urbanismo

La pasada XIX Bienal de Arquitectura y Urbanismo de Chile titulada «Arquitectura + Educación: el país que queremos» tuvo un gran mérito. Realizada por primera vez fuera de Santiago y con el inédito apoyo de fondos públicos, superó los cinco mil visitantes de las versiones pasadas, contando con más de treinta mil asistentes.

Asimismo, se introdujeron diversas modificaciones en su estructura. El Colegio de Arquitectos, presidido por Sebastián Gray, incorporó en el comité organizador a la Asociación de Oficinas de Arquitectos y la Red de Escuelas de Arquitectura. Al mismo tiempo, el equipo curatorial fue seleccionado mediante un concurso público, quedando conformado por Fernando Marín, Francisca Pulido, Gabriela de la Piedra y el Grupo Arquitectura Caliente.

El montaje se presentó dividido en dos grandes secciones: la muestra profesional y la muestra académica. La primera se organizó como un gran recorrido por Chile a través de 127 obras de las cuales se destacaban 36 proyectos representativos del estado de la arquitectura a nivel nacional. Las obras estaban expuestas en una superficie desplegada y densa de información, articulándose a lo largo de todo el territorio chileno. Región tras región, sin embargo, se hacía evidente la decisión de los curadores. En vez del país que queremos, como muchos visitantes esperaban, se trataba de una fotografía del país que tenemos o, para ser más precisos, de la arquitectura que se produce en el territorio en el que estamos. Sin proponer un punto de vista nuevo, la selección se limitó a las obras enviadas por los arquitectos colegiados de cada región.

Por otra parte, la muestra académica contó con la participación de más de 20 escuelas. Contrario a la colaboración que se esperaría, las distintas instituciones dedicadas a enseñar y pensar la arquitectura, plantearon su propia muestra en términos de oferta. En los paneles a cargo de las distintas universidades no se hilvanaba un discurso, por lo que las comparaciones que podían hacerse eran más bien banales, dando la sensación de que las propuestas académicas fueron reemplazadas por stands publicitarios. Más aún, los estudiantes, inducidos por una evidente pretensión profesional, presentaron proyectos que renunciaban a la oportunidad de ser una contraparte interesante en el debate.

Prisioneros-involuntarios-01© Felipe Fontecilla.

Ambas secciones de la muestra dejaron en evidencia el estado de las cosas. Si bien los curadores manifestaron esta intención en sus discursos, hubo una directa contradicción con el título de la bienal –el país que queremos–. Evidentemente no bastó con convocar a distintos actores, incluir todo el territorio nacional o concursar las distintas partes de la muestra. Los intentos de democratización pueden resultar infructuosos si la disciplina sigue siendo autocomplaciente. La arquitectura chilena ya está posicionada en relación a ciertos valores, ha sido extensamente publicada y cuenta con profesionales de reconocida trayectoria. Seguir festejando la realidad arquitectónica que tenemos y el sistema académico que la produce equivale a un encierro.

No obstante, la exposición tuvo un prófugo.

Un grupo de escuelas de arquitectura decidió realizar un montaje en el barrio puerto. El contraste se evidenciaba aún más, ya que se encontraba en el palacio Subercaseaux, uno de los edificios abandonados de la zona. El acierto del proyecto estuvo en la simpleza con la cual dialogaba y completaba la ruina del edificio existente, transformándola en la señal de que algo estaba ocurriendo en su interior. Esto, a pesar de que los proyectos presentados y el plan maestro para la zona portuaria de Valparaíso resultaban ingenuos y poco significativos respecto a la apuesta que se proponía. Sin embargo, este gesto amplió los juicios que podían hacerse sobre la estructura de la exhibición, indicando un camino positivo respecto al potencial de esta institución y lo que se puede lograr con la colaboración entre academias.

En este sentido, las bienales no están llamadas sólo a presentar obras ni son plataformas donde todos pueden subir contenidos, sino que debieran poner en discusión y permitir la crítica sobre el estado de la disciplina. Las nubes de conceptos y el uso repetitivo de hashtags reforzaban la sensación de estar ante una página web; esta confusión entre las formas y los contenidos dejó en evidencia una inquietante incapacidad para enfrentar los temas de la arquitectura contemporánea.

Las treinta mil personas que asistieron al evento se encontraron frente a demasiados proyectos y pocas ideas nuevas. Estando ahí era muy alentador ver la cantidad de estudiantes y el gran entusiasmo con que se tomaban las actividades propuestas. Esto es sintomático de lo necesaria que es la bienal como institución en el debate arquitectónico. Sin embargo, la muestra no fue capaz de responder al interés que ella misma despertó, atrapando involuntariamente a los visitantes en una cárcel.

Esta cárcel de autocelebración puede ser particularmente peligrosa. Habernos convertido en prisioneros involuntarios significa haber perdido la distancia necesaria para juzgar los valores que se le reconocen a la arquitectura chilena. La bienal debería tener el coraje para salir de este encierro. Por el contrario, en su XIX edición reforzó estos límites y bajo la promesa del país que queremos se limitó a mostrar el estado de las cosas, señalando la urgencia de una mirada crítica sobre la arquitectura que tenemos.

Prisioneros-involuntarios-Titulo

Publicado en

ARQ 90 | Estructuras Desmontables
Agosto 2015

Autores

Benjamín Gallegos Gabilondo. Arquitecto, Instituto Universitario di Architettura di Venezia
(IUAV), 2014. También realizó estudios de pregrado en la Universidad de Strathclyde, Glasgow, en el 2012. Es coeditor de The Ship, proyecto editorial que diseñó la exposición Archizines en Venecia en 2013 y que colaboró en el proyecto Ground Floor Crisis para Monditalia en 2014 durante la XIV Bienal de Venecia.

Agustina Labarca Gatica. Estudiante de Magíster de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile. En el 2012 realizó estudios en el Instituto Universitario di Architettura di Venezia (IUAV).

Lecturas recomendadas

Proyecto Ciudad: Valparaíso
ARQ 80 | Representaciones
ARQ 73 | Valparaíso

El incendio del 13 de abril de 2014 no sólo trajo al debate país a ese Valparaíso que habitualmente es invisible a los ojos del turista, sino que también abrió una ventana para que se volviera a pensar ‘en’ Valparaíso como un todo. Paradójicamente, la catástrofe sobre una parte hizo aparecer a la ciudad completa.

Proyecto Ciudad: Valparaíso viene a dar a conocer el pensamiento desarrollado al interior de la academia sobre el futuro de la ciudad de Valparaíso, a través del trabajo realizado por investigadores, profesores y estudiantes de cuatro escuelas de arquitectura –la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), la Universidad de Chile (UCH) y la Universidad de Valparaíso (UV)– quienes se hacen parte del debate sobre los problemas y desafíos de la ciudad puerto a través de investigaciones, análisis críticos y, por sobre todo, propuestas. Esta publicación cuenta con textos de académicos como Marco Ávila, Emilio De la Cerda, Alberto Fernández, Sebastián Gray, Boris Ívelic, Iván Ívelic, Lautaro Ojeda, Iván Poduje, Elke Schlack, Agustín Squella, o Alberto Texido, entre muchos otros.

Finalmente Proyecto Ciudad: Valparaíso presenta parte del trabajo colaborativo realizado entre las universidades ya mencionadas, formalizado a través de una propuesta conjunta denominada «El Valparaíso que sí queremos», que fue presentada en un pabellón construido en el Palacio Subercaseaux de la ciudad de Valparaíso, en el contexto de la XIX Bienal de Arquitectura y Urbanismo de Chile de 2015. Se trata de un esfuerzo inédito de trabajo colectivo, en el que la producción académica se puso al servicio de la esfera pública a través de una visión conjunta que junto con demostrar el potencial efecto negativo de los planes actualmente en curso para la ciudad propone, en base a las mismas reglas, una contrapropuesta para el futuro de la ciudad puerto.

Extracto de la introducción.

Francisco Quintana, Francisco Díaz.

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Disponible
Precio: $17.000

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Autores: Francisco Quintana (ed.), Francisco Díaz (ed.)

Textos en español, fotografías e imágenes duotono y a color, planos, esquemas
Páginas: 208
Formato: 17,5 x 24 cm.
Peso: 0,6 kg. aprox.
ISBN: 978–956–9571–12–1

Índice

Prólogo / Agustín Squella

Introducción / Francisco Quintana, Francisco Díaz

Valparaíso: Línea de tiempo / Melisa Miranda

1 — Borde Costero

De límites y patrimonio urbano. El caso del borde costero de Valparaíso / Emilio De la Cerda

Expansión infraestructural e invisibilidad urbana: una alternativa compatible para Valparaíso / Alberto Texido, Gonzalo Undurraga

Parque de Mar Puerto Barón / Boris Ivelic, Edison Segura

El Mall Puerto Barón: la relación no resuelta entre la ciudad y el puerto de Valparaíso / Nicolás Stutzin

Rambla de Las Delicias Valparaíso. Consolidar una medida urbana desde un orden geográfico / Sandra Iturriaga

2 — El Plan

Espacios de mercados en Valparaíso / Elke Schlack, Cristhian Figueroa

El Plan de Valparaíso respecto del tono único de la circulación / Marco Ávila, Andrés Oyarzún

Los conjuntos habitacionales de vivienda colectiva como modelo de revitalización urbana: barrio El Almendral de Valparaíso / Iván Ivelic, Mauricio Puentes

Operaciones e intervenciones en Barrio Puerto / Alberto Moletto, Sebastián Paredes

Propuesta para la restauración de un barrio patrimonial. El Almendral, Valparaíso / Sebastián Gray, Francisco Vergara

3 — Cerros y Quebradas

Urbanización como estrategia de reconstrucción segura e integración social / Iván Poduje

Cerros y quebradas: Valparaíso territorio en el tiempo / Alberto Fernández

Estructura de espacios públicos sustentables para los cerros de Valparaíso / Carolina Katz

Atlas de disrupciones urbanas: infraestructura, ecología y espacio público en las quebradas de Valparaíso / Arturo Lyon, Alejandra Bosch

Espacios públicos en ascensores de Valparaíso / Eugenio Garcés, Elisa Izquierdo, Magdalena Ulloa

Quebrada informal: lógicas, dialógicas y armaduras urbanas / Lautaro Ojeda

De caserío a barrio: el edificio de equipamiento como detonador de una identidad comunitaria / Martín Hurtado, Raimundo Arteaga

Creación de nuevo suelo público en torno a siete ascensores de Valparaíso / Martín Labbé, Francisco Chateau, Thomas Batzenshlager

Construyendo la pendiente: la memoria moderna de Valparaíso / Macarena Cortés, Thaise Gambarra

La descripción como proyecto. El levantamiento como estrategia proyectual para la intervención de piezas patrimoniales en Valparaíso / Hugo Mondragón, Fernando Carvajal

Propuesta Conjunta 4 Escuelas

El Valparaíso que no queremos

El Valparaíso que sí queremos

Pabellón Valparaíso

Fotografías de Felipe Fontecilla

Anexos

Bibliografía

Biografías

Estudiantes

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Quién se preocupa por las ciudades chilenas? evalúa la producción chilena reciente en los campos de la arquitectura, el espacio público y los proyectos urbanos, desde el punto de vista de la ciudad y sus actores.

En base a esta pregunta, los investigadores chilenos Luis Eduardo Bresciani, Romy Hecht y Rodrigo Pérez de Arce seleccionaron tres proyectos para cada una de las categorías mencionadas. Luego, los académicos Saskia Sassen, Stan Allen e Iñaki Ábalos –todos ellos radicados en Estados Unidos– evaluaron la selección realizada por sus pares chilenos, dando pie a una serie de conversaciones moderadas por Clara Irazábal, Galia Solomonoff y Enrique Walker.

Tras estos debates, una reflexión de Mark Wigley sobre las ciudades chilenas y el espacio público cierra el libro.

Los textos y proyectos aquí publicados se basan en dos conferencias realizadas en Nueva York y Santiago en el año 2013. Sin embargo, más que un catálogo de esos eventos, entendemos este libro como algo con vida propia; como un dispositivo que, al presentar respuestas provisorias a la pregunta, abre la conversación a un público más amplio que puede ofrecer nuevas respuestas.

WCFCC-Titulo

Disponible
$15.550

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Autores: Francisco Díaz (ed.), Alejandro de Castro (ed.)
Co-edición: Ediciones ARQ, GSAPP Books

Textos en castellano e inglés, fotografías e imágenes a color y b/n, planimetría, esquemas
Páginas: 232
Formato: 17,5 x 24 cm.
Peso: 0,65 kg. aprox.
ISBN: 978-1-941332-05-4

Índice
Presentaciones

GSAPP Latin Lab / Alejandro de Castro, Clara Irazábal
CEDEUS UC / Fernando Pérez

Introducción

¿Quién se preocupa por las ciudades chilenas? / Francisco Díaz

Proyectos urbanos

Hacia la ciudad justa / Luis Eduardo Bresciani

Proyectos

Debates

Comentario / Saskia Sassen

Conversación / Saskia Sassen, Luis Eduardo Bresciani, Clara Irazábal

Espacio público

Una discusión sobre espacio público / Romy Hecht

Proyectos

Debates

Comentario / Stan Allen

Conversación / Stan Allen, Romy Hecht, Galia Solomonoff

Arquitectura

La arquitectura y el dominio público / Rodrigo Pérez de Arce

Proyectos

Debates

Comentario / Iñaki Ábalos

Conversación / Iñaki Ábalos, Rodrigo Pérez de Arce, Enrique Walker

Epílogo

Ciudad, universidad y espacio público / Mark Wigley

Anexo

Exposiciones

Conferencias

CV Autores

Créditos

Columbia Global Center Santiago

Auspiciadores

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Dos consideraciones a la hora de presentar este proyecto:

Entendemos la casa como sinónimo de ciudad, así como la vivienda a gran escala constituye la parte básica en la producción de la ciudad.

Los proyectos nuevos deben generar sectores comprensibles y legibles que organicen la escala urbana, enfrentando la ciudad real y rechazando formalismos heroicos.

El proyecto del Parque Novo Santo Amaro está ubicado en la zona sur del municipio de São Paulo, en la región de los manantiales de la represa de Guarapiranga. La zona se caracteriza por ser una región de fondo de valle, de curso de agua central y laderas de gran declive, totalmente ocupadas por construcciones precarias.

Residencial-Parque-Novo-Santo-Amaro-V-01Fig. 2 Situación previa. Archivo Vigliecca & Associados. / Fig. 3 Obra en construcción. Archivo Vigliecca & Associados.

Residencial-Parque-Novo-Santo-Amaro-V-02Fig. 4 Esquema del proyecto.

El arroyo recibía, a lo largo de su recorrido, los desagües cloacales de las casas que lo rodeaban y las aguas pluviales de las vías que limitan sus laderas. Como consecuencia de la ocupación irregular se extinguió la vegetación nativa a lo largo del curso de agua. La directriz general es crear un eje central verde a lo largo del curso de agua existente, rescatando la condición original de esta zona. Otro objetivo es buscar soluciones que aprovechen las nacientes de agua limpia del valle, rescatando el valor del agua como elemento paisajístico principal.

Este eje central se caracteriza por ser un parque lineal, y es el elemento que estructura el conjunto total de las intervenciones, cualifica el área y estimula el sentimiento de identidad de los moradores con el lugar. Para que este espacio tenga vida y actividad es imprescindible que existan puntos de atracción que inciten a la gente a circular a lo largo de su recorrido; por lo mismo, también sirve de acceso a la mayoría de las viviendas. En su extremo, se concibió un punto de atracción de este recorrido en el que se ubican la cancha de fútbol, el club, la asociación de vecinos y la escuela estatal José Porphyrio da Paz. Esta área ya era un lugar de encuentro y referencia y se consolidó con el proyecto y las obras.

Residencial-Parque-Novo-Santo-Amaro-V-03Fig. 5 Corte AA – Espacios públicos.

Residencial-Parque-Novo-Santo-Amaro-V-05Fig. 6 Espacios públicos. Fotografía: Leonardo Finotti

Residencial-Parque-Novo-Santo-Amaro-V-06Fig. 7 Planta de emplazamiento: 1. Plaza de juegos infantiles / 2. Bloque de viviendas / 3. Cancha de fútbol / 4. Área libre de recreación / 5. Espacio para la tercera edad / 6. Centro comunitario / 7. Escuela Estatal José Porphyrio Da Paz

Residencial-Parque-Novo-Santo-Amaro-V-07Fig. 8 Corte AA – Bloque de viviendas.

Residencial-Parque-Novo-Santo-Amaro-V-08Fig. 9 Bloque de viviendas n° 3. Planta tipo, nivel 781.29 m.

Residencial-Parque-Novo-Santo-Amaro-V-09Fig. 10 Bloque de viviendas n° 3. Planta primer piso dúplex, nivel 783.8 m.

Residencial-Parque-Novo-Santo-Amaro-V-10Fig. 11 Bloque de viviendas n° 3. Planta segundo piso dúplex, nivel 786.3 m.

Residencial-Parque-Novo-Santo-Amaro-V-11Fig. 12 Estudio de emplazamiento y continuidad de circulaciones.

Residencial-Parque-Novo-Santo-Amaro-V-12Fig. 13 Estudios de fachadas, bloque de viviendas.

Al otro extremo de la superficie del proyecto, se acomodan rellanos, escalones y bancos, reafirmando, de forma lúdica, el gran desnivel topográfico existente. Anfiteatros abiertos, campos de juegos infantiles y una pista de skate garantizan diversión, mientras que una densa arborización proporciona las condiciones ambientales adecuadas. Las familias evacuadas del lugar durante la construcción fueron reubicadas en unidades habitacionales creadas en la misma zona; la mayor cantidad de departamentos del conjunto permite atender la demanda por viviendas de otros sectores de la región, también en áreas en riesgo

Residencial-Parque-Novo-Santo-Amaro-V-13Fig. 14 Croquis de desarrollo de proyecto.

Residencial-Parque-Novo-Santo-Amaro-V-14Fig. 15 Bloques de vivienda y espacios públicos. Fotografía: Leonardo Finotti.

Residencial-Parque-Novo-Santo-Amaro-V-15Fig. 16 Espacios públicos. Fotografía: Leonardo Finotti.

Residencial-Parque-Novo-Santo-Amaro-V-16Fig. 17 Corte esquemático. / Fig. 18 Planta esquemática. Croquis de posibles usos de los departamentos.

Residencial-Parque-Novo-Santo-Amaro-V-17Fig. 19 Vista de del conjunto y su contexto. Fotografía: Leonardo Finotti.

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Publicado en

ARQ 86 | Proyecto social
Mayo 2014

Ficha técnica

Arquitectos: Vigliecca & Associados / Equipo: Héctor Vigliecca, Luciene Quel, Neli Shimizu, Ronald Werner, Caroline Ber toldi, Kelly Bozzato, Pedro Ichimaru, Bianca Riotto, Mayara Rocha Christ, Fábio Pittas, Thaísa Fróes, Aline Ollertz, Sérgio Faraulo, Paulo Serra, Luci Maie / Ubicación: Calle Coelho Lousada, Santo Amaro, São Paulo, Brasil / Encargo: Municipalidad de São Paulo – SEHAB / Cálculo estructural: BERFAC Consultoria de Solos e Fundações (fundaciones); Camilo Engenharia (estructuras de hormigón); Projeto Alpha, Prometal Engenharia (estructura metálica) / Construcción: Consórcio Mananciais (Construbase + Engeform) / Instalación eléctrica y sanitaria: Procion Engenharia / Proyecto de infraestructura: MC Engenharia / Gestión de proyecto: Consórcio Hagaplan JNS + Consórcio ETEP Sondotécnica / Sistema constructivo: estructura mixta de hormigón y albañilería estructural / Terminaciones interiores: revestimientos de yeso pintados con pintura PvA color blanco / Terminaciones exteriores: estucos de cemento texturados y pigmentados / Presupuesto: sin datos / Superficie construida: 13.500 m² / Superficie de terreno: 5.4 ha; 200 unidades habitacionales / Año de proyecto: 2009 / Año de construcción: 2012 / Fotografías: Leonardo Finotti.

Bibliografía sugerida

VIGLIECCA, Héctor. Hipóteses do Real. Concursos de Arquitetura e Urbanismo 1971-2011. São Paulo, Vigliecca & Associados, 2013.

Lecturas recomendadas

ARQ 86 | Proyecto social
ARQ 69 | Habitaciones

Operación Sitio y Villa La Reina [1965-1970]

Entre 1940 y 1960 la ciudad de Santiago duplicó su población produciendo una crisis habitacional en la capital. Si bien el presidente Eduardo Frei Montalva (1964-1970) planteó el desafío de terminar con la escasez de vivienda, su gobierno no tendría ni el dinero ni el tiempo suficiente para lograr su objetivo a través de las políticas públicas tradicionales. Lo que implementaron fue llamado por sus opositores «Operación Tiza»: a mediados de los años sesenta, políticos y planificadores decidieron no construir casas para la gente viviendo en extrema pobreza, sino que hacerlos dueños de un terreno trazado con tiza. Dada la urgencia y falta de dinero, optaron por proveer solo de aquello que la gente no podría obtener por su propia cuenta: diseño urbano, acceso a servicios y equipamientos básicos y la conexión con las redes de la ciudad. A pesar de las dificultades –y no sin errores– en un periodo de cinco años la «Operación Sitio» –nombre formal de esta política pública– entregó cerca de 71 mil sitios a más de 380 mil personas, urbanizando extensas áreas de la periferia del Santiago de la segunda mitad de la década de 1960.

Villa La Reina, en tanto, es un proyecto de autoconstrucción desarrollado en esta época. A diferencia de la «Operación Sitio», este conjunto se desarrolló a escala local, liderado por el arquitecto Fernando Castillo Velasco, alcalde de la comuna de La Reina entre 1964 y 1968. El trabajo colaborativo entre la alcaldía, la comunidad local y la Universidad Católica, fue uno de los aspectos claves de este proyecto. La organización de los pobladores no solo fue relevante en la autoconstrucción de sus viviendas, sino también en el proceso de diseño y en la creación de un barrio integral con espacio público adecuado, provisto de equipamiento educacional, cercano a nuevas fuentes de empleo y conectado con la estructura de la ciudad.

Si bien la «Operación Sitio» y la autoconstrucción parecían estrategias viables para reducir los costos y acelerar los procesos en vivienda, fueron severamente criticadas. En términos de localización se preveía a principios de la década de los setenta que la «Operación Sitio» derivaría en una masiva segregación social. En términos del proceso de autoconstrucción, el gobierno de Salvador Allende optaría por eliminar este tipo de programas, estableciendo que era un proceso ineficiente y que discriminaba a la población de más escasos recursos.

Primera mitad del siglo XX: migraciones y escasez de vivienda

Grandes migraciones hacia las ciudades caracterizaron la primera mitad del siglo xx en Chile. Si en 1907 solo un 38% de las personas vivían en ciudades (1,2 millones de hab.), hacia 1970 este porcentaje se había incrementado a un 71,6 % (6,4 millones de hab.) (Geisse, 1983). Esto se debió en gran medida a las migraciones provenientes del campo y de los campamentos mineros del salitre, que habían entrado en bancarrota¹. Santiago, capital financiera y administrativa del país, atrajo la mayoría de estas migraciones. El resultado fue una enorme escasez de viviendas para mediados de la década del sesenta.

La ciudad de Santiago, desde principios del siglo XX, fue gradualmente transformada en el mayor centro industrial del país. En 1916 el 45% de la inversión pública en infraestructura se concentró en la capital, ciudad en la que vivía solo el 18% de la población del país (Geisse, 1983) (fig. 1). La consecuente generación de empleo hacía de Santiago un atractivo destino para las migraciones. En 1907 la ciudad tenía una población de 300 mil habitantes. En 1940 esta cifra se había incrementado a 950 mil y hacia 1960 el número se había duplicado a 1,9 millones de personas, concentrando en Santiago al 58% de la población urbana del país y produciendo una crisis en la provisión de vivienda. Los pobladores de escasos recursos que llegaban a la capital buscando oportunidades de trabajo y educación no tenían más alternativa que vivir en conventillos o en las llamadas «poblaciones callampa».

Urbanizando-con-tiza-fig-1Fig. 1 Población total y urbana en Chile entre 1865 y 1970. Gráfico del autor. Fuente de la información: Geisse, 1983, p. 185.

Los conventillos eran viviendas precarias desarrolladas por empresarios, que se arrendaban a la gente de menores ingresos. Consistían en dos hileras de habitaciones que compartían un pequeño callejón. La falta de ventilación, de agua potable y alcantarillado era común en estos conjuntos y el hacinamiento era parte de la vida diaria de estas personas. En 1952 Chile tenía más de 160 mil personas viviendo en cuarenta mil de estas habitaciones (CORVI, 1962) (fig 2). Por su parte, las poblaciones callampa eran asentamientos informales ilegales, establecidos en tierras públicas o privadas, generalmente en espacios degradados de la ciudad. En 1952 cerca de 35 mil viviendas formaban diferentes tomas de terreno en las ciudades del país, la mayoría de ellas en Santiago (CORVI, 1962). El objetivo principal de estas poblaciones era vivir cerca de las oportunidades de trabajo y educación que ofrecían las ciudades (fig. 3).

Urbanizando-con-tiza-fig-2-3Fig. 2 Conventillo, c. 1920. Fuente: Montoya, J. Luces de modernidad: archivo fotográfico Chilectra. Enersis, Santiago, 2001. / Fig. 3 Población callampa en el Zanjón de la Aguada, c. 1954. Fotografía: Domingo Ulloa. Fuente: Biblioteca Nacional de Chile.

En 1953 se fundó la Corporación de la Vivienda (CORVI) para proveer de soluciones habitacionales al país; en ese año el déficit de viviendas en Chile llegaría a más de 145 mil unidades (CORVI, 1963). La institución abordaría las necesidades tanto de la clase media como de los pobladores de escasos recursos y los proyectos promovidos por esta entidad incluirían desde conjuntos de casas, como la población Salar del Carmen de 1960 –diseñada por Mario Pérez de Arce Lavín y Jaime Besa (fig. 4)– hasta conjuntos de torres y bloques, como la Unidad Vecinal Portales, proyectada en 1958 por la oficina de Bresciani, Valdés, Castillo y Huidobro (fig. 5).

Urbanizando-con-tiza-fig-5Fig. 5 Unidad Vecinal Portales, Santiago. Arquitectos Bresciani, Valdés, Castillo, Huidobro. Fotografía: René Combeau. Fuente: Archivo Sergio Larraín García Moreno, Pontificia Universidad Católica de Chile.

A mediados de los años cincuenta la CORVI comenzó a aplicar estrategias que serían la precursoras de la «Operación Sitio». Los programas de Autoconstrucción y Erradicación consistían en la eliminación de las poblaciones callampa, motivada por el ambiente insalubre en que se encontraban viviendo sus habitantes. CORVI adquiría sitios necesarios para erradicar a los pobladores y les otorgaba el título de propiedad de un nuevo terreno. El lote contenía una pequeña unidad sanitaria de baño y cocina conectada a los servicios básicos. Las viviendas definitivas serían construidas en gran medida por los propios pobladores (CORVI, 1963) (fig. 6).

Urbanizando-con-tiza-fig-4-6Fig. 4 Conjunto Salar del Carmen, Antofagasta. Arquitectos Mario Pérez de Arce Lavín y Jaime Besa. Fuente: CORVI, 1963, p. 21. / Fig. 6 Operación San Gregorio, c. 1959. Cerca de 25.000 ex-habitantes de poblaciones callampas de Santiago cooperaron en la construcción de sus viviendas. Se utilizaron sistemas constructivos a base de paneles prefabricados en madera para acelerar el montaje. Fuente: CORVI, 1963, p. 99.

La autoconstrucción surgió informalmente en diversos países latinoamericanos durante los cincuenta y sesenta. Estas poblaciones fueron llamadas «barriadas» en Perú, «villas miseria» en Argentina, «favelas» en Brasil, y «poblaciones callampa» en Chile². El arquitecto John Turner estudió en terreno el proceso de autoconstrucción y lo promovió internacionalmente como una solución factible ante el problema habitacional de las personas viviendo en extrema pobreza. De acuerdo a sus observaciones en Lima, la estrategia tras la autoconstrucción era más apropiada que las que soluciones otorgadas por gobiernos o empresas privadas. En primer lugar, se trataba de una solución más económica que la provista por la vía tradicional. Los pobladores proveían la fuerza laboral para la construcción de casas que respondían de forma más precisa a sus necesidades, y no a viviendas tipo. Finalmente, durante el proceso se generaban las primeras redes sociales necesarias para el futuro desarrollo de los conjuntos. Turner argumentaba de todas formas que instituciones públicas debían apoyar estas construcciones a través de apoyo técnico, urbanización de los sitios, provisión de terrenos y materiales para la construcción (Turner, 1976; Turner y Fichter, 1972).

El derecho a la vivienda en el gobierno de Eduardo Frei Montalva

Durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva la vivienda se definió como «un bien de primera necesidad al que tiene derecho toda familia… cualquiera sea su nivel socio-económico” (Haramoto, 1980, p. 29). Siguiendo este planteamiento, el Estado ayudaría económicamente a las familias de escasos recursos que no pudieran acceder a una vivienda. En el caso de las personas viviendo en extrema pobreza, el Estado no financiaría el total de la vivienda, sino que haría parte a los pobladores de un proceso de autoconstrucción de sus propios conjuntos habitacionales. Se buscaba integrar a esta población a las redes de la ciudad, evitando que continuaran viviendo en asentamientos informales, ineficientes en su distribución espacial e insalubres dada la precariedad de las viviendas y a la ausencia de servicios como agua potable y alcantarillado. Bajo esta lógica sería promovida la «Operación Sitio».

En 1965 se creó el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU), responsable, entre otras funciones, de elaborar los planes de vivienda y desarrollo urbano. Los programas elaborados en este tiempo no pretendían reducir la crisis habitacional a un problema de escasez de viviendas, sino que tuvieron por objetivo la edificación de conjuntos integrales; de esta forma se planificó la construcción de los equipamientos necesarios para el desarrollo social. Colegios, centros de salud, canchas deportivas, entre otras infraestructuras, fueron comprendidas como parte del problema habitacional (Palma y Sanfuentes, 1979). La CORVI, en tanto, pasó a ser una institución dependiente de este ministerio y limitó sus responsabilidades a la construcción de las viviendas públicas.

El programa de vivienda entre 1964 y 1970 apuntaba a construir sesenta mil unidades por año, es decir, 360 mil viviendas definitivas (Haramoto, 1980). A mediados de los sesenta la familia chilena promedio era de 5,4 personas, es decir, si se quería terminar con la crisis en vivienda, se necesitaba construir una ciudad para cerca de dos millones de personas en un periodo de seis años. De estas viviendas, 213 mil correspondían a sectores de bajos recursos. La situación empeoró tras las fuertes tormentas de 1965 que tuvieron devastadoras consecuencias en la zona central: la presión social por vivienda creció fuertemente y se hacían necesarias medidas fuera de las tradicionales para dar respuesta al problema de la escasez, en un corto espacio de tiempo y con un presupuesto acotado.

De la Operación Sitio a la Operación Tiza

La «Operación Sitio» surgió en 1965 como una política de emergencia ante a los daños causados por los temporales, pero tan solo dos años después, a través del Plan de Ahorro Popular, se convertiría en una vía formal para dotar de acceso a la vivienda a la población de menores ingresos. El programa consistía básicamente en la entrega de créditos para la compra de lotes unifamiliares, urbanizados y conectados a la ciudad, donde los pobladores autoconstruirían sus viviendas. Siguiendo los postulados del MINVU, estos conjuntos se planificarían con el debido equipamiento educacional, recreativo y de salud. Entre los años 1965 y 1970, cerca de 71 mil sitios fueron entregados, beneficiando a más de 380 mil personas (Garcés, 2002, p. 308). Sin embargo, la calidad de los sitios urbanizados era dispar, con lo que pobladores y opositores a esta política pública la comenzaron a llamar «Operación Tiza», dado que en algunos casos las entregas no superaban más que un lote trazado con ese material.

Hacia 1962 los informes de la corvi indicaban que un 76% de la inversión en vivienda definitiva se gastaba en la construcción de las edificaciones, mientras que el terreno significaba un 5% y el costo de la urbanización un 19% de la inversión total (CORVI, 1962; CORVI, 1963). De esta manera, el proceso de autoconstrucción reduciría la inversión inicial, permitiendo entregar una solución a los pobladores de escasos recursos que no tenían la posibilidad de lograr el ahorro mínimo para acceder a una vivienda definitiva por la vía tradicional. La «Operación Sitio», por tanto, permitía acelerar los procesos de distribución de terrenos, masificando el acceso a la vivienda a través de la construcción incremental por parte de sus pobladores.

El «Plan de Ahorro Popular» consistía en cinco opciones³, siendo la primera y más básica la correspondiente a la «Operación Sitio». Se trataba en una primera etapa de la entrega de un lote de 160 m² que, en el mejor de los casos, podría tener una mediagua⁴ ubicada al fondo del lote. La urbanización se reducía a calles ripiadas y soleras, redes de agua potable en pilones y redes eléctricas de distribución y alumbrado. El equipamiento se definía como una escuela, centros comunitarios, locales comerciales y áreas libres. En la segunda etapa se completaría la urbanización con la instalación de servicios de alcantarillado, agua potable y electricidad. La construcción de la vivienda definitiva sería de responsabilidad del poblador (Labadía, 1970).

La CORVI cumplía con la función de proveer los terrenos necesarios para desarrollar las operaciones. Las poblaciones construidas entre 1966 y 1970 se distribuyeron de forma homogénea en las comunas periféricas de la capital, en su mayoría en torno al anillo de Américo de Vespucio, vía intercomunal que para entonces hacía posible esta expansión de la ciudad (Palmer y Vergara, 1990) (fig. 7). En estos conjuntos el diseño urbano se redujo al mínimo para lograr la mayor eficiencia económica. El objetivo era distribuir la mayor cantidad de lotes y espacios públicos en la menor área posible, maximizando además la cantidad de sitios que serían servidos por las calles que enfrentan. De esta forma la mayor eficiencia se lograba a través de un lote rectangular que tuviese el menor frente posible hacia la calle, para que un mayor número de casas se pudiesen conectar a las redes de alcantarillado y electricidad, disminuyendo la inversión en construcción de metros lineales de urbanización (fig. 8-13).⁵

Urbanizando-con-tiza-fig-7-8Fig. 7 Ubicación de las Operaciones Sitio construidas entre 1965 y 1970 sobre el plano de Santiago de 2010. Gráfico del autor. Fuente de la información: Hidalgo, 2005, p. 293. / Fig. 8 Planta Operación Sitio: Población Conchalí, 1965-66. Escala 1: 10.000. Fuente: Haramoto, 1985, p. 84-85.

Urbanizando-con-tiza-fig-9-10Fig. 9 y Fig. 10 Operación Sitio: Población Conchalí, 1965-66. 450 viviendas fueron construidas por 2.000 personas junto a empresas privadas que proveían sistemas prefabricados de placas y pilares de hormigón para algunas casas, y pino y yeso-cartón para otras. Fuente fotografías e información: Haramoto, 1985, p. 84-85.

Urbanizando-con-tiza-fig-11Fig. 11 Planta Operación Sitio: Población El Bosque, 1970. Escala 1: 10.000. Fuente: Haramoto, 1985, p. 88-89.

Urbanizando-con-tiza-fig-12-13Fig. 12 y Fig. 13 Operación Sitio: Población El Bosque, 1970. 744 viviendas para 2.976 personas. Haramoto, 1985, p. 88-89.

Algo relevante de la «Operación Sitio» es que no consideraba solo la construcción de viviendas, sino que incluía –al menos en plan– la construcción de colegios, centros de salud, áreas deportivas, espacio público y zonas comerciales, entre otras infraestructuras. El sistema de prefabricación se ensayaría para la construcción de escuelas, mientras que el Ministerio de Educación estudiaría la dotación de profesores (Garcés, 2002). El mayor problema fue que el prometido equipamiento no fue construido en todos los casos (Hidalgo, 2005). No será sino hasta la década de los ochenta y en adelante, que los distintos gobiernos mejorarán paulatinamente las condiciones urbanas en que se encontraban estos conjuntos.

La «Operación Sitio» recibió severas críticas no solo porque el proceso de autoconstrucción se consideraba como discriminatorio hacia la gente con menos recursos, sino también por su localización. Autores como Manuel Castells (1971) argumentaban, ya a principios de los setenta, que este era el comienzo de una masiva segregación social. Este hecho se incrementó exponencialmente dadas las políticas públicas adoptadas en las siguientes décadas y que continuaron la expansión de las operaciones Sitio a través de paños socialmente homogéneos y desprovistos –en muchos casos hasta el día de hoy– de los equipamientos, infraestructuras y servicios mínimos para el desarrollo de las personas: educación, salud, empleo, comercio y áreas verdes, entre otros.

Un caso ejemplar

La Villa La Reina6 es un barrio de 1.592 casas construido completamente por sus pobladores: desde las viviendas hasta las áreas verdes, colegios, iglesias y espacios públicos, incluyendo calles, redes de alcantarillado y agua potable. Es de los mayores programas de autoconstrucción asistida de la década del sesenta, no solo en Chile sino en todos los países en desarrollo. El trabajo colaborativo entre la alcaldía, los pobladores y la Universidad Católica, diferencia a la Villa La Reina de los conjuntos construidos por la «Operación Sitio» o por posteriores programas como el de Sitios y Servicios⁷ que, desarrollados por gobiernos nacionales, se alejaban de los problemas locales de las comunidades. En esta tarea colaborativa fue relevante la participación del arquitecto Fernando Castillo Velasco, quien siendo alcalde de la Municipalidad de La Reina, profesor y posterior rector de la Universidad Católica, logró convocar a instituciones políticas y académicas con las necesidades y expectativas de una comunidad de pobladores que se organizaba para obtener su derecho a la vivienda.

La creación de la comuna de La Reina: tensiones sociales y segregación

Durante la década de 1950 la comuna de Ñuñoa crecía rápidamente con la llegada de diversas clases sociales, en su mayoría provenientes de sectores de ingresos medios y altos. Su cercanía a las comunas centrales de Santiago, donde se concentraban las mayores fuentes de empleo y comercio, atraía a la población a construir sus viviendas en esta zona. Por contraparte y, rápidamente, comenzaron a surgir áreas de industrias y servicios, proliferando de esta manera el empleo y atrayendo a esta comuna a pobladores de escasos recursos quienes comenzaron a habitar, ilegalmente, terrenos públicos o privados.

Con el tiempo, la tensión social entre los distintos vecinos de la comuna de Ñuñoa comenzó a incrementar. Los sectores socioeconómicos altos y medios, que en su mayoría habitaban el área precordillerana, comenzaron a exigir un trato distinto por parte de la alcaldía. Sus exigencias escalaron hasta la presidencia de Alessandri, quien en 1963 decidió separar definitivamente este sector del resto de la comuna de Ñuñoa, fundando la Municipalidad de La Reina. Este no fue el único acto de segregación. Óscar Castro, primer alcalde de la comuna, tramitó un decreto por el cual se cercarían los terrenos ocupados por habitantes ilegales, forzando su salida y evitando que nuevas tomas se produjeran en la comuna (San Martín, 1988).

En 1964 el presidente Eduardo Frei Montalva designó como alcalde de La Reina a Fernando Castillo Velasco, también militante del partido de la Democracia Cristiana. Las primeras acciones de su alcaldía tenían por objetivo, por una parte, eliminar la segregación impuesta en los años anteriores y, por otra, promover un desarrollo social para la comuna. Es así como derogó el decreto impuesto por Castro y comenzó a elaborar un Plan de Desarrollo Comunal en conjunto con la Universidad Católica⁸. Fernando Castillo estableció durante su administración las bases para un desarrollo inclusivo e integral siendo partícipes todos los niveles socioeconómicos, incorporando actividades industriales, institucionales y culturales en una zona de la ciudad que en principio se perfilaba como una comuna dormitorio. En sus propias palabras, «un día me encontré que había 1.600 familias que no tenían casa, que vivían a orillas del canal San Carlos, en sitios baldíos. Los convoqué y les dije ustedes son vecinos de la comuna, tienen los derechos de cualquier vecino; era gente de extrema pobreza, y les dije que yo me comprometía a hacer todo lo posible por que ellos fuesen propietarios» (Cociña, Quintana, Valenzuela, 2009, p. 127). De esta forma, los pobladores que habitaban ilegalmente paisajes degradados de la comuna, pudieron acceder a una casa. La incorporación de vivienda popular dentro del plan de desarrollo fue fundamental para la incorporación de otros usos de suelo en el sector (Castillo, 2013).

La construcción de Villa La Reina surgió como una vía para que la gente en extrema pobreza pudiese continuar viviendo en la comuna y no fueran erradicados a lugares distantes donde perderían las redes sociales y de trabajo que habían creado durante los últimos años. Así, el primer objetivo de la alcaldía era encontrar un terreno asequible para la municipalidad donde poder radicar a los pobladores. Por otra parte, dada la escasez de recursos, la autoconstrucción a través de la organización de la comunidad local aparecía como una solución factible para reducir los costos de inversión.

Localización: conexión con los recursos de la ciudad.

El área seleccionada para implementar parte del Plan de Desarrollo Comunal y la consecuente construcción de la villa fue el fundo La Reina que se encontraba en el centro de la comuna. El terreno, una antigua zona agrícola prácticamente inactiva, contaba con 220 ha pertenecientes al Servicio de Seguro Social. Fernando Castillo, luego de reuniones con distintas instituciones y políticos, entre ellos el entonces senador Salvador Allende, logró adquirir los terrenos a un bajo costo (Castillo Velasco, 2008, p. 25; Cociña, Quintana, Valenzuela, 2009, p. 127). Se especificaba en la compra que un 20 % del total debía destinarse a los pobladores en situación inestable (Alvarado, 1967).

El Plan de Desarrollo Comunal establecía la construcción de un parque industrial constituido por cerca de cien industrias ligeras y pequeñas empresas compatibles con el desarrollo de viviendas (Eliash, 1990). De esta forma, la Villa La Reina se ubicaría vecina a una fuente de empleo que podría dar trabajo al menos a la primera generación de habitantes del conjunto. El acceso de los pobladores a esta nueva fuente de trabajo reduciría de manera importante una de las mayores inequidades urbanas de las que sufren los desarrollos tradicionales de vivienda social, tanto en Chile como en el mundo.

Si bien La Reina es una comuna periférica dentro de Santiago, la villa se ubicó junto a Av. Larraín⁹, vía intercomunal que conecta al municipio con el anillo vial de Américo Vespucio y con las comunas más céntricas de la capital. Por otra parte, con el paso del tiempo y gracias a la debida planificación, este sector se ha convertido en un subcentro comunal anexando múltiples equipamientos culturales, deportivos, educacionales, institucionales y de salud. Sumado a esta variedad programática, la comuna ha mantenido una diversidad socioeconómica que la diferencia de los extensos paños aislados y socialmente homogéneos que se crearon por el abuso de la «Operación Sitio» en comunas como Pudahuel, en los terrenos que actualmente conforman la comuna de Cerro Navia.

Diseño urbano: las bases para la construcción incremental de un barrio.

El diseño participativo realizado por profesores y alumnos de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica con los futuros pobladores de Villa La Reina, logró introducir mejoras a un diseño urbano que perseguía los mismos objetivos de eficiencia económica que aquellos desarrollados por la «Operación Sitio» (fig. 14). En este caso no se trató de un diseño urbano dedicado exclusivamente a la distribución eficiente de lotes, sino también de una adecuada distribución y diseño de calles, pasajes peatonales, bulevares, plazas y la designación de los terrenos para zonas comerciales, colegios y mercados, entre otros equipamientos. Uno de los objetivos de los talleres académicos realizados por los profesores Fernando Castillo Velasco y Mario Pérez de Arce Lavín con los pobladores, era que el diseño de la villa no tuviera los problemas de las poblaciones de la época, sino que fuera «un barrio más», integrado con la ciudad (San Martín, 1992; Castillo, 2013). El resultado de estos talleres fue continuado por el arquitecto Renato Parada. Relevante en los procesos de gestión, diseño y construcción es la figura del arquitecto Eduardo San Martín, Director de Obras de la Municipalidad durante esos años.

Villa La Reina no estaría constituida solo por casas, sino que contaría además, entre otros equipamientos, con un colegio, construido el primer año (fig. 15) y zonas comerciales. Estos espacios comunitarios se ubicaron contiguos a Av. Larraín, principal calle de la comuna, como puertas de acceso a la villa, con el objetivo de tener una mejor relación entre el barrio y el contexto urbano inmediato de la ciudad (San Martín, 1988). Otros equipamientos como mercados e iglesia, también autoconstruida por los pobladores, se ubican al interior de la villa junto a su calle principal.

Urbanizando-con-tiza-fig-14-15Fig. 14 Planta de la Villa La Reina. Escala 1: 10.000. Fuente: Haramoto, 1985, p. 87. Redibujo del autor. / Fig. 15 Colegio Villa La Reina. Fuente: Alvarado, 1967, p. 34.

En términos de espacio público, arquitectos y pobladores deciden evitar grandes plazas cuadradas, las que generalmente se convierten en espacios deteriorados y focos de delincuencia. Al contrario, se introducen pequeñas plazoletas distribuidas junto a casas y pasajes peatonales al interior de la villa. La principal área verde sería una ancha vereda arbolada que se ubica a lo largo de la calle principal del barrio, la que concentra el transporte urbano y los mayores costos de urbanización (San Martín, 1988). Esta faja verde distancia a las casas de la calle, mientras que su ancho es posible de ser mantenido por los propios vecinos. Estos espacios públicos son relevantes dado que son las expansiones naturales de las viviendas, facilitando además la interacción de sus habitantes. La cohesión social y la identidad urbana son relevantes en el cuidado y progreso del barrio.

La definición de las viviendas y su distribución son parte del resultado de los talleres académicos y del trabajo de pobladores y arquitectos de la municipalidad. Los primeros dos diseños son rechazados por la comunidad por ser casas demasiado pequeñas (Alvarado, 1967). Los bloques continuos con viviendas pareadas, similares a los de la Operación Sitio, tampoco son aceptados dado que los pobladores aspiraban a casas individuales. Por este motivo es que los lotes están girados respecto de las calles que enfrentan (fig. 16), con el objetivo de traslapar y separar unas viviendas de otras (Castillo, 2013). Las casas se definieron en 36 m², con dos dormitorios, un estar-comedor, cocina y baño. Los lotes (fig. 17) de 165 m², serían de 7,5 metros de frente por 22 metros de fondo (Alvarado, 1967). Las casas se construirían al frente del sitio ocupando casi todo su ancho, con el objetivo de mantener un cierto orden construido en la fachada que da a la calle. El patio trasero, en tanto, se plantea como un espacio disponible para futuras ampliaciones.

Urbanizando-con-tiza-fig-16-17Fig. 16 Viviendas de la Villa La Reina, c. 1967. Fuente: Alvarado, 1967, p. 36. / Fig. 17 Planta y elevación viviendas de la Villa La Reina. Escala 1: 500. A la izquierda del plano la vivienda original. A la derecha la ampliación propuesta en el fondo del sitio. Fuente: Haramoto, 1985, p. 87. Redibujado por el autor.

Autocronstrucción: organización y desarrollo social

A comienzos de 1965 los pobladores comienzan a organizarse en la que será la «Federación de Pobladores», formada por 1.600 familias reunidas en 16 comités, quienes están a cargo de la urbanización y construcción de sus propias casas. Colectivamente definen sus estatutos, estableciendo, entre otras cosas, que una o dos personas por familia trabajarían solamente en días sábados, domingos y festivos, de modo de no afectar los empleos regulares de las personas. Las distintas familias trabajarán sin saber cuál será su vivienda definitiva hasta que el conjunto esté terminado. La distribución de casas se hará por medio de puntajes que las familias van acumulando según su desempeño en la construcción y administración de la obra. La asistencia técnica es provista en un principio por la Municipalidad y luego se suma el instituto de formación técnica INACAP; alumnos de Construcción Civil de la Universidad Católica colaboran con el seguimiento de la obra. En mayo de 1966 los pobladores construyen la casa piloto y en agosto del mismo año comienzan la edificación de todo el conjunto (Alvarado, 1967).

El proceso de autoconstrucción se planteó tanto como una oportunidad para que los pobladores puedan aprender nuevas herramientas de trabajo, como también para la conformación de empresas gestionadas por los propios vecinos. De esta forma, INACAP realizó semanalmente cursos de capacitación para jefes de obra y ayudantes. Las autoridades municipales, por su parte, fomentaron que la comunidad estableciera sus propias industrias y así comenzó la instalación de fábricas de ventanas y puertas, planchas de yeso, tubos de alcantarillado, pavimentos prefabricados y armado de cerchas. Con la tierra del lugar se fabricaron sus propios ladrillos (fig. 18-22). Si bien son empresas que surgen para construir sus propias casas y urbanizar su barrio, producen excedentes de materiales que venden a otros conjuntos de vivienda de Santiago, a la vez que se involucran en la construcción de otras obras de la comuna como bancos y supermercados, e incluso el Parque Industrial vecino a la villa (Alvarado, 1967; Haramoto, 1980; San Martín, 1988; San Martín, 1992).

Urbanizando-con-tiza-fig-18-19Fig. 18 Fernando Castillo Velasco durante la construcción de las viviendas. Fuente: Castillo Velasco, 2008, p. 32. / Fig. 19 Fabricación de los ladrillos con tierra del lugar, c. 1967. Fuente: Alvarado, 1967, p. 39.

Urbanizando-con-tiza-fig-20-21Fig. 20 y Fig. 21 Mujeres y hombres construyendo sus futuras casas, c. 1967. Fuente: Alvarado, 1967.

Urbanizando-con-tiza-fig-22Fig. 22 Mujeres y hombres construyendo sus futuras casas, c. 1967. Fuente: Alvarado, 1967.

La autoconstrucción se establece en Villa La Reina como una forma de crear sentido de pertenencia y compromiso con el proyecto, además de asentar las confianzas de los pobladores en sus propias capacidades (Márquez, 2006). Si bien surgió como una estrategia técnica para reducir los costos de inversión, se convirtió en una vía de integración social de los pobladores de escasos recursos tanto a la economía nacional como a los ámbitos de decisiones políticas para el desarrollo de su entorno social y construido, superando de esta forma la marginalidad en que se encontraban (San Martín, 1992; Castillo Velasco, 2008; Zerán, 1998).

El derecho a la vivienda digna. Gobierno de Salvador Allende

Salvador Allende, al igual que Eduardo Frei Montalva, estableció durante su gobierno (1970-1973) que la vivienda sería un derecho irrenunciable de la población, pero a diferencia de la administración anterior, agregó que «es obligación del Estado proporcionar vivienda a su Pueblo y ella no puede ser objeto de lucro» (Haramoto, 1980, p. 33). La nueva postura del gobierno apuntaba a la entrega de viviendas definitivas, eliminando de esta forma los programas de autoconstrucción y de vivienda incremental. La «Operación Sitio» fue criticada durante este periodo argumentando la reducida calidad de la solución entregada y la deficiente participación de los afectados en los procesos de diseño y gestión de sus viviendas (Hidalgo, 2005). La autoconstrucción, por su parte, era entendida como un retraso en la ejecución de las obras e ineficiente en el uso de los recursos económicos (Palma y Sanfuentes, 1979). Las nuevas políticas adoptadas por el gobierno socialista debilitaron el apoyo estatal a Villa La Reina, a la vez que las dinámicas sociales se fragmentaron y politizaron (Márquez, 2006). Sin embargo, los trabajos de autoconstrucción en la villa no se detuvieron, en gran medida, gracias a lo avanzado que se encontraba el conjunto y a que las organizaciones sociales no quisieron modificar su estructura de trabajo (San Martín, 1988).

Los asentamientos informales continuaron aumentando en la capital, a pesar de los esfuerzos del gobierno de Salvador Allende por reducir la crisis en vivienda. Las tomas ya se venían incrementando desde el gobierno de Frei, pasando de cuatro tomas en 1968 a 104 en 1970, con una población aproximada de 350 mil personas. Para 1973, la cantidad de gente viviendo en campamentos llegó a quinientos mil (De Ramón, 1990).

La vivienda como bien de consumo. Dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990)

Con la llegada de Augusto Pinochet al poder, la vivienda deja de ser un derecho irrenunciable de las personas y pasa a ser «un derecho que se adquiere con el esfuerzo y el ahorro» (Haramoto, 1988, p. 35). En los setenta y ochenta, y a medida que se adopta un modelo económico neoliberal, el Estado comienza a cumplir un rol subsidiario respecto de la vivienda social y son empresas privadas las encargadas de encontrar los terrenos para realizar las nuevas construcciones. Bajo esta lógica es que en 1979 se liberaliza el mercado de suelos, argumentando que con el aumento en la cantidad de terrenos disponibles disminuirían los precios y se haría factible la construcción de más viviendas sociales, hecho que no ocurrió (Hidalgo, 2005).

La segregación social que había germinado con las operaciones Sitio fue incrementada fuertemente luego de la liberalización del mercado de tierras. La especulación que trajo esta medida aumentó considerablemente el valor de los suelos céntricos de la capital, afectando particularmente a las poblaciones informales que se ubicaban en estos terrenos. Se implementó una política de erradicación de campamentos que desplazó a estas comunidades desde el centro de la ciudad hacia la periferia, concentrando la pobreza en comunas que no contaban con los equipamientos de salud, educación o empleo necesarios para el desarrollo. Entre 1979 y 1985 se relocalizaron más de 170 mil personas, expandiendo Santiago a un ritmo de 3.000 ha anualmente (Hidalgo, 2004). Durante este tiempo los dirigentes de Villa La Reina fueron perseguidos, las industrias vecinales clausuradas y las organizaciones disueltas (San Martín, 1988; Márquez, 2006). Las pocas casas que quedaban por construir hacia 1973, ubicadas al oriente del conjunto, fueron terminadas individualmente por los pobladores con algo de apoyo de la administración (Castillo, 2013, p. 98).

La informalidad escondida

Las migraciones a la capital en búsqueda de trabajo y oportunidades educacionales seguían creciendo durante las décadas de 1970 y 1980. La formación de nuevas poblaciones informales estaba prohibida y las ciudades eran severamente controladas por militares. La gente, ante la escasez de viviendas sociales y ante la imposibilidad de establecer campamentos, comenzó a densificar las pequeñas soluciones habitacionales provistas en años anteriores por las operaciones Sitio y demás políticas habitacionales. Una familia podía recibir en su propiedad a otras dos o tres familias como allegados. Comenzó una fuerte densificación de los barrios de escasos recursos. La descrita segregación social seguía aumentando, ahora por hacinamiento, y las necesarias infraestructuras o conexiones con los recursos de la ciudad seguían sin ser construidos.

Villa La Reina no fue la excepción a este proceso de densificación. Con el tiempo se comenzaron a construir ampliaciones de material ligero en los patios traseros, las que han ido mejorando y se han hecho permanentes. De esta forma y con el paso de los años, los pobladores originales han ido recibiendo a las familias de sus hijos y otros allegados (Castillo, 2013) (fig. 23). Los datos socioeconómicos muestran que en Villa La Reina, hacia el año 2002, cerca de un 40% de los pobladores que seguían viviendo en la villa habían dejado la extrema pobreza para ser parte de la clase media. De acuerdo a lo investigado por Francisca Márquez, entre los años 2006 y 2009, a partir de las segundas generaciones se han observado procesos de movilidad social y profesionalización, pero quisieron permanecer viviendo en la misma comuna (fig. 24-29).

Urbanizando-con-tiza-fig-23Fig. 23 Esquema de ampliación de las viviendas de Villa La Reina, desde la casa original hasta el cierre del antejardín y ampliaciones en el patio y en segundo piso. Fuente: dibujo del autor.

Urbanizando-con-tiza-fig-24-25Fig. 24 Viviendas originales sin ampliaciones, 2014. Fotografía: Stephannie Fell. / Fig. 24 Viviendas ampliadas en segundos pisos. Fotografía: Stephannie Fell.

Urbanizando-con-tiza-fig-26-27Fig. 26 Vereda ancha con los árboles plantados hace más de 40 años, 2014. Fotografía: Stephannie Fell. / Fig. 27 Pasajes interiores de la Villa, 2014. Fotografía: Stephannie Fell.

Urbanizando-con-tiza-fig-28-29Fig. 28 Helena, fundadora de Villa La Reina, vive en la casa piloto (construida en mayo de 1966), 2014. Fotografía: Stephannie Fell. / Fig. 29 José Ramón, fundador, poblador y constructor de Villa La Reina, frente a su casa, 2014. Fotografía: Stephannie Fell.

Urbanizando con tiza

Ante la urgencia y falta de recursos, la estrategia tras la «Operación Sitio» y Villa La Reina buscaba resolver la crisis de vivienda entregando a las personas lo básico que no podrían obtener por sí solas. La población viviendo en extrema pobreza y de forma ilegal sería dueña de un terreno y, ya sin el temor de ser expulsada, podría mejorar progresivamente tanto su vivienda como su entorno urbano. Si el sitio le era entregado donde ya habitaba, podía mantener las redes sociales y de empleo que había generado anteriormente. El acceso a los servicios básicos de agua potable y alcantarillado mejoraría la calidad de vida de los pobladores. El diseño urbano, por sencillo que fuese, mantendría un cierto orden en el desarrollo de los conjuntos, evitando la ineficiencia, insalubridad e inseguridad que suelen tener los asentamientos informales que se generan de forma espontánea (United Nations Human, 2003). Se planificaría además la construcción de equipamientos comunitarios como colegios, canchas deportivas, áreas verdes, zonas comerciales y centros de salud, entre otros, que promoverían el desarrollo social. El terreno, al estar inserto y conectado con la ciudad, otorgaría la posibilidad a los pobladores de acceder a las oportunidades de empleo que se generan en los centros urbanos. El proceso de autoconstrucción dotaría de nuevas herramientas profesionales a la población, a la vez que el trabajo colectivo fomentaría la creación de una identidad de barrio, de nuevas redes sociales y de ayuda mutua.

Las grandes migraciones urbanas siguen siendo un problema hoy en día, tal vez no en Chile, pero sí en el resto del mundo. En la última década las ciudades en Asia, África y Latinoamérica sumaron, respectivamente, 880 mil, 230 mil y 150 mil nuevos habitantes semanalmente (United Nations, 2012, p. 29). Estrategias similares a las de la «Operación Sitio» se continúan implementando en países como Paquistán e India para evitar la formación de poblaciones informales. Es de esperar que se repliquen los aciertos y no los errores.

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Publicado en

ARQ 86 | Proyecto social
Mayo 2014

Artículo realizado por

Francisco Quintana. Arquitecto y Magíster en Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, 2010; Master in Design Studies: Urbanism, Landscape, Ecology concentration, Harvard University, 2014. Becario Fulbright, 2012-2014. A partir de 2005 su trabajo se ha vinculado a la labor editorial: es fundador y codirector de Cientodiez, Barqo y Volúmenes Independientes y coeditor del libro Agenda Pública: Arquitectura > Ciudad > Desarrollo (2009).

Notas

1 En 1930 la agricultura daba trabajo al 37,5% de los chilenos. En 1970, luego de la industrialización del área, esta cifra se redujo al 25% de la población. Por su parte, los campamentos salitreros del norte habían atraído hacia 1920 a más de 65 mil personas, quienes luego de la quiebra de las mineras migraron en su mayoría al centro del país (Geisse, 1983).

2 En Río de Janeiro el 20 % de la población vive en favelas actualmente, mientras que las áreas urbanas informales en Caracas y Lima alcanzan el 60 % y 70 % respectivamente (Jáuregui, 2009).

3 Las cinco opciones del Plan de Ahorro Popular correspondían a (1) sitios semiurbanizados, (2) sitios con urbanización completa, (3) viviendas básicas de autoconstrucción, (4) viviendas construidas de 45 m² de un piso, y (5) departamentos en edificios de 4 pisos (Labadía, 1970, p. 429).

4 Estructura monolocal de madera de 18 m², usada comúnmente en Chile como vivienda de emergencia.

5 El libro El lote 9 x 18 en la encrucijada habitacional de hoy, de Montserrat Palmer y Francisco Vergara, presenta una acabada investigación arquitectónica de las urbanizaciones realizadas por las poblaciones construidas en Santiago entre 1959 y 1988.

6 La reconstrucción más acabada de la historia de Villa La Reina, desde su gestación hasta la década de 2000, es la recopilada por María José Castillo Couve en los cuadernos de investigación de su tesis de doctorado de 2013. (Ver también Alvarado, 1967; Castillo Velasco, 2008; Eliash, 1990; Márquez, 2006; San Martín, 1988; San Martín, 1992; Zerán, 1998).

7 El programa de Sitios y Servicios fue promovido y financiado en las décadas de los setenta y ochenta por el Banco Mundial en diversos países en desarrollo en Latinoamérica, África y Asia. El programa, al igual que la «Operación Sitio», consistía en la provisión de terrenos urbanizados a la población de menores ingresos de cada país.

8 En la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica «los alumnos Enrique Browne, Carlos Buchholtz, Sven Jacob y Nicolás Manase desarrollan el plan en el marco de un seminario académico bajo la supervisión del profesor Nicolás García y el profesor y alcalde Fernando Castillo Velasco” (Castillo, 2013, p. 89).

9 Específicamente la Villa La Reina se ubica entre las calles Larraín, Diputada Laura Rodríguez, Talinay y Cordillera.

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JÁUREGUI, Jorge Mario. «Urban and Social Ar ticulation: Megacities, Exclusion and Urbanity». En: HERNÁNDEZ, Felipe; KELLETT, Peter William y ALLEN, Lea, (eds.). Rethinking the Informal City: Critical Perspectives from Latin America. Nueva York, Berghahn Books, 2009. p. 207-224.

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MÁRQUEZ, Francisca. “Historias e identidades barriales del Gran Santiago: 1950-2000”. Avá. Revista de Antropología, (15): 225-242, diciembre de 2009.

MORALES, Eduardo y ROJAS, Sergio. Relocalización socio-espacial de la pobreza. Política estatal y presión popular, 1979-1985. Documento de trabajo N° 28. Santiago, FLACSO, 1986.

PALMA, Eduardo y sanfuentes, Andrés. «Políticas estatales en condiciones de movilización social: las políticas de vivienda en Chile (1964-1973)». EURE [en línea]. Vol. 6, Nº 16, 1979 [fecha de consulta: 8 de enero de 2014].

PLAMER, Montserrat y VERGARA, Francisco. El Lote 9 x 18: en la encrucijada habitacional de hoy. Santiago, Facultad de Arquitectura y Bellas Artes, Pontificia Universidad Católica de Chile, 1990.

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ZERÁN, Faride. Tiempos que muerden: biografía inconclusa de Fernando Castillo Velasco. Santiago, LOM, 1998.

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El proyecto Mapocho pedaleable propone habilitar el cauce del río Mapocho –entre el parque de los Reyes y el parque Bicentenario, atravesando las comunas de Vitacura, Providencia y Santiago– con la mínima infraestructura posible, para entregarlo al uso de la ciudad y sacarlo del estado de abandono en que se encuentra. Los inicios del proyecto están relacionados con estudios acerca del rol del río en la ciudad de Santiago, documentados en los proyectos de titulación y tesis de sus autores. Fiel a su origen, la voluntad del equipo de trabajo por mantener cierta independencia a lo largo del proceso ha sido respaldada, en parte, por el apoyo constante de agrupaciones de ciclistas y personas interesadas en promover el proyecto y demandar su implementación, acompañado del uso de los medios de comunicación y las redes sociales.

En el año 2011 se filmó un nanometraje homónimo que muestra a cuatro personas realizando un recorrido en bicicleta por el interior del cauce en su estado actual, para demostrar la factibilidad de la propuesta. El video fue subido a internet para apoyar la convocatoria a una cicletada masiva a la que asistieron más de cuatrocientas personas. El evento contó con gran cobertura por parte de los medios de comunicación, resultando en un aumento considerable del número de interesados en apoyar el proyecto. De esta manera, un espacio de la ciudad soslayado por más de un siglo y que recorre el principal eje oriente poniente de la ciudad, fue reclamado por personas comunes y corrientes quienes apoyan su reutilización como corredor urbano para transportes no motorizados y como lugar de paseo. Desde esa fecha hasta ahora, en este proceso han participado organizaciones de base, instituciones académicas –entre ellas, la Pontificia Universidad Católica de Chile y su programa de Políticas Públicas– y entidades de administración local y central. En mayo de 2013, junto con las alcaldías de Santiago y Providencia, se convocó a una jornada de ocupación de este espacio –la actividad se conoció con el nombre de YOVIVOMAP8– a la que asistieron más de cuatro mil personas.

Mapocho-pedaleable-08↑ Registro de YOVIVOMAP8. Actividad realizada el 4 de mayo de 2013, con la participación de los municipios de Santiago y Providencia, BEAP Consultores, Happyciclistas, Bicipaseos patrimoniales, Chile sustentable y Ciudad Emergente. Fuente: registro de los autores.

Desde su fundación, la ciudad de Santiago se ha desarrollado a lo largo del río Mapocho. Se trata de un curso de agua de régimen torrencial, con cambios radicales en su caudal a lo largo del año: casi seco en verano y otoño y con un aumento sustancial en los meses de lluvia y deshielos cordilleranos. En los tiempos de la Colonia, sus crecidas, que llegaron a ser devastadoras, fueron contenidas por sucesivas construcciones cada vez más sofisticadas, hasta que a principios del siglo XIX se construyeron los tajamares definitivos que incorporaban un paseo en su coronación. Hacia finales del mismo siglo, por motivos sanitarios –conjugados con una oportunidad inmobiliaria– el río fue canalizado en su tramo central y su cauce se redujo a casi un tercio de los 150 m. que ocupaba naturalmente. En los terrenos ganados se construyó el parque Forestal y frente a él se desarrolló una franja de lotes de gran potencial urbano. Este modelo de operación fue repetido durante el siglo xx, especialmente hacia el oriente, dinámica que consolidó un sistema de parques que se desarrolló especialmente en la ribera sur.

Mapocho-pedaleable-02↑ Tajamares del río Mapocho en Providencia. Carlos Wood. Vista de tajamar con una de las bajadas al lecho del río Mapocho, óleo sobre tela, s. XIX. Fuente: Guarda, Gabriel. Joaquín Toesca. El arquitecto de la Moneda. 1752 – 1799. Ediciones Universidad Católica, Santiago, 1997.

Los trabajos de canalización del río generaron una caja de aproximadamente 45 m. de ancho y 5 m. de profundidad –originalmente construida en mampostería de piedra– diseñada para soportar las crecidas, agilizar la evacuación de las aguas y facilitar la instalación de puentes prefabricados de luces discretas, que conectaran ambas riberas. Sin embargo, esta modificación al relieve y modelación del cauce terminó por desvincular el espacio del río de la trama urbana y los parques que recorren su largo, marginalizándolo; el cauce se transformó en un lugar de delincuencia, contaminado por las redes de alcantarillado que desaguaban en él. A su vez, la implementación de sucesivos puentes –fundamentales para la conectividad del área más densa de la ciudad– interrumpió la continuidad superficial de este eje y fragmentó el sistema de parques ribereños; el modelo de transporte urbano desarrollado en Santiago desde la segunda mitad del siglo XX, que estimula el uso de vehículos motorizados mayoritariamente privados por sobre la peatonalización, agravó esta discontinuidad.

Mapocho-pedaleable-03↑ El trazado del proyecto Mapocho pedaleable, propuesta de estaciones y recorrido entre Lo Saldes y Estación Mapocho. Fotografía de Guy Wenborne.

Mapocho-pedaleable-07↑ Extremo poniente de la caja canalizada del río, en torno a la Estación Mapocho y el Mercado Central. Fotografía de Andrés Camus.

La importancia del eje del río en el desarrollo de la ciudad se refleja en la construcción de dos infraestructuras significativas para los desplazamientos: primero, durante la década del setenta, la línea 1 del Metro, la primera de la ciudad y actualmente la más demandada, trazada en un tramo importante paralela al curso del río. En segundo lugar, la primera autopista urbana de Santiago que,, instalada en su ribera norte a inicios del siglo XXI, produjo la reconfiguración del perfil del cauce aguas arriba, en la comuna de Providencia. La canalización del río, cuya caja está aparentemente subutilizada y permanece vacante la mayor parte del año, fue diseñada para soportar las crecidas máximas del río en un ciclo de cincuenta años; cualquier intervención que se proponga en ella debe considerar estos eventos, por aislados que parezcan, y debiera pensarse desde lo más elemental. Por esto, el proyecto ‘Mapocho pedaleable’ busca rehabilitar el lecho del río como espacio público en un marco ajustado y con economía de recursos: propone reutilizar la infraestructura existente y maximizar sus posibilidades de uso, para convertirlo en un corredor urbano para medios de transporte no motorizados y recuperarlo como lugar de paseo; es infraestructura vial y para el ocio, a la vez. El proyecto plantea tres operaciones:

Conservación de preexistencias
En el lecho del río, junto a la ribera sur del tramo de la canalización más antigua –entre las Torres de Tajamar en Providencia hasta el parque de Los Reyes en Santiago– existe un pequeño muro cuya altura varía entre 80 y 100 cm. y que corre paralelo a los muros que delimitan el cauce. El muro divide el cauce en dos: un espacio mayor donde circula normalmente el torrente y otro de entre 6 y 8 m. de ancho, que antiguamente servía para regar el alcantarillado de la ciudad y hoy se destina a tareas de mantención y limpieza de las aguas. Casi en su totalidad, el muro original fue prácticamente reconstruido como parte de las obras de la autopista que corre bajo del río, iniciadas hace poco más de una década. El proyecto propone su conservación y extensión –se construye en los tramos donde no existe– para segregar la circulación del torrente de aquella de las personas. Así mismo, la caja del río está delimitada por muros de 5 m. de altura, que datan de dos periodos distintos. El más antiguo, de fines del siglo XIX, es un muro casi vertical, de mampostería de piedra con evidentes atributos tectónicos y grandes jardineras que cuelgan hacia el río. El segundo, de principios del siglo XXI y también parte de los trabajos de construcción de la autopista, es un muro inclinado de hormigón liso a la vista, cubierto en su mayoría por murales y grafitis. Ambos permanecen y mantienen exactamente las mismas características: historia de la ciudad y arte callejero.

Mapocho-pedaleable-04↑ Paseo y pistas bajo puente Purísima, proyecto Mapocho pedaleable. Fuente: imagen de proyecto de los autores.

Repavimentación
Se propone rellenar la vía de mantención con un pavimento lo suficientemente resistente para ser inundado, y lo suficientemente llano para poder ser utilizado por personas en bicicleta, patines y sillas de ruedas, entre otros. Esta vía estaría dividida en una pista de alta velocidad y otra de baja velocidad y atravesaría la ciudad por debajo de los puentes; evita de esta manera los cruces en superficie y se desvincula del ruido producido por el tráfico de la ciudad. Las pistas alternan su ubicación, de modo de acercar la pista de alta velocidad hacia el torrente en los puntos de acceso a la vía y alejarla de él en el resto del trayecto. Estos desplazamientos generan una nueva dimensión para el proyecto, transversal al corredor, que se hace cargo de las personas que buscan permanecer en este nuevo lugar de la ciudad.

Mapocho-pedaleable-06↑ Estación de acceso A2-Mercado Central, proyecto Mapocho pedaleable. Fuente: imagen de proyecto de los autores.

Introducción de prefabricados
La compleja administración de la caja del río y su naturaleza material dificultan cualquier modificación de su geometría. Por ello, para solucionar los accesos al espacio del lecho del río se propone la instalación de estructuras prefabricadas de acero que contengan una rampa levadiza. Este elemento, asociado a un sistema de alerta temprana aguas arriba, podría ser activado y replegado ante eventuales crecidas. A la vez, la estructura podría alojar una serie de programas complementarios al uso y disfrute del paseo: estacionamientos ciclísticos, estaciones de arriendo de bicicletas públicas, baños, quioscos y cafés. Por otra parte, por tratarse de estructuras prefabricadas, podrían ser desmontadas y reubicadas –como ha ocurrido con algunos de los puentes metálicos existentes– o replicadas en caso de ser necesario un nuevo punto de acceso. El número de accesos se considera como una variable dinámica y, al igual que sus emplazamientos, debiera variar en el tiempo de acuerdo a la evolución del sistema.

Mapocho-pedaleable-05↑ Estación de acceso A3-Bellas Artes, proyecto Mapocho pedaleable. Fuente: imagen de proyecto de los autores.

Mapocho-pedaleable-09↑ Isométrica, estación de acceso tipo.

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Publicado en

ARQ 85 | Espacios del tránsito
Diciembre 2013

Ficha técnica

Arquitectos: Tomás Echiburú, Osvaldo Larrain | Arquitectos colaboradores: Ignacio Abé, Daslav Bremer, Rebecca Emmons | Ubicación: ribera sur del río Mapocho, entre Lo Saldes y Estación Mapocho, Santiago, Chile | Encargo: autoencargo | Cálculo estructural: Pedro Astaburuaga | Comunicación estratégica: Salvador López | Estructura: elementos de acero (estación de acceso), hormigón armado (muro divisor, losa) | Terminaciones exteriores: malla de metal desplegado, asfalto, pinturas de alto tráfico | Presupuesto: us$150/m2; uf3,2/m2 | Superficie construida: 55.000 m² | Año de proyecto: 2011- 2013 | Visualizaciones: Tomás Echiburú, Rebecca Emmons, Osvaldo Larrain | Fotografías: Ignacio Abé, Andrés Camus.

Más información

Mapocho Pedaleable

Senderos-en-el-bosque-urbano-libro

Senderos en el bosque urbano, el texto que el lector podrá disfrutar a continuación, refleja el pensamiento detrás de quien lideró el último ciclo de lo que me atreveré a llamar «la Escuela de Providencia». Es preciso considerar el contexto en el que las nuevas generaciones de urbanistas debemos operar, para asignarle la pertinencia que le corresponde a estos «senderos».

Se trata de un momento de caída de los viejos paradigmas que situaban y entregaban coordenadas a nuestra práctica,
especialmente en lo referente a la planificación urbana: la aniquilación en Chile del Estado del Compromiso y todo intento desarrollista hace ya décadas, se acompaña hoy de un severo cuestionamiento al Estado neoliberal, con su desrregulación y negación del pensamiento sobre el futuro. Este panorama no es un asunto meramente nacional, sino que global. Se trata de la desestructuración de nuestras coordenadas profesionales, en cuanto al poder de la planificación urbana, que nos dejan sin paradigmas, metodologías y lógicas de proyecto a los cuales recurrir con la seguridad de las generaciones que nos precedieron.

Como bien dijo el ex ministro de Asuntos Estratégicos de Brasil (durante el segundo gobierno del presidente Da Silva), profesor Roberto Mangabeira Unger (2010), el camino ante la desestructuración doble –de los ámbitos de acción pública y de los paradigmas sobre el desarrollo– es avanzar en un «experimentalismo» democrático, una especie de símil de la i+d (investigación y desarrollo) del mundo de la empresa, pero ahora desde el Estado y los espacios de acción colectiva. En un ejemplo que sigue esta línea, la nueva generación de urbanistas ha visto en el «urbanismo táctico» una forma de basar su práctica en el experimentalismo para la innovación: el esfuerzo intelectual y productivo por hacer avanzar nuestras ciudades hacia nuevas fronteras parece estar en un momento de investigación para la acción, de análisis del campo de juego, de preparación.

Jaime Márquez entrega un marco conceptual a una práctica del urbanismo que entiende a los profesionales de la ciudad como agentes del interés general: hombres y mujeres de lo público. Si bien esta forma de entendernos se basa en la ética, no se restringe a la reflexión en torno a esta, sino que implica un importante despliegue práctico-metodológico. A mi juicio, el autor es un ejemplo de un tipo de práctica «catalizadora» en diversos frentes de trabajo que se complementan entre sí: 1) la planificación urbana desde el estudio y determinación de normas urbanísticas; 2) el diseño y gestión de proyectos que abordan el detalle de los espacios urbanos, con especial énfasis en la cualificación del espacio público contemporáneo; 3) la permanente reflexión teórico-práctica sobre el desarrollo urbano metropolitano y local; 4) la conformación de una unidad productiva basada en un equipo de trabajo que construye ciudad desde el Departamento de Asesoría Urbana de Providencia; 5) la participación en la disputa por las «reglas del juego» de la disciplina, tanto en la discusión de las leyes y normas de carácter nacional, como a través de la participación gremial; 6) la articulación de un discurso público, en su momento, desde la plataforma de la revista del Colegio de Arquitectos.

Planteo la hipótesis de la existencia de una Escuela de Providencia, construida sobre estos seis pilares. Si Germán Bannen fue el precursor del primer periodo iniciado en la década de 1960, el nuevo contexto político-económico chileno de la década de 1990 marca una etapa liderada por Jaime Márquez. Actualmente, el retiro de este último y la llegada de nuevos referentes –en un contexto de activación del capital sociopolítico de Providencia– podría constituirse en una nueva etapa, con una mirada basada en el desarrollo urbano sustentable y la producción participativa y equitativa de la ciudad.

El presente libro surge en un contexto de cambio. Se intersectan las trayectorias de vida del autor con un cambio
político en Chile, transformado en emblema en Providencia. Estas coincidencias nos llevan a preguntarnos –como de vez en cuando ocurre en nuestra historia– por la relación entre los paradigmas disciplinares y el contexto político en el que se insertan. Jaime Márquez lee y explica muy claramente la relación entre los urbanistas, el poder y el pueblo. Al identificar la idea original del «demiurgo», que une el accionar de la cabeza y las manos, y que se sitúa entre los gobernantes y el pueblo, el autor ilustra metafóricamente los dilemas y espacios de riesgo y oportunidad que enfrenta nuestra práctica diaria.

En ese contexto, el planteamiento de la hipótesis de la existencia de la Escuela de Providencia es un reconocimiento al trabajo del autor, y una declaración de la voluntad de continuar por estos mismos senderos en el bosque urbano. No se trata, a diferencia de la Escuela de Valparaíso –de donde proviene tanto Jaime Márquez como Germán Bannen– y de la más reciente experiencia de la Escuela de Talca, de un espacio académico situado en una institución universitaria particular. Se trata, en cambio, del reconocimiento del núcleo intelectual y productivo de la Municipalidad de Providencia, dentro del tejido enriquecido con capital sociofísico (Knudsen y Clark, 2013) en el territorio de la comuna.

Yo mismo, siendo parte de los «recién llegados», debo y quiero declararme parte de esta escuela, la escuela de Jaime Márquez, Germán Bannen y un equipo multidisciplinario particular articulado como pocas veces en un gobierno local.

Plantear la hipótesis de una Escuela de Providencia por fuera del ámbito meramente académico pretende reconocer la nueva mirada que desde la teoría nos habla sobre la «ciudad como una máquina de aprendizaje» (McFarlane, 2011) o
desde la práctica, que establece referentes como el Centro de Pedagogía Urbana de Brooklyn (Moore, 2013). Reconocer la necesidad del experimentalismo implica también reconocer un cierto componente pedagógico vinculado con la generación de nuevo conocimiento en los procesos de innovación en la producción de ciudad. A su vez, la transferencia de dicho conocimiento resulta necesaria para los urbanistas cuando hacemos participar a la ciudadanía. ¿Es entonces pertinente utilizar la palabra «escuela» para un centro de acción e innovación en la producción de la ciudad? La hipótesis queda lanzada y su verificación tendrá que darse en la práctica.

La Escuela de Providencia, en el periodo liderado por Jaime Márquez –tal como ocurrió al iniciarse su periodo respecto de la Nueva Providencia y la Ciudad Jardín de Germán Bannen–, nos hace herederos de un esfuerzo centrado en la elaboración de un pensamiento propio desde este espacio de acción pública local. Adicionalmente, dejó a disposición del debate y la práctica urbana nacional una serie de dispositivos urbanísticos y estrategias que fueron vanguardia y que hoy son de especial utilidad para la transición que requiere nuestro modelo de desarrollo. Para ilustrar este enfoque quiero referirme fundamentalmente a dos proyectos: el Plan de Ciclovías y el Corredor de Transporte Público oriente-poniente para Avda. Providencia y Avda. Nueva Providencia.

En el primer caso, gracias a la infraestructura ciclo-vial segregada, pionera en su momento (fines de la década de
1990), sumado a las características de localización de centralidades en la comuna y a un importante cambio demográfico producido a finales de la década de 2000, se ha llegado a un aumento por sobre el veinte por ciento en los viajes diarios realizados en bicicleta. La discusión de nuevos estándares en infraestructura para este modo de transporte se debe en gran medida a las lecciones de la experiencia en Providencia, liderada por Jaime Márquez y su equipo. Las respuestas a las preguntas en este nuevo ciclo de nuestra escuela, serán construidas sobre esta base. Los urbanistas, de esta manera, han construido un nuevo valor en el territorio, con un alto impacto social, económico y cultural.

En cuanto al caso del Corredor de Transporte Público oriente-poniente para Avda. Providencia y Avda. Nueva Providencia, se trata de un proyecto desarrollado personalmente por Jaime Márquez, que presenta una alternativa real para el mejoramiento del transporte público metropolitano. Hoy, las autoridades nacionales en la materia han incorporado el proyecto entre sus prioridades.

El desafío del transporte público en buses de superficie enfrenta un obstáculo fundamental en el distrito financiero de Santiago, constituido por la intersección entre las comunas de Providencia, Las Condes y Vitacura, puesto que en sentido oriente-poniente y norte-sur se llega a una concentración radial de las principales vías metropolitanas. Esto, sumado a la densidad, construcción en altura y estrechez de los perfiles de las avenidas afectadas, implica que la congestión producida por los automovilistas afecte a los ciudadanos que se desplazan ida y vuelta diariamente hacia sus residencias en la periferia norte, sur y poniente en bus, con la imposibilidad de instalar en el sector los perfiles de corredores segregados que permitan asegurar un estándar apropiado de tiempos de desplazamiento.

Gracias a la simple constatación de la necesidad de incorporar la apertura de puertas por el lado izquierdo de los buses, el diseño propone ahorrar el ancho necesario para los andenes de carga y descarga de pasajeros, de tal manera de hacer posible el corredor sin requerir expropiaciones ni eliminación del patrimonio arbóreo. Los estudios y simulaciones han permitido demostrar que podemos acercarnos a reducir hasta en un cincuenta por ciento los tiempos de desplazamiento del transporte público.

Se trata de la ciudad como laboratorio, como espacio pedagógico y como terreno de innovación. Las bases pioneras de la etapa que se cierra en la Escuela de Providencia nos permiten proponer una nueva etapa, centrada en el entendimiento del espacio público como el campo donde construir estrategias de desarrollo fundadas en la sustentabilidad, la participación y la equidad.

Una de las consecuencias de la mirada presentada en los párrafos precedentes apunta a recordar que los espacios de movilidad, transporte e inter-modalidad deben ser objeto de diseño, con la calidad de vida de las personas como centro. La nueva etapa que enfrentamos nos lleva a combatir la mayor injusticia de nuestros tiempos en el espacio público: las ciudades están pensadas y construidas para una minoría privilegiada, cuyo principal modo de transporte es insustentable en lo económico, social y ambiental. Tal como he planteado en otro texto: «Según las últimas cifras que arrojan las encuestas de origen-destino, en Santiago, el 22,1% de los viajes diarios se realizan en transporte motorizado privado, en Concepción el 12%, y en Valparaíso el 17%. Estas cifras para otras ciudades son 22% para Arica, 15% La Serena-Coquimbo, 25% Antofagasta, 32% Rancagua, 20% Talca, 18% Chillán, 21% Temuco, 22% Valdivia, 29% Puerto Montt y 33% Punta Arenas. Esto quiere decir que los viajes en transporte público, a pie, en bicicleta y otros implican entre el 67% y el 88% de los viajes realizados en las ciudades chilenas (Valenzuela, 2011).

Adicionalmente, a medida que aumenta el ingreso de los hogares, la tenencia y uso del automóvil aumenta exponencialmente. El espacio público debe ser construido para todos y con una mirada centrada en el desarrollo sustentable. La mirada de Jaime Márquez entrega algunos antecedentes para pensar en cómo intervenir la ciudad para perseguir el desarrollo sustentable y equitativo.

En el texto que el lector está a punto de revisar no se llega a estos detalles. El marco conceptual y ordenamiento de ideas que se plantea es fundamentalmente una forma de insertar nuestra presencia y nuestro trabajo en el mundo. Estas palabras preliminares buscan simplemente ser una manifestación de parte de quienes nos reconocemos parte de la misma Escuela de Providencia que el autor contribuyó a construir, así como también explicar la validez que arroja su experiencia, que esperamos proyectar hacia el futuro.

La-Escuela-de-Providencia-Introduccion

La-Escuela-de-Providencia

Publicado en

Senderos en el bosque urbano
Diciembre 2013

Artículo realizado por

Nicolás Valenzuela Levi. Arquitecto y magíster en Desarrollo Urbano, Pontificia Universidad Católica de Chile. Director de la Secretaría Comunal de Planificación de Providencia, bajo cuyo cargo se encuentra el Departamento de Asesoría Urbana. Profesor instructor adjunto Área de Urbanismo Escuela de Arquitectura UC.

Bibliografía

KNUDSEN, Brian B. y CLARK, Terry N. (2013). «Walk and Be Moved: How Walking Builds Social Movements». Urban Affairs Review, June 9, 2013.

MANGABEIRA UNGER, Roberto (2010). La alternativa de la izquierda. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

McFARLANE, Colin (2011). «The city as a machine for learning». Transactions of the Institute of British Geographers, New Series, vol. 36, No. 3 (July 2011), pp. 360-376. London: Wiley on behalf of The Royal Geographical Society (with the Institute of British Geographers).

MOORE, Jacob (2013). «Las ganancias del diseño: el centro de pedagogía urbana de Brooklyn». Revista Materia de Arquitectura, No. 6, pp. 35-43. Santiago: Universidad San Sebastián.

VALENZUELA, Nicolás (2011). «Políticas urbanas para ciudades igualitarias». En: Lagos, R. y Landerretche O. (eds.). El Chile que se viene: ideas, miradas, perspectivas y sueños para el 2030. Santiago: Catalonia.

Senderos en el bosque urbano, de Jaime Márquez, constituye una lúcida y personal reflexión sobre el estado de la ciudad contemporánea, sus crecientes problemas y las dificultades para hacer de la misma un ámbito habitable y sujeto a un orden humano que dé cuenta, igualmente, de la magnitud de los procesos puestos en marcha a partir de ella.

Desde esta perspectiva emerge el caso de Santiago, que Jaime Márquez conoce desde su cargo de asesor urbanista de la Municipalidad de Providencia, en el que se desempeñó entre 1994 y 2013, pero también como ciudadano común y corriente que reclama y necesita soluciones para desarrollar en su mayor medida las posibilidades de toda índole que brinda la vida urbana.

Recomendado para arquitectos, paisajistas, académicos y estudiantes.

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Autor: Jaime Márquez Rojas

Textos en castellano, imágenes en duotono, planos
Páginas: 116
Formato: 13,8 x 18,5 cms.
Peso: 0,3 kg. aprox.
ISBN: 978-956-14-1391-7

Sumario

Introducción / Nicolás Valenzuela

Agradecimientos

Senderos en el bosque urbano
La ciudad

Origen histórico de la ciudad

De la ciudad a la nación

La riqueza de las naciones

Extensión y velocidad en las naciones

Origen poético del espacio

Creación del espacio (urbano)

Participación y creación

Oikos: un organismo vivo

Oiko-nomía, oiko-logía y oiko-poesía

La cuarta dimensión

Continuidad de la identidad

Continuidad de la vida (pública)

La praxis arquitectónica

Heteronomía de la arquitectura

El olvido de la comóditas

Comóditas como «dar cabida»

La herencia moderna dilapidada

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Por: Rayna Razmilic

El 20 de marzo de 1991, Josep Parcerisa presentó su tesis doctoral en la Escola Tècnica Superior d’Arquitectura de Barcelona, bajo la dirección del arquitecto y urbanista Manuel de Solà-Morales. El estudio indagaba la pertinencia «de seguir hablando de la forma general de la ciudad» y usaba como plataforma de estudio ciudades de escala mediana. El veredicto de la comisión: «Apto cum laude», en España, la calificación máxima.

Más de veinte años después, tras la revisión del texto que componía la investigación de entonces y la selección de los elementos gráficos originales, se publica –traducido del catalán al castellano– este libro. Un “ejercicio de observaciones” que descompone y analiza los planes, elementos urbanos y rastros decisivos que, hasta principios de los noventa, de alguna manera habían terminado por definir las ciudades contemporáneas revisadas. Para la publicación, el ejercicio fue estructurado a través de cinco casos de estudio españoles: Málaga, Granada, Tarragona, La Coruña y Palma de Mallorca.

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En un revisión de las piezas urbanas que alcanzan la escala de ciudad, el autor hace un análisis de la sucesión de planes y cartografías que las proyectan, el contexto en el que se enmarcan y las realidades que en definitiva logran construir. Un repaso de las ideas, decisiones y resultados que dan forma e identidad a los centros urbanos –o al menos lo intentan–, significativo para cualquiera, sea académico o planificador.

El informe de Manuel de Solà-Morales sobre la tesis bien podría extenderse a esta reciente edición: «en veinte años que hago de profesor de urbanismo no he leído a nadie en nuestro país que haya buscado del modo en que tú lo has hecho las ciudades por sí mismas. Con tanta franqueza, tan poco resentimiento y tanta ilusión en su lógica y en su identidad».

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Ficha bibliográfica

Josep Parcerisa (autor)
Laboratori d’ Urbanisme de Barcelona, Barcelona, España
236 páginas, 19,5 x 22,5 cm, color
2012
Texto castellano
www.lub.upc.edu

Lecturas recomendadas

Libro: La ciudad no es una hoja en blanco
ARQ 40 | Grandes urbanizaciones
ARQ 37
ARQ 33

representaciones
En el intento por compilar, asociar y publicar una selección de puntos de vista sobre un aspecto central de la disciplina arquitectónica –la representación–, ARQ 80 se acercó lateralmente a otro asunto central para la arquitectura: la relación entre tiempo y espacio. La práctica arquitectónica está en permanente tensión por la necesidad de ir adelante, proyectar y anticipar: anticipar usos y hábitos a los que habrá que dar lugar, anticipar relaciones entre las preexistencias y los edificios por construir, anticipar el buen envejecimiento de las estructuras o anticipar la visualización de una construcción que aún no existe. La más evidente de las operaciones, como la producción de instrucciones a través de dibujos y textos para la construcción de nuevos edificios involucra, también, la capacidad de adelantarse a los hechos.

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Hechas para un cliente, para el constructor, para la opinión pública, para un lector estudioso, para un lector desprevenido, más o menos pictóricas, puramente técnicas, bidimensionales, tridimensionales, incluso incorporando las más recientes animaciones y videos, las representaciones ocupan un espacio central en los procesos de intercambio y transferencias que la arquitectura promueve. Esta edición va dedicada a las representaciones y a los impulsos que las generan, desde ambos extremos de la línea del tiempo.

La manera de representar da cuenta, sin rodeos, del lugar cultural desde donde los arquitectos pensamos el proyecto. Y el resultado de esa relación, más allá de sus componentes visuales, no tiene nada de inocente.

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Sumario

Editorial. Representaciones / Patricio Mardones

Opinión. Informe 2.2.6 / Justine Graham, Rodrigo Pérez de Arce

Las mil y una Baghdad de Al-Mansur / Martino Tattara

Planos para la restauración de Upper Lawn / Sergison Bates Architects

Modelo en papel del castillo de Praga / Lebbeus Woods

Imágenes para Shehouse / Smiljan Radic, Yuji Harada

Imágenes para 25 habitaciones / Office KGDVS

Fotografías de la villa Voka / Bas Princen

Fotografías de la casa Santa Julia / Nicolás Rupcich

Fotografías en estratos / Nobuhiro Nakanishi

Arquitectura como propaganda / Ana Portales, Maite Palomares

Dioramas SCL 2110 / Rodrigo Tisi

Economía global / FAR Frohn & Rojas

Las fuerzas en arquitectura / Alejandro Aravena, Elemental

Ni más ni menos / Pezo von Ellrichshausen

La representación cartográfica como producción de conocimiento / Germán Hidalgo, José Rosas, Wren Strabucchi

Portafolio Galería AFA

Lo fácil y lo difícil / Ignacio Gumucio

Libros y revistas recibidos
Dossier técnico ARQ








Capitalizando lugares auténticos

Artículo realizado por Elke Schlack y Neil Turnbull para ARQ 79 | Ciudad y negocio acerca de dos casos de renovación en Santiago.

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ciudad y negocio
ARQ 79 se ha propuesto revisar la ciudad como el espacio de la acumulación, las fricciones, el intercambio y, ante todo, como el lugar de la oportunidad. Porque no deberíamos olvidar, tampoco, que el origen de lo que conocemos como ciudad estuvo muy cerca de lo que era un cruce de caminos, transformado luego en mercado. En este contexto, el texto de Luis Izquierdo –recuperado y revisado en la perspectiva del tiempo, desde ese primer proyecto de Montserrat Palmer, Arquitectura y negocios– apunta al establecimiento de un ángulo exacto desde el cual calibrar el rol de los arquitectos en la producción y administración de recursos, mientras el estudio de Elke Schlack y Neil Turnbull analiza un caso radical en que el suelo urbano deviene en capital.

ciudad y negocio
Los proyectos presentados en el último número del 2011, por su parte, presentan diferentes ejemplos en que la arquitectura aprovecha las oportunidades que ofrece el ámbito urbano: desde el reciclaje de una estructura obsoleta para acoger una nueva demanda en Santiago hasta el uso inventivo de una serie de sitios descartados en São Paulo, esta edición apuesta por el futuro que viene tras un tiempo de incertidumbre y cambio.

El trabajo fotográfico de Martín Parr, la columna ‘Occupy Wall Street’ por la artista Francisca Benítez, el dossier técnico ARQ y las tradicionales reseñas de libros completan esta entrega.

ARQ-79-titulo

Disponible
$11.550

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Sumario

Editorial. Ciudad y negocio / Patricio Mardones

Opinión. Occupy Wall Street / Francisca Benítez

Opinión. Arquitectura y negocio / Luis Izquierdo

Portafolio Galería AFA

Luxury / Martin Parr

Artículo

Capitalizando lugares auténticos / Elke Schlack + Neil Turnbull

Obras en la ciudad

Edificio Aimberê, São Paulo, Brasil / Andrade Morettin Arquitetos

Edificio Simpatia, São Paulo, Brasil / GrupoSP

Edificio W305, São Paulo, Brasil / Isay Weinfeld

Casa Óptima, Santiago, Chile / blp Arquitectos

Hinterland, Colonia, Alemania / FAR Frohn & Rojas

Condominio El Nocedal, Santiago, Chile / Swinburn + Pedraza

Edificio Once, Buenos Aires, Argentina / Adamo-Faiden

Libros y revistas recibidos
Dossier técnico ARQ








Ocho claves del proyecto urbano contemporáneo

Artículo realizado por Luis Eduardo Bresciani Lecannelier para el libro Santiago | Proyecto urbano.

[Descargar PDF]

Santiago se ha convertido en una metrópoli a nivel mundial. A pesar de sus rasgos propios y distintivos, comparte con otras grandes ciudades el hecho de que no puede ser pensada ni proyectada a partir de un solo mecanismo; su desarrollo necesita de una batería amplia, compleja y cambiante de herramientas. Los autores de este libro, los arquitectos urbanistas Margarita Greene, José Rosas y Luis Valenzuela, presentan y conceptualizan el proyecto urbano, quizás una de las herramientas más maduras y realistas en términos de conciliar las múltiples fuerzas y conocimientos que se hacen necesarios allí donde el fenómeno metropolitano aparece en toda su complejidad.

Esta publicación, además, abre dos perspectivas sobre Santiago metrópoli. Muestra, en primer lugar, un estado de situación de la misma a partir de un conjunto fascinante y nada obvio de cartografías, realizadas en el Observatorio de Ciudades UC. También nos brinda un esbozo del proceso histórico que llevó a ese estado, encendiendo luces en un vasto tema que podríamos llamar la historia metropolitana de Santiago durante el siglo XX y su situación en la primera década del nuevo siglo.

Con colaboraciones de Luis Eduardo Bresciani Lecannelier y Fernando Pérez Oyarzun, este libro es el volumen 10 de la serie Teoría y Obra de Ediciones ARQ y aporta a esta colección un enfoque urbano contemporáneo, que toma como caso ejemplar la capital de la República de Chile y se orienta a formar parte de la bibliografía de cursos universitarios vinculados al urbanismo y el territorio.

Disponible
$15.550

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Autores: Margarita Greene, José Rosas, Luis Valenzuela

Textos en castellano, fotografías e b/n, mapas y esquemas a color
Páginas: 100
Formato: 17 x 21 cms.
Peso: 0,5 kg. aprox.
ISBN: 978-956-14-1205-7

Sumario

Prefacio / Margarita Greene, José Rosas y Luis Valenzuela

I. Proyecto urbano

Introducción / Ocho claves para el proyecto urbano contemporáneo / Luis Eduardo Bresciani L.

El proyecto urbano desde una visión sistémica / Margarita Greene y Rodrigo Mora

El proyecto urbano moderno y su alianza con el suelo / José Rosas Vera

Formas, componentes y variantes del proyecto urbano / Luis Valenzuela

II. Santiago metrópoli

Cartografías de Santiago metrópoli / Luis Valenzuela, Daniel Opazo y Ricardo Truffello

Proyecto urbano en Santiago 1990-2010: Modernización y forma de la ciudad / Luis Valenzuela y Daniel Opazo

Santiago 1910-2010. Un siglo de persistencias y transformaciones / José Rosas, Magdalena Vicuña y Lorena Farías

Colofón: Del centenario al bicentenario, un nuevo horizonte para Santiago / Fernando Pérez Oyarzun








Sumario

Editorial / Montserrat Palmer Trias

¿Para quién se construyen las ciudades? / Ricardo Araya Baltra

De un Tiempo a esta parte / Josep Parcerisa

En Búsqueda de la urbanidad perdida / Francisco Schmidt

La ciudad y la geografía / Mario Pérez de Arce L.

Espacios posiblemente públicos / Hugo Segawa

William Morrish y Catherine Brown, visionarios del paisaje urbano / María Elena Ducci

Internet y las políticas de la verdad / Eduardo Sabrovsky

La Feria de los excesos / Manuel Corrada

Observaciones a distancia / Sebastián Irarrázaval

Del automóvil al ordenador. Los espacios para la deriva / Guillermo Acuña

Concerniente a: arquitectura, caos y computadores / Christian Alfero

La ciudad democrática / Jorge Estévez

Guía del abandono / Smiljan Radic

Oscar Prager, jardines en el paisaje / Christiane Crasemann Collins

Crítica de Libros

Nemesio Antúnez, Obra Pictórica (Montserrat Palmer) / Adriana Valdés

Iglesias de la Modernidad en Chile, precedentes europeos y americanos (Fernando Pérez y VVAA) / Manuel Moreno

Libros de Ediciones ARQ
Libros y revistas recibidas
Noticias

A diestra y siniestra. Postales del Manhattan santiaguino / Fotografías de Jaime Ramos

Cartas

Sumario

Editorial / Montserrat Palmer Trias

Arquitectura, Industria y Modernidad / Max Aguirre González

Evolución Industrial y Urbana en Santiago / Clara Arditi y Luis Riffo

Planta Centromaderas S.A. / José Cruz Ovalle

Envases Central S.A. / Juan Sabbagh, María Ana Sabbagh y David Bonomi

Planta Alusa S.A. / Bernardo Urquieta y Renzo Zecchetto

Ciudad empresarial / Andreu & Verdaguer, Urquieta, Zecchetto, Área Central

Showroom Moro / Guillermo Acuña y Sebastián Irarrázaval

Proyecto Pudahuel / Cristián Boza y Asociados

Tiempo, Espacio, Cine y Arquitectura. El año pasado en Marienbad / Max Aguirre González

Centro de Información y Documentación Sergio Larraín García-Moreno de Teodoro Fernandez , Smiljan Radic y Cecilia Puga / Comentario crítico de Jesús Bermejo

Edificio Edapi / Manuel Moreno y Asociados Arquitectos

Rehabilitación de la AFE, Estación Central de Ferrocarriles de Montevideo / Ramón López, Montserrat Palmer y Rodrigo Pérez de Arce A.

Crítica de Libros

Borja Huidobro, Chemetov + Huidobro. Arquitectura en las antípodas (Mariano Valdés) / José Rosas Vera

Libros de Ediciones ARQ
Libros y revistas recibidas
Agenda
A diestra y siniestra / Textos destacados por ARQ

Sumario

Editorial / Montserrat Palmer Trias

Stgo. Forma Urbis / Josep Parcerisa

Arquitectura para la reclusión / Mauricio Baros

Nexos olvidados en la historia de la vanguardia chilena / Gonzalo Cáceres Quiero

Cara visible de la modernidad: casas en Santiago 1935-1945 / Andrés Téllez

La herencia de la noción de composición. Los inicios de la Escuela de Arquitectura de la PUC / Wren Strabucchi y Marcelo Sarovic

XIX Congreso UIA Barcelona 1996. Presentación de la Muestra 25 Ciudades vistas por sus escuelas de arquitectura / Pedro Bannen

Concurso anteproyecto Iglesia del Campus San Joaquín / Comentarios de Montserrat Palmer y Juan Ignacio Baixas

Propuesta Teodoro Fernández y Paulina Courard

Propuesta Jorge Nordenflycht y Franco Vercellino

Propuesta Andrew Harris y Alejandro Luer

Propuesta Mauricio Baros y Glenda Kapstein

Oriol Bohigas y Guardiola / Entrevista de Lourdes Andrés

A diestra y siniestra / Textos destacados por ARQ
Cartas