizadores. Las EMPART y la Vivienda Urbana Moderna. Santiago 1945-1959 / Umberto Bonomo, Trinidad Bórquez

El edificio como experimento. Amancio Williams: Tres Hospitales y un Sistema / Luis Müller

Las huellas del tiempo. Entropía y Transformación en el Edificio Plaza de Armas en Santiago / Armando Caroca

Una casa de arquitecto. La casa de Julio Vilamajó en Montevideo / Aníbal Parodi

Modernidad resistida. La Torre de la Casa de Pablo Neruda en Isla Negra / Elena Mayorga

Territorios

El otro cruce de Los Andes. Megaformas Proyectadas en Argentina para Santiago / Ana María Rigotti

Modernidad y turismo. Instalaciones Balnearias en el Litoral Central de Chile. 1930-1962 / Macarena Cortés, Anita Puig, Luz María Vergara

Planos para una Ciudad Moderna. Tres Interpretaciones del «Plano Detallado de Santiago» de Alejandro Bertrand / José Rosas, Wren Strabucchi, Germán Hidalgo, Magdalena Vicuña

Arqueología vial. Una Mirada Vertical al eje norte sur de Santiago / Danilo Lagos

Desde dentro

Cristal opaco. La Arquitectura Latinoamericana como Categoría Historiográfica / Horacio Torrent

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energía y recursos
Publicado en 1972, el informe The Limits to Growth concluía que, si se proyectaban las tasas de crecimiento de ese entonces, el mundo se quedaría sin recursos a mediados del siglo XXI. Estas alarmantes conclusiones –que hacían eco del pesimismo de Garret Hardin– inauguraban uno de los discursos más exitosos del último medio siglo: el de la conciencia ecológica. Un año más tarde, la crisis del petróleo de 1973 transformaba estas advertencias en realidad, mostrando cómo sería la vida sin energía ni recursos.

Si bien fue resistido en sus inicios, la efectividad de este discurso ha sido tal que hoy ya hemos internalizado sus enunciados. En las últimas cuatro décadas hemos aprendido que los recursos son finitos, que el crecimiento sin límites daña el planeta y que, de no hacer más eficiente el consumo energético, las siguientes generaciones pagarán la cuenta por las comodidades que ahora disfrutamos.

energía y recursos
En la arquitectura contemporánea, la conciencia ecológica se encuentra en un equilibro crítico: sabemos que no la podemos pasar por alto pues entendemos que la construcción es uno de los principales consumidores de energía y recursos, pero a la vez percibimos que ‘lo sustentable’ se ha convertido en un cliché y que quizás sea mejor dar vuelta la página. En ese contexto, ¿por qué dedicarle un número de ARQ a un discurso consolidado en vez de apostar por nuevos temas?.

La arquitectura es como una conversación continua que, cuando se empieza a volver reiterativa, cambia de foco para mantener el interés. Sin embargo hay temas, como la energía y los recursos, que son demasiado importantes como para dejarlos de lado. En tales momentos una revista como ARQ tiene la responsabilidad de buscar argumentos y puntos de vista capaces de refrescar esos temas que, a pesar de su urgencia, nos parecen agotados. Son precisamente esos nuevos enfoques los que queremos poner de relieve en este número.

Extracto de la editorial.

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Sumario
Noticias
Editorial

Un último recurso / Francisco Díaz

Portafolio fotográfico

Felipe Fontecilla

Lecturas, obras y proyectos

La energía que requiere nuestro territorio / Máximo Pacheco

Colonizar las últimas fronteras: el pontencial de los paisajes de energía en la Patagonia chilena / Anita Berrizbeitia, Tomás Folch

Astronomía doméstica / Philippe Rahm

Habitaciones evaporadas / Philippe Rahm

Calentamiento local / MIT Senseable City Lab

Edificios de oficinas en Santiago : ¿Qué estamos haciendo desde el punto de vista del consumo energético? / Claudio Vásquez, Felipe Encinas, Renato D’Alençon

Edificio Moneda Bicentenario / Teodoro Fernández Arquitectos

Ferretería O’Higgins / Guillermo Hevia, GH+A Arquitectos

Éticas del cuidado de los recursos urbanos: mantención y reparación en un sistema de bicicletas públicas / Martín Tironi

Inmóvil: el reciclaje del Citroën 2CV como carrocería habitable. Chile, 1973 / Rodrigo Pérez de Arce

6.000 km/Pan Am / Basurama

El Precio del frío / Nicola Twilley

Noticias de la Facultad

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patrimonios
Una pequeña casa obrera al lado de una antigua instalación industrial, un amplio templo arruinado por la naturaleza, fotos anónimas en un archivo, el recuerdo de unas rejas que cercaban un jardín urbano, modestas construcciones ganaderas en el desierto, un elegante regimiento convertido en espacio de exhibiciones: el conjunto diverso de obras que este número recoge intenta poner en evidencia la naturaleza múltiple, dispersa y heterogénea de lo que entendemos por ‘patrimonio’.

Se podría afirmar que el conjunto completo de lo que tenemos forma parte de nuestro patrimonio, en una definición ampliada y ciertamente genérica que abarcaría de paso tanto los ámbitos individuales y colectivos como aquellos privados y públicos, además de los materiales e inmateriales. Sin embargo, ese patrimonio diverso es objeto de valoraciones complejas y asimétricas, nunca homogéneas, para nada evidentes: como lo plantea el texto de Márquez y Rozas, la mayoría de las veces la definición cualitativa del patrimonio ha sido «monolítica y articulada desde el poder», con una mirada enfocada por cierto en el monumento.

patrimonios
Asociada más veces de lo conveniente al conservacionismo y al discurso hegemónico, durante los últimos años la noción de patrimonio ha sido desplazada de su anterior centro y puesta en revisión. La naturaleza polifónica de la ciudad ha dado lugar a la validación de otras identidades que, desde los márgenes, han logrado instalar otros idearios, otras imágenes y otras culturas que han abierto el concepto de patrimonio hacia nuevos campos.

La primera acepción de la palabra registrada por el diccionario alude –con algo de candor– a la esfera de la familia, los bienes y las preexistencias e incluye por cierto una componente de permanencia y sedimentación: patrimonio es la «hacienda que alguien ha heredado de sus ascendientes». Acumulada en el tiempo y vinculada inequívocamente con el pasado, la heredad de la que como arquitectos participamos también tiene una proyección al futuro, en la medida que su comprensión integral incluye la generación y cuidado de una herencia para las generaciones que nos sucederán. A la pregunta por cómo cautelar lo que hemos recibido, habría que agregar otra pregunta por cómo construir –material e inmaterialmente– lo que vamos a entregar.

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Sumario
XIX Bienal Nacional de Arquitectura y Urbanismo 2015, Valparaíso, Chile
Editorial

Patrimonios / Patricio Mardones

Portafolio Galería AFA

Circa / Nicolás Franco

Lecturas, obras y proyectos

Obras en la Basílica del Salvador, Santiago, Chile / Dino Bozzi, Francisco Prado

Armería en Park Avenue, por Herzog & de Meuron / Olimpia Lira

Teatro Thalia, Lisboa, Portugal / Gonçalo Byrne, Patrícia Barbas, Diogo Seixas Lopes

La rehabilitación arquitectónica planificada / Claudia Torres

Nueva Biblioteca del Congreso Nacional, Santiago, Chile / Alejandro Beals, Loreto Lyon, Matías Zegers

Del passage a las galerías populares / Wiley Ludeña, Diana Torres

Phantom Railings, Londres, Inglaterra / Catalina Pollak

El lugar del patrimonio dominante / Francisca Márquez, Valentina Rozas, Rodolfo Arriagada

Cubierta de la antigua iglesia de Baños / Christian Brown, Paola Meneses

El tiempo de Carrières Centrales, Casablanca / Cristina García, Raúl Castellanos

Recuperación de una rectoría, Sales de Llierca, España / José Quintanilla Chala, Josep Maria Riera i Mas

Arquitectura de remeseros en San Pedro de Atacama / Flora Vilches, Lorena Sanhueza, Cristina Garrido

Casa Barrios Bajos, Valdivia, Chile / Pablo Ojeda

Noticias de la Facultad

120 Años Escuela de Arquitectura Pontificia Universidad Católica de Chile 1894-2014

Concurso Arquideas

NOA: Nature Observatory in Amazonia

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Turismo y arquitectura moderna en Chile. Guías y revistas en la construcción de destinos turísticos (1933-1962), de Macarena Cortés, ofrece una particular mirada sobre el acerbo de modernos edificios que permitieron hacer de Chile un país turístico desde mediados de los años treinta. Esta mirada se basa en considerar cómo eran mostrados estos edificios en la publicidad que, desde la empresa Ferrocarriles del Estado de Chile, se llevó a cabo durante más de tres décadas para impulsar los viajes y el conocimiento tanto del territorio como de las ciudades chilenas.

Paisajes naturales, arquitecturas y ciudades son mostrados a la luz de una estética que aspiraba a un gran público y que quería hacer de ellos «destinos» deseables. Los artículos de Claudio Galeno, Hugo Weibel, Luciano Basauri y Dafne Berc, permiten ahondar esta perspectiva desde diversos puntos de vista, que van desde la historia urbana local a la consideración de casos internacionales.

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Autores: Macarena Cortés, Luciano Basauri, Dafne Berc, Claudio Galeno Ibaceta, Hugo Weibel Fernández

Textos en castellano, fotografías e imágenes a color y b/n
Páginas: 215
Formato: 17,5 x 24 cm.
Peso: 0,6 kg. aprox.
ISBN: 978-956-9571-02-2

Índice
Presentaciones

Consejo Nacional de la Cultura y las Artes / Cristóbal Molina

Ediciones ARQ / Patricio Mardones – Alejandro Crispiani

Cenfoto, Universidad Diego Portales / Samuel Salgado

Introducción

La arquitectura moderna en la difusión de Chile como destino turístico / Macarena Cortés

Piezas de arquitectura para el ocio y el turismo

Arquitectura e infraestructura turística: el hotel Turismo Antofagasta / Claudio Galeno

Hotel Turismo Antofagasta / Macarena Cortés

Salón de té del Parque del Salitre

Restaurante Cap Ducal

Hotel Miramar

Piscina y Club Social Rocas de Santo Domingo

Hotel Portillo

Termas de Puyehue

Hotel Puerto Varas

Conjuntos urbanos como destino turístico

La Plaza de Armas de Osorno. Construcción local de arquitectura y paisajismo modernos / Hugo Weibel

El litoral de Viña del Mar / Macarena Cortés

La plaza Sotomayor de Valparaíso

El barrio cívico de Santiago

El barrio universitario de Concepción

La rivera de Valdivia

La Plaza de Armas de Osorno

Epílogo

Intervenciones costeras y turismo de masas: la lección europea / Luciano Basauri, Dafne Berc

Bibliografía
CV Autores

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Al mismo tiempo que desarrollaba en el estudio de Bresciani Valdés Castillo Huidobro el proyecto de la Unidad Vecinal Portales en la Quinta Normal de Santiago, el arquitecto Fernando Castillo Velasco proyectaba una pequeña casa de verano en la localidad de Algarrobo, en la costa central de Chile. La casa de Algarrobo (1960) sería un lugar de descanso para su familia, y planteaba una serie de temas que ya habían sido explorados en proyectos anteriores, como la casa de calle Simón Bolívar de 1947 o la casa Santos en Papudo de 1958: plantas libres, esquemas de orden espacial declaradamente horizontales, uso expresivo de elementos estructurales. Su pequeña escala y modestia material contrastaba con las enormes magnitudes de los bloques de la Unidad Vecinal; pero ante todo, era la soltura del aire atrapado en el interior de la casa quizá el elemento de mayor diferenciación respecto a las grandes obras que el estudio desarrollaba en esos años.

La casa de Algarrobo, antiguamente llamada por los locales «la casa de Tarzán», era una construcción de madera conformada por un plano horizontal de 11 x 7,6 m. aproximadamente apoyado sobre grupos de pilotes, el que estaba cubierto por una membrana literalmente colgada como una sábana entre dos hileras de rollizos de madera.

estructuras tensiles
La catenaria, descrita por tensores de varas de eucaliptus y delgados tableros, acentuaba el mínimo espesor de la membrana y su independencia de cualquier tabique o elemento vertical interior; la luz y el aire entraban generosamente por los extremos donde había mayor altura interior.

El ambiente de la casa de Algarrobo parecía no disimular su cercanía con la sensación de liviandad de una carpa, con la arquitectura nómade de textiles y hasta cierto punto con una vida interior que prescindía de jerarquías y apostaba por relaciones de fluidez y apertura. Una parte importante de esa carga atmosférica radicaba en la delgada membrana que flotaba, tensada por su propio peso, sobre el espacio interior de la casa.

Este número recoge el impulso del V Simposio Latinoamericano de Tensoestructuras, realizado en 2012 en la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y hace una revisión de otros ejemplos de arquitectura tensil y los vínculos que, tal como en la casa de Algarrobo, aparecen entre estas estructuras y ciertos sistemas de relaciones sociales, materiales y formales. Opuesta a las lógicas de la arquitecturas de compresión, la arquitectura tensil echa mano a una cierta invisibilidad –por su ligereza y densidad– y se asocia a la capacidad de cambio y adaptación que buscaban las arquitecturas radicales de la segunda mitad del siglo XX, en el intento de abrir un camino divergente de una modernidad sólida e instalada.

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Sumario
Dossier técnico ARQ
Editorial

Estructuras tensiles / Patricio Mardones

Portafolio Galería AFA

La Difunta Correa / Marcela Correa

Lecturas, obras y proyectos

On Space Time Foam, Milán, Italia / Tomás Saraceno

Tensegridad como crítica al abuso de las formas estables / Rafael Beneytez, Víctor Manuel Cano

Torre Antena Santiago, Santiago, Chile / Smiljan Radic, Gabriela Medrano, Ricardo Serpell

Moom, Tokio, Japón / Kazujiro Kojima

Una escalera suspendida / Albert Samper, Blas Herrera

Restauración Iglesia St. Pere, Corbera D’Ebre, España / Ferrán Vizoso, Núria Bordas

Aulas neumáticas, Valparaíso, Chile / Juan Ignacio Baixas

Tres arquitecturas de cuerda rígida y hueca / Javier Pérez-Herreras

Cubierta para el Museo Chileno de Arte Precolombino / Smiljan Radic

Noticias de la Facultad

Cocinando con Mónica / Seminario realizado por Alejandro Aravena

V Simposio Latinoamericano de Tensoestructuras 2012

Sistema abierto de módulos tensados / Macarena Burdiles

La influencia del montaje en el diseño de las tensoestructuras / José Ignacio De Llorens

El LILD y las estructuras autoportantes de bambú para arquitectura textil / João Correia de Melo, José Luiz Ripper, Luís Moreira, Lucas Ripper

Noticias

Serpentine Pavilion, Londres, 2014

Mies Crown Hall Americas Prize 2014

Taller al Cubo

Mercado/estación fluvial de Collico

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En el Chile de las dos últimas décadas, la arquitectura del paisaje lentamente ha logrado una creciente visibilidad e identidad disciplinar, ya sea como profesión incipiente o como campo de estudio. Sin embargo, las visiones contemporáneas que consideran al paisaje como una forma de urbanismo –y que favorecen el desarrollo de la planificación desde el proyecto de paisaje– contrastan con el actual compromiso que hay en Chile con el manejo de los espacios abiertos y públicos.¹

Los tres proyectos seleccionados para esta discusión han desmantelado la noción de lo que se entiende en el país como buen diseño para los espacios públicos, al considerar al paisaje como una expresión de la cultura social, en lugar de una secuencia de obras que despojan de sentido a sus contextos hasta convertirse en postales de un lugar y de un momento específico. Los tres proyectos fueron concebidos considerando aspectos urbanos, sociales y de infraestructura del sitio en que se emplazan, pero difícilmente calzan con la nomenclatura tradicionalmente asociada al campo de la arquitectura del paisaje.

Una-discusion-sobre-espacio-publico-02Fig. 1 Grande Place de Santiago de Chili. Grabado de Aubert, c. 1845. © Bibliothèque Nationale de France.

Las dos «plazas» en Santiago de la Fundación Mi Parque fueron determinadas por la adopción de una eficaz gestión de suelo y por el diseño de estrategias implementadas a través de una variedad de formas de gobernabilidad; la secuencia de «paseos» y «explanadas» de MOBIL Arquitectos en dos de los emblemáticos cerros de Valparaíso fue concebida como una respuesta progresiva a los desafíos sociales, culturales, medioambientales e infraestructurales de la urbanización contemporánea. El «parque» de Teodoro Fernández Arquitectos, por su parte, propone al paisaje como una forma de «urbanismo arquitectónico»: una noción recientemente discutida en algunos círculos académicos y que agrega otra capa a la identidad del campo disciplinar, a pesar de lo que ha sido considerado como su reciente renacimiento bajo la distintiva etiqueta de urbanismo del paisaje.

Plaza de la villa San Luis y plaza Sandro Escalona. Fundación Mi Parque. Santiago

Desafortunadamente, el abandono, la pobreza y la delincuencia son algunos de los conceptos más utilizados para describir la realidad de los espacios públicos en las áreas de menores ingresos en Chile. Para enfrentar esta situación, el principal objetivo de la Fundación Mi Parque es entregarles identidad urbana, no necesariamente a través de un diseño rupturista, sino a través de la redefinición del concepto de manejo privado de los espacios públicos en barrios sin los medios necesarios para mantenerlos.

Una-discusion-sobre-espacio-publico-10Fig. 2 Vista de la plaza de la Villa San Luis tras la intervención. © Fundación Mi Parque, 2011.

Para lograrlo, la fundación ha construido una sinergia entre comunidades, empresas y municipalidades en los procesos de diseño, de construcción y de mantención. Esta colaboración, presentada aquí en dos de los 62 proyectos emplazados en 28 comunas de Santiago, incluye cuatro etapas: primero, la identificación de sitios urbanos problemáticos, susceptibles de ser intervenidos; segundo, el desarrollo de un modelo de participación ciudadana para los tres actores involucrados: los vecinos (quienes juegan un rol activo en cada etapa del proceso), las compañías patrocinadoras (a través de la participación de sus trabajadores como voluntarios en la construcción del proyecto) y las municipalidades, que se comprometen a mantener los proyectos en el futuro. La tercera etapa consiste en la recuperación de sitios eriazos a través del llamado «diseño apropiado», propuesto por la fundación, y que considera nivelación y reparación del suelo, la incorporación de material vegetal de acuerdo a las condiciones climáticas y la inclusión de mobiliario urbano, irrigación e iluminación, entre otros. Es importante destacar que el proceso termina con un día de construcción, que incluye tanto la preparación del terreno como la ejecución de la propia obra.

Las dos plazas aquí abordadas incorporan la noción de paisaje como un elemento urbano que opera en base a dos premisas sociales: primero, lograr la máxima experiencia urbana reduciendo los pasos y operaciones proyectuales a un mínimo; y segundo, transformar la noción de plaza desde una tipología formal a una narrativa, exponiendo los vínculos y contradicciones entre las distintas geometrías provenientes de la topografía, del trazado, de la sombra arrojada por los árboles plantados y de las formas que adquiere la infraestructura.

Junto con reconocer la relevancia de Fundación Mi Parque como un modelo para la gestión del espacio público que ha permitido recuperar su sentido como un lugar de encuentro al responder a las necesidades reales del barrio en que se emplaza, es inevitable no preguntarse cómo avanzar un paso más allá. En primer lugar, es necesario superar un kit de diseño determinado por una secuencia de manchas verdes, por el uso de neumáticos reciclados y por la instalación de islas de árboles que necesitarán varios años antes de dar buena sombra. Y segundo, es tiempo de elaborar un discurso de diseño capaz de determinar rigurosamente los aspectos formales de la estructura del paisaje propuesto y de reconfigurar espacios de relevancia urbana en lugares que no los tienen.

El siguiente proyecto, desarrollado en un terreno de similares condiciones sociales, si bien en una ciudad diferente, establece un camino para lograrlo.

Cerro Toro y cerro Santo Domingo. MOBIL Arquitectos. Valparaíso

Podemos referirnos a Valparaíso como una suerte de anfiteatro geográfico configurado por un terreno con pendiente natural, extensamente sobrepoblado, que rodea a la costa en torno a una bahía. El trabajo de MOBIL Arquitectos fue parte del plan maestro para el mejoramiento de los espacios públicos de Valparaíso, y consistió en la rehabilitación de dos de los cerros de la ciudad: el cerro Toro y el cerro Santo Domingo. Específicamente, el proyecto puede leerse como «una rehabilitación del tejido urbano», una reconfiguración de las áreas públicas icónicas de Valparaíso, construidas sobre lo que antes eran las quebradas naturales del terreno: calles, pasajes, senderos y miradores que definen también el sistema de conectividad entre los cerros y el plan de Valparaíso.

Una-discusion-sobre-espacio-publico-03Fig. 3 Acuarela de Valparaíso. Anónima, s/f. © Museo Histórico Nacional de Chile.

La organización del sitio demuestra el espíritu del proyecto. Opuesto a la construcción tradicional de una plaza, este se instala sobre los senderos existentes que lentamente se han ido desvaneciendo por el uso cotidiano. La recuperación del terreno a través de la reinterpretación del paseo tradicional delineó una frontera entre la continuidad de la calidad peatonal tradicional y distintiva de Valparaíso, y la habitabilidad precaria y dispersa de las construcciones abandonadas y erosionadas de la ciudad contemporánea.

Históricamente, la particular disposición de los cerros ha permitido que las construcciones y espacios públicos en las áreas altas de Valparaíso puedan participar visualmente de la bahía, de los otros cerros y del resto de la ciudad a través de las depresiones y quebradas existentes, mismos fragmentos que se han convertido en sus puntos de acceso natural y, por ende, principal. El reconocimiento de esta condición por parte del proyecto es la clave para establecer el punto de vista de los autores, para quienes la arquitectura y la ciudad coexisten como un continuo que entiende y posiciona al espacio público como un edificio. El proyecto establece así una aproximación que elimina clichés arquitectónicos, transformando a la obra en una acción anónima y, al mismo tiempo, en una visiblemente urbana.

Una-discusion-sobre-espacio-publico-05Fig. 4 Une quebrade a Valparaíso. Dibujo de Bartolomé Lauvergne, litografía de Joly y figuras de Adolphe Jean Baptiste Bayot, 1841. © Museo Histórico Nacional de Chile.

Una-discusion-sobre-espacio-publico-04Fig. 5 Paseo Atkinson. Alfredo Helsby, 1896. © Museo Histórico Nacional de Chile.

De cierta forma, el proyecto reproduce la compleja realidad urbana y social de Valparaíso, emergiendo desde el especial contexto geográfico, cosiendo los cantos y bordes empinados entre las secciones bajas y altas de la ciudad. Las costuras operan y se manifiestan como formas de relieve y como inserciones circulatorias, a la vez que mantienen y se acoplan a los programas existentes. Mientras el tejido urbano se adapta a las pendientes con volúmenes que escalan, rotan, o cuelgan, el nuevo suelo se despliega en la forma de muros perimetrales o de veredas, fabricando los espacios públicos del cerro, con escaleras que emergen como pasajes, senderos, esquinas y recodos en cualquier ángulo y dimensión posible. El proyecto asume esta condición sabiendo que las plazas tradicionales necesitan ser reemplazadas aquí por miradores o calles ensanchadas con barandas que permitan habitar los acantilados, a la vez que mirar sobre la bahía mientras se pasea. Y, en un nivel más profundo, este es un proyecto que intenta también articular política y diseño, dos agentes claves en la creación de espacios públicos.

Una-discusion-sobre-espacio-publico-12Fig. 6 Vista hacia la tercera plaza tras de la intervención. © Antonio Lipthay, 2013.

Si bien el equipo de diseño generó un suelo complejo e intrincado –que incluyó además el diseño hidráulico, eléctrico y el de los elementos de paisaje y prefabricados donde fuese posible– los arquitectos tuvieron que luchar contra un complejo sistema burocrático que iba desde la oficina regional de Monumentos, al Consejo Nacional de Monumentos, al Servicio Regional de Vivienda y Urbanismo, a la Dirección de Obras Municipales y similares, al Ministerio de Planificación y al Ministerio del Interior, entidad que finalmente firmó los permisos de construcción. Tras todo este proceso, la intervención es legible como una estrategia de conectividad que aprovecha la red peatonal en los cerros. Y pese a que no todos los elementos del proyecto original sobrevivieron, este fue capaz de ejercer un impacto mayor dentro de la ciudad, incorporando la noción de espacio público como un medio que define una plataforma de habitabilidad.

Como resultado, el proyecto adopta una articulación urbano-social del territorio, promoviendo la mejora en las condiciones de vida y, más importante aún, el rescate y desarrollo de una identidad urbana a través del diseño². De igual manera, el próximo proyecto se articula a partir de la construcción de un parque comprometido con su condición territorial.

El Estadio Nacional como un Parque de la Ciudadanía. Teodoro Fernández Arquitectos. Santiago

Durante 76 años el Estadio Nacional ha sido el espacio público que ha congregado la mayor cantidad de eventos cívicos, deportivos y culturales en Chile. Sin embargo, desde su inauguración en 1938 y a pesar de las reparaciones que se han hecho al coliseo principal, la totalidad del sitio nunca había sido abordada desde una perspectiva urbana. Así, la propuesta ganadora del concurso organizado por el Instituto Nacional del Deporte en 2011 se estructuró en torno a la concepción del diseño del paisaje como un medio para destacar la geografía, y como una oportunidad para reinterpretar la concepción tradicional de la plaza y de la calle, considerados como los principales espacios públicos de Santiago.

Una-discusion-sobre-espacio-publico-06Fig. 7 Vista del valle del Aconcagua. Thomas Somerscales, s/f. © Thomas Somerscales, Pintura Chilena del siglo XIX. (Santiago: Origo, 2008), p. 18.

El proyecto de Teodoro Fernández Arquitectos es, antes que todo, un ejercicio topográfico. Introduce una nueva dimensión en el sitio conectando las vistas lejanas de la cordillera de los Andes con el paisaje circundante propuesto para el nuevo parque. Al interior del sitio, esta nueva topografía –denominada por los autores como «un balcón en el valle»– se centra en el coliseo y se define por una plataforma elevada hasta el segundo nivel de la estructura principal, que conecta el interior y el exterior del sitio por medio de un sistema de explanadas, bordes y rampas. El proyecto rompe también con la condición enclaustrada del sitio a través de una serie de accesos peatonales articulados que contribuyen a la organización de los espacios como espacios públicos. Como resultado, el proyecto enfatiza simultáneamente cinco aproximaciones para su entendimiento como «parque»:

Una-discusion-sobre-espacio-publico-07Fig. 8 Laguna del Parque Cousiño. Alberto Orrego Luco, 1887. © Colección Museo Nacional de Bellas Artes de Chile.

Una-discusion-sobre-espacio-publico-14Fig. 9 Vista hacia la laguna de botes y de piscinas recreativas. © Teodoro Fernández Arquitectos. Equipo concurso, 2011.

En primer lugar es un parque urbano que crea un nuevo sistema, integrando al Estadio Nacional al contexto urbano e incorporando un diseño que responde a los distintos bordes del sitio, a través de la propuesta de ocho accesos peatonales que operan como espacios públicos a la vez que consolidan el rol del sitio como una pieza urbana. Es un parque topográfico que considera y realza el relieve preexistente dentro y fuera del sitio. Es un parque de la ciudadanía, para el público, promoviendo el uso recreacional no sólo a través de nuevos programas, infraestructura y eventos, sino también a través de la organización de los preexistentes. Es un parque atlético que preserva usos tradicionales, a través de una organización de capas y elementos que lo definen como un campo de deportes para atletas profesionales y amateurs, ciudadanos comunes y corrientes, familias y turistas. Finalmente, es un parque educacional que incorpora historia, memoria e identidad en la configuración espacial del Estadio Nacional.

A pesar de tratarse de un concurso internacional que tomó cinco meses y que fue organizado en tres etapas que incluyeron a 27 oficinas y a un jurado compuesto por representantes de gobierno, reconocidos arquitectos, arquitectos del paisaje y planificadores urbanos, nacionales e internacionales, la materialización efectiva del elemento principal del diseño ganador –el sistema articulado por la plataforma elevada y explanadas– aún está en riesgo. El Consejo de Monumentos Nacionales, el mismo que declaró al coliseo bajo esa categoría en 2003, dio luz verde a la demolición de su marquesina para ampliar el aforo del estadio, tras su reducción en diez mil asientos el año 2010. Esta operación implicaría la instalación de una estructura de pilares de concreto rodeando al coliseo y ocupando, en consecuencia, gran parte del área de la plataforma propuesta. Y pese a que el proyecto resultó ganador precisamente por el plan maestro para el sitio, que posiciona a la plataforma como el principal elemento de la composición, de acuerdo a una declaración entregada por un representante del consejo a un diario chileno había cierta preocupación por el riesgo latente en la cantidad de cruces diagonales propuestos al interior del sitio y, en particular; también por la plataforma elevada al segundo nivel del coliseo, la que no es un mero gesto compositivo sino un elemento que absorbe el 2 % de la pendiente del sitio, nivelando la parte alta del recinto con las vistas lejanas, reconociendo así la organización natural del terreno³. Consecuentemente, la materialización efectiva de este ejercicio topográfico, de este «balcón en el valle» que entregaría una fuerte identidad a las casi 65 hectáreas y a toda el área circundante, el mismo que absorbe la significación histórica y nacional del sitio, sigue sin haberse realizado.⁴

Es cierto que la intervención gubernamental luego de un concurso público no es nueva, pero si realmente creemos que el espacio público no es neutral, algo de hecho confirmado por las tres propuestas aquí presentadas, entonces es tiempo de recordar episodios como la condición urbana de Santiago durante la celebración del Centenario de Chile. En dicho momento, el paisaje público de Santiago era un producto complejo, determinado por la coexistencia de paisajes productivos (como la Quinta Normal de Agricultura), paisajes culturales (como el parque Cousiño) y paisajes construidos sobre elementos geográficos como el río Mapocho y el cerro San Cristóbal. Esas piezas urbanas fueron propuestas de diseño pensadas y construidas no sólo para incorporar áreas verdes, sino también para conectar la ciudad y su valle a través de espacios públicos que operaban como medios para reconocer la extensión geográfica del contexto circundante, una situación igualmente reconocible en el concurso del Estadio Nacional y en los cerros de Valparaíso, que entregan a sus habitantes un sentido de identidad urbana y territorial.

En un período en que grandes parques históricos han sido canibalizados hasta convertirse en los patios traseros de los barrios en que se emplazan, donde los proyectos de paisaje ganadores de concursos internacionales son transformados por las entidades que obtienen los contratos de construcción, y donde espacios públicos notables han sufrido progresivas, inadecuadas y descontroladas intervenciones a manos de las autoridades de turno, países como Chile –sin una gran tradición en diseño de paisajes– necesitan continuar con la instrumentalización táctica de intervenciones que han probado ser efectivas y desarrollar diseños estratégicos capaces de transformar los sitios, ampliando el alcance de las posibilidades futuras de sus formas y funciones urbanas de modo que puedan ser utilizados por quienes más los necesitan: los gobiernos locales y la ciudadanía.

Una-discusion-sobre-espacio-publico-08Fig. 10 «Urbanismo desde el paisaje: doce piezas urbanas en proceso, 1910 vs 2010», Fondecyt Nº11103332, investigación de Romy Hecht. © Dominique Bruneau, Romy Hecht, 2014.

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Publicado en

Who Cares for Chilean Cities?
Agosto 2014

Artículo realizado por

Romy Hetch. Arquitecta y Magíster en Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Doctora en Teoría e Historia de la Arquitectura de Princeton University. Sus investigaciones se desarrollan en el campo de la teoría, la historia y la crítica del paisaje del siglo XX como espacio público, en Estados Unidos, Europa y América latina, centrándose en la identificación, descripción e interpretación de las formas como vestigios del pasado. Ha presentado partes de su tesis de doctorado, The Attack on Greenery: Critical Perceptions of the American Man-Made Landscape, 1955-1969, en las universidades de Princeton, Harvard, Columbia y Rice. Sus
artículos se han publicado en diversos medios editoriales, tales como Harvard Design Magazine (USA), ARQ, CA, y Revista 180 (Chile), y New Architecture (China). Ha sido la traductora al español del libro de J.B. Jackson The Necessity for Ruins and Other Essays (La necesidad de ruinas y otros ensayos, 2012). Ha sido Profesora Visitante de la Graduate School of Design de Harvard University y es Profesora Asociada de la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Notas

1 Este ensayo es un producto del proyecto Fondecyt de Inicio 11110332, «Urbanismo desde el paisaje:
lectura de doce piezas urbanas en proceso. Santiago 1910 vs. 2010», de Romy Hecht.

2 Durante el proceso de edición de este ensayo, Valparaíso sufrió lo que ha sido catalogado como el peor incendio urbano en la historia de Chile. Entre el 12 y el 16 de abril de 2014 se quemaron once de los 42 cerros de la ciudad, abarcando una superficie de 900 hectáreas y dejando como resultado quince muertos, quinientos heridos, doce mil quinientos damnificados y dos mil novecientas casas destruidas. La tragedia expuso las deterioradas condiciones urbanas de la ciudad y, en particular, de sus quebradas, las mismas recuperadas como espacios públicos por el proyecto de MOBIL que, afortunadamente, no fue afectado por el evento.

3 Ver Patricio Cofré, «Santiago: Evalúan demolición de marquesina para ampliar capacidad del
Estadio Nacional», La Tercera (31 Ago. 2012).

4 En marzo de 2014 fueron inauguradas 23 hectáreas de la propuesta original, justo antes del inicio de los Juegos Suramericanos, ODESUR 2014. La sección, correspondiente al paño oriente del terreno, entre el coliseo y la Avda. Pedro de Valdivia, incluye los espacios abiertos propuestos por Teodoro Fernández Arquitectos: nuevas áreas verdes, estacionamientos, senderos, paseos y ciclovías, y la renovación de los accesos al sector. Se instalaron además tres Memoriales a los Detenidos y Desaparecidos de la Dictadura Militar (1973-1989) y un Polideportivo y Centro Acuático, además de iniciarse las obras para la nueva estación de Metro por Avda. Grecia. Sin embargo, a la fecha, ninguna de las plataformas elevadas ha sido construida. Tampoco existe fecha de inicio para la segunda etapa, en la que el equipo ha propuesto una versión muy reducida del «balcón» original.

Lecturas recomendadas

Who Cares for Chilean Cities?
La necesidad de ruinas y otros ensayos
Teodoro Fernández | Arquitectura en el paisaje
ARQ 73 | Valparaíso
ARQ 83 | Edificios, paisajes, ciudades

Quién se preocupa por las ciudades chilenas? evalúa la producción chilena reciente en los campos de la arquitectura, el espacio público y los proyectos urbanos, desde el punto de vista de la ciudad y sus actores.

En base a esta pregunta, los investigadores chilenos Luis Eduardo Bresciani, Romy Hecht y Rodrigo Pérez de Arce seleccionaron tres proyectos para cada una de las categorías mencionadas. Luego, los académicos Saskia Sassen, Stan Allen e Iñaki Ábalos –todos ellos radicados en Estados Unidos– evaluaron la selección realizada por sus pares chilenos, dando pie a una serie de conversaciones moderadas por Clara Irazábal, Galia Solomonoff y Enrique Walker.

Tras estos debates, una reflexión de Mark Wigley sobre las ciudades chilenas y el espacio público cierra el libro.

Los textos y proyectos aquí publicados se basan en dos conferencias realizadas en Nueva York y Santiago en el año 2013. Sin embargo, más que un catálogo de esos eventos, entendemos este libro como algo con vida propia; como un dispositivo que, al presentar respuestas provisorias a la pregunta, abre la conversación a un público más amplio que puede ofrecer nuevas respuestas.

WCFCC-Titulo

Disponible
$15.550

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Autores: Francisco Díaz (ed.), Alejandro de Castro (ed.)
Co-edición: Ediciones ARQ, GSAPP Books

Textos en castellano e inglés, fotografías e imágenes a color y b/n, planimetría, esquemas
Páginas: 232
Formato: 17,5 x 24 cm.
Peso: 0,65 kg. aprox.
ISBN: 978-1-941332-05-4

Índice
Presentaciones

GSAPP Latin Lab / Alejandro de Castro, Clara Irazábal
CEDEUS UC / Fernando Pérez

Introducción

¿Quién se preocupa por las ciudades chilenas? / Francisco Díaz

Proyectos urbanos

Hacia la ciudad justa / Luis Eduardo Bresciani

Proyectos

Debates

Comentario / Saskia Sassen

Conversación / Saskia Sassen, Luis Eduardo Bresciani, Clara Irazábal

Espacio público

Una discusión sobre espacio público / Romy Hecht

Proyectos

Debates

Comentario / Stan Allen

Conversación / Stan Allen, Romy Hecht, Galia Solomonoff

Arquitectura

La arquitectura y el dominio público / Rodrigo Pérez de Arce

Proyectos

Debates

Comentario / Iñaki Ábalos

Conversación / Iñaki Ábalos, Rodrigo Pérez de Arce, Enrique Walker

Epílogo

Ciudad, universidad y espacio público / Mark Wigley

Anexo

Exposiciones

Conferencias

CV Autores

Créditos

Columbia Global Center Santiago

Auspiciadores

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WCFCC02
WCFCC03
WCFCC04
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WCFCC08

Estrategias-re-00

En 1966, Aldo Rossi publicó La arquitectura de la ciudad¹, estudio que fue seguido de diversos textos reflexivos sobre la ciudad, publicados por la potente academia italiana de aquella época. En los intensos años de reconstrucción de la posguerra europea, la tarea de los arquitectos consistió principalmente en dar solución al problema de la vivienda en lugares arrasados por la destrucción bélica, solares devastados repletos de escombros en los que no había memoria posible que rescatar, sino, más bien, que olvidar: la ciudad era una mera tabla rasa. Frente a la vorágine de la reconstrucción, Rossi planteaba un estudio analítico de los «hechos urbanos», una llamada al orden tras una época de desmesurada –aunque necesaria– (re)construcción.

En su estudio, Rossi concibe la «construcción de la ciudad en el tiempo», donde la propia arquitectura se entiende como una creación de naturaleza colectiva que cobra sentido únicamente en el marco de la dialéctica entre el tejido y el monumento. Rossi consideraba necesario reflexionar sobre la ciudad como una construcción que se movía «entre lo particular y lo universal, entre lo individual y lo colectivo». Su estudio, presente durante décadas en las mentes de varias generaciones de arquitectos, proponía un método comparativo que elevaba casi a la categoría de dogma el estudio pormenorizado de las tipologías del habitar o la consideración de los monumentos como «signos de voluntad colectiva expresados a través de la arquitectura». A partir de ahí, en su quehacer cotidiano, el arquitecto no podía dejar de compararse con la historia ni escapar de su yugo. A las dos importantes tradiciones europeas de formación del arquitecto –la politécnica y la Beaux Arts– se añadía una tercera que, sin duda, enriquecería el discurso disciplinar: la historia. Era necesario que el arquitecto se invistiese de las galas del historiador.

Seis años más tarde, en 1972, se publica otro de los libros importantes de la segunda mitad del siglo XX: Aprendiendo de Las Vegas². Los profesores Robert Venturi, Denise Scott Brown y Steven Izenour llevaron a cabo en 1968 un estudio sobre la ciudad de Las Vegas junto a varios estudiantes de la Escuela de Arquitectura de Yale University, estudio que publicarían años más tarde. En la estela de la exposición y el catálogo que en 1964 publicara Bernard Rudofsky dedicado a esa otra tradición de la arquitectura anónima y popular, la arquitectura sin arquitectos³, Aprendiendo de Las Vegas dejaba de mirar en la historia disciplinar para buscar en la tradición vernácula cierta legitimación para la arquitectura contemporánea. El estudio se adentraba en los mecanismos de construcción de una ciudad contemporánea ejemplificada en Las Vegas, una ciudad creada prácticamente de la nada, en pleno desierto de Mojave. Lo que planteaba el estudio era una nueva manera de mirar imparcial al entorno construido; al contrario de lo que había hecho el arquitecto moderno, que pretendía cambiar el entorno, la mirada sobre Las Vegas es indagadora. Si el recurso de mirar hacia atrás estuvo presente en la modernidad –Le Corbusier con la arquitectura mediterránea y los silos americanos, y Walter Gropius y Mies van der Rohe con las fábricas–, Venturi, Scott Brown e Izenour abogaban por una mirada hacia abajo, hacia lo ordinario, una mirada hacia la «baja cultura» para que esta pudiera dejar de considerarse como tal: «No habrá que buscar los modelos para edificios modestos e imágenes con fin social en el pasado industrial, sino en la ciudad cotidiana que nos rodea, en edificios y espacios modestos con accesorios simbólicos».

Otros seis años más tarde, en 1978, a esta saga de estudios sobre la ciudad se le une el que hiciera Rem Koolhaas sobre Manhattan en su Delirio de Nueva York. Un manifiesto retroactivo para Manhattan⁴, un viaje con muchos parentescos al que Venturi, Scott Brown e Izenour hicieran a Las Vegas. Si en Aprendiendo de Las Vegas se intentaba inaugurar una nueva mirada sobre una realidad construida por no arquitectos en búsqueda de sus formas simbólicas, Rem Koolhaas indaga en la historia reciente de Nueva York, mezclando indiscriminadamente referencias cultas, populares, marginales o delirantes: de Conney Island al Rockefeller Center, de Hugh Ferris a Raymond Hood, de Diego Rivera a Salvador Dalí. La ciudad se convertía así en una serie de hechos aparentemente inconexos y desordenados que, a la postre, encuentran su coherencia y fijan una determinada manera de mirar Nueva York. Y, lo que resulta más importante en este caso, se hace uso de la historia en tanto que material para construir un manifiesto –eso sí, esta vez retroactivo–, pues, en palabras del autor, Manhattan conformaba «una montaña de pruebas sin manifiesto». En el apéndice final del libro, «Una conclusión ficticia», Koolhaas reinterpreta el material estudiado a lo largo de todo el libro, pero esta vez no con palabras, sino con proyectos que condesan y celebran lo que él entiende por «cultura de la congestión». Su manhattanismo es «una doctrina consciente cuya pertenencia ya no está limitada a la isla que lo inventó»; lo inconsciente de ciertos argumentos de su libro se vuelve consciente. Basado en el estudio de una historia local, la de Nueva York, las conclusiones son perfectamente extrapolables a todo el planeta.

En una docena de años, estos tres libros acapararon la atención de la academia y marcaron el devenir de la cultura arquitectónica en las siguientes décadas. El primero, escrito desde la academia europea, aboga por una cultura disciplinar basada en la historia y en las relaciones entre tejido y monumento a través de la tipología; el segundo, un caso de estudio en la más perfecta tradición americana, parte de una investigación concreta de una ciudad contemporánea, Las Vegas, para extraer de ahí conclusiones acerca del simbolismo en arquitectura; y, por último, un europeo que intenta replicar el viaje de los emigrados europeos a Estados Unidos durante la II Guerra Mundial, Koolhaas deshace el concepto tradicional de historia para incorporar en él no solo la arquitectura de «lo ordinario», como se había hecho en Aprendiendo de Las Vegas, sino toda una serie de acontecimientos aparentemente inconexos, disciplinares y no disciplinares, que construirán su particular teoría de la congestión.

Mientras tanto, la academia se ocupaba en ejercicios de inserción de nuevas piezas en la ciudad, repitiendo hasta la saciedad ejemplos paradigmáticos como el de la ampliación de los juzgados de Gotemburgo (1934-1937) de Erik Gunnar Asplund, o nuevas intervenciones que recuperaran ese espíritu perdido de la memoria de la ciudad, como la torre Velasca (Milán, 1956-1958) del estudio italiano BBPR.

En la ola de recuperación del patrimonio construido que se produjo desde la década de 1970 a la de 1990, Europa se llenó de perfectos ejercicios filológicos que llegaron hasta el paroxismo de obras, como la ampliación del Banco de España en Madrid, de Rafael Moneo (proyecto ganado en un concurso de 1979 que no se completó hasta 2006) donde la invocación a la historia y a la memoria del lugar solo dejaba espacio para recreaciones historicistas, aunque simplificadas, del edificio objeto de ampliación. Moneo se hace eco de los miles de ejemplos de intervenciones que se han producido en los cascos de las ciudades europeas, en los que la salvaguardia a ultranza de fachadas decimonónicas para conservar a golpe de ley la memoria histórica no ha hecho más que deshuesar los interiores para dejar las fachadas como meros testigos de cartón piedra de unos interiores que ya no encuentran su lugar. Basta pasear por cualquier ciudad europea de provincias para ver la cantidad de fachadas apuntaladas de edificios a la espera de recibir unos interiores que no son suyos.

Y ante este peso casi paralizante de la historia, donde los aparatajes académicos apenas dejaban al arquitecto otras herramientas que las del historiador (en cualquiera de sus formas, de Rossi a Koolhaas), e intervenir en la ciudad o en un edificio debía llevar parejo un ingente análisis histórico, desde otras disciplinas empezaron a aparecer propuestas de intervención sobre lo construido sin los a priori disciplinares propios de los arquitectos. Desde Nueva York, Gordon Matta-Clark, quien había estudiado en la Escuela de Arquitectura de la Cornell University, inició a principios de la década de 1970 sus primeras intervenciones en edificios. Los edificios objeto de sus furtivas intervenciones eran estructuras normales y corrientes, carentes de cualidades, que, por su situación de abandono, permitían intervenir en ellos sin ningún tipo de regulación urbanística o museística. En su obra Splitting (Englewood, Nueva Jersey, 1974) efectúa un corte vertical en una casa abandonada en un suburbio en decadencia con una estructura de madera tipo balloon-frame; como si trabajara con mantequilla, el corte atraviesa paredes, techos, escaleras y barandillas, permitiendo ver vistas insólitas de los interiores y entradas de luz inesperadas. Deshacer la casa permite desvelar una complejidad estructural invisible hasta entonces, y el trabajo en espacios anteriormente habitados por gente desconocida posibilita a Matta-Clark eliminar todo rastro del habitar y hacer que una casa cualquiera de un barrio cualquiera adquiera las cualidades de un objeto escultórico. Lo construido pasa a tener una nueva vida alejada de todo normativismo urbanístico o clasificación museística para constituir una nueva manera de entender el patrimonio construido.

A lo largo de la década de 1980, John Hejduk propuso una serie de intervenciones en ciudades, las mascaradas, donde establecía una nueva interrelación entre el lugar, los usuarios y los edificios. Su mascarada de Berlín⁵ aísla un pedazo de esa «ciudad de vacíos», que era Berlín antes de la caída del Muro, para construir su propia historia, una historia cargada de referencias simbólicas que se producen entre el lugar, una serie de construcciones, cada una con su nombre, y unos usuarios a quienes se les asignan unas funciones muy específicas dentro de un tejido conectivo entre todos los actores. Hejduk no solo se fabrica la historia del lugar, sino que también establece unas bases de comportamiento futuro entre objetos y usuarios.

A los tres estudios sobre la ciudad citados al inicio de este ensayo, Matta-Clark y Hejduk proponen otras maneras de actuar sobre lo construido que amplían el concepto que hasta entonces se entendía como patrimonio. Ya no se trata exclusivamente de insertar piezas en el tejido histórico, o de discusiones tipológicas disciplinares, sino que, aun respetando los valores de los lugares y de los edificios en los que se interviene, se deja que las lógicas propias del edificio, de los usuarios y del proyectista actúen sin demasiadas cortapisas.

Y dentro de todas estas lógicas y tensiones entre la ciudad construida y el objeto es donde deberían enmarcarse algunos de los mejores ejemplos recientes de intervención en lo construido. Sin ánimo de establecer categorías absolutas, se muestran en estos cinco casos ejemplos paradigmáticos de actuación sobre lo existente que dan unos pasos más allá de las teorías que durante tanto tiempo se han impuesto y que amplían con nuevos conceptos aquello que podría denominarse patrimonio. La historia de un edificio ya no solo está conformada por lo construido, sino que puede ser aquello que quedó a medio construir, las historias de los habitantes o de algo que nunca existió realmente.

Re-vitalizar

En pleno debate posmoderno, una italiana emigrada a Brasil, Lina Bo Bardi, combina su formación académica en la Italia de preguerra con los nuevos valores que le ofrece el continente americano. Cuando le encargaron el proyecto SESC Fábrica da Pompéia (São Paulo, 1977-1986), Lina contaba que la primera vez que visitó el lugar se encontró con unas naves industriales abandonadas de las que recuerda la elegante estructura de hormigón de filiación europea. En una segunda visita, un sábado, a la elegante estructura se le añadieron otros hechos: niños que corrían y jugaban al fútbol bajo la lluvia, madres que les preparaban unos bocadillos, cenas populares, un teatrillo de guiñoles lleno de un público infantil que llenaba las calles adyacentes, etc. Volvió varias veces al lugar y finalmente decidió que lo que había que fijar allí eran esas alegres estampas de gente: «Nadie transformó nada. Encontramos una fábrica con una estructura bellísima, importante desde el punto de vista de la arquitectura, original; nadie importuno… El proyecto de arquitectura del centro de ocio de la Fábrica da Pompéia partió del deseo de construir otra realidad. Nosotros solo colocamos algunas cositas: un poco de agua, una chimenea»⁶.

Lina llevó a cabo un trabajo de inversión tipológica. En las antiguas naves de la fábrica de toneles, que podían albergar con cierta facilidad las instalaciones deportivas, instala todo tipo de programas (talleres, biblioteca, salas de descanso y de juegos, etc.) mientras que un programa que normalmente se desarrolla en horizontal (canchas deportivas) se apilan en vertical en unas enormes torres que marcan un hito en el barrio popular de Pompéia. La operación no solo intenta preservar la memoria del edificio, sino que está atenta también al carácter sociológico y antropológico del barrio. En un acto de redención, se elimina todo rastro del trabajo pesado de los antiguos obreros de la fábrica para convertir las naves en artilugios lúdicos; del duro trabajo obrero se pasa al ocio y disfrute para los obreros.

Estrategias-re-01Fig. 1 Línea de producción de Ibesa, c. 1950. Instituto Lina Bo e P. M. Bardi, São Paulo, Brasil. Fotografía de Hans Günter Flieg. / Acervo Instituto Moreira Salles / Fig. 2 Pesca en el ría San Francisco en el SESC Pompéia de Lina Bo Bardi, 1982. Instituto Lina Bo e P. M. Bardi, São Paulo, Brasil. Fotografía de Antonio Saggese.

Re-inventar

En el pueblo de Flims, una estación de esquí del cantón suizo de los Grisones, Valerio Olgiati recibió el encargo de convertir una casa abandonada, normal y corriente –que popularmente se conocía como Das gelbe Haus, «la casa amarilla»– en un pequeño centro de exposiciones (1995-1996). El cambio de una función residencial a una expositiva planteaba muchos problemas tanto de adaptación del programa a los espacios compartimentados de la vivienda como de imagen que el edificio presentaba en el pueblo. Olgiati destripó por completo el interior para adaptar los espacios a los nuevos usos, dejando un espacio diáfano por planta. Sin embargo, al contrario de las miles de intervenciones en los cascos históricos europeos, en los que se conservan las fachadas con interiores que no guardan relación alguna con estas, en este caso la transformación del exterior debía ser igualmente radical. Se eliminaron los revocos de los muros de piedra sin carear de la fachada, se regularizaron los huecos, eliminando puertas y balcones, a un único formato mediante la construcción de antepechos de hormigón para conseguir un único hueco repetido a lo largo de las cuatro fachadas, y, finalmente, se pintó toda esa estructura de muros despellejados y la cubierta de lajas de piedra de un blanco nieve. La huella de lo preexistente se limita a un recuerdo tectónico de un edificio –que, por otro lado, carecía de rasgos característicos–, y no a la memoria colectiva que este podía evocar. La casa antigua sirve de excusa para construir un artefacto abstracto, autista, un cuerpo extraño con apariencia fantasmagórica en medio de la villa, un objeto que no establece diálogo alguno con el entorno más allá de su propio carácter reinventado.

Estrategias-re-02Fig. 3 Edificio existente antes de 1997. Archivo Olgiati. / Fig. 4 La Casa Amarilla, Valerio Olgiati, 1999. Fotografía de Christian Kerez.

Re-velar

En 1996, dentro de un plan de embellecimiento de las plazas de la ciudad francesa de Burdeos, el ayuntamiento de la ciudad encargó la remodelación de la Place Léon Aucoc al estudio integrado por Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal. Tras varias visitas y el análisis de los problemas de la plaza, los arquitectos se percataron de que esta ya estaba bien como estaba: unos árboles en el perímetro, unos bancos sobre un pavimento de grava y una zona para jugar a petaca. La plaza carecía de sofisticación, pero tenía la «belleza de lo evidente, lo necesario y lo suficiente […]. En ella la gente parecía sentirse como en casa; reinaba una atmósfera de armonía y tranquilidad consolidada a lo largo de los años»⁷. Los arquitectos no veían necesidad de introducir cambios importantes y su proyecto se limitó a revelar lo existente mediante la realización de trabajos de mantenimiento simples e inmediatos: reponer la grava del suelo, planificar una limpieza periódica, podar los árboles y modificar levemente algunas circulaciones rodadas.

En su proyecto para el Palais de Tokyo (París, 1999-2001), los arquitectos debían actuar sobre un edificio, que databa de 1937, que había quedado a medio demoler debido a diversos cambios de usos en la política cultural de París. Después de las demoliciones parciales, había quedado una bella estructura de edificio industrial detrás de unas fachadas monumentales forradas de piedra. El desafío se trataba de manejarse con esta contingencia de cambio de uso con la que se encontraron, de utilizar lo que había sin necesidad de aparatosas transformaciones, de sacar el máximo partido a las cualidades físicas y estéticas del edificio tal cual lo habían encontrado. Independientemente de la escasez de presupuesto de la que disponían, se dejaron una serie espacios porosos, sin compartimentar, para ofrecer la mayor fluidez y libertad posible en el interior, y las modestas obras efectuadas garantizaron la estabilidad estructural, la accesibilidad y la seguridad, el confort térmico y la iluminación. La historia que había que rescatar en este edificio iba más allá de su «historia oficial»: se rescataba lo irrescatable, los desechos, los restos de un estado provisional del edificio que, en principio, no puede mostrarse, pues las historias oficiales, e incluso las historias de lo vernáculo o particulares, eluden cualquier estado intermedio de definición.

Estrategias-re-04Fig. 5 Edificio antes de la intervención. Gentileza de Lacaton & Vassal. / Fig. 6 Palais de Tokyo, Lacaton & Vassal, 2012. Gentileza de Lacaton & Vassal.

Re-hacer

En sus numerosos encargos de viviendas en los suburbios belgas, el estudio architecten de vylder vinck taillieu se ha enfrentado en muchas ocasiones a trabajos de reforma de viviendas normales y corrientes, a encuentros constantes con construcciones de lo «ordinario». En la casa Rot-Ellen-Berg (Oudenaarde, 2007-2011), los propietarios heredaron una antigua posada que, por su gran tamaño, les venía muy grande para su nuevo uso como residencia. Sin tocar la fachada original, se construye una casa de vidrio en su interior que sirve de casa de invierno, de modo que el espacio intermedio entre la vieja fachada y la nueva de vidrio sirve de colchón de aislamiento. En este caso, la contingencia de la reducción del espacio necesario resuelve exigencias normativas de confort climático, permitiendo usos diferentes en verano y en invierno. La construcción de la casa de vidrio en el interior de la vieja cáscara deja huellas: forjados sin revestir, puntales de obra, tabiques cortados y forjados cortados, materiales de aislamiento a la vista, perpetuando así un estado intermedio «en obras» como si de una obra acabada se tratara. La ruina de la casa antigua se confunde con la construcción a medio hacer; las huellas del tiempo se solapan, sin intención de que se diferencien entre sí.

Otro de los mecanismos que utiliza este estudio es la duplicación. En el proyecto no construido para la ampliación de la academia de música de Lokeren (2008) se trataba de ampliar una villa decimonónica situada en un parque. La propuesta de architecten de vylder vinck taillieu consistió en construir una réplica exacta –eso sí, despojada de ornamento– adyacente a la antigua villa. También en el proyecto de ampliación de la Escuela de Arquitectura y Arte de Sint-Lucas (Gante, 2010-2011) utilizaron el mismo recurso. En el plano que se entregaba a los participantes del concurso, en los jardines del campus había dibujado un extraño edificio de talleres fruto de un encargo previo, pero que nunca había llegado a construirse. Para la ampliación propusieron duplicar ese edificio, pero con otros materiales, al otro lado del jardín, de modo que la historia del lugar también contenía la historia de lo que aquello pudo ser y no fue.

Estrategias-re-05Fig. 7 Construcción preexistente en 2009. Gentileza de Jan De Vylder, Inge Vinck y Jo Taillieu. / Fig. 8 Casa Rot-Ellen-Berg, Vylder Vinck Taillieu, 2011. Fotografía de Filip Dujardin.

Re-crear

En 1997, el estudio de David Chipperfield ganó el concurso para la restauración del Neues Museum de Berlín, que fue inaugurado en 2009. El edificio original, construido por el arquitecto Friedrich August Stüler entre 1841 y 1859, habría sufrido importantes daños en los bombardeos de la II Guerra Mundial. Tras varios intentos de rehabilitar el edificio después de la guerra, el edificio estuvo abandonado durante 60 años, de modo que las ruinas de los bombardeos presentaban ya huellas del desgaste de la intemperie. La intervención se presentaba extremadamente compleja. Además de completar las importantes partes desaparecidas de los volúmenes, era necesaria una reconstrucción arqueológica según los principios de la Carta de Venecia para rescatar lo máximo posible del edificio original.

El edificio muestra los diferentes modos de entender un museo, las diferentes relaciones entre el objeto y la sala de exposición a lo largo de la historia del edificio, desde su inauguración a mediados del siglo XIX hasta su destrucción parcial en la guerra. No se trata tanto de hacer apología de la destrucción, sino de mostrar aquello que se ha salvado. Desvelar la tectónica aparecida tras el accidente y el abandono, mostrar un edificio complejo, plagado de ampliaciones, reparaciones y destrucciones, con maneras de mostrar los objetos casi opuestos, sin por ello sentir la necesidad de rectificar alguna etapa o privilegiar otra. Las numerosas lagunas dejadas tras el estado de ruina dejan de ser pasivas para tomar un papel activo en la definición contemporánea del museo. El edificio mantiene un perfecto equilibrio entre lo filológicamente reconstruido y lo inventado, tanto en el exterior adusto, reconstruido con ladrillo reciclado, como en el variado y muy decorado interior. La reconstrucción navega entre los diferentes debates acerca del museo y devuelve la unidad de un edificio fragmentado, mediante el uso unificado de los materiales en un artilugio extremadamente didáctico de la historia de los museos.

Estrategias-re-06Fig. 9 Edificio antes de la intervención. Bildagentur für Kunst, Kultur und Geschichte, Berlin. / Fig. 10 Neues Museum, David Chipperfield, 2009. SPK / David Chipperfield Architects. Fotografía de Jörg von Bruchhausen.

Estrategias-Re-Titulo

Publicado en

Concurso Palacio Pereira | Historia de una recuperación patrimonial
Marzo 2014

Artículo realizado por

Moisés Puente. Arquitecto de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona. Trabaja como editor de la revista 2G y de la Editorial Gustavo Gili. Ha editado los textos de Alejandro de la Sota (2002), Josep Llinàs (2002), Mies van der Rohe (2006), Jørn Utzon (2010) y Olafur Eliasson (2012); es autor de Mies van der Rohe. Casas (2G, N°48-49, 2009) y coautor de Alejandro de la Sota (2009). En 2010 recibió el Premio FAD de Pensamiento y Crítica.

Notas

1 ROSSI, Aldo. L’architettura della città. Marsilio, Padua, 1966 (versión española: La arquitectura de la ciudad. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 1971).

2 VENTURI, Robert; IZENOUR, Steven y SCOTT BROWNS, Denise. Learning from Las Vegas. The MIT Press, Cambridge (Mass.), 1972 (versión española: Aprendiendo de Las Vegas. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 1978).

3 RUDOFSKY, Bernard. Architecture without Architects. An Introduction to Nonpedrigreed Architecture. The Museum of Modern Art/Doubleday & Co., Nueva York, 1964 (versión
española: Arquitectura sin arquitectos: breve introducción a la arquitectura sin genealogía. Editorial Universitaria, Buenos Aires, 1973).

4 KOOLHAAS, Rem. Delirious New York. A Retroactive Manifesto for Manhattan. Oxford University Press, Nueva York, 1978 (versión española: Delirio de Nueva York. Un manifiesto retroactivo para Manhattan. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 2004).

5 HEJDUK, John. Victims. Architectural Association Publications. Londres, 1986 (versión castellana: Víctimas. COAATM/Librería Yerba/Caja Murcia, Murcia, 1993).

6 BO BARDI, Lina. «SESC – Fábrica da Pompéia». En: Lina Bo Bardi. Instituto Lina Bo e P. M. Bardi, São Paulo, 1993, pág. 220.

7 LACATON, Anne y VASSAL, Jean-Philippe. «Plaza Léon Aucoc». En: Lacaton & Vassal. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 2006, pág. 74.

Lecturas recomendadas

Concurso Palacio Pereira | Historia de una recuperación patrimonial
ARQ 73 | Valparaíso
ARQ 68 | Intervenciones

Senderos-en-el-bosque-urbano-libro

Senderos en el bosque urbano, el texto que el lector podrá disfrutar a continuación, refleja el pensamiento detrás de quien lideró el último ciclo de lo que me atreveré a llamar «la Escuela de Providencia». Es preciso considerar el contexto en el que las nuevas generaciones de urbanistas debemos operar, para asignarle la pertinencia que le corresponde a estos «senderos».

Se trata de un momento de caída de los viejos paradigmas que situaban y entregaban coordenadas a nuestra práctica,
especialmente en lo referente a la planificación urbana: la aniquilación en Chile del Estado del Compromiso y todo intento desarrollista hace ya décadas, se acompaña hoy de un severo cuestionamiento al Estado neoliberal, con su desrregulación y negación del pensamiento sobre el futuro. Este panorama no es un asunto meramente nacional, sino que global. Se trata de la desestructuración de nuestras coordenadas profesionales, en cuanto al poder de la planificación urbana, que nos dejan sin paradigmas, metodologías y lógicas de proyecto a los cuales recurrir con la seguridad de las generaciones que nos precedieron.

Como bien dijo el ex ministro de Asuntos Estratégicos de Brasil (durante el segundo gobierno del presidente Da Silva), profesor Roberto Mangabeira Unger (2010), el camino ante la desestructuración doble –de los ámbitos de acción pública y de los paradigmas sobre el desarrollo– es avanzar en un «experimentalismo» democrático, una especie de símil de la i+d (investigación y desarrollo) del mundo de la empresa, pero ahora desde el Estado y los espacios de acción colectiva. En un ejemplo que sigue esta línea, la nueva generación de urbanistas ha visto en el «urbanismo táctico» una forma de basar su práctica en el experimentalismo para la innovación: el esfuerzo intelectual y productivo por hacer avanzar nuestras ciudades hacia nuevas fronteras parece estar en un momento de investigación para la acción, de análisis del campo de juego, de preparación.

Jaime Márquez entrega un marco conceptual a una práctica del urbanismo que entiende a los profesionales de la ciudad como agentes del interés general: hombres y mujeres de lo público. Si bien esta forma de entendernos se basa en la ética, no se restringe a la reflexión en torno a esta, sino que implica un importante despliegue práctico-metodológico. A mi juicio, el autor es un ejemplo de un tipo de práctica «catalizadora» en diversos frentes de trabajo que se complementan entre sí: 1) la planificación urbana desde el estudio y determinación de normas urbanísticas; 2) el diseño y gestión de proyectos que abordan el detalle de los espacios urbanos, con especial énfasis en la cualificación del espacio público contemporáneo; 3) la permanente reflexión teórico-práctica sobre el desarrollo urbano metropolitano y local; 4) la conformación de una unidad productiva basada en un equipo de trabajo que construye ciudad desde el Departamento de Asesoría Urbana de Providencia; 5) la participación en la disputa por las «reglas del juego» de la disciplina, tanto en la discusión de las leyes y normas de carácter nacional, como a través de la participación gremial; 6) la articulación de un discurso público, en su momento, desde la plataforma de la revista del Colegio de Arquitectos.

Planteo la hipótesis de la existencia de una Escuela de Providencia, construida sobre estos seis pilares. Si Germán Bannen fue el precursor del primer periodo iniciado en la década de 1960, el nuevo contexto político-económico chileno de la década de 1990 marca una etapa liderada por Jaime Márquez. Actualmente, el retiro de este último y la llegada de nuevos referentes –en un contexto de activación del capital sociopolítico de Providencia– podría constituirse en una nueva etapa, con una mirada basada en el desarrollo urbano sustentable y la producción participativa y equitativa de la ciudad.

El presente libro surge en un contexto de cambio. Se intersectan las trayectorias de vida del autor con un cambio
político en Chile, transformado en emblema en Providencia. Estas coincidencias nos llevan a preguntarnos –como de vez en cuando ocurre en nuestra historia– por la relación entre los paradigmas disciplinares y el contexto político en el que se insertan. Jaime Márquez lee y explica muy claramente la relación entre los urbanistas, el poder y el pueblo. Al identificar la idea original del «demiurgo», que une el accionar de la cabeza y las manos, y que se sitúa entre los gobernantes y el pueblo, el autor ilustra metafóricamente los dilemas y espacios de riesgo y oportunidad que enfrenta nuestra práctica diaria.

En ese contexto, el planteamiento de la hipótesis de la existencia de la Escuela de Providencia es un reconocimiento al trabajo del autor, y una declaración de la voluntad de continuar por estos mismos senderos en el bosque urbano. No se trata, a diferencia de la Escuela de Valparaíso –de donde proviene tanto Jaime Márquez como Germán Bannen– y de la más reciente experiencia de la Escuela de Talca, de un espacio académico situado en una institución universitaria particular. Se trata, en cambio, del reconocimiento del núcleo intelectual y productivo de la Municipalidad de Providencia, dentro del tejido enriquecido con capital sociofísico (Knudsen y Clark, 2013) en el territorio de la comuna.

Yo mismo, siendo parte de los «recién llegados», debo y quiero declararme parte de esta escuela, la escuela de Jaime Márquez, Germán Bannen y un equipo multidisciplinario particular articulado como pocas veces en un gobierno local.

Plantear la hipótesis de una Escuela de Providencia por fuera del ámbito meramente académico pretende reconocer la nueva mirada que desde la teoría nos habla sobre la «ciudad como una máquina de aprendizaje» (McFarlane, 2011) o
desde la práctica, que establece referentes como el Centro de Pedagogía Urbana de Brooklyn (Moore, 2013). Reconocer la necesidad del experimentalismo implica también reconocer un cierto componente pedagógico vinculado con la generación de nuevo conocimiento en los procesos de innovación en la producción de ciudad. A su vez, la transferencia de dicho conocimiento resulta necesaria para los urbanistas cuando hacemos participar a la ciudadanía. ¿Es entonces pertinente utilizar la palabra «escuela» para un centro de acción e innovación en la producción de la ciudad? La hipótesis queda lanzada y su verificación tendrá que darse en la práctica.

La Escuela de Providencia, en el periodo liderado por Jaime Márquez –tal como ocurrió al iniciarse su periodo respecto de la Nueva Providencia y la Ciudad Jardín de Germán Bannen–, nos hace herederos de un esfuerzo centrado en la elaboración de un pensamiento propio desde este espacio de acción pública local. Adicionalmente, dejó a disposición del debate y la práctica urbana nacional una serie de dispositivos urbanísticos y estrategias que fueron vanguardia y que hoy son de especial utilidad para la transición que requiere nuestro modelo de desarrollo. Para ilustrar este enfoque quiero referirme fundamentalmente a dos proyectos: el Plan de Ciclovías y el Corredor de Transporte Público oriente-poniente para Avda. Providencia y Avda. Nueva Providencia.

En el primer caso, gracias a la infraestructura ciclo-vial segregada, pionera en su momento (fines de la década de
1990), sumado a las características de localización de centralidades en la comuna y a un importante cambio demográfico producido a finales de la década de 2000, se ha llegado a un aumento por sobre el veinte por ciento en los viajes diarios realizados en bicicleta. La discusión de nuevos estándares en infraestructura para este modo de transporte se debe en gran medida a las lecciones de la experiencia en Providencia, liderada por Jaime Márquez y su equipo. Las respuestas a las preguntas en este nuevo ciclo de nuestra escuela, serán construidas sobre esta base. Los urbanistas, de esta manera, han construido un nuevo valor en el territorio, con un alto impacto social, económico y cultural.

En cuanto al caso del Corredor de Transporte Público oriente-poniente para Avda. Providencia y Avda. Nueva Providencia, se trata de un proyecto desarrollado personalmente por Jaime Márquez, que presenta una alternativa real para el mejoramiento del transporte público metropolitano. Hoy, las autoridades nacionales en la materia han incorporado el proyecto entre sus prioridades.

El desafío del transporte público en buses de superficie enfrenta un obstáculo fundamental en el distrito financiero de Santiago, constituido por la intersección entre las comunas de Providencia, Las Condes y Vitacura, puesto que en sentido oriente-poniente y norte-sur se llega a una concentración radial de las principales vías metropolitanas. Esto, sumado a la densidad, construcción en altura y estrechez de los perfiles de las avenidas afectadas, implica que la congestión producida por los automovilistas afecte a los ciudadanos que se desplazan ida y vuelta diariamente hacia sus residencias en la periferia norte, sur y poniente en bus, con la imposibilidad de instalar en el sector los perfiles de corredores segregados que permitan asegurar un estándar apropiado de tiempos de desplazamiento.

Gracias a la simple constatación de la necesidad de incorporar la apertura de puertas por el lado izquierdo de los buses, el diseño propone ahorrar el ancho necesario para los andenes de carga y descarga de pasajeros, de tal manera de hacer posible el corredor sin requerir expropiaciones ni eliminación del patrimonio arbóreo. Los estudios y simulaciones han permitido demostrar que podemos acercarnos a reducir hasta en un cincuenta por ciento los tiempos de desplazamiento del transporte público.

Se trata de la ciudad como laboratorio, como espacio pedagógico y como terreno de innovación. Las bases pioneras de la etapa que se cierra en la Escuela de Providencia nos permiten proponer una nueva etapa, centrada en el entendimiento del espacio público como el campo donde construir estrategias de desarrollo fundadas en la sustentabilidad, la participación y la equidad.

Una de las consecuencias de la mirada presentada en los párrafos precedentes apunta a recordar que los espacios de movilidad, transporte e inter-modalidad deben ser objeto de diseño, con la calidad de vida de las personas como centro. La nueva etapa que enfrentamos nos lleva a combatir la mayor injusticia de nuestros tiempos en el espacio público: las ciudades están pensadas y construidas para una minoría privilegiada, cuyo principal modo de transporte es insustentable en lo económico, social y ambiental. Tal como he planteado en otro texto: «Según las últimas cifras que arrojan las encuestas de origen-destino, en Santiago, el 22,1% de los viajes diarios se realizan en transporte motorizado privado, en Concepción el 12%, y en Valparaíso el 17%. Estas cifras para otras ciudades son 22% para Arica, 15% La Serena-Coquimbo, 25% Antofagasta, 32% Rancagua, 20% Talca, 18% Chillán, 21% Temuco, 22% Valdivia, 29% Puerto Montt y 33% Punta Arenas. Esto quiere decir que los viajes en transporte público, a pie, en bicicleta y otros implican entre el 67% y el 88% de los viajes realizados en las ciudades chilenas (Valenzuela, 2011).

Adicionalmente, a medida que aumenta el ingreso de los hogares, la tenencia y uso del automóvil aumenta exponencialmente. El espacio público debe ser construido para todos y con una mirada centrada en el desarrollo sustentable. La mirada de Jaime Márquez entrega algunos antecedentes para pensar en cómo intervenir la ciudad para perseguir el desarrollo sustentable y equitativo.

En el texto que el lector está a punto de revisar no se llega a estos detalles. El marco conceptual y ordenamiento de ideas que se plantea es fundamentalmente una forma de insertar nuestra presencia y nuestro trabajo en el mundo. Estas palabras preliminares buscan simplemente ser una manifestación de parte de quienes nos reconocemos parte de la misma Escuela de Providencia que el autor contribuyó a construir, así como también explicar la validez que arroja su experiencia, que esperamos proyectar hacia el futuro.

La-Escuela-de-Providencia-Introduccion

La-Escuela-de-Providencia

Publicado en

Senderos en el bosque urbano
Diciembre 2013

Artículo realizado por

Nicolás Valenzuela Levi. Arquitecto y magíster en Desarrollo Urbano, Pontificia Universidad Católica de Chile. Director de la Secretaría Comunal de Planificación de Providencia, bajo cuyo cargo se encuentra el Departamento de Asesoría Urbana. Profesor instructor adjunto Área de Urbanismo Escuela de Arquitectura UC.

Bibliografía

KNUDSEN, Brian B. y CLARK, Terry N. (2013). «Walk and Be Moved: How Walking Builds Social Movements». Urban Affairs Review, June 9, 2013.

MANGABEIRA UNGER, Roberto (2010). La alternativa de la izquierda. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

McFARLANE, Colin (2011). «The city as a machine for learning». Transactions of the Institute of British Geographers, New Series, vol. 36, No. 3 (July 2011), pp. 360-376. London: Wiley on behalf of The Royal Geographical Society (with the Institute of British Geographers).

MOORE, Jacob (2013). «Las ganancias del diseño: el centro de pedagogía urbana de Brooklyn». Revista Materia de Arquitectura, No. 6, pp. 35-43. Santiago: Universidad San Sebastián.

VALENZUELA, Nicolás (2011). «Políticas urbanas para ciudades igualitarias». En: Lagos, R. y Landerretche O. (eds.). El Chile que se viene: ideas, miradas, perspectivas y sueños para el 2030. Santiago: Catalonia.

Senderos en el bosque urbano, de Jaime Márquez, constituye una lúcida y personal reflexión sobre el estado de la ciudad contemporánea, sus crecientes problemas y las dificultades para hacer de la misma un ámbito habitable y sujeto a un orden humano que dé cuenta, igualmente, de la magnitud de los procesos puestos en marcha a partir de ella.

Desde esta perspectiva emerge el caso de Santiago, que Jaime Márquez conoce desde su cargo de asesor urbanista de la Municipalidad de Providencia, en el que se desempeñó entre 1994 y 2013, pero también como ciudadano común y corriente que reclama y necesita soluciones para desarrollar en su mayor medida las posibilidades de toda índole que brinda la vida urbana.

Recomendado para arquitectos, paisajistas, académicos y estudiantes.

SEEBU-Titulo

Disponible
$8.500

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Autor: Jaime Márquez Rojas

Textos en castellano, imágenes en duotono, planos
Páginas: 116
Formato: 13,8 x 18,5 cms.
Peso: 0,3 kg. aprox.
ISBN: 978-956-14-1391-7

Sumario

Introducción / Nicolás Valenzuela

Agradecimientos

Senderos en el bosque urbano
La ciudad

Origen histórico de la ciudad

De la ciudad a la nación

La riqueza de las naciones

Extensión y velocidad en las naciones

Origen poético del espacio

Creación del espacio (urbano)

Participación y creación

Oikos: un organismo vivo

Oiko-nomía, oiko-logía y oiko-poesía

La cuarta dimensión

Continuidad de la identidad

Continuidad de la vida (pública)

La praxis arquitectónica

Heteronomía de la arquitectura

El olvido de la comóditas

Comóditas como «dar cabida»

La herencia moderna dilapidada

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El tema de este nuevo libro de Ediciones ARQ de la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile, es el campus Lo Contador, donde actualmente funciona la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la misma universidad. Sus autores, Sandra Iturriaga y Wren Strabucchi, presentan a través de un conjunto de planimetrías comentadas tanto el proceso de transformación interna del mismo, que gira en gran medida alrededor de la casa patrimonial de Lo Contador, como su particular significado barrial y urbano.

Inmerso sin violencia ni desgarros en el vecindario que todavía se conserva en Pedro de Valdivia Norte, el conjunto de jardines, patios y edificios que componen el campus es poseedor de ciertas características excepcionales, puestas de relieve en el prólogo de Rafael Moneo y el ensayo crítico de Fernando Pérez Oyarzún que acompañan las planimetrías, así como en los ensayos fotográficos de Sergio Larraín Echeñique y Gonzalo Puga.

Este libro forma parte de la Serie Arquitectura – Teoría y Obra de Ediciones ARQ.

Lo-Contador-Titulo

Disponible
$16.550

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Autores: Sandra Iturriaga, Wren Strabucchi

Textos en castellano e inglés, fotografías e imágenes a color y b/n, planimetría, esquemas
Páginas: 112
Formato: 17 x 21 cms.
Peso: 0,4 kg. aprox.
ISBN: 978-956-14-1318-4

Sumario

Prólogo / Rafael Moneo

Lo Contador

Casas, jardines y campus / Sandra Iturriaga, Wren Strabucchi

Campus Lo Contador 2009/2012

Fotografías / Gonzalo Puga Larraín

Lo Contador, el laberinto del tiempo: reflexiones desde una escalera / Fernando Pérez Oyarzún

Casa Sergio Larraín García-Moreno / 1960

Fotografías / Sergio Larraín Echeñique

Cronología del campus

Bibliografía

Colaboradores

LC01
LC02
LC03
LC06
LC05
LC07
LC08
LC09

Inauguracion Archizines

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espacios para la cultura
Con Utopians and visionaries 1871-1981 y otras exposiciones como Poetry must be made by all! o la controversial Hon, Pontus Hultén, historiador de arte y curador nacido en Suecia en 1924, dejaba claro que para él el museo era, literalmente, ‘espacio disponible’ para las expresiones marginadas del teatro, la ópera, las ciencias o las artes en general: todo lo que no tuviese cabida en el circuito cultural establecido podía encontrar un lugar en el museo. Esa actitud anunciaba su futuro como director fundador del Centro Georges Pompidou en París, inaugurado en 1977 y tan cercano a las utopías de fines de los sesenta.

espacios para la cultura
La misma mirada anima la reflexión que ARQ81 intenta estimular: si la cultura es el conjunto total de modos de vida, creencias y costumbres de un grupo o época, el espacio para la cultura debiera ser necesariamente un ámbito colectivo y de participación; una instancia de intercambio, juego y encuentro y, ante todo, un campo no resuelto, donde aún hay espacio disponible. La inmunidad a la norma legal y social de las animitas en Chile, la celebración de fiestas multitudinarias en las calles catalanas, el replanteo de la estructura de una biblioteca pública en Seattle y los proyectos de arte en las barriadas de Quito que este número presenta hablan, justamente, de ese espacio en blanco que levanta sus barreras y posibilita la construcción espontánea y colectiva de nuevas realidades.

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Sumario

Editorial. Espacios para la cultura / Patricio Mardones

Opinión. Los museos en el siglo XXI / Iñaki Ábalos

Opinión. Lo público del espacio / Alberto Sato

Obras y proyectos

Parque Bicentenario de la Infancia, Santiago, Chile / ELEMENTAL

Teatro Municipal de Constitución, Constitución, Chile / ELEMENTAL

Museo de la Memoria, Santiago, Chile / Figueroa, Fehr, Dias

Casa do Chile, São Paulo, Brasil / Figueroa, Fehr, Dias

Parque Cultural Valparaíso, Valparaíso, Chile / HLPS Arquitectos

Teatro Municipal de La Serena, La Serena, Chile / HLPS Arquitectos

Fundació Antoni Tàpies, Barcelona, España / Ábalos + Sentkiewicz

Espacio para la experimentación teatral, estructura itinerante / Al Borde Arquitectos

Portafolio Galería AFA
Lecturas

Reporte: Biblioteca Pública de Seattle, OMA 1999-2004 / Giulia Foscari, OMA

Arte y comunidad. Espacios de transformación / Colectivo Tranvía Cero

La ciudad común en fiesta. Espacios para la construcción cultural / Juan J. Tuset

Animitas. Una expresión informal y democrática de derecho a la ciudad / Lautaro Ojeda

Libros y revistas recibidos
Dossier técnico ARQ








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representaciones
En el intento por compilar, asociar y publicar una selección de puntos de vista sobre un aspecto central de la disciplina arquitectónica –la representación–, ARQ 80 se acercó lateralmente a otro asunto central para la arquitectura: la relación entre tiempo y espacio. La práctica arquitectónica está en permanente tensión por la necesidad de ir adelante, proyectar y anticipar: anticipar usos y hábitos a los que habrá que dar lugar, anticipar relaciones entre las preexistencias y los edificios por construir, anticipar el buen envejecimiento de las estructuras o anticipar la visualización de una construcción que aún no existe. La más evidente de las operaciones, como la producción de instrucciones a través de dibujos y textos para la construcción de nuevos edificios involucra, también, la capacidad de adelantarse a los hechos.

representaciones
Hechas para un cliente, para el constructor, para la opinión pública, para un lector estudioso, para un lector desprevenido, más o menos pictóricas, puramente técnicas, bidimensionales, tridimensionales, incluso incorporando las más recientes animaciones y videos, las representaciones ocupan un espacio central en los procesos de intercambio y transferencias que la arquitectura promueve. Esta edición va dedicada a las representaciones y a los impulsos que las generan, desde ambos extremos de la línea del tiempo.

La manera de representar da cuenta, sin rodeos, del lugar cultural desde donde los arquitectos pensamos el proyecto. Y el resultado de esa relación, más allá de sus componentes visuales, no tiene nada de inocente.

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$11.550

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Sumario

Editorial. Representaciones / Patricio Mardones

Opinión. Informe 2.2.6 / Justine Graham, Rodrigo Pérez de Arce

Las mil y una Baghdad de Al-Mansur / Martino Tattara

Planos para la restauración de Upper Lawn / Sergison Bates Architects

Modelo en papel del castillo de Praga / Lebbeus Woods

Imágenes para Shehouse / Smiljan Radic, Yuji Harada

Imágenes para 25 habitaciones / Office KGDVS

Fotografías de la villa Voka / Bas Princen

Fotografías de la casa Santa Julia / Nicolás Rupcich

Fotografías en estratos / Nobuhiro Nakanishi

Arquitectura como propaganda / Ana Portales, Maite Palomares

Dioramas SCL 2110 / Rodrigo Tisi

Economía global / FAR Frohn & Rojas

Las fuerzas en arquitectura / Alejandro Aravena, Elemental

Ni más ni menos / Pezo von Ellrichshausen

La representación cartográfica como producción de conocimiento / Germán Hidalgo, José Rosas, Wren Strabucchi

Portafolio Galería AFA

Lo fácil y lo difícil / Ignacio Gumucio

Libros y revistas recibidos
Dossier técnico ARQ