patrimonio

En Valparaíso, el sector inscrito el año 2003 como Sitio de Patrimonio Mundial por la UNESCO corresponde a 23 hectáreas del área histórica de la ciudad puerto y a 46 hectáreas que han sido definidas como zona de amortiguamiento. Este polígono de 69 hectáreas, de límites muy acotados en relación a la superficie total de la ciudad, cuenta en la legislación chilena con una protección bajo la categoría de Zona Típica, en el marco de la Ley 17.288 de Monumentos Nacionales.

En la postulación del expediente enviado el año 2001 al Centro de Patrimonio Mundial de UNESCO, la única zona portuaria que Chile incluye dentro del polígono propuesto para protección era el sector de Muelle Prat y el espigón, dejando fuera toda el área donde hoy se contempla el plan de expansión del puerto. Esta zona se encuentra poblada por una serie de estructuras patrimoniales que testimonian el auge de Valparaíso durante la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, muchas de ellas con protección oficial por parte del Estado en tanto inmuebles singulares.

La escasa representación de bienes portuarios en la nominación no se explica entonces porque se desconociera el valor patrimonial de las instalaciones industriales o ferroviarias en desuso. Al contrario, se trató de una decisión consciente; una omisión que hacía viable en términos políticos una postulación de esta naturaleza. Concretamente, junto con el reconocimiento internacional de una zona acotada, se buscaba dejar fuera del Sitio de Patrimonio Mundial todo el sector en el que habría de expandirse a futuro el puerto de Valparaíso, predios fiscales en los que justamente se emplazan la mayoría de estas estructuras.

En ese entonces la Empresa Portuaria de Valparaíso ya contaba con su plan de desarrollo, el cual fue explicitado en el expediente a UNESCO y llevado a efecto gradualmente en los años posteriores, según lo allí señalado¹. Para las lógicas de este plan, una protección territorial que incorporara mayor superficie habría constituido un obstáculo indeseado para la libre estrategia de expansión trazada, que ya se encontraba en curso. De tal manera, pese a que en su resolución UNESCO recomendó al Estado de Chile hacer un esfuerzo por catastrar los vestigios industriales del pasado portuario², estas acciones no fueron emprendidas y se siguió adelante con el plan original. Sin embargo, nadie en el país pudo prever en 2003 que diez años después, al momento de hablar de una óptima protección patrimonial en contextos urbanos, la idea misma del límite habría caído en descrédito tanto en Chile como al interior del Comité de Patrimonio Mundial y entre los órganos internacionales que asesoran a UNESCO en estas materias³.

De-limites-y-patrimonio-urbano-01Fig. 1 Fuente Paula Lavados, 2014. Plan de Desarrollo Portuario. [1] Terminal San Mateo. Aumento área de acopio: 14,6 hás. Inversión: MMU $ 510. Integración caleta El Membrillo. / [2] Ampliación Terminal 1. Aumento del muelle: 120 m de largo. Aumento de área: 0,6 hás. Inversión: MMU $66. Obras: 2013 – 2015. / [3] Ampliación Terminal 2. Área de acopio: 9,5 a 12,4 hás. Inversión: MMU $ 350. Obras: 2017 – 2022. / [4] Centro Urbano Puerto Barón. Nuevo centro urbano y económico. Paseo costero: 840 m de largo, 40 metros de ancho. Conectividad: 2 estaciones Merval, Nueva avenida Bicentenario. Inversión: MMU $ 120. Obras: 2014 – 2014. / [5] Puerto a gran escala Yolanda. 82 hás. Inversión: MMU $ 1.800. Plan Manejo Zona Típica.

El anacronismo de los límites

El impacto producido por el explosivo crecimiento urbano en ciudades como Sevilla, Kiev, Panamá, Londres, Quito, entre muchas otras –sumado a una creciente valoración del paisaje– instaló en el Comité un profundo cuestionamiento hacia proyectos que, pese a construirse fuera de los límites de un Sitio de Patrimonio Mundial determinado, fueron considerados como una amenaza a los valores por los cuales se estableció su resguardo.

El conflicto se consolida cuando, para hacer frente a esta situación, el propio Comité comienza a echar mano de manera sistemática a un apartado específico de las directrices prácticas de la convención de 19724, con el claro objetivo de forzar una interpretación que permitiera ampliar su ámbito de recomendaciones hacia situaciones que ocurrían fuera de los polígonos protegidos y de sus zonas de amortiguamiento.

El proceso descrito, aún a riesgo de parecer discrecional, se encuentra en clara sintonía con la recomendación metodológica de los Historic Urban Landscapes que aprueba la Conferencia General de UNESCO el año 2011. Ésta propone una aproximación amplia, que integre políticas y prácticas de conservación dentro de los desafíos del desarrollo urbano. Esta visión global, al poner énfasis en la complejidad de los factores que inciden en el adecuado manejo de lo que ahora se conceptualiza bajo parámetros de paisaje, relativiza de paso –sin hacerlo explícitamente– el tema de los límites impulsados en la misma convención.

Esta dinámica internacional, en que la idea misma del límite queda en entredicho al momento de proteger patrimonio urbano, paisajes y territorios, es similar a la que viene ocurriendo simultáneamente en Chile, en un proceso impulsado más por los porfiados hechos que por un pensamiento articulado capaz de prever la complejidad del fenómeno.

En efecto, si cotejamos los primeros casos de protección de contextos urbanos impulsados bajo la ley de Monumentos Nacionales con otros más recientes, podremos constatar el aumento exponencial de las superficies comprometidas en estos últimos respecto a los primeros. Un ejemplo claro resulta al comparar las 3,7 hectáreas protegidas en la zona típica Entorno Iglesia La Matriz (1971), en Valparaíso, con las 113,5 hectáreas de la zona típica de los barrios Yungay y Brasil, en Santiago Poniente (2009).

Este cambio de paradigma está cruzado por múltiples factores. En primer lugar, por el ya mencionado crecimiento urbano que, tanto en Chile como en otras zonas del planeta, ejerce presión sobre áreas consolidadas y las transforma radicalmente. En estos casos, las figuras legales de protección patrimonial suelen ser empleadas como una forma de resistencia a normativas urbanas consideradas permisivas e instrumentales a estas lógicas de desarrollo.

En segundo lugar, la relativización de los límites puede explicarse por la ampliación sostenida de las superficies protegidas, en un proceso que pasa de los enclaves acotados a vastos territorios. Bajo esta lógica, se trata de establecer por decreto la idea de que la protección del paisaje requerirá de un área de resguardo que tenga al menos su tamaño, incorporando idealmente los conos visuales, los sistemas naturales o culturales que lo sostienen, u otras condicionantes sistémicas propias de cada sitio.

Esta situación de cambio de paradigma se refleja con nitidez en el caso de Valparaíso, al que el Comité de Patrimonio Mundial ha prestado una especial atención. Lo anterior, pese a que los proyectos mismos del Plan de Desarrollo Portuario –con excepción de las vías de acceso, que sí cruzan el polígono– se ubican fuera de los límites protegidos dentro de las 69 hectáreas del Sitio de Patrimonio Mundial.

Esta preocupación de UNESCO queda expresada con claridad en diversas recomendaciones del Comité de Patrimonio Mundial, el que invita primero a que el Estado de Chile retrase cualquier intervención irreversible en el Mall Puerto Barón hasta que una misión internacional de asesoramiento haga sus recomendaciones⁵, para luego solicitarle al mismo Estado la elaboración de diseños arquitectónicos alternativos para dicho centro comercial, que tomen en cuenta los atributos del bien patrimonial⁶. En el caso de Chile, el problema es que la actualización del criterio que pone en entredicho la operatividad de los límites no viene acompañada de un ajuste en los instrumentos diseñados para la salvaguarda de los bienes patrimoniales. En el fondo, el conflicto nos sorprende en un momento de transición conceptual y normativa.

En parte por el escenario descrito tanto en el concierto internacional como en el plano local, la relativización de los límites tiene a la vez una inesperada consecuencia: devolver al proyecto de arquitectura su rol central al momento de dar una respuesta adecuada y específica a estas fuerzas en pugna. Al menos eso es lo que termina expresando UNESCO con sus recomendaciones y así lo han entendido también las variadas propuestas alternativas que han sido levantadas para enriquecer el debate.

De-limites-y-patrimonio-urbano-04Fig. 2 [A] 1971. Zona Típica entorno Iglesia La Matriz, Valparaíso. Superficie: 3,7 hás. / [C] 1984. Zona Típica sector que rodea la Plaza de Armas de Yerbas Buenas. Superficie: 8,8 hás. / [E] 2009. Zona Típica sector que indica de los barrios Yungay y Brasil de Santiago Poniente. Superficie: 113,5 hás. / [B] 1977. Zona Típica calle Baquedano y plaza Arturo Prat, Iquique. Superficie: 9,6 hás. / [D] 1996. Zona Típica barrio Mulato Gil de Castro, Santiago. Superficie: 12,3 hás. / [F] 2010. Zona Típica propuesta polígono para zona típica barrio Bellavista, Santiago. Superficie: 118,7 hás.

Costanera pública de Valparaíso

Si no fuera por el pequeño andén abierto al mar del Muelle Prat, en términos de acceso público, Valparaíso sería hoy una ciudad mediterránea entre el sector de Muelle Barón y el molo de abrigo.

Esta larga franja de tres mil metros lineales enfrenta justamente el área histórica de la ciudad en que se ubican el Barrio Puerto y el barrio El Almendral, zonas cuyo origen y desarrollo no pueden entenderse separados de las dinámicas históricas del borde costero.

Esta forma de aislamiento de la ciudad respecto a su frente marino está relacionada a la segregación programática de gran parte de los terrenos fiscales ubicados en la línea de costa para usos portuarios, lo que en la práctica se traduce en la imposibilidad de que los ciudadanos, ya sean habitantes de Valparaíso o visitantes, puedan acceder a ellos.

Actualmente, esta segregación no supone una negación de las vistas, debido en gran medida a la geografía de la ciudad y a que la principal zona de acopio y transferencia de carga portuaria se concentra en el sector del Terminal 1, frente a la escarpada ladera del cerro Artillería, en el extremo poniente del Barrio Puerto.

Sin embargo, tanto las lógicas de accesibilidad como la relación visual de la ciudad con su frente marino se podrían ver radicalmente alteradas a la luz de los proyectos contenidos en el Plan de Desarrollo Portuario, especialmente en aquellos trazados para el Terminal Cerros de Valparaíso, también conocido como Terminal 2, y para el polígono asociado a la bodega Simón Bolívar en el sector del Muelle Barón.

Si bien existen otros proyectos de la empresa portuaria que en el papel aparecen como significativamente más invasivos, como es el caso del ciclópeo Puerto a Gran Escala en el sector de Yolanda, en la práctica son el Terminal 2 y el denominado Mall Puerto Barón aquellos que constituyen hoy las amenazas más inminentes a la relación de la ciudad con el océano Pacífico⁷.

La importancia de ambos proyectos, y el nivel de impacto que tendrán en Valparaíso, no se condicen con la escasa participación que han tenido las autoridades porteñas y los representantes de la sociedad civil en las definiciones más básicas de estas iniciativas.

Lo anterior se explica en gran medida por la completa autonomía y el escaso diálogo entre los instrumentos de planificación del puerto y los que rigen a la ciudad, así como por la atomización de los distintos proyectos contemplados. Todo esto se ha visto traducido en un fuerte movimiento de resistencia por parte de la ciudadanía organizada, la que ha logrado canalizar sus demandas mediante consignas simples y directas –»Mar para Valparaíso», «No al Mall Barón»– las que han sido acompañadas de campañas comunicacionales y de la generación de propuestas alternativas.

Frente a esta realidad parcelada, resulta imposible enunciar el que a simple vista parece ser uno de los principales proyectos para la ciudad de Valparaíso hoy: la conquista de su frente costero como un paseo público continuo, compatible con funciones portuarias, de ocio y de servicios. Al contrario, en lugar de entenderlo como el espacio articulador de la ciudad con su mar, los distintos proyectos existentes lo consolidan como una infranqueable frontera o como distintos enclaves segregados.

Antes de entregar una solución informada exclusivamente por condiciones técnicas y logísticas asociadas a la actividad portuaria y al funcionamiento de un centro comercial, que es lo que se ha hecho hasta ahora, un proyecto de recuperación del borde costero debería plantear al menos dos estrategias de entrada:

1. En primer lugar, ofrecer una alternativa de emplazamiento al Terminal 2, manteniendo sus requerimientos técnicos y de competitividad pero sin clausurar el frente marino; al contrario, ocupando esta infraestructura como un catalizador para construir calidad urbana.

2. En segundo lugar, soterrar o mover la línea férrea del Metro de Valparaíso y el tren de carga de la costa, de manera tal que la estructura de calles de la ciudad pueda hacerse presente en el borde costero y no termine chocando con un límite infranqueable de contenedores. Con esto se lograría el paso continuo de los ciudadanos por todo el paseo costanera y no sólo por un par de accesos controlados con barreras.

Lo anterior permitiría además reutilizar con naturalidad y una visión conjunta las estructuras patrimoniales hoy aisladas –tal como los almacenes fiscales, la bodega Simón Bolívar, las bodegas y la tornamesa del ferrocarril, los antiguos galpones de la maestranza en Yolanda, los antiguos muros de defensa costera, entre otras– e incorporar servicios, comercio o vivienda como parte de un sistema lineal coherente⁸.

Proyecto ciudad y capacidad política

La razón para insistir en que un proyecto de infraestructura como éste tiene la responsabilidad de entregar un hecho memorable a la ciudad y no hipotecar su futuro es simple: se trata de la inversión más importante que tendrá Valparaíso en un siglo y por lo tanto no debería seguir adelante sin contar con el apoyo ciudadano y con una hoja de ruta que tenga en el centro el problema de la ciudad, con todas sus complejidades y riquezas. Lo anterior, por mucho que se trate de justificar el avance de las propuestas del puerto para el borde costero en argumentos técnicos, muchas veces rebatibles, o en la existencia de planes trazados hace más de quince años y heredados sin mucha convicción por varios Gobiernos.

Esta falta de un proyecto ciudad –y de la capacidad política de llevarlo adelante– no es nueva en Valparaíso y no se limita sólo al borde costero. De hecho, luego de los proyectos urbanos impulsados por el alcalde Lautaro Rosas en el período 1928–1930, Valparaíso no ha tenido nuevamente un proyecto urbano coherente capaz de dar sentido global a las iniciativas sectoriales⁹.

La vía elevada de comienzos de la década de 1970 o el nudo vial del acceso sur de 2008 –conocido también como camino La Pólvora– son algunos de los ejemplos de esta dinámica: deseables y necesarios en tanto obras de infraestructura, toscos en su resolución formal y degradantes con su entorno urbano inmediato.

Así como la vía elevada tuvo su contrapropuesta –no ejecutada– en el proyecto del Instituto de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso en 1969, la cual sin desahuciar la obra de infraestructura buscaba hacerla compatible con el uso intenso de un borde costero público, los desafíos actuales de Valparaíso requieren de ideas equivalentes, de proyectos concretos capaces de canalizar los planes de inversión portuaria por medio de propuestas que manejen la complejidad, que reconozcan las potencialidades urbanas del borde costero, y le den forma.

Junto a esto, y quizás más importante, se requiere que el Estado comprenda este conflicto en su real dimensión, aquilate el cambio de paradigma, y vea en él una oportunidad para generar bienes públicos urbanos por medio de las necesarias obras que permitirán mantener la capacidad portuaria de Valparaíso.

De-limites-y-patrimonio-urbano-02Fig. 3 Nueva Plaza Aduana Fiscales. Proyecto de Título de Pedro Pablo Contrucci. Profesor Guía: Emilio De la Cerda.

De-limites-y-patrimonio-urbano-03Fig. 4 Parque Deportivo Barón. Reconversión de Industria Ferroviaria de Valparaíso. Proyecto de Título de Esteban Arteaga. Profesor Guía: Emilio De la Cerda.

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Publicado en

Proyecto Ciudad: Valparaíso
Octubre 2015

Autor

Emilio De la Cerda. Arquitecto y Magíster en Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, 2006. Socio de la oficina OWAR Arquitectos desde 2005. Secretario Ejecutivo del Consejo de Monumentos Nacionales de Chile entre 2011 y 2014. En la actualidad es el Director de la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Notas

1 Consejo de Monumentos Nacionales. «Nomination of Valparaíso as a World Heritage Site». UNESCO . Notebooks of the National Monuments Council, Second Series nº70. 1st Edition, 2004.

2 El Comité del Patrimonio Mundial estimula al Estado Parte a continuar sus esfuerzos en orden a inventariar y proteger la infraestructura relacionada a los usos históricos del sector portuario y de los sistemas de transporte. Alienta además (further encourages) al Estado Parte a desarrollar planes de manejo y conservación (conservation management plans) en toda el área marítimo – portuaria. Decisión: 27 CO M 8C.4127ª Reunión Ordinaria en París, en la Sede de la UNESCO, 2003.

3 The International Council on Monuments and Sites (ICOMOS), The International Centre for the Study of the Preservation and Restoration of Cultural Property (ICCROM) y The International Union for Conservation of Nature (UICN).

4 «El Comité del Patrimonio Mundial invita a los Estados Partes en la Convención a que informen, a través de la Secretaría, de sus propósitos de iniciar o autorizar, en una zona protegida por la Convención, obras de restauración considerables o nuevas edificaciones que pudieran modificar el Valor Universal Excepcional del bien. En tal caso, la notificación se deberá efectuar lo antes posible (por ejemplo, antes de la redacción de los documentos básicos de proyectos específicos) y antes de que se tomen decisiones difícilmente reversibles, a fin de que el Comité pueda participar en la búsqueda de soluciones adecuadas para garantizar la plena conservación del Valor Universal Excepcional del bien». Directrices Prácticas para la Aplicación de la Convención del Patrimonio Mundial UNESCO. Comité Intergubernamental para la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural. Centro del Patrimonio Mundial. WHC. Enero 2008.

5 Decisión: 37 com 7B.95. 37ª Reunión Ordinaria en Nom Pen, Camboya, 2013.

6 Decisión: 38 com 7B.41. 38ª Reunión Ordinaria en Doha, Qatar, 2014.

7 En cuanto al Terminal 2, se trata de un proyecto de expansión portuaria que contempla la habilitación de una plataforma de 17,8 hectáreas y un frente de atraque de 725 metros, que se desarrolla entre el espigón y la calle Edwards, en pleno centro de la ciudad. La envergadura de esta obra de ingeniería y el farellón de contenedores de 13 metros de altura que se formará en la zona para la transferencia de carga, aislarán de manera permanente a Valparaíso de su mar, el cual quedará escondido e inaccesible detrás de una cortina de hierro multicolor. Junto a lo anterior, el proyecto supone el reingreso masivo de camiones al centro de Valparaíso, los que deberán sortear el complejo nudo de plaza Sotomayor para asegurar la accesibilidad al nuevo terminal portuario. Para el caso del sector Barón, y asociado a la bodega Simón Bolívar, se propone la construcción de un centro comercial que asimila parcialmente la estructura patrimonial de 455 metros lineales y que supone la entrega en comodato de estos paños fiscales a un consorcio privado. Este proyecto comercial propone la habilitación de una costanera de 840 metros que daría continuidad a los 1.722 metros lineales del paseo Wheelwright, pero que quedaría luego cortada por la zona de expansión del Terminal 2. Aislado por el paso en superficie del Metro de Valparaíso y del ferrocarril de carga, en la práctica se trata de un islote privatizado frente al mar, con sólo dos puntos de acceso en sus extremos: las convenientemente bautizadas plaza Barón y plaza Francia.

8 Si bien distintas en su alcance y definición formal, en esa línea de pensamiento ya se han planteado algunas propuestas, las más recientes de Boris Ivelic, Alberto Texido y Gonzalo Undurraga, Puerto para Ciudadanos o la desarrollada por las Escuelas de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Universidad de Chile, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y Universidad de Valparaíso, en el contexto de la XIX Bienal de Arquitectura y Urbanismo, en abril de 2015.

9 «Nos referimos a Lautaro Rosas Andrade (1876-1932), quien fue titular de la Municipalidad entre octubre de 1928 y octubre de 1930, y en tal calidad encabezó realizaciones de tal magnitud que en su conjunto constituyen el último momento de esplendor porteño, antes de entrar en una fase de estancamiento y paulatino declive, a lo largo de la segunda mitad del pasado siglo». Castagneto, Piero. Monografía Histórica de Valparaíso. 1910-2010. (Viña del Mar: Ediciones Altazor, 2011), 57.

Bibliografía

CASTAGNETO, Piero. Monografía Histórica de Valparaíso. 1910-2010. Viña del Mar: Ediciones Altazor, 2011.

Consejo de Monumentos Nacionales. Nomination of Valparaíso as a World Heritage Site. UNESCO. Notebooks of the National Monuments Council, Second Series nº70. 1st Edition, 2004.

Comité del Patrimonio Mundial. «Decisión: 27 COM 8C.41». 27ª Reunión Ordinaria en París, en la Sede de la UNESCO, 2003.

Comité del Patrimonio Mundial. «Decisión: 37 COM 7B.95». 37ª Reunión Ordinaria en Nom Pen, Camboya, 2013.

Comité del Patrimonio Mundial. «Decisión: 38 COM 7B.41». 38ª Reunión Ordinaria en Doha, Qatar, 2014

Comité Intergubernamental para la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural. «Directrices Prácticas para la Aplicación de la Convención del Patrimonio Mundial UNESCO». Centro del Patrimonio Mundial. WHC. Enero 2008.

Lecturas recomendadas

Who Cares for Chilean Cities?
ARQ 73 | Valparaíso

El incendio del 13 de abril de 2014 no sólo trajo al debate país a ese Valparaíso que habitualmente es invisible a los ojos del turista, sino que también abrió una ventana para que se volviera a pensar ‘en’ Valparaíso como un todo. Paradójicamente, la catástrofe sobre una parte hizo aparecer a la ciudad completa.

Proyecto Ciudad: Valparaíso viene a dar a conocer el pensamiento desarrollado al interior de la academia sobre el futuro de la ciudad de Valparaíso, a través del trabajo realizado por investigadores, profesores y estudiantes de cuatro escuelas de arquitectura –la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), la Universidad de Chile (UCH) y la Universidad de Valparaíso (UV)– quienes se hacen parte del debate sobre los problemas y desafíos de la ciudad puerto a través de investigaciones, análisis críticos y, por sobre todo, propuestas. Esta publicación cuenta con textos de académicos como Marco Ávila, Emilio De la Cerda, Alberto Fernández, Sebastián Gray, Boris Ívelic, Iván Ívelic, Lautaro Ojeda, Iván Poduje, Elke Schlack, Agustín Squella, o Alberto Texido, entre muchos otros.

Finalmente Proyecto Ciudad: Valparaíso presenta parte del trabajo colaborativo realizado entre las universidades ya mencionadas, formalizado a través de una propuesta conjunta denominada «El Valparaíso que sí queremos», que fue presentada en un pabellón construido en el Palacio Subercaseaux de la ciudad de Valparaíso, en el contexto de la XIX Bienal de Arquitectura y Urbanismo de Chile de 2015. Se trata de un esfuerzo inédito de trabajo colectivo, en el que la producción académica se puso al servicio de la esfera pública a través de una visión conjunta que junto con demostrar el potencial efecto negativo de los planes actualmente en curso para la ciudad propone, en base a las mismas reglas, una contrapropuesta para el futuro de la ciudad puerto.

Extracto de la introducción.

Francisco Quintana, Francisco Díaz.

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Disponible
Precio: $17.000

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Autores: Francisco Quintana (ed.), Francisco Díaz (ed.)

Textos en español, fotografías e imágenes duotono y a color, planos, esquemas
Páginas: 208
Formato: 17,5 x 24 cm.
Peso: 0,6 kg. aprox.
ISBN: 978–956–9571–12–1

Índice

Prólogo / Agustín Squella

Introducción / Francisco Quintana, Francisco Díaz

Valparaíso: Línea de tiempo / Melisa Miranda

1 — Borde Costero

De límites y patrimonio urbano. El caso del borde costero de Valparaíso / Emilio De la Cerda

Expansión infraestructural e invisibilidad urbana: una alternativa compatible para Valparaíso / Alberto Texido, Gonzalo Undurraga

Parque de Mar Puerto Barón / Boris Ivelic, Edison Segura

El Mall Puerto Barón: la relación no resuelta entre la ciudad y el puerto de Valparaíso / Nicolás Stutzin

Rambla de Las Delicias Valparaíso. Consolidar una medida urbana desde un orden geográfico / Sandra Iturriaga

2 — El Plan

Espacios de mercados en Valparaíso / Elke Schlack, Cristhian Figueroa

El Plan de Valparaíso respecto del tono único de la circulación / Marco Ávila, Andrés Oyarzún

Los conjuntos habitacionales de vivienda colectiva como modelo de revitalización urbana: barrio El Almendral de Valparaíso / Iván Ivelic, Mauricio Puentes

Operaciones e intervenciones en Barrio Puerto / Alberto Moletto, Sebastián Paredes

Propuesta para la restauración de un barrio patrimonial. El Almendral, Valparaíso / Sebastián Gray, Francisco Vergara

3 — Cerros y Quebradas

Urbanización como estrategia de reconstrucción segura e integración social / Iván Poduje

Cerros y quebradas: Valparaíso territorio en el tiempo / Alberto Fernández

Estructura de espacios públicos sustentables para los cerros de Valparaíso / Carolina Katz

Atlas de disrupciones urbanas: infraestructura, ecología y espacio público en las quebradas de Valparaíso / Arturo Lyon, Alejandra Bosch

Espacios públicos en ascensores de Valparaíso / Eugenio Garcés, Elisa Izquierdo, Magdalena Ulloa

Quebrada informal: lógicas, dialógicas y armaduras urbanas / Lautaro Ojeda

De caserío a barrio: el edificio de equipamiento como detonador de una identidad comunitaria / Martín Hurtado, Raimundo Arteaga

Creación de nuevo suelo público en torno a siete ascensores de Valparaíso / Martín Labbé, Francisco Chateau, Thomas Batzenshlager

Construyendo la pendiente: la memoria moderna de Valparaíso / Macarena Cortés, Thaise Gambarra

La descripción como proyecto. El levantamiento como estrategia proyectual para la intervención de piezas patrimoniales en Valparaíso / Hugo Mondragón, Fernando Carvajal

Propuesta Conjunta 4 Escuelas

El Valparaíso que no queremos

El Valparaíso que sí queremos

Pabellón Valparaíso

Fotografías de Felipe Fontecilla

Anexos

Bibliografía

Biografías

Estudiantes

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En la actualidad, el pueblo de San Pedro de Atacama, ubicado en el norte grande de Chile, es uno de los centros turísticos más importantes del país. Parte de su éxito como destino nacional e internacional es que posee un patrimonio arqueológico prehispánico importante en la zona que es reconocido y explotado como tal. Sin embargo, no sucede lo mismo con la historia reciente. Existe un cúmulo importante de evidencias materiales que dan cuenta de los primeros capitalistas asentados en San Pedro, además del recuerdo de habitantes actuales, especialmente de aquella época conocida como el tiempo de los toros, haciendo referencia a las partidas o remesas de ganado vacuno que alimentaron la expansión capitalista en la zona.

Si bien la antropología ha comenzado a estudiar estos procesos de transformación a partir de registros documentales y orales (como por ejemplo Gundermann, 2003, 2004; Morales, 2010; Núñez, 2007; Rivera, 1994, 1998; Sanhueza y Gundermann, 2007), la materialidad no ha recibido suficiente atención. Pese a trabajar desde la cultura material, la arqueología tampoco ha aportado lo suyo. Salvo esfuerzos aislados de expertos locales como los de Eva Siárez, poco sabemos del rol que esta ha jugado en los variados procesos sociales que acontecieron en los oasis de San Pedro de Atacama y cómo las poblaciones locales se fueron relacionando con dichos procesos para convertirse en lo que son hoy en día.

En este artículo¹ agregamos una visión arqueológica a la comprensión de la expansión capitalista en los oasis de San Pedro de Atacama a partir del estudio de sus restos materiales, particularmente de su arquitectura. Manteniendo un constante diálogo con las fuentes orales, creemos que la materialidad del tiempo de las remesas en los oasis de San Pedro puede aportar información clave que cuestione la invisibilidad de la historia reciente en la vida actual de sus habitantes.

Arquitectura-de-remeseros-01bFig. 1 Mapa de los oasis de San Pedro de Atacama indicando conjuntos habitacionales y complejos remeseros. Fuente: Dibujo realizado por Paulina Chávez. 1. Catarpe / 2. Solcor Farolo / 3. San Miguel / 4. Mostajo Yaye / 5. Don Isidoro / 6. CONAF / 7. Corral de Toros / 8. Sota / 9. Callejón de Toros / 10. Gavia / 11. Polanco / 12. Patrón Costa / 13. Tchecar / 14. Séquitor / 15. Solor

El pasado reciente en San Pedro de Atacama.

Durante las últimas décadas del siglo xix, la sociedad atacameña sufrió un cambio dramático en sus modos de subsistencia transitando de una economía fundamentalmente agro-pastoril a una más diversificada con base capitalista (Núñez, 2007). El motor de dicha transformación fue la instalación de grandes industrias en la región: el mineral de plata de Caracoles, los cantones salitreros de Pampa Central y El Toco, y posteriormente, el yacimiento cuprífero de Chuquicamata. Mayoritariamente, la población indígena local afianzó la arriería como estrategia mercantil para surtir de ganado y otros bienes a los enclaves mineros. Grandes remesas de vacunos llegaban a San Pedro de Atacama para luego ser distribuidos hacia los centros industriales. Los arrieros, ahora remeseros y peones que realizaban estas labores, eran contratados por casas comerciales o firmas importadoras ubicadas en esta localidad o en Antofagasta (Sanhueza, 2012).

El tráfico de ganado implicó también una inusitada demanda en forraje para el engorde de los animales. La producción de alfalfa en San Pedro de Atacama se multiplicó y las tierras indígenas comenzaron a ser adquiridas y a concentrarse en manos de grandes propietarios que, a su vez, requirieron de una creciente mano de obra agrícola temporera (Núñez, 2007; Sanhueza y Gundermann, 2007). Sin descuidar el intercambio y comercio atacameño de productos tradicionales con poblaciones indígenas de las regiones vecinas, los habitantes locales aprovecharon las nuevas oportunidades de la época gloriosa de los toros hasta la década de 1930 (Castro y Varela, 2000; Núñez, 2007; Sanhueza y Gundermann, 2007; Cárdenas, 2007). En ese entonces, la crisis económica mundial impactó la industria salitrera y la demanda de ganado decayó considerablemente. Poco tiempo después, en los años 40, la instalación del ferrocarril Salta-Antofagasta absorbió el tráfico vacuno que había logrado sobrevivir, marginando a San Pedro de Atacama del lucrativo negocio de las remesas.

El capital arquitectónico: la evidencia material de la época de las remesas.

La evidencia material de la época de las remesas en San Pedro de Atacama se compone de objetos que los habitantes conservan en sus casas, pero más importantemente, de restos arquitectónicos de grandes dimensiones que, irónicamente, han permanecido invisibles a la academia o al discurso de reivindicación étnica actual y, por ende, a discursos patrimoniales. Literalmente corresponden al capital que comenzó a ostentarse por los empresarios y comerciantes que arribaron a la zona, pero que fue igualmente constitutivo de la experiencia diaria de los habitantes locales y migrantes asociados al nuevo orden económico.

Arquitectura-de-remeseros-02Fig. 2 Mapa del centro de San Pedro de Atacama indicando casas asociadas al tiempo de las remesas. Fuente: Dibujo realizado por Paulina Chávez. 1. Familia Abaroa / 2. Familia Yutronic / 3. Familia Álvarez / 4. Gumercinda Hoyos / 5. Familia Ivanovic / 6. Familia Polanco / 7. Herrería / 8. Hotel

Se trata de tres grandes unidades: el conjunto habitacional, el complejo remesero y las casas del pueblo. Todas ellas se ubican en los ayllus que forman el oasis de San Pedro de Atacama y algunos, incluso, al interior del límite urbano actual o en el mismo casco antiguo del pueblo (figs. 1 y 2). Estos verdaderos complejos arquitectónicos desafían la agencia invisible de la historia reciente en la vida actual de los habitantes locales. Es más, desafían la unilinealidad de los procesos identitarios de la población atacameña y generan preguntas acerca de las dinámicas a través de las cuales el patrimonio del pasado contemporáneo se constituye (o no) como tal.

Los cuatro conjuntos habitacionales identificados hasta ahora –Polanco, Tchecar, Catarpe y Mostajo Yaye–, corresponden a lugares donde habitaron personas que tenían vinculación económica con el tráfico de ganado, ya sea como dueños/agentes de las remesas o bien como productores de alfalfa necesaria para la mantención de las grandes cantidades de animales que pasaban por San Pedro (fig. 1). Todos están compuestos por una estructura de habitaciones con área de actividad diferenciada, patio, corral doméstico y, eventualmente, melgas de cultivo asociadas. No obstante lo anterior, la estructuración interna de los espacios varía. Cada complejo está construido en adobe y tiene techumbre a un agua (excepto Mostajo Yaye), presentan ángulos en los vanos, tanto de puertas como ventanas, así como revoque en todas las paredes, generalmente por el interior y el exterior. Respecto a los patios y corrales, estos son construidos con adobones o con una combinación de adobones, adobes y eventualmente bolones.

Arquitectura-de-remeseros-03Fig. 3 Conjunto habitacional Polanco, Ayllu de Yaye. Fotografía: Proyecto FONDECYT N°1120087. / ↑ Tabla 1

Tal como se observa en la tabla 1, existen claras diferencias entre los complejos habitacionales relevados. Polanco destaca por su estructuración, complejidad interna, tamaño de los espacios y accesos. Tiene las habitaciones más grandes, lo que es concordante con el mayor tamaño de los espacios públicos como el patio y corrales domésticos (figs. 3 y 4). Esto se relaciona con el número de personas que habitaron este conjunto habitacional, pero también con su posición económica y social que se demuestra no solo en el tamaño de la casa, sino en la altura de las paredes, vanos, ventanas y terminaciones. Los conjuntos de Tchecar, Catarpe y Mostajo Yaye son sin duda más modestos, tanto en el número de personas que los habitaron como en los recursos invertidos en su construcción, lo que se advierte en el tamaño de los espacios construidos, en la altura de las paredes y sus terminaciones. La estructuración de los espacios sigue el patrón local, con un solo volumen rectangular y accesos por medio de un patio.

Arquitectura-de-remeseros-04Fig. 4 Planta conjunto habitacional Polanco. Escala original 1:500. Levantamiento realizado por Alex Paredes.

Hasta ahora hemos identificado trece conjuntos arquitectónicos que corresponden a esta denominación, dos de los cuales coexisten con los conjuntos habitacionales de Catarpe y Mostajo Yaye. El complejo remesero responde a un conjunto de estructuras compuestas por un gran canchón, estructura cuadrangular con altos muros de adobe asociados a una pequeña casa también de adobe, ubicada dentro o fuera del canchón, y eventualmente un área cercada por grandes adobones que funcionaba como corral. Estos se ubican en los ayllus de Catarpe, Yaye, Tchecar, Solor, Séquitor, pero principalmente en Solcor (fig. 1).

Arquitectura-de-remeseros-Tabla-02Tabla 2

El tamaño de los canchones es variable, pero como lo refleja la tabla 2, se observan tres rangos: inferior a 400 m², entre 450-800 m² y sobre 1.000 m². Los muros están construidos en adobe con alturas que oscilan entre los 3 y 4 m y, por lo general, están levantados sobre un zócalo de bolones de río. Los adobes están dispuestos transversalmente, por lo que el ancho del muro coincide con el largo de los adobes. Las casas asociadas a los canchones son estructuras rectangulares, también de adobe, que pueden encontrarse tanto fuera del canchón como adentro, adosada a una de sus paredes. Sus dimensiones son muy variables, entre los 20 y 53 m² y por lo general tienen la pared interna con revoque. El techo es a un agua, a excepción de Catarpe donde el techo es a dos aguas² (figs. 5 y 6). La alta estandarización del complejo remesero en términos de su composición contrasta con la gran diversidad en términos constructivos. Los adobes de distinto tamaño y composición, así como los detalles de sus terminaciones (arcos, coronas y torreones), sugieren la presencia de distintos constructores y eventualmente de diferentes dueños. La funcionalidad de los canchones no es del todo clara, si bien su relación con el tiempo de las remesas de toros es incuestionable. Manejamos dos propuestas: corrales o almacenaje de pastos. De hecho, la regularidad en los tamaños y composición de estos conjuntos alude a una homología funcional, sin embargo hay ciertos detalles que sugieren usos diferenciados. Uno de los más notorios es el ancho de los vanos de acceso a los canchones, lo que podría tener que ver con un uso ligado al manejo de animales, puesto que vanos de acceso más anchos pueden ser más convenientes. En cambio, aquellos con vanos de acceso notoriamente más estrechos podrían estar asociados a un uso como lugar de acopio de grandes cantidades pastos, elemento fundamental para el funcionamiento del sistema remesero.

Arquitectura-de-remeseros-05Fig. 5 Conjunto habitacional y complejo remesero Catarpe, Ayllu de Catarpe. Fotografía: Proyecto FONDECYT N°1120087.

Arquitectura-de-remeseros-06Fig. 6 Planta conjunto habitacional y complejo remesero Catarpe. Escala original 1:500. Levantamiento realizado por Alex Paredes.

Respecto a las casas del pueblo, hemos podido identificar al menos once construcciones que habrían estado en uso en el tiempo de las remesas de toros (ver Siárez 1998, 2009, 2013). Se trata de casas de fachada continua, ubicadas dentro del casco antiguo de San Pedro e insertas en el trazado de damero del pueblo, tal como se observa en la tabla 3. Estas cumplen funciones residenciales, correspondiendo a la casa-habitación de los grandes empresarios remeseros, como también a la venta de bienes y servicios³.

Arquitectura-de-remeseros-Tabla-03Tabla 3

Dentro de las estructuras habitacionales destacamos las residencias de las familias Ivanovic, Álvarez, Abaroa y Polanco localizadas en calles centrales como Caracoles, Tocopilla y Gustavo Le Paige (fig. 7). Las fachadas de estas construcciones presentan altos muros de adobe, algunas veces con terminaciones (molduras) y puertas de pino oregón de una o dos hojas, que en tres casos se ubican en esquinas, dando paso a un zaguán que conecta con un patio interior. Claramente, la mayoría de los rasgos constructivos son de influencia colonial hispana también presentes en muchas otras viviendas locales, pero difieren en su tamaño y en la calidad de las terminaciones. Esta situación se repetiría con el equipamiento interno de las residencias mediante lámparas de lágrima tipo araña (Siárez, 1998, 2009).

Arquitectura-de-remeseros-07Fig. 7 Residencia Familia Abaroa, San Pedro de Atacama. Fotografía: Proyecto FONDECYT N°1120087 / ↑ Fig. 8 Residencia/Pulpería Almonte/Yutronic. Fotografía: Proyecto FONDECYT N°112008

En cuanto a los inmuebles que cumplieron una segunda función además de la habitacional, encontramos la casa ubicada en la intersección de las calles Tocopilla con Gustavo Le Paige (esquina NE), que originalmente era de la familia Almonte y que, posteriormente, fue vendida a Pedro Yutronic, quien instaló allí una pulpería (fig. 8). Cabe destacar como detalle constructivo que aún se preserva una argolla de metal para amarrar caballos. Otro caso es el de la residencia de Gumercinda de Hoyos, secretaria del Sr. Abaroa, que se ubica en la intersección de la calle Toconao con Gustavo Le Paige, frente a la plaza, y que también funcionaba como oficina administrativa para dicha empresa (Siárez, 2009).

Por último, datan también de este momento, el inmueble ubicado en el sector sur de la plaza donde funcionaba un hotel y restaurante cuya dueña era Sara Arancibia de Álvarez (Siárez, 2009). Esta función se ha mantenido hasta el presente. Un poco más alejada del centro del pueblo, casi al final de calle Caracoles, en dirección oeste, se ubica la herrería.

Conservación, reciclaje y memoria del espacio construido.

La localización de la arquitectura remesera en San Pedro de Atacama ha sido determinante en el estado de conservación de las estructuras. Por situarse en un radio urbano han estado expuestas al constante trajín de habitantes locales y, desde las últimas décadas, de la creciente afluencia turística. Ello explica que el complejo mejor conservado sea el de Catarpe, pues se ubica en el ayllu más alejado del pueblo. Pero la mayor o menor exposición de las construcciones también está ligada al manejo que han tenido desde que su uso original quedó descontinuado, independientemente de si están o han estado en manos de sucesiones de sus dueños originales, familias atacameñas, familias no atacameñas, organismos estatales o empresas privadas.

Las historias de vida de cada estructura varían, siendo unas trayectorias más complejas que otras (ver tablas 1, 2 y 3). Encontramos al menos tres situaciones que se repiten y que no son mutuamente excluyentes: la reutilización ligada a su función original, la reutilización con función distinta a la original y el reciclaje de materiales constructivos para otros fines. Con respecto a la primera, se observan complejos habitacionales y casas del pueblo que se usan nuevamente como viviendas. En algunos casos se les hacen adiciones, en otros se ocupan parcialmente algunos recintos con menor o mayor grado de intervenciones, desde rayados de paredes a instalación de pisos de baldosas y mosaicos. Por su parte, los canchones se reutilizan como corrales de ovejas y caballos, estos últimos tanto de uso doméstico como turístico.

En cuanto al nuevo uso de estructuras con función distinta a la original, la gama es amplia. Polanco es el complejo habitacional más versátil, pues según relatos de habitantes locales se volvió a ocupar como hospital y posteriormente como recinto de ejercicios militares durante la dictadura. En tanto, los canchones han sido mayoritariamente reciclados como viviendas, pero también con funciones tan diversas como taller mecánico o como acceso a un hotel cinco estrellas (fig. 9). Las casas del pueblo, debido a su ubicación céntrica, han sido ocupadas con fines comerciales –preferentemente restaurantes, tiendas y hostales– o bien han albergado a organismos públicos como una escuela básica, el retén de Carabineros o el Departamento de Obras Públicas del municipio. Esta categoría ha producido intervenciones agresivas en las estructuras ya que han implicado cambios estructurales de diversa magnitud.

Arquitectura-de-remeseros-09Fig. 9 Acceso a Hotel Tierra Atacama a través de complejo remesero Corral de Toros, Ayllu de Yaye. Fotografía: Proyecto FONDECYT N°1120087

Finalmente, el reciclaje de materiales constructivos de las estructuras es la forma de reutilización más radical de esta arquitectura, puesto que en varios casos ha significado el desarme completo de muros. En la mayoría de los casos los adobes son reutilizados para la construcción de viviendas debido a su gran calidad, llegando a medir casi el doble de los que se fabrican en la actualidad. Los canchones han sido las estructuras más afectadas por estas prácticas, de hecho, Séquitor y Patrón Costa conservan apenas fragmentos de muro y un vértice en pie, respectivamente (fig. 10). Asimismo, existen varios testimonios de otros canchones que no hemos podido detectar debido a la imprecisión de los mismos relatos, que bien podrían estar completamente desarmados.

Arquitectura-de-remeseros-10Fig. 9 Complejo remesero Séquitor desarmado y rearmado como casucha, Ayllu de Séquitor. Fotografía: Proyecto FONDECYT N°1120087

Recordar viviendo.

La continuidad en el uso de las estructuras remeseras, por más diverso que sea, contribuye a distanciarlas de la categoría ruina –sobre todo arqueológica–, comúnmente asociada al tiempo pre hispano. En la práctica, estos espacios están insertos en la experiencia cotidiana de manera dinámica, cuestión que aparentemente impide que sean significados del mismo modo que los restos de los antepasados más lejanos ya que, pese a su deterioro, siguen estando en uso y, en ese sentido, están vivos. Esta condición no ha impedido que sean recordados como parte de un tiempo glorioso y de gran abundancia, aspecto que también reconocen y reproducen las generaciones más jóvenes.

Lo que encontramos es básicamente un relato incompleto, lleno de enmiendas y recuerdos velados de dos tipos de informantes: quienes se quedaron en Atacama y quienes se fueron, aquellos reconocidos como la primera generación descendiente del tiempo de las remesas⁴. En ambos casos son testimonios de infancia, desde los años veinte a los cuarenta. No saben con certeza para qué se utilizaban los canchones, aunque en su mayoría coinciden en que servían de
bodegas para guardar pasto, herramientas o carretas. A propósito del pasto, concuerdan en que prácticamente todo el suelo fértil de San Pedro se destinaba al cultivo de alfalfa para la venta. En ese sentido, el cubicaje de los canchones resulta indicativo de los grandes volúmenes de pasto que se estaban acumulando y eso podría acercarnos al verdadero capital que manejaba la población local. Sabemos que el grueso de los atacameños no fueron responsables de la construcción de los canchones ni habitaron las opulentas residencias, pero bien pudieron suplir de pasto a los empresarios. Sin embargo, en la actualidad no existe evidencia de que ningún atacameño en particular se haya enriquecido gracias a esta actividad.

En cambio, existe el recuerdo de los Yutronic, la familia más reconocida de la época debido a la pulpería que administraban en el centro del pueblo. Todos los testimonios recogidos subrayan cómo esta familia se hizo de tierras a través de un sistema de deudas. Deseosos por adquirir bienes importados tales como herramientas, monturas de cuero, ropa de trabajo o alimentos envasados y artículos de bazar, muchos clientes atacameños que no contaban con efectivo firmaron pagarés que luego no pudieron solventar, cediendo tierras para saldar sus deudas. La mayoría de los entrevistados hace extensiva esta práctica a otras familias capitalistas asociadas con los Yutronic, ya fuera por filiación o afinidad política y comercial. Particularmente identifican a los yugoslavos o austríacos como timadores que, luego de quitarles sus tierras, las destinarían al negocio de las remesas, vale decir, a la producción exclusiva de pastos.

En las antípodas del recuerdo se sitúa a la familia Abaroa. A diferencia de sus pares extranjeros y advenedizos en el territorio, la familia Abaroa es considerada por los informantes nonagenarios como ‘gente de acá’ o derechamente atacameños. Testimonios de gente más joven, de unos 60 años a menos, así como la historia oficial, los sindica como bolivianos. De hecho, al igual que otras familias acomodadas como los Hoyos o de los Ríos, los Abaroa provenían de la recién anexada república boliviana. Cualquiera sea su origen étnico, de los relatos se desprende un recuerdo nacionalizado del territorio. Tal vez, eso nos permite hablar de la consolidación simbólica del territorio chileno durante esta época. A nivel identitario es relevante que a los Abaroa se les recuerde como capitalistas generosos y participantes activos de todas las actividades culturales y religiosas de Atacama, pero, por sobre todo, como atacameños.

La cuestión patrimonial.

Siguiendo a Smith, el patrimonio no es algo dado sino un «discurso patrimonial autorizado» (2006, p. 11). Más que una cuestión con significados y valores definidos, la autora dice que es una práctica inherentemente política y discordante que evidencia la práctica cultural del presente. Puede ser utilizado por diferentes grupos e individuos con distintos propósitos o grados de hegemonía y legitimidad, por ello se trata más bien de un proceso tremendamente dinámico. En ese contexto, la invisibilidad metafórica de la arquitectura de la expansión capitalista en San Pedro de Atacama adquiere sentido.

Tal como lo señala Gundermann, las comunidades atacameñas vienen enfrentando los vertiginosos cambios impuestos por el proceso de modernización a través de una «retórica de la nostalgia» (2004, p. 231). Esta se traduce en una idealización esquemática del pasado ancestral que ha venido de la mano con acciones colectivas de reivindicación étnica como resultado de políticas estatales no solo en San Pedro de Atacama, sino en varios espacios con población indígena de la nación chilena. En ese contexto, no cabe duda que la investigación arqueológica del pasado prehispánico ha jugado un rol activo al momento de alimentar no solo el contenido de dichas reivindicaciones, sino también el auge de la industria del turismo y el exotismo cultural (Ayala, 2008). En otras palabras, diversos grupos e individuos han contribuido a autorizar un discurso patrimonial donde la modernidad no tiene cabida en el estilo de vida atacameño.

Sin embargo, los restos materiales del tiempo de las remesas, así como los recuerdos asociados a ellos, tienden a indicar lo contrario, aunque dentro de una compleja articulación de presencias y ausencias, ganancias y pérdidas. La arquitectura múltiple, monumental y ostentosa evoca una época de abundancia en dinero y carnes, mientras que vastas extensiones de eras –secas y abandonadas–, recuerdan tierras cultivables arrebatadas. Ambas son ineludibles, evidenciando que como sujetos somos socializados en un mundo físico compuesto de objetos materiales que nos presentan marcos de acción a través del habitus (Miller, 1987 en el sentido dado por Bourdieu, 1977). De esta manera, se puede hablar también de un habitus material (Meskell, 2005) en relación al mundo que es concebido y estructurado por las personas, pero que también es formador de la experiencia humana en la práctica diaria.

Entonces, aunque convengamos que la arquitectura de remeseros en San Pedro de Atacama está lejos de ser un dominio visible, lo interesante es que esa misma invisibilidad discursiva le confiere la capacidad de proveer los marcos de acción para los habitantes de los oasis. En otras palabras, la humildad de estos objetos inmuebles hace que pasen desapercibidos, pero no por ello los hace menos constitutivos del ser atacameño (Miller, 1987). Poco a poco la modernidad ha pasado a formar parte de la vida atacameña ya que los procesos de transformación que se aceleran en los albores del siglo xx se revelan sinuosos y vertiginosos. Un espacio de acomodación y negociación constante –aunque no siempre feliz– en los intersticios de la expansión capitalista.

La arqueología puede contribuir a poner de manifiesto el lado más oscuro de esos procesos, aquel que margina, traiciona y, en el peor de los casos, aniquila a las comunidades con las cuales trabajamos (González-Ruibal, 2009). La arqueología del pasado remesero trata un momento clave para la población atacameña: tal vez no la primera, pero tampoco la última y extensiva pérdida de tierras ancestrales. Las marcas están ahí, inscritas en una arquitectura armada, desarmada y vuelta a armar; visible e invisible, humilde y sorprendente.

Agradecimientos.

Queremos expresar nuestra gratitud a las comunidades atacameñas y a todos quienes abrieron generosa y literalmente las puertas de sus hogares para compartir saberes, objetos y recuerdos. Agradecemos especialmente a Eva Siárez y Magdalena Gutiérrez, quienes colaboraron estrechamente con nuestra investigación, y a todos los integrantes del proyecto FONDECYT n° 1120087 que contribuyeron con el registro de las estructuras.

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Diciembre 2014

Artículo realizado por

Flora Vilches Clarke. Profesora, Departamento de Antropología, Universidad de Chile, Santiago, Chile. / Lorena Sanhueza. Profesora, Departamento de Antropología, Universidad de Chile, Santiago, Chile. / Cristina Garrido. Antropóloga, Universidad Austral de Chile, Valdivia, Chile.

Notas

1 Esta investigación se enmarca en el proyecto FONDECYT N° 1120087 «Expansión capitalista e identidad en los oasis de San Pedro de Atacama, 1880-1980: un enfoque interdisciplinario».

2 Los nombres de los canchones no son los originales. Analíticamente los hemos denominado de acuerdo a cómo los habitantes locales se refieren a ellos (*); el ayllu donde se localizan (**); el propietario o administrador actual (***); o el propietario original (****).

3 Los nombres de los canchones no son los originales. Analíticamente los hemos denominado de acuerdo a cómo los habitantes locales se refieren a ellos (*); el ayllu donde se localizan (**); el propietario o administrador actual (***); o el propietario original (****).

4 Los relatos a los cuales se alude en este texto provienen de un total de nueve informantes entrevistados en 2012, y de otros seis entrevistados entre los años 1996-1998 y 2008-2010.

Referencias bibliográficas

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Bibliografía

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MILLER, Daniel (ed.). Materiality. Durham, Duke University Press, 2005.

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Deserta | Ecología e industria en el desierto de Atacama

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«Cada año usamos maderas que vienen de otras casas… como una semilla.

¿Cómo ordenan los fragmentos que constituyen la Posa y a la vez la designan? Cada uno de los troncos no es un mero elemento de intersección entre la superficie de una pared y el instante donde esa pared termina. Cada listón era ya antes y será después una forma explosionada.

Cada una de las maderas viene de muchas otras y anteriores construcciones. Una vez terminado el pretexto de esta edificación, el edificio mismo deberá desaparecer. Pero en verdad es ya imposible que desaparezca lo ya disuelto. Cada tronco volverá a ser esquina, volumen o intersección porque antes ya fue valla, pared, arbotante o perchero.

Una paradoja entre otras que interrogan la naturaleza de este cuarto es el hecho de que no pueda ser completamente destruido sino tan solo restituido».

Juan Muñoz. «De las semillas». En: La Posa.

Casa-Barrios-Bajos-01Fig. 1 Vista del espacio interior intervenido. Fotografía: Felipe Fontecilla.

Casa-Barrios-Bajos-02Fig. 2 Vista del espacio interior intervenido. Fotografía: Felipe Fontecilla.

La casa que nos ocupa se comenzó a construir en 1960 en Valdivia poco antes del gran terremoto y tsunami que asoló a la región. Al momento de la catástrofe estaba en tijerales. En aquella época se diseñó y pensó como una casa-departamento para familias de la clase trabajadora de la ya algo alicaída masa laboral de la industria local. Se trataba de una casa con fines de arriendo. Dos viviendas pareadas y simétricas compartían un patio común con dos lavaderos y dos pequeñas leñeras en medio de un barrio obrero conectado directamente a la industria del borde del río de Valdivia.

La casa se construyó con restos de demoliciones y saldos de otras obras. En la década de los ochenta la casa de dos departamentos pasó a ser habitada por una sola familia, la que la transformó en una vivienda única: se dejó una puerta ciega, una de las dos escaleras fue eliminada, las dos cocinas se transformaron en una y se agregaron ventanas a la fachada norte, nuevamente obtenidas de demoliciones.

Casa-Barrios-Bajos-03Fig. 3 Vista desde el patio. Fotografía: Felipe Fontecilla.

Casa-Barrios-Bajos-04Fig. 4 Planta de emplazamiento. / Fig. 5 Isométrica.

Casa-Barrios-Bajos-05Fig. 6 Planta de primer y segundo piso. / Fig. 6 Corte AA.

La presente constituye, entonces, la última capa de un palimpsesto que se ha venido dibujando siempre sobre la misma hoja, no solo en su formato sino en su materia. Resultaba evidente que la propia casa se había articulado a lo largo de su historia con una lógica no conservacionista en cada una de sus transformaciones: cada dueño o habitante le había cambiado algo destruyendo una estructura o pieza anterior. Nuestro gesto, entonces, se asemejaba a aquella antigua tradición sintoísta japonesa que cada cierto tiempo destruye sus templos para volver a levantarlos igual que el original. Allí el valor está dado no tanto por la antigüedad del templo, sino por la cantidad de veces que sus piezas o componentes han sido cambiados y hasta reemplazados.

Las reglas fundamentales del proyecto fueron mantener el formato de la casa, su perfil, su metraje y continuar la lógica del uso de materiales de esta. A partir de ello, la necesidad de rehabilitarla fue la excusa para reformularla. La casa debía abrir su fachada norte hacia el patio trasero. Esto permitiría aumentar su profundidad incorporando el patio como un gran espacio complementario. Las habitaciones del segundo piso debían cambiar de orientación. Una galería hacia la calle sur dejaría las piezas orientadas hacia el patio norte. El resultado fue una renovación casi inadvertida para los vecinos históricos del barrio. La idea de conservar un cierto patrimonio se sustentaba en preservar y refinar el formato de aquello que rodeaba al proyecto: ciertas tipologías, una escala, la permanencia en el tiempo de unas formas propias del lugar, características que son testimonio de una probada adaptación urbana y climática. Todas las modificaciones que ha experimentado la casa son tan solo el resultado de la adaptación de la casa a un nuevo hogar, a un nuevo estilo de vida que la habita.

Casa-Barrios-Bajos-00Fig. 7 Vista desde el patio. Fotografía: Felipe Fontecilla.

Casa-Barrios-Bajos-07Fig. 7 Vista del área de circulaciones. Fotografía: Felipe Fontecilla.

Casa-Barrios-Bajos-08Fig. 9 Vista del espacio interior intervenido. Fotografía: Felipe Fontecilla..

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Diciembre 2014

Ficha técnica

Arquitecto: Pablo Ojeda / Colaboradora: Marcela Carrasco / Ubicación: Baquedano 181, Valdivia, Chile / Encargo: auto encargo / Cálculo estructural: Adolfo Castro / Construcción: Pablo Ojeda / Proyectos eléctrico y sanitario: Pablo Ojeda / Estructura: madera / Terminaciones interiores: paneles de terciado, yeso-cartón y madera / Terminaciones exteriores: planchas recicladas de zinc micro-acanalado (original existente), madera recuperada (original existente) / Presupuesto: 10 uf/m²; US$ 399/m² / Superficie de terreno: 300 m² / Superficie construida: 120 m² / Año de proyecto: 2013 / Año de construcción: 2013-2014 / Fotografía: Felipe Fontecilla

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Una pequeña casa obrera al lado de una antigua instalación industrial, un amplio templo arruinado por la naturaleza, fotos anónimas en un archivo, el recuerdo de unas rejas que cercaban un jardín urbano, modestas construcciones ganaderas en el desierto, un elegante regimiento convertido en espacio de exhibiciones: el conjunto diverso de obras que este número recoge intenta poner en evidencia la naturaleza múltiple, dispersa y heterogénea de lo que entendemos por ‘patrimonio’.

Se podría afirmar que el conjunto completo de lo que tenemos forma parte de nuestro patrimonio, en una definición ampliada y ciertamente genérica que abarcaría de paso tanto los ámbitos individuales y colectivos como aquellos privados y públicos, además de los materiales e inmateriales. Sin embargo, ese patrimonio diverso es objeto de valoraciones complejas y asimétricas, nunca homogéneas, para nada evidentes: como lo plantea el texto de Márquez y Rozas, la mayoría de las veces la definición cualitativa del patrimonio ha sido «monolítica y articulada desde el poder», con una mirada enfocada por cierto en el monumento.

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Asociada más veces de lo conveniente al conservacionismo y al discurso hegemónico, durante los últimos años la noción de patrimonio ha sido desplazada de su anterior centro y puesta en revisión. La naturaleza polifónica de la ciudad ha dado lugar a la validación de otras identidades que, desde los márgenes, han logrado instalar otros idearios, otras imágenes y otras culturas que han abierto el concepto de patrimonio hacia nuevos campos.

La primera acepción de la palabra registrada por el diccionario alude –con algo de candor– a la esfera de la familia, los bienes y las preexistencias e incluye por cierto una componente de permanencia y sedimentación: patrimonio es la «hacienda que alguien ha heredado de sus ascendientes». Acumulada en el tiempo y vinculada inequívocamente con el pasado, la heredad de la que como arquitectos participamos también tiene una proyección al futuro, en la medida que su comprensión integral incluye la generación y cuidado de una herencia para las generaciones que nos sucederán. A la pregunta por cómo cautelar lo que hemos recibido, habría que agregar otra pregunta por cómo construir –material e inmaterialmente– lo que vamos a entregar.

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Sumario
XIX Bienal Nacional de Arquitectura y Urbanismo 2015, Valparaíso, Chile
Editorial

Patrimonios / Patricio Mardones

Portafolio Galería AFA

Circa / Nicolás Franco

Lecturas, obras y proyectos

Obras en la Basílica del Salvador, Santiago, Chile / Dino Bozzi, Francisco Prado

Armería en Park Avenue, por Herzog & de Meuron / Olimpia Lira

Teatro Thalia, Lisboa, Portugal / Gonçalo Byrne, Patrícia Barbas, Diogo Seixas Lopes

La rehabilitación arquitectónica planificada / Claudia Torres

Nueva Biblioteca del Congreso Nacional, Santiago, Chile / Alejandro Beals, Loreto Lyon, Matías Zegers

Del passage a las galerías populares / Wiley Ludeña, Diana Torres

Phantom Railings, Londres, Inglaterra / Catalina Pollak

El lugar del patrimonio dominante / Francisca Márquez, Valentina Rozas, Rodolfo Arriagada

Cubierta de la antigua iglesia de Baños / Christian Brown, Paola Meneses

El tiempo de Carrières Centrales, Casablanca / Cristina García, Raúl Castellanos

Recuperación de una rectoría, Sales de Llierca, España / José Quintanilla Chala, Josep Maria Riera i Mas

Arquitectura de remeseros en San Pedro de Atacama / Flora Vilches, Lorena Sanhueza, Cristina Garrido

Casa Barrios Bajos, Valdivia, Chile / Pablo Ojeda

Noticias de la Facultad

120 Años Escuela de Arquitectura Pontificia Universidad Católica de Chile 1894-2014

Concurso Arquideas

NOA: Nature Observatory in Amazonia

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ARQ-88-08

Estrategias-re-00

En 1966, Aldo Rossi publicó La arquitectura de la ciudad¹, estudio que fue seguido de diversos textos reflexivos sobre la ciudad, publicados por la potente academia italiana de aquella época. En los intensos años de reconstrucción de la posguerra europea, la tarea de los arquitectos consistió principalmente en dar solución al problema de la vivienda en lugares arrasados por la destrucción bélica, solares devastados repletos de escombros en los que no había memoria posible que rescatar, sino, más bien, que olvidar: la ciudad era una mera tabla rasa. Frente a la vorágine de la reconstrucción, Rossi planteaba un estudio analítico de los «hechos urbanos», una llamada al orden tras una época de desmesurada –aunque necesaria– (re)construcción.

En su estudio, Rossi concibe la «construcción de la ciudad en el tiempo», donde la propia arquitectura se entiende como una creación de naturaleza colectiva que cobra sentido únicamente en el marco de la dialéctica entre el tejido y el monumento. Rossi consideraba necesario reflexionar sobre la ciudad como una construcción que se movía «entre lo particular y lo universal, entre lo individual y lo colectivo». Su estudio, presente durante décadas en las mentes de varias generaciones de arquitectos, proponía un método comparativo que elevaba casi a la categoría de dogma el estudio pormenorizado de las tipologías del habitar o la consideración de los monumentos como «signos de voluntad colectiva expresados a través de la arquitectura». A partir de ahí, en su quehacer cotidiano, el arquitecto no podía dejar de compararse con la historia ni escapar de su yugo. A las dos importantes tradiciones europeas de formación del arquitecto –la politécnica y la Beaux Arts– se añadía una tercera que, sin duda, enriquecería el discurso disciplinar: la historia. Era necesario que el arquitecto se invistiese de las galas del historiador.

Seis años más tarde, en 1972, se publica otro de los libros importantes de la segunda mitad del siglo XX: Aprendiendo de Las Vegas². Los profesores Robert Venturi, Denise Scott Brown y Steven Izenour llevaron a cabo en 1968 un estudio sobre la ciudad de Las Vegas junto a varios estudiantes de la Escuela de Arquitectura de Yale University, estudio que publicarían años más tarde. En la estela de la exposición y el catálogo que en 1964 publicara Bernard Rudofsky dedicado a esa otra tradición de la arquitectura anónima y popular, la arquitectura sin arquitectos³, Aprendiendo de Las Vegas dejaba de mirar en la historia disciplinar para buscar en la tradición vernácula cierta legitimación para la arquitectura contemporánea. El estudio se adentraba en los mecanismos de construcción de una ciudad contemporánea ejemplificada en Las Vegas, una ciudad creada prácticamente de la nada, en pleno desierto de Mojave. Lo que planteaba el estudio era una nueva manera de mirar imparcial al entorno construido; al contrario de lo que había hecho el arquitecto moderno, que pretendía cambiar el entorno, la mirada sobre Las Vegas es indagadora. Si el recurso de mirar hacia atrás estuvo presente en la modernidad –Le Corbusier con la arquitectura mediterránea y los silos americanos, y Walter Gropius y Mies van der Rohe con las fábricas–, Venturi, Scott Brown e Izenour abogaban por una mirada hacia abajo, hacia lo ordinario, una mirada hacia la «baja cultura» para que esta pudiera dejar de considerarse como tal: «No habrá que buscar los modelos para edificios modestos e imágenes con fin social en el pasado industrial, sino en la ciudad cotidiana que nos rodea, en edificios y espacios modestos con accesorios simbólicos».

Otros seis años más tarde, en 1978, a esta saga de estudios sobre la ciudad se le une el que hiciera Rem Koolhaas sobre Manhattan en su Delirio de Nueva York. Un manifiesto retroactivo para Manhattan⁴, un viaje con muchos parentescos al que Venturi, Scott Brown e Izenour hicieran a Las Vegas. Si en Aprendiendo de Las Vegas se intentaba inaugurar una nueva mirada sobre una realidad construida por no arquitectos en búsqueda de sus formas simbólicas, Rem Koolhaas indaga en la historia reciente de Nueva York, mezclando indiscriminadamente referencias cultas, populares, marginales o delirantes: de Conney Island al Rockefeller Center, de Hugh Ferris a Raymond Hood, de Diego Rivera a Salvador Dalí. La ciudad se convertía así en una serie de hechos aparentemente inconexos y desordenados que, a la postre, encuentran su coherencia y fijan una determinada manera de mirar Nueva York. Y, lo que resulta más importante en este caso, se hace uso de la historia en tanto que material para construir un manifiesto –eso sí, esta vez retroactivo–, pues, en palabras del autor, Manhattan conformaba «una montaña de pruebas sin manifiesto». En el apéndice final del libro, «Una conclusión ficticia», Koolhaas reinterpreta el material estudiado a lo largo de todo el libro, pero esta vez no con palabras, sino con proyectos que condesan y celebran lo que él entiende por «cultura de la congestión». Su manhattanismo es «una doctrina consciente cuya pertenencia ya no está limitada a la isla que lo inventó»; lo inconsciente de ciertos argumentos de su libro se vuelve consciente. Basado en el estudio de una historia local, la de Nueva York, las conclusiones son perfectamente extrapolables a todo el planeta.

En una docena de años, estos tres libros acapararon la atención de la academia y marcaron el devenir de la cultura arquitectónica en las siguientes décadas. El primero, escrito desde la academia europea, aboga por una cultura disciplinar basada en la historia y en las relaciones entre tejido y monumento a través de la tipología; el segundo, un caso de estudio en la más perfecta tradición americana, parte de una investigación concreta de una ciudad contemporánea, Las Vegas, para extraer de ahí conclusiones acerca del simbolismo en arquitectura; y, por último, un europeo que intenta replicar el viaje de los emigrados europeos a Estados Unidos durante la II Guerra Mundial, Koolhaas deshace el concepto tradicional de historia para incorporar en él no solo la arquitectura de «lo ordinario», como se había hecho en Aprendiendo de Las Vegas, sino toda una serie de acontecimientos aparentemente inconexos, disciplinares y no disciplinares, que construirán su particular teoría de la congestión.

Mientras tanto, la academia se ocupaba en ejercicios de inserción de nuevas piezas en la ciudad, repitiendo hasta la saciedad ejemplos paradigmáticos como el de la ampliación de los juzgados de Gotemburgo (1934-1937) de Erik Gunnar Asplund, o nuevas intervenciones que recuperaran ese espíritu perdido de la memoria de la ciudad, como la torre Velasca (Milán, 1956-1958) del estudio italiano BBPR.

En la ola de recuperación del patrimonio construido que se produjo desde la década de 1970 a la de 1990, Europa se llenó de perfectos ejercicios filológicos que llegaron hasta el paroxismo de obras, como la ampliación del Banco de España en Madrid, de Rafael Moneo (proyecto ganado en un concurso de 1979 que no se completó hasta 2006) donde la invocación a la historia y a la memoria del lugar solo dejaba espacio para recreaciones historicistas, aunque simplificadas, del edificio objeto de ampliación. Moneo se hace eco de los miles de ejemplos de intervenciones que se han producido en los cascos de las ciudades europeas, en los que la salvaguardia a ultranza de fachadas decimonónicas para conservar a golpe de ley la memoria histórica no ha hecho más que deshuesar los interiores para dejar las fachadas como meros testigos de cartón piedra de unos interiores que ya no encuentran su lugar. Basta pasear por cualquier ciudad europea de provincias para ver la cantidad de fachadas apuntaladas de edificios a la espera de recibir unos interiores que no son suyos.

Y ante este peso casi paralizante de la historia, donde los aparatajes académicos apenas dejaban al arquitecto otras herramientas que las del historiador (en cualquiera de sus formas, de Rossi a Koolhaas), e intervenir en la ciudad o en un edificio debía llevar parejo un ingente análisis histórico, desde otras disciplinas empezaron a aparecer propuestas de intervención sobre lo construido sin los a priori disciplinares propios de los arquitectos. Desde Nueva York, Gordon Matta-Clark, quien había estudiado en la Escuela de Arquitectura de la Cornell University, inició a principios de la década de 1970 sus primeras intervenciones en edificios. Los edificios objeto de sus furtivas intervenciones eran estructuras normales y corrientes, carentes de cualidades, que, por su situación de abandono, permitían intervenir en ellos sin ningún tipo de regulación urbanística o museística. En su obra Splitting (Englewood, Nueva Jersey, 1974) efectúa un corte vertical en una casa abandonada en un suburbio en decadencia con una estructura de madera tipo balloon-frame; como si trabajara con mantequilla, el corte atraviesa paredes, techos, escaleras y barandillas, permitiendo ver vistas insólitas de los interiores y entradas de luz inesperadas. Deshacer la casa permite desvelar una complejidad estructural invisible hasta entonces, y el trabajo en espacios anteriormente habitados por gente desconocida posibilita a Matta-Clark eliminar todo rastro del habitar y hacer que una casa cualquiera de un barrio cualquiera adquiera las cualidades de un objeto escultórico. Lo construido pasa a tener una nueva vida alejada de todo normativismo urbanístico o clasificación museística para constituir una nueva manera de entender el patrimonio construido.

A lo largo de la década de 1980, John Hejduk propuso una serie de intervenciones en ciudades, las mascaradas, donde establecía una nueva interrelación entre el lugar, los usuarios y los edificios. Su mascarada de Berlín⁵ aísla un pedazo de esa «ciudad de vacíos», que era Berlín antes de la caída del Muro, para construir su propia historia, una historia cargada de referencias simbólicas que se producen entre el lugar, una serie de construcciones, cada una con su nombre, y unos usuarios a quienes se les asignan unas funciones muy específicas dentro de un tejido conectivo entre todos los actores. Hejduk no solo se fabrica la historia del lugar, sino que también establece unas bases de comportamiento futuro entre objetos y usuarios.

A los tres estudios sobre la ciudad citados al inicio de este ensayo, Matta-Clark y Hejduk proponen otras maneras de actuar sobre lo construido que amplían el concepto que hasta entonces se entendía como patrimonio. Ya no se trata exclusivamente de insertar piezas en el tejido histórico, o de discusiones tipológicas disciplinares, sino que, aun respetando los valores de los lugares y de los edificios en los que se interviene, se deja que las lógicas propias del edificio, de los usuarios y del proyectista actúen sin demasiadas cortapisas.

Y dentro de todas estas lógicas y tensiones entre la ciudad construida y el objeto es donde deberían enmarcarse algunos de los mejores ejemplos recientes de intervención en lo construido. Sin ánimo de establecer categorías absolutas, se muestran en estos cinco casos ejemplos paradigmáticos de actuación sobre lo existente que dan unos pasos más allá de las teorías que durante tanto tiempo se han impuesto y que amplían con nuevos conceptos aquello que podría denominarse patrimonio. La historia de un edificio ya no solo está conformada por lo construido, sino que puede ser aquello que quedó a medio construir, las historias de los habitantes o de algo que nunca existió realmente.

Re-vitalizar

En pleno debate posmoderno, una italiana emigrada a Brasil, Lina Bo Bardi, combina su formación académica en la Italia de preguerra con los nuevos valores que le ofrece el continente americano. Cuando le encargaron el proyecto SESC Fábrica da Pompéia (São Paulo, 1977-1986), Lina contaba que la primera vez que visitó el lugar se encontró con unas naves industriales abandonadas de las que recuerda la elegante estructura de hormigón de filiación europea. En una segunda visita, un sábado, a la elegante estructura se le añadieron otros hechos: niños que corrían y jugaban al fútbol bajo la lluvia, madres que les preparaban unos bocadillos, cenas populares, un teatrillo de guiñoles lleno de un público infantil que llenaba las calles adyacentes, etc. Volvió varias veces al lugar y finalmente decidió que lo que había que fijar allí eran esas alegres estampas de gente: «Nadie transformó nada. Encontramos una fábrica con una estructura bellísima, importante desde el punto de vista de la arquitectura, original; nadie importuno… El proyecto de arquitectura del centro de ocio de la Fábrica da Pompéia partió del deseo de construir otra realidad. Nosotros solo colocamos algunas cositas: un poco de agua, una chimenea»⁶.

Lina llevó a cabo un trabajo de inversión tipológica. En las antiguas naves de la fábrica de toneles, que podían albergar con cierta facilidad las instalaciones deportivas, instala todo tipo de programas (talleres, biblioteca, salas de descanso y de juegos, etc.) mientras que un programa que normalmente se desarrolla en horizontal (canchas deportivas) se apilan en vertical en unas enormes torres que marcan un hito en el barrio popular de Pompéia. La operación no solo intenta preservar la memoria del edificio, sino que está atenta también al carácter sociológico y antropológico del barrio. En un acto de redención, se elimina todo rastro del trabajo pesado de los antiguos obreros de la fábrica para convertir las naves en artilugios lúdicos; del duro trabajo obrero se pasa al ocio y disfrute para los obreros.

Estrategias-re-01Fig. 1 Línea de producción de Ibesa, c. 1950. Instituto Lina Bo e P. M. Bardi, São Paulo, Brasil. Fotografía de Hans Günter Flieg. / Acervo Instituto Moreira Salles / Fig. 2 Pesca en el ría San Francisco en el SESC Pompéia de Lina Bo Bardi, 1982. Instituto Lina Bo e P. M. Bardi, São Paulo, Brasil. Fotografía de Antonio Saggese.

Re-inventar

En el pueblo de Flims, una estación de esquí del cantón suizo de los Grisones, Valerio Olgiati recibió el encargo de convertir una casa abandonada, normal y corriente –que popularmente se conocía como Das gelbe Haus, «la casa amarilla»– en un pequeño centro de exposiciones (1995-1996). El cambio de una función residencial a una expositiva planteaba muchos problemas tanto de adaptación del programa a los espacios compartimentados de la vivienda como de imagen que el edificio presentaba en el pueblo. Olgiati destripó por completo el interior para adaptar los espacios a los nuevos usos, dejando un espacio diáfano por planta. Sin embargo, al contrario de las miles de intervenciones en los cascos históricos europeos, en los que se conservan las fachadas con interiores que no guardan relación alguna con estas, en este caso la transformación del exterior debía ser igualmente radical. Se eliminaron los revocos de los muros de piedra sin carear de la fachada, se regularizaron los huecos, eliminando puertas y balcones, a un único formato mediante la construcción de antepechos de hormigón para conseguir un único hueco repetido a lo largo de las cuatro fachadas, y, finalmente, se pintó toda esa estructura de muros despellejados y la cubierta de lajas de piedra de un blanco nieve. La huella de lo preexistente se limita a un recuerdo tectónico de un edificio –que, por otro lado, carecía de rasgos característicos–, y no a la memoria colectiva que este podía evocar. La casa antigua sirve de excusa para construir un artefacto abstracto, autista, un cuerpo extraño con apariencia fantasmagórica en medio de la villa, un objeto que no establece diálogo alguno con el entorno más allá de su propio carácter reinventado.

Estrategias-re-02Fig. 3 Edificio existente antes de 1997. Archivo Olgiati. / Fig. 4 La Casa Amarilla, Valerio Olgiati, 1999. Fotografía de Christian Kerez.

Re-velar

En 1996, dentro de un plan de embellecimiento de las plazas de la ciudad francesa de Burdeos, el ayuntamiento de la ciudad encargó la remodelación de la Place Léon Aucoc al estudio integrado por Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal. Tras varias visitas y el análisis de los problemas de la plaza, los arquitectos se percataron de que esta ya estaba bien como estaba: unos árboles en el perímetro, unos bancos sobre un pavimento de grava y una zona para jugar a petaca. La plaza carecía de sofisticación, pero tenía la «belleza de lo evidente, lo necesario y lo suficiente […]. En ella la gente parecía sentirse como en casa; reinaba una atmósfera de armonía y tranquilidad consolidada a lo largo de los años»⁷. Los arquitectos no veían necesidad de introducir cambios importantes y su proyecto se limitó a revelar lo existente mediante la realización de trabajos de mantenimiento simples e inmediatos: reponer la grava del suelo, planificar una limpieza periódica, podar los árboles y modificar levemente algunas circulaciones rodadas.

En su proyecto para el Palais de Tokyo (París, 1999-2001), los arquitectos debían actuar sobre un edificio, que databa de 1937, que había quedado a medio demoler debido a diversos cambios de usos en la política cultural de París. Después de las demoliciones parciales, había quedado una bella estructura de edificio industrial detrás de unas fachadas monumentales forradas de piedra. El desafío se trataba de manejarse con esta contingencia de cambio de uso con la que se encontraron, de utilizar lo que había sin necesidad de aparatosas transformaciones, de sacar el máximo partido a las cualidades físicas y estéticas del edificio tal cual lo habían encontrado. Independientemente de la escasez de presupuesto de la que disponían, se dejaron una serie espacios porosos, sin compartimentar, para ofrecer la mayor fluidez y libertad posible en el interior, y las modestas obras efectuadas garantizaron la estabilidad estructural, la accesibilidad y la seguridad, el confort térmico y la iluminación. La historia que había que rescatar en este edificio iba más allá de su «historia oficial»: se rescataba lo irrescatable, los desechos, los restos de un estado provisional del edificio que, en principio, no puede mostrarse, pues las historias oficiales, e incluso las historias de lo vernáculo o particulares, eluden cualquier estado intermedio de definición.

Estrategias-re-04Fig. 5 Edificio antes de la intervención. Gentileza de Lacaton & Vassal. / Fig. 6 Palais de Tokyo, Lacaton & Vassal, 2012. Gentileza de Lacaton & Vassal.

Re-hacer

En sus numerosos encargos de viviendas en los suburbios belgas, el estudio architecten de vylder vinck taillieu se ha enfrentado en muchas ocasiones a trabajos de reforma de viviendas normales y corrientes, a encuentros constantes con construcciones de lo «ordinario». En la casa Rot-Ellen-Berg (Oudenaarde, 2007-2011), los propietarios heredaron una antigua posada que, por su gran tamaño, les venía muy grande para su nuevo uso como residencia. Sin tocar la fachada original, se construye una casa de vidrio en su interior que sirve de casa de invierno, de modo que el espacio intermedio entre la vieja fachada y la nueva de vidrio sirve de colchón de aislamiento. En este caso, la contingencia de la reducción del espacio necesario resuelve exigencias normativas de confort climático, permitiendo usos diferentes en verano y en invierno. La construcción de la casa de vidrio en el interior de la vieja cáscara deja huellas: forjados sin revestir, puntales de obra, tabiques cortados y forjados cortados, materiales de aislamiento a la vista, perpetuando así un estado intermedio «en obras» como si de una obra acabada se tratara. La ruina de la casa antigua se confunde con la construcción a medio hacer; las huellas del tiempo se solapan, sin intención de que se diferencien entre sí.

Otro de los mecanismos que utiliza este estudio es la duplicación. En el proyecto no construido para la ampliación de la academia de música de Lokeren (2008) se trataba de ampliar una villa decimonónica situada en un parque. La propuesta de architecten de vylder vinck taillieu consistió en construir una réplica exacta –eso sí, despojada de ornamento– adyacente a la antigua villa. También en el proyecto de ampliación de la Escuela de Arquitectura y Arte de Sint-Lucas (Gante, 2010-2011) utilizaron el mismo recurso. En el plano que se entregaba a los participantes del concurso, en los jardines del campus había dibujado un extraño edificio de talleres fruto de un encargo previo, pero que nunca había llegado a construirse. Para la ampliación propusieron duplicar ese edificio, pero con otros materiales, al otro lado del jardín, de modo que la historia del lugar también contenía la historia de lo que aquello pudo ser y no fue.

Estrategias-re-05Fig. 7 Construcción preexistente en 2009. Gentileza de Jan De Vylder, Inge Vinck y Jo Taillieu. / Fig. 8 Casa Rot-Ellen-Berg, Vylder Vinck Taillieu, 2011. Fotografía de Filip Dujardin.

Re-crear

En 1997, el estudio de David Chipperfield ganó el concurso para la restauración del Neues Museum de Berlín, que fue inaugurado en 2009. El edificio original, construido por el arquitecto Friedrich August Stüler entre 1841 y 1859, habría sufrido importantes daños en los bombardeos de la II Guerra Mundial. Tras varios intentos de rehabilitar el edificio después de la guerra, el edificio estuvo abandonado durante 60 años, de modo que las ruinas de los bombardeos presentaban ya huellas del desgaste de la intemperie. La intervención se presentaba extremadamente compleja. Además de completar las importantes partes desaparecidas de los volúmenes, era necesaria una reconstrucción arqueológica según los principios de la Carta de Venecia para rescatar lo máximo posible del edificio original.

El edificio muestra los diferentes modos de entender un museo, las diferentes relaciones entre el objeto y la sala de exposición a lo largo de la historia del edificio, desde su inauguración a mediados del siglo XIX hasta su destrucción parcial en la guerra. No se trata tanto de hacer apología de la destrucción, sino de mostrar aquello que se ha salvado. Desvelar la tectónica aparecida tras el accidente y el abandono, mostrar un edificio complejo, plagado de ampliaciones, reparaciones y destrucciones, con maneras de mostrar los objetos casi opuestos, sin por ello sentir la necesidad de rectificar alguna etapa o privilegiar otra. Las numerosas lagunas dejadas tras el estado de ruina dejan de ser pasivas para tomar un papel activo en la definición contemporánea del museo. El edificio mantiene un perfecto equilibrio entre lo filológicamente reconstruido y lo inventado, tanto en el exterior adusto, reconstruido con ladrillo reciclado, como en el variado y muy decorado interior. La reconstrucción navega entre los diferentes debates acerca del museo y devuelve la unidad de un edificio fragmentado, mediante el uso unificado de los materiales en un artilugio extremadamente didáctico de la historia de los museos.

Estrategias-re-06Fig. 9 Edificio antes de la intervención. Bildagentur für Kunst, Kultur und Geschichte, Berlin. / Fig. 10 Neues Museum, David Chipperfield, 2009. SPK / David Chipperfield Architects. Fotografía de Jörg von Bruchhausen.

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Publicado en

Concurso Palacio Pereira | Historia de una recuperación patrimonial
Marzo 2014

Artículo realizado por

Moisés Puente. Arquitecto de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona. Trabaja como editor de la revista 2G y de la Editorial Gustavo Gili. Ha editado los textos de Alejandro de la Sota (2002), Josep Llinàs (2002), Mies van der Rohe (2006), Jørn Utzon (2010) y Olafur Eliasson (2012); es autor de Mies van der Rohe. Casas (2G, N°48-49, 2009) y coautor de Alejandro de la Sota (2009). En 2010 recibió el Premio FAD de Pensamiento y Crítica.

Notas

1 ROSSI, Aldo. L’architettura della città. Marsilio, Padua, 1966 (versión española: La arquitectura de la ciudad. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 1971).

2 VENTURI, Robert; IZENOUR, Steven y SCOTT BROWNS, Denise. Learning from Las Vegas. The MIT Press, Cambridge (Mass.), 1972 (versión española: Aprendiendo de Las Vegas. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 1978).

3 RUDOFSKY, Bernard. Architecture without Architects. An Introduction to Nonpedrigreed Architecture. The Museum of Modern Art/Doubleday & Co., Nueva York, 1964 (versión
española: Arquitectura sin arquitectos: breve introducción a la arquitectura sin genealogía. Editorial Universitaria, Buenos Aires, 1973).

4 KOOLHAAS, Rem. Delirious New York. A Retroactive Manifesto for Manhattan. Oxford University Press, Nueva York, 1978 (versión española: Delirio de Nueva York. Un manifiesto retroactivo para Manhattan. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 2004).

5 HEJDUK, John. Victims. Architectural Association Publications. Londres, 1986 (versión castellana: Víctimas. COAATM/Librería Yerba/Caja Murcia, Murcia, 1993).

6 BO BARDI, Lina. «SESC – Fábrica da Pompéia». En: Lina Bo Bardi. Instituto Lina Bo e P. M. Bardi, São Paulo, 1993, pág. 220.

7 LACATON, Anne y VASSAL, Jean-Philippe. «Plaza Léon Aucoc». En: Lacaton & Vassal. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 2006, pág. 74.

Lecturas recomendadas

Concurso Palacio Pereira | Historia de una recuperación patrimonial
ARQ 73 | Valparaíso
ARQ 68 | Intervenciones

El concurso público internacional de proyectos de arquitectura para la restauración del Palacio Pereira ha sido una experiencia que, desde las políticas públicas, ha marcado la manera de enfrentar y gestionar el valioso patrimonio construido que posee Chile. Como parte del programa Legado Bicentenario, fue llevado a cabo entre octubre y diciembre del 2012 por la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, el Consejo de Monumentos Nacionales y el Ministerios de Obras públicas.

En este libro se compendian las bases y procedimientos de dicho concurso así como el resultado final del mismo, que comprendió más de 30 proyectos de arquitectura, de los cuales cinco resultaron premiados. Un conjunto de ensayos, vinculados tanto a la larga historia del propio palacio como a las circunstancias que llevaron a la realizción del concurso, que estuvo en sintonía con ciertas tendencias internacionales, completan esta obra.

PP-Titulo

Agotado

Autores: Alejandro Crispiani (ed.), equipo editorial Consejo de Monumentos Nacionales

Textos en castellano, fotografías e imágenes a color y b/n, planimetría
Páginas: 216
Formato: 17,5 x 24 cm.
Peso: 0,6 kg. aprox.
ISBN: 978-956-14-1410-5

Índice
Presentación

Presentación Presidente de la República / Sebastián Piñera

Presentación Directora Dibam / Magdalena Krebs

Artículos

Sostiene Pereira / Emilio De la Cerda

El primer proyecto / Alejandro Crispiani

La ruina pedagógica / Rodrigo Booth

La manzana del Palacio Pereira en el tejido urbano de Santiago / José Rosas

Estrategias «re» / Moisés Puente

Fotografías

El exterior / Felipe Fontecilla

El interior / Cristián Domínguez

Concurso Internacional de Anteproyectos

Restauración Palacio Pereira y reposición edificio Dibam y Consejo de Monumentos Nacionales

Llamado a concurso

Una respuesta emblemática / Gunther Suhrcke

Criterios de intervención

Esquema funcional y programa arquitectónico

Informe arqueológico

Informe de conservación

Informe estado estructural

Diagnóstico crítico

Proyectos premiados

El proceso de jura. James Fry

Primer premio

Segundo premio

Tercer premio

Mención honrosa 1

Mención honrosa 2

Otros proyectos presentados

CV articulistas

PP01
PP02
PP03
PP04
PP05
PP06
PP07
PP08

ciudad y negocio
ARQ 79 se ha propuesto revisar la ciudad como el espacio de la acumulación, las fricciones, el intercambio y, ante todo, como el lugar de la oportunidad. Porque no deberíamos olvidar, tampoco, que el origen de lo que conocemos como ciudad estuvo muy cerca de lo que era un cruce de caminos, transformado luego en mercado. En este contexto, el texto de Luis Izquierdo –recuperado y revisado en la perspectiva del tiempo, desde ese primer proyecto de Montserrat Palmer, Arquitectura y negocios– apunta al establecimiento de un ángulo exacto desde el cual calibrar el rol de los arquitectos en la producción y administración de recursos, mientras el estudio de Elke Schlack y Neil Turnbull analiza un caso radical en que el suelo urbano deviene en capital.

ciudad y negocio
Los proyectos presentados en el último número del 2011, por su parte, presentan diferentes ejemplos en que la arquitectura aprovecha las oportunidades que ofrece el ámbito urbano: desde el reciclaje de una estructura obsoleta para acoger una nueva demanda en Santiago hasta el uso inventivo de una serie de sitios descartados en São Paulo, esta edición apuesta por el futuro que viene tras un tiempo de incertidumbre y cambio.

El trabajo fotográfico de Martín Parr, la columna ‘Occupy Wall Street’ por la artista Francisca Benítez, el dossier técnico ARQ y las tradicionales reseñas de libros completan esta entrega.

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Sumario

Editorial. Ciudad y negocio / Patricio Mardones

Opinión. Occupy Wall Street / Francisca Benítez

Opinión. Arquitectura y negocio / Luis Izquierdo

Portafolio Galería AFA

Luxury / Martin Parr

Artículo

Capitalizando lugares auténticos / Elke Schlack + Neil Turnbull

Obras en la ciudad

Edificio Aimberê, São Paulo, Brasil / Andrade Morettin Arquitetos

Edificio Simpatia, São Paulo, Brasil / GrupoSP

Edificio W305, São Paulo, Brasil / Isay Weinfeld

Casa Óptima, Santiago, Chile / blp Arquitectos

Hinterland, Colonia, Alemania / FAR Frohn & Rojas

Condominio El Nocedal, Santiago, Chile / Swinburn + Pedraza

Edificio Once, Buenos Aires, Argentina / Adamo-Faiden

Libros y revistas recibidos
Dossier técnico ARQ