Londres

Es mayo de 2015 y Kensington Gardens aguarda el próximo pabellón de la Serpentine Gallery¹ diseñado por SelgasCano, con el que se celebra el decimoquinto aniversario de este encargo internacional. La imagen del proyecto, sin embargo, circula desde hace semanas en los medios de comunicación. Anuncia una armadura de bandas transversales y sección variable cosida por un entramado multicolor que la constriñe y ata a un terreno irregular (Fig. 1).² En sus esquinas inferiores, donde el jardín se revela como un tapete vegetal sobre una superficie de madera, también avanza una promesa: como sus predecesoras, el pabellón de SelgasCano –financiado por Goldman Sachs– levantará sus faldas y desaparecerá al final del verano. Con esta imagen, los arquitectos construyen un homenaje a las historias de los diseños anteriores y ponen de manifiesto la articulación de estas arquitecturas con los procesos contemporáneos de circulación y acumulación global.

Arquitectura-de-circulacion-01Fig. 1 Propuesta Serpentine Gallery pavilion, SelgasCano, 2015. © Steven Kevin Howson / SelgasCano. Cortesía de Serpentine Gallery.

Las arquitecturas producidas por la Serpentine Gallery se desmantelan al final de cada verano, pero no desaparecen. Se venden. No hay presupuesto asignado para el encargo, sino que se financia a través de patrocinios y de la venta de la obra terminada que, según los organizadores, no cubre más del 40% de los costos.³ Las oficinas de arquitectura, que en la mayoría de los casos no toman parte en la reinstalación de los pabellones, afirman que el proceso de venta lo dirige la Serpentine Gallery –dirigida por Julia Peyton-Jones y Hans-Ulrich Obrist– y los agentes de ventas Knight Frank de manera independiente.⁴ Un informe oficial revelaba que los primeros seis pabellones se habían vendido entre £250,000 y £500,000. En 2006, poco después que Obrist se uniera a la galería, el precio de venta era más de £750,000.⁵ Fuentes no oficiales afirman que las cifras son mucho mayores.

De acuerdo al inventario realizado por la Serpentine Gallery, la mayoría de los pabellones han sido adquiridos por coleccionistas que prefieren permanecer en el anonimato. En 2012, por primera vez, el nombre de los compradores del pabellón diseñado por Herzog & de Meuron junto con Ai Weiwei fue anunciado públicamente: Usha and Lakshmi N. Mittal. Con este gesto, la galería respondía a las especulaciones de los medios de comunicación sobre la segunda vida de los pabellones, entonces reavivadas por el objetivo de la propuesta de Herzog & de Meuron y Ai Weiwei: alejarse del carácter de objeto de las estructuras anteriores y, en su lugar, establecer un diálogo con sus trazas y efectos sobre sus alrededores (Fig. 2). «Tomando un enfoque arqueológico», explicaba el comunicado de prensa, «los arquitectos han creado un diseño que inspira a los visitantes a mirar bajo la superficie del parque y hacia atrás en el tiempo a través de los fantasmas de las estructuras previas.»⁶ La idea de excavar en busca de la historia de estas arquitecturas resultaba tan fascinante como paradójica; mientras frente a la galería se invocaban sus espíritus, lejos de allí, los once pabellones anteriores disfrutaban de una segunda vida bajo nuevas identidades. A lo que nos invita el proyecto de Herzog & de Meuron y Ai Weiwei, como también lo hace el proyecto de SelgasCano, es a que miremos bajo el manto de Kensington Gardens y exploremos la historia de las arquitecturas de la Serpentine Gallery.

Arquitectura-de-circulacion-02Fig. 2 Serpentine Gallery pavilion, Herzog & de Meuron + Ai Weiwei, 2012. © Iwan Baan. Cortesía de Serpentine Gallery.

El que se convertiría en el primer pabellón de la Serpentine Gallery, diseñado por Zaha Hadid en el 2000, estaba destinado a albergar una cena de recaudación de fondos para celebrar el trigésimo aniversario de la galería (Jodidio, 2011). Personajes como Sting, Steve Martin o el duque de York fueron convocados en un espacio de unos 600 metros cuadrados protegido por una cubierta triangulada de lona sobre estructura metálica con la que la arquitecta aspiraba a la reinvención radical de la idea de marquesina (Fig. 3) (Moore, 2010). La estructura iba a durar una semana, pero despertó tanto interés que el Secretario de Cultura Chris Smith convenció a la galería para que la mantuviera en pie durante tres meses, dando origen a uno de los principales encargos arquitectónicos internacionales (Moore, 2010).

Arquitectura-de-circulacion-03Fig. 3 Serpentine Gallery pavilion, Zaha Hadid, 2000. © Hélène Binet. Cortesía de Serpentine Gallery.

La obra de Hadid también sentó otro precedente: la venta, desmontaje y reutilización de la estructura. El pabellón fue comprado por la Royal Shakespeare Company y fue vuelto a montar en el aparcamiento de Stratford-upon-Avon en 2001. Rebautizado como Summer House, servía para atraer público desde los jardines hacia el teatro. Su programa incluía una cafetería, una zona de eventos provista de aproximadamente 100 asientos, y nuevas instalaciones de electricidad, iluminación y agua.⁷ «Era el espacio perfecto», afirma Dean Asker de la Royal Shakespeare Company, «atrajo un montón de visitantes que, de otro modo, no hubieran estado interesados en ir al teatro» (Rose, 2006). Según la información proporcionada por la Serpentine Gallery, el pabellón fue desmantelado al finalizar el verano.

El siguiente, Eighteen Turns, diseñado por Daniel Libeskind Architects con Arup en 2001, reapareció cuatro años después cuando fue cedido por su (desconocido) propietario y transportado hasta Irlanda con motivo de la celebración de la Capital Europea de la Cultura en Cork (Fig. 4). Reconstruido bajo la supervisión de Keogan Architects, el pabellón ocupó un sitio en Fota House, Arboretum & Gardens entre mayo y diciembre de 2005.⁸ Allí fue presentado entre políticos, promotores inmobiliarios y planificadores como un «icono del Cork contemporáneo, así como una expresión de las posibilidades creativas de arquitectura para el futuro de la ciudad», especialmente, para el –entonces inminente– desarrollo urbanístico de su zona portuaria.⁹ Tras los servicios prestados, Eighteen Turns regresó al anonimato.

Arquitectura-de-circulacion-04Fig. 4 Serpentine Gallery pavilion, Daniel Libeskind + Arup, 2001. © Hélène Binet. Cortesía de Serpentine Gallery.

La adquisición del pabellón diseñado por Toyo Ito en 2002 por parte del magnate Victor Hwang y su compañía Parkview Internacional recibió una amplia cobertura mediática (Fig. 5). Funcionó como centro de visitantes y estandarte de una de tantas propuestas para la reconversión de la Central termoeléctrica de Battersea en Londres. Tal como Hwang lo recuerda, tras visitar el pabellón en Kensington Garden con su hija en el 2002 pensó que aquello era «exactamente lo que la nueva arquitectura debería ser.»¹⁰ En ese instante, Hwang –que recientemente ha adquirido obras de otros arquitectos de reconocido prestigio como Andrés Jaque– decidió comprar el pabellón de Ito y «llevarlo a Battersea, para que le recuerde lo creativos que tienen que ser en ese solar.»11 Más tarde, sería transportado por carretera hasta Le Beauvallon, un hotel también propiedad de Hwang, localizado a unos minutos de la bahía de Saint-Tropez y que quiere convertirse en un destino turístico exclusivo (Fig. 6). Con el asesoramiento de Cecil Balmond y junto con un gran equipo de arquitectos, diseñadores y consultores energéticos entre los que se encuentran Jane Withers, Tom Greenall, Jordan Hodgson, o Zebra 3 –pero que no incluye a Toyo Ito–, la estructura se ha reensamblado y adaptado para ocupar un lugar privilegiado dentro del club privado: primera línea de playa donde los clientes disfrutan «de una privacidad completa lejos de todas las miradas, pero con toda la emoción de la costa azul.»¹²

Arquitectura-de-circulacion-05Fig. 5 Serpentine Gallery pavilion, Toyo Ito (design); Cecil Balmond + Arup (assembly), 2002. © Hélène Binet. Cortesía de Serpentine Gallery.

Arquitectura-de-circulacion-06Fig. 6 Serpentine Gallery pavilion, Toyo Ito (design); Cecil Balmond + Arup (assembly). Le Beauvallon, Sainte-Maxime, France, 2012. © Marina Otero.

Sorprendentemente, y a pesar de que los pabellones de la Serpentine Gallery están obligados a ser la primera obra que sus diseñadores construyen en el Reino Unido, la de Ito no es la única que disfruta de su retiro en el sur de Francia.¹³ Tampoco es la primera que ha permitido a sus dueños hacer confluir su interés en la inversión en bienes raíces y el coleccionismo de arquitecturas de autor. A pocos kilómetros de Le Beauvallon ha ido a parar el de 2008, el Music Pavilion diseñado por Frank Gehry (Fig. 7). Fue comprado por el promotor irlandés Patrick McKillen y reconstruido en Château la Coste, un viñedo que se ha reposicionado y revalorizado en el mercado al hacer convivir las vides con una colección de obras de autor. En aproximadamente una hora y treinta minutos, y después de pagar una cuota de entrada, los visitantes pueden disfrutar del arte y la arquitectura a través de un paisaje salpicado de obras firmadas por Ai Weiwei, Jean Nouvel, Frank Gehry, Norman Foster, Renzo Piano, Oscar Niemeyer, Richard Serra, Louise Bourgeois, o Paul Matisse. En este lugar de «vino, arte y arquitectura», el Music Pavilion aún exhibe las cicatrices que dejó su proceso de reconstrucción (Fig. 8). En un escenario no muy diferente al de Château la Coste encontramos el pabellón diseñado por Smiljan Radić en 2014 (Fig. 9), el que ha sido instalado en el Oudolf Field, un jardín diseñado por Piet Oudolf localizado en el centro de arte Hauser & Wirth Somerset, en Bruton –el último de los espacios pertenecientes a la red global de galería Hauser & Wirth, con sedes en Zúrich, Londres, Nueva York, y Los Ángeles–.

Arquitectura-de-circulacion-07Fig. 7 Frank O. Gehry, Music Pavillion, Château La Coste, France, 2012. © Marina Otero.

Arquitectura-de-circulacion-08Fig. 8 Frank O. Gehry, Music Pavillion, Château La Coste, France, 2012. © Marina Otero.

Arquitectura-de-circulacion-09Fig. 9 Serpentine Gallery pavilion, Smiljan Radić, 2014 © Iwan Baan. Cortesía de of Serpentine Gallery.

Los ex pabellones de la Serpentine habitan paisajes hermosos, alejados de la ciudad y cerca de la costa; aterrizan o florecen en espacios privados en los que parecen liberados de las normativas generalmente aplicables a las construcciones permanentes; construyen productos espaciales herederos de la tradición del jardín paisajista y el parque de pabellones, ahora implementados con una fuerte dosis de imagen corporativa y arquitectura de reconocido prestigio. En el viaje a través de estos territorios en los que circulan y se acumulan los pabellones de la Serpentine Gallery se desvela el funcionamiento de una de las máquinas más eficientes para la producción, reproducción y consumo de arquitectura de autor. Las trayectorias que describen estas arquitecturas muestran, además, la relación entre capital financiero, capital cultural y especulación inmobiliaria, al mismo tiempo que construyen una serie de territorios turístico-culturales en los que el desarrollo inmobiliario y el cultural colisionan gracias a la mediación del capital simbólico de la arquitectura. Aquí, los magnates inmobiliarios y los coleccionistas de arquitectura son una misma figura y, en algunos casos, como en el proyecto de Herzog & de Meuron junto con Ai Weiwei, los patrocinadores del pabellón coinciden con su último propietario, poniendo en cuestión las motivaciones que conducen a la elección del arquitecto y del diseño de este prestigioso encargo internacional.

Conscientes de estas problemáticas, Herzog & de Meuron y Ai Weiwei trataron de «eludir el problema de crear un objeto, una forma concreta,» o simplemente un objeto transportable y coleccionable para el diseño del pabellón.¹⁴ En lugar de añadir una entrada más al catálogo de arquitecturas de formas y materiales diferentes producidas desde el año 2000, su proyecto buscaba construir un paisaje formado por las trazas de los pabellones anteriores. Con ello ponían en cuestión el propio encargo de Serpentine Gallery y, además, comprometían la futura venta de la arquitectura resultante. Sin embargo, como hemos visto anteriormente, incluso ese «revoltijo de líneas contorneadas» garantizó la existencia de un objeto de deseo para coleccionistas.¹⁵

No obstante, también hay excepciones y están en un parque de atracciones localizado al oeste de Inglaterra. Allí se encuentra, un poco más sucia, forrada de lona gris e ignorada por los medios culturales y de comunicación –y seguramente también por sus autores–, una de las primeras obras de la ganadora del Pritzker 2004: el pabellón de la Serpentine diseñado por Zaha Hadid en el año 2000. Todo esto mientras sus restos y subproductos continúan alimentando las publicaciones, exposiciones y textos de arquitectura.

El pabellón de Hadid no fue desmantelado. Tras su estancia en Stratford-upon-Avon fue cedido a un agente intermediario que supervisó el transporte de la estructura a Flambards Fun Park en Helston Cornwall, un parque de atracciones propiedad de la familia Hale.¹⁶ Ahora conocido como Sala Kingsford, la estructura no sólo sobrevivió, sino que fue, además, dotada de equipo audiovisual, iluminación y calefacción, y se ofrece en arriendo para celebrar bodas, fiestas o conciertos por £950 al día (Fig. 10-11). Puede que a eso se refiera la Serpentine Gallery al darlo por «desmantelado», poniendo en evidencia que abandonar el circuito de la élite cultural-intelectual es, para algunos, motivo suficiente para cuestionar el valor y la autoría de una obra de arquitectura.

Arquitectura-de-circulacion-10Fig. 10 Zaha Hadid, Kingsford Venue, Helston – Cornwall, UK, 2012. © Marina Otero.

Arquitectura-de-circulacion-11Fig. 11 Zaha Hadid, Kingsford Venue, Helston – Cornwall, UK, 2012. © Marina Otero.

En sus múltiples montajes y desmontajes, los pabellones de la Serpentine Gallery están sujetos a continuas transformaciones materiales e, incluso, recepciones y prácticas cambiantes. Sus aventuras resuenan con nuestros imaginarios de innovación y adaptación constante, pero también evidencian las implicaciones de los regímenes circulatorios de la economía global actual, en particular en torno a la articulación entre arquitectura, permanencia y pertenencia. Los procesos de circulación y acumulación global en los que se inscribe –y también fomenta– la Serpentine Gallery, desestabilizan los entendimientos tradicionales del contexto y la relación de la arquitectura con el suelo, puesto que socavan tanto las nociones de permanencia espacial y temporal como los valores asociados a esa relación. Sin embargo, como hemos visto ejemplo tras ejemplo, estos procesos se traducen en producciones de localidad específica. Lo que los pabellones de la Serpentine Gallery nos enseñan es que en estos procesos de ensamblaje y desensamblaje se producen redistribuciones materiales y espaciales en forma de enclaves privados donde se ensayan nuevos sistemas de acumulación y extracción de capital.

Finalmente, y según sus curadores recientemente han confirmado, el pabellón de SelgasCano emprenderá un viaje trasatlántico a finales de verano. Será instalado en Los Angeles, y servirá como estandarte de Second Home, una institución cultural y espacio de trabajo para emprendedores abierto 24 horas al día y 7 días a la semana, y en la que para ser admitido como miembro no hace falta pagar una cuota sino acreditar la pertenencia al selecto grupo de agencias creativas de la zona.¹⁷ Su sede en el barrio londinense Shoreditch, también diseñada por SelgasCano, ha sido celebrada por la prensa como un paradigma de los espacios de co-working, o el espacio de trabajo del futuro.

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Publicado en

ARQ 90 | Estructuras Desmontables
Agosto 2015

Autora

Marina Otero Verzier. Arquitecta, ETSA, Madrid, España; TU Delft, Holanda. MSC CCCP, Columbia University, Nueva York, EE UU. Candidata a Doctor en el Departamento de Proyectos de ETSA, Madrid, España. Ha sido docente adjunto y directora de programación de la red global Studio-X de GSAPP, Columbia University, EE UU. Su trabajo ha sido premiado por la Graham Foundation y Arquia Próxima, y expuesto en The Istanbul Design Biennial y The Shenzhen Bi-city Biennale. Además ha coeditado los libros Promiscuous Encounters (2014) y Unmanned (en proceso). Actualmente es Directora de Investigación en Het Nieuwe Instituut, Rotterdam, Holanda, y Curadora General de la Trienal de Arquitectura de Oslo 2016 junto con After Belonging Agency.

Notas

En 2015, dos periódicos británicos, The Telegraph y The Guardian, publicaron información fruto de esta investigación sin hacer referencia a la misma. Tras solicitar una rectificación a ambos medios, The Guardian incluyó un vínculo al texto publicado en Domus (ver nota 1), pero negó la inclusión de una referencia a la existencia de investigaciones previas.

1 Esta investigación comenzó en el marco del seminario «Collecting Architecture: Territories» de GSAPP (Columbia University), dirigido por Craig Buckley y Mark Wasiuta en 2012, y ha continuado desde entonces. Una versión de este artículo fue previamente publicada en Domus web y en catálogo de Arquia Próxima 2014. Catálogo Arquia/Próxima 2014: Fuera (Barcelona: Fundación Arquia, 2015).

2 «Serpentine Pavilion 2015 Designed by SelgasCano», página web oficial de la Serpentine Gallery [Consulta: 03-04-2015]. Disponible aquí.

3 «Serpentine Gallery Pavilion 2012 Designed by Herzog & de Meuron, and Ai Weiwei» comunicado de prensa.[Consulta: 16-03-2012]. Disponible aquí.

4 Tomoko Fukuhara, Press SANAA, en una conversación por correo electrónico, 02-04-2012. «Unfortunately, we have no information on the sales process since it was conducted by the serpentine in secret, we cannot provide you anything from our end.»

5 Steve Rose, «The Gas Ceiling», The Guardian, publicado el 2 de Julio de 2006. [Consulta: 15-03-2012]. Disponible aquí.

6 Serpentine Gallery, «Serpentine Gallery Pavilion 2012 Designed by Herzog & de Meuron, and Ai
Weiwei» comunicado de prensa, [Consulta: 16-03-2012]. Disponible en aquí.

7 Información proporcionada por Liz Thompson, Director of Communications, Royal Shakespeare Company y Peter Bailey, Deputy Technical Director, Royal Shakespeare Company, en Febrero de 2012.

8 Fota House, Arboretum & Gardens website. [Consulta: 21-03-2012]. Disponible aquí.

9 Cork 2005 Archive. [Consulta: 21-03-2012]. Disponible en aquí.

10 Serpil Barrington-Serle, de Parkview International, en una conversación mantenida en Le Beauvallon en Julio de 2012. También publicado en Jonathan Glancey, «The Power and the Glory», The Guardian, 10 de Julio de 2005. [Consulta: 04-03-2012]. Disponible en aquí.

11 Ibíd.

12 Five Star Alliance, página web. [Consulta: 21-03-2012]. Disponible aquí.

13 Según información proporcionada por los comisarios de la Serpentine Gallery en 2012, algunos de los pabellones serían ahora propiedad de Maja Hoffmann (LUMA Foundation).

14 Serpentine Gallery, «Serpentine Gallery Pavilion 2012…».

15 Ibíd.

16 Información proporcionada por Liz Thompson y Peter Bailey en 2012.

17 Información proporcionada por Emma Enderby, curadora de la Serpentine Gallery, durante una reunión mantenida en Londres el 15 de Junio de 2015.

Bibliografía

JODIDIO, Philip. Serpentine Gallery Pavilions (Cologne: Taschen, 2011)

MOORE, Rowan. «Ten years of the Serpentine’s star pavilions», The Observer, publicado el 22 de Mayo de 2010. [Accedido en: 21-03-2012]. Disponible aquí.

ROSE, Steve. «The Gas Ceiling», The Guardian, publicado el 2 de Julio de 2006. [Accedido en: 15-03-2012]. Disponible aquí.

Lecturas recomendadas

ARQ +2 | Smiljan Radić: Bestiario
ARQ 77 | Urgencia y Materia

Phantom Railings es una instalación acústica interactiva que utiliza el movimiento de los peatones para evocar el fantasma de una reja inexistente. Instalada en el barrio londinense de Bloomsbury, específicamente en Malet Street Gardens –un jardín de uso colectivo cuyas rejas fueron cortadas durante la Segunda Guerra Mundial como parte de la propaganda política de guerra– el proyecto busca hacer evidente la ausencia del cierro perimetral del jardín al recrear el familiar sonido que producen las rejas metálicas cuando son recorridas con un palo.

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Publicado en

ARQ 88 | Patrimonios
Diciembre 2014

Ficha técnica

Arquitecta: Catalina Pollak / Ubicación: Malet Street Gardens, Bloomsbury, Londres, Inglaterra / Patrocinador: Centre for Creative Collaboration – C4CC , University of London / Montaje: Bartira Sena, Deborah Davis / Programación: Ken Boak, Daniel Soltis / Asesoría en ingeniería eléctrica: Adrian Godwin, Steve Kelly / Asesoría en ingeniería acústica: Guillaume Senzes / Documentación histórica: Nathanael Price / Presupuesto: sin datos / Año de proyecto: 2012 / Año de instalación: 2012-2014 / Fotografía: Rosario Montero, Catalina Pollak / Postproducción fotográfica: Sachiyo Nishimura

Lecturas recomendadas

ARQ 88 | Patrimonios
ARQ 80 | Representaciones
ARQ 70 | Arte / Arquitectura

patrimonios
Una pequeña casa obrera al lado de una antigua instalación industrial, un amplio templo arruinado por la naturaleza, fotos anónimas en un archivo, el recuerdo de unas rejas que cercaban un jardín urbano, modestas construcciones ganaderas en el desierto, un elegante regimiento convertido en espacio de exhibiciones: el conjunto diverso de obras que este número recoge intenta poner en evidencia la naturaleza múltiple, dispersa y heterogénea de lo que entendemos por ‘patrimonio’.

Se podría afirmar que el conjunto completo de lo que tenemos forma parte de nuestro patrimonio, en una definición ampliada y ciertamente genérica que abarcaría de paso tanto los ámbitos individuales y colectivos como aquellos privados y públicos, además de los materiales e inmateriales. Sin embargo, ese patrimonio diverso es objeto de valoraciones complejas y asimétricas, nunca homogéneas, para nada evidentes: como lo plantea el texto de Márquez y Rozas, la mayoría de las veces la definición cualitativa del patrimonio ha sido «monolítica y articulada desde el poder», con una mirada enfocada por cierto en el monumento.

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Asociada más veces de lo conveniente al conservacionismo y al discurso hegemónico, durante los últimos años la noción de patrimonio ha sido desplazada de su anterior centro y puesta en revisión. La naturaleza polifónica de la ciudad ha dado lugar a la validación de otras identidades que, desde los márgenes, han logrado instalar otros idearios, otras imágenes y otras culturas que han abierto el concepto de patrimonio hacia nuevos campos.

La primera acepción de la palabra registrada por el diccionario alude –con algo de candor– a la esfera de la familia, los bienes y las preexistencias e incluye por cierto una componente de permanencia y sedimentación: patrimonio es la «hacienda que alguien ha heredado de sus ascendientes». Acumulada en el tiempo y vinculada inequívocamente con el pasado, la heredad de la que como arquitectos participamos también tiene una proyección al futuro, en la medida que su comprensión integral incluye la generación y cuidado de una herencia para las generaciones que nos sucederán. A la pregunta por cómo cautelar lo que hemos recibido, habría que agregar otra pregunta por cómo construir –material e inmaterialmente– lo que vamos a entregar.

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Sumario
XIX Bienal Nacional de Arquitectura y Urbanismo 2015, Valparaíso, Chile
Editorial

Patrimonios / Patricio Mardones

Portafolio Galería AFA

Circa / Nicolás Franco

Lecturas, obras y proyectos

Obras en la Basílica del Salvador, Santiago, Chile / Dino Bozzi, Francisco Prado

Armería en Park Avenue, por Herzog & de Meuron / Olimpia Lira

Teatro Thalia, Lisboa, Portugal / Gonçalo Byrne, Patrícia Barbas, Diogo Seixas Lopes

La rehabilitación arquitectónica planificada / Claudia Torres

Nueva Biblioteca del Congreso Nacional, Santiago, Chile / Alejandro Beals, Loreto Lyon, Matías Zegers

Del passage a las galerías populares / Wiley Ludeña, Diana Torres

Phantom Railings, Londres, Inglaterra / Catalina Pollak

El lugar del patrimonio dominante / Francisca Márquez, Valentina Rozas, Rodolfo Arriagada

Cubierta de la antigua iglesia de Baños / Christian Brown, Paola Meneses

El tiempo de Carrières Centrales, Casablanca / Cristina García, Raúl Castellanos

Recuperación de una rectoría, Sales de Llierca, España / José Quintanilla Chala, Josep Maria Riera i Mas

Arquitectura de remeseros en San Pedro de Atacama / Flora Vilches, Lorena Sanhueza, Cristina Garrido

Casa Barrios Bajos, Valdivia, Chile / Pablo Ojeda

Noticias de la Facultad

120 Años Escuela de Arquitectura Pontificia Universidad Católica de Chile 1894-2014

Concurso Arquideas

NOA: Nature Observatory in Amazonia

ARQ-88-01
ARQ-88-02
ARQ-88-03
ARQ-88-04
ARQ-88-05
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Y un día al alba la desgracia se cuela entre
las sábanas y nos sorprende desnudos.
Hoy al alba.

Giorgio Seferis, 1974.

Aldo Rossi termina de escribir su Autobiografía Científica en 1981, cuando el Cementerio de Cataldo en Módena se construye. Leí por primera vez ese texto diez años más tarde y recuerdo que sus imágenes me parecieron tan reales, que me vi obligado a dejar Venecia. Viajé a Mantua, donde con un poco de suerte podría comprobar la entrada de las nieblas por las puertas de Sant’Andrea y después a Módena, donde con unas migajas de sensibilidad verificaría el sentimiento de piedad que se siente en la casa de los muertos. [1]

¿Por qué visitar esos edificios? En el texto rossiano, las nieblas y los restos los relacionan. «Pero ya durante el proyecto, ese edificio –el Cementerio de Módena– pertenecía a las inmensas brumas del valle del Po, a las casas desiertas, abandonadas desde hace muchos años, tras las grandes inundaciones; casas en las que aún pueden encontrarse la tacita rota, la cama de hierro, el cristal quebrado, la foto amarillenta, y la humedad, las señales del río exterminador. Pueblos en los que el río reaparece con la continuidad de la muerte, dejando tan solo signos, señales, fragmentos; pero fragmentos entrañables» (Rossi, 1981).

Bruma y restos entrañables son acontecimientos atmosféricos y cronológicos que demuestran científicamente el doble significado del tiempo y, por tanto de la construcción, la que queda, en esas líneas siempre emparentadas con el desvanecimiento… «veía la niebla penetrar en la basílica –Sant’Andrea di Mantova– tal como a menudo gustaba de observarla en la Galería de Milán, como algo imprevisible, que modifica y altera, como luz y sombra, como las piedras pulidas y gastadas por los pies y manos de generaciones de hombres…» (Rossi, 1981).

Una pesada melancolía se deja sentir a ratos al releer la Autobiografía Científica, donde se mezcla el orgullo por lo construido y la aventura que ofrece su biografía, «donde todo lo pasado se convierte en historia, y se hace difícil pensar que las cosas pudieran haber ocurrido de otro modo». La muerte, en cambio, aparece domesticada en el texto, desvanecida y sin interés después del proyecto de Módena, como declara Rossi, coqueteándole, sentada sobre sus rodillas.

Empujado por la profunda admiración que siento por ese texto, comienzo estos comentarios acerca de la recién inaugurada folly en The Serpentine Gallery en Londres y sobre mi último proyecto, un mausoleo llamado La Muerte en Casa. Extrañamente, los pabellones románticos de los parques ingleses –conocidos como folly– y los mausoleos tienen en común una fascinación por las formas extravagantes y una veneración por las ruinas y la melancolía.

En el año 2000 en el Museo Sir John Soane –que, para un ojo distraído (no inglés), puede parecer un mausoleo– el arquitecto Cedric Price dio una conferencia llamada The Kitchen Lecture. En ella aborda la relación entre cocina y arquitectura y, sobre la marcha, describe cómo una folly captura la mirada del paseante distraído.

«La verdadera folly recoge la cosecha de un ojo en silencio, y suspende la verdad misma de una manera maravillosa. La contemplación solitaria es esencial, aun cuando sea por una fracción de un segundo. La folly distorsiona el tiempo, el espacio y el sitio y, al hacerlo, mezcla la magia con el misterio, la diversión con la fantasía, ahora con entonces. El humor es esencial, en su creador y el ingenio es un bono. En efecto, la folly exitosa anima al espectador a suspender con presteza cualquier creencia en lo racional. El elemento de sorpresa generalmente se limita a una folly individual o visualmente aislada. El asombro reemplaza sorpresa cuando el espectador puede disfrutar de una serie de follies. Sin embargo, incluso en estas circunstancias, el goce visual sigue siendo, de una manera particularmente inglesa, una serie de acontecimientos en lugar de una experiencia secuencial. Para entender esto, el espectador debe comparar las cerca de cuarenta follies que se encuentran en los enormes jardines y parques de Stowe en Buckinghamshire» (Ulrich Obrist, 2009). [2]

Construir una folly esencialmente es hacer algo por segunda vez, algo a destiempo. Ese algo es siempre el recuerdo de un olvido, sobre el cual paradójicamente podemos decir: Ahí está de nuevo… una cabaña abandonada, una cueva con algunos dioses viviendo dentro, un templo o una pirámide… Una roca, por ejemplo, tiene para todos un significado primitivo y es, en ese para todos, donde se esconde la naturaleza burda de una folly… en la repetición de un lugar común. [3]

Las folly fueron construcciones incomprendidas e inútiles. Muchas veces eran sólo pequeñas señales extravagantes en un jardín que disparaban fácilmente el imaginario hacia tierras lejanas… Una especie de cápsula de tiempo construida para despertar la memoria e inducir la sorpresa en el paseante. Ellas señalaban lugares, organizaban los recorridos secundarios en un parque, o simplemente pronosticaban la llegada de tiempos mejores… un deslinde, un rincón sagrado, un sendero misterioso, una colina que necesitaba por su carácter trágico y rocoso una torre, una fiesta o la llegada del verano. [4]

Mi proyecto para The Serpentine Gallery tiene algo de ese destiempo. Nadie sabe a ciencia cierta qué es real y qué es falso en ese pabellón, o para qué realmente sirve su extraño ambiente. [5]

Tampoco qué truco estructura la cáscara translúcida de fibra de vidrio de sólo 12 mm de espesor, o si las piedras que lo soportan sostienen algo, o son simplemente pesados vestidos o disfraces de tiempo, como las cariátides en un verdadero templo griego, o en la marquesina de High Point II de Berthold Lubetkin en Londres. [6]

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Pero una folly rechaza con desdén y capricho esas categorías. La diferencia entre verdadero y falso en ella es algo insensato. Es una locura porque inexplicablemente, como sucede con una ruina, lo que justifica su existencia es su solo aparecer. Su aparecer solamente. [7]

La ruina –según Cedric Price– es el camuflaje que muchas veces usaban con humor sus arquitectos para presentarnos estos pequeños pabellones como algo natural en medio de un mundo nuevo. Toda folly que se precie, debe creer que ha estado siempre ahí, cayéndose a pedazos, incluso antes de la erosión del paisaje mismo que la acecha. Porque, «ruinar es también un proceso o una acción, no solo una imagen o un dispositivo gráfico. La ruina tiene una relación dialéctica con el paisaje, y más con la naturaleza misma, con una idea de la naturaleza y su descomposición o realidad floreciente» (Dillon, 2014).

Así, los cortes de la cáscara de mi pabellón, como las caídas naturales de los muros de una folly cualquiera, suponen la proyección del derrumbe por venir, un derrumbe inexistente. [8]

Como lo demuestra Giovanni Battista Piranesi en sus Carceri d’Invezioni. [9 / 10]

La ruina es un proceso de disolución espacial y temporal, donde interior y exterior se enredan sin adornos a través de sus muros agrietados y de sus derruidas techumbres. [11]

Como describe Rose Macaulay, «muy pronto los árboles se empujarán a través de las ventanas vacías, la rosa y el hinojo floreciendo dentro de las paredes rotas, las zarzas se enredarán fuera de ellas. Muy pronto la ruina será emboscada, engullida, y las criaturas apropiadas se deleitarán» (Macaulay, 1953). [12]

El pequeño jardín frente a la Serpentine Gallery es un rincón apenas delineado por unos parterres, una reja baja y una serie de normas de seguridad intangibles dentro de Kensington Gardens. Año tras año, durante los dos meses de construcción, este pequeño pedazo de pasto, como si fuera un valioso sitio arqueológico, es excavado y reinterpretado tratando de encontrar en él un nuevo hallazgo. Sin embargo ha sido imposible acumular restos entrañables en él, solo pueden sus curadores almacenar historias y recuerdos. [13]

Por mi cuenta, construir en ese jardín fue la posibilidad de dar forma al fantasma de algo que nunca habría sido, de algo que resultaba antes del pabellón difícil de pensar realmente o, por lo menos, algo absurdo, extraño y caprichoso, nacido del juego y del azar, como lo fue la maqueta de papel maché para el castillo de El Gigante Egoísta pensada unos años antes. [14]

Hasta ahora, mucho de lo que hemos escrito acerca de una folly podría servir para describir algunos mausoleos. Sin embargo, existe un aire húmedo y pesado encerrado en esos monumentos que brotan monolíticos, siempre construidos como si fueran de una sola pieza, para simular una piedra o un sepulcro falsamente inexpugnable. En ellos existe una sensación de entierro que impregna todo, una pesadumbre que no encontramos normalmente en una folly, la misma sombra que describe el paseante extraviado de Robert Walser al enfrentarse al Gigante Tomzack… [15]

«…pasado, presente y futuro eran para él un desierto sin entidad, y la vida era demasiado escasa, demasiado pequeña, demasiado estrecha para él. No había ningún sentido para él, y a su vez, él no significaba nada para nadie. De sus grandes ojos salía un torrente de pesadumbre ultramundana o inframundana. Un dolor infinito hablaba en sus cansados y laxos movimientos. No estaba vivo ni muerto, no era joven ni viejo. Me parecía tener cien mil años, y me parecía como si tuviera que vivir eternamente para no estar eternamente vivo. Moría a cada instante, y sin embargo no podía morir. No había para él tumba con flores…» (Walser, 1917).

Inicié el proyecto del mausoleo sin darme cuenta y sin mediar encargo alguno mientras trabajaba en secreto para La Folly de Londres. En las noches de verano dibujaba en casa con tinta de grabado sobre papel grueso y en uno de esos rápidos dibujos de color negro y oro, apareció improvisamente un volumen monolítico. [16 / 17]

Una especie de animita cruzada por una rendija. Sin duda, más animita y menos rendija. [18]

Su nombre vino más tarde como una advertencia para los distraídos.

La Muerte en Casa y La Folly fueron dos bestias que cayeron juntas sobre mí. Ambos proyectos llegaron al mismo tiempo y un poco más tarde, a la cola, extrañante como esos encargos, recibí unos dibujos desde Londres. [19]

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Seis dibujos, una caja de chocolates y una carta escrita por Benjamin –el padre de Anthony, autor de los dibujos– en la que me explicaba la razón de su regalo. Su hijo mayor de 16 años había visto algunos de mis dibujos publicados en internet y a raíz de su entusiasmo, él había decidido intentar iniciar con este envío un trueque desde Londres, sin saber que yo viajaba en esos días permanentemente a Inglaterra tratando de encontrar la solución para el pabellón de The Serpentine Gallery. [20]

En los dibujos de Anthony ustedes pueden ver un niño largo que llora. El niño vestido con una especie de túnica llora, y en cada dibujo la trayectoria sinuosa de una lágrima rueda hasta varar en su ombligo, o haciendo piruetas por los aires alcanza su mano…

Le envié publicaciones y dibujos, en especial algunos que me parecían más legibles producidos para El Niño Escondido en un Pez. He visto niños autistas dibujando a una velocidad galopante y he pensado siempre que mis dibujos no deberían ser menos rápidos porque esa velocidad les asigna una insignificancia. En esa velocidad reside su abandono y gracias a ella pueden pasar inadvertidos como simples garabatos. Sin embargo, entiendo que ellos son como esa luz prístina que aparece cuando te anuncian que tienes un tumor. Todo, en un solo instante, se vuelve claro y bien delimitado. Todos los contornos de las cosas se iluminan cruelmente como si valiera la pena echarle un último vistazo al mundo. En esos momentos, aunque las líneas en los dibujos se apelmacen en una madeja de acontecimientos indescifrables para el común de los mortales, ellas pueden ser descritas en detalle por la víctima, una a una. Son momentos donde la maleza retoma su condición de planta. Recién ahora puedo entender esos dibujos como simples momentos de certeza. [21]

Recibí en respuesta una nueva caja de chocolates, otra carta escrita a mano y dos dibujos extraordinarios, plegados en cruz. Una vez abiertas todas sus caras, siguiendo unas instrucciones inconclusas en el reverso del dibujo, reaparecía en su fondo el mismo niño rodeado ahora por las cuatro hojas abatibles atiborradas de números. Ese era el mundo de un niño autista. Desplegadas las hojas, el niño en el fondo ya no estaba parado mirando a lo lejos como lo hacía en la primera serie de dibujos, sino que ahora parecía sorprendiéndonos mientras invadíamos su refugio, un sobre que podría ser una pequeña caja de música donde él era el único habitante. [22]

Nos reunimos en junio en La Folly con Anthony y su familia. Benjamin me explicó que lo que había visto como una lágrima, en realidad era una luz de fuego y que el instrumento extraño que llevaba en su mano era realmente una linterna. Descubrí que los números anotados estaban asociados de alguna manera a las miles de canciones que Anthony recordaba y que el niño del dibujo era indiscutiblemente –según Marcela– su frágil hermano. Las hojas abatibles llenas de números y sus dedos –enredados sobre sí– contando en constante movimiento mientras caminábamos, eran señales físicas del registro constante de su memoria.

Después de salir del pabellón atravesamos Kensington y tomamos el metro en Lancaster Gate para visitar Portobello, un ambiente terrible para dos tribus autistas. En ese trayecto, cada familia miraba los gestos de la otra, tratando de descubrir qué nuevos sonidos podían ser incluidos en nuestras realidades. Aprendiendo. Pero es difícil traspasar conocimientos. Es muy difícil comunicar. Los momentos de silencio, los pocos momentos de silencio fueron aquellos donde todo quedaba claro… Finalmente, a pesar del cariño instantáneo y de la compasión mutua, estábamos solos. Como dice de manera dulce Saint John Perse, estábamos solamente… como el niño abrazado por sus números, como El Niño Escondido en un Pez, como El Niño Escondido en un Huevo, como el habitante de La Muerte en Casa.

El mausoleo es una pieza de ladrillo sólido de 10 m³. En realidad son dos piezas únicas con un interior apenas desfondado por la luz que se cuela a través de una rendija que separa las partes descalzadas. Ella filtra todo lo que por fuera corre a tiempo. Mientras en su interior ocurre a destiempo lo más importante, un silencio sordo y una penumbra colorida. [23 / 24]

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Esa rendija apareció con claridad cuando Marcela y yo cortamos a mitad el granito de 19 toneladas para la instalación El Niño Escondido en un Pez el 2010 en la decimosegunda versión de la Bienal Internacional de Arquitectura de Venecia. Antes también la habíamos visto en unos sarcófagos de piedra abandonados sobre los muros de una pequeña capilla en la isla de Brac en Croacia, desde donde zarpó mi abuelo rumbo a Chile en 1919. Ahogados de aire, medio abiertos, medio cerrados, como una lapa sobre la arena. [25]

En su interior, la mitad superior estará pintada con un cielo azul con estrellas amarillas y la parte baja, el zócalo y el suelo, con plantas acuáticas de grandes hojas de un verde encendido. Las estrellas amarillas serán de color oro y deberían producir –gracias a la luz colada a través de la rendija– la misma sensación que Junichiro Tanizaki describe para los interiores de algunas construcciones tradicionales japonesas.

…Diríjanse ahora a la estancia más apartada, al fondo de alguna de esas dilatadas construcciones; los tabiques móviles y los biombos dorados, colocados en una oscuridad que ninguna luz exterior consigue traspasar nunca, captan la más extrema claridad del lejano jardín, del que le separa no sé cuántas salas ¿no han percibido nunca sus reflejos, tan irreales como un sueño? Dichos reflejos, parecidos a una línea del horizonte crepuscular, difunden en la penumbra ambiental una pálida luz dorada, y dudo que en ningún otro sitio pueda el oro tener una belleza más sobrecogedora. [26]

Algunas veces, al pasar por delante, me he vuelto para mirarlos de nuevo una y otra vez; pues bien, a medida que la visión perpendicular va dando paso a la visión lateral, la superficie del papel dorado se pone a emitir una suave y misteriosa irradiación. No es un centelleo rápido, sino más bien una luz intermitente y nítida, algo así como la de un gigante cuya faz cambiara de color. A veces, el polvo de oro que hasta entonces sólo tenía un reflejo atenuado, como adormecido, justo cuando pasas a su lado se ilumina súbitamente como una llamarada y te preguntas, atónito, cómo se ha podido condensar tanta luz en un lugar tan oscuro (Tanizaki, 1933).

La pintura será una especie de papel mural pintado a mano, como el cielo de los murales del Giotto en la Capilla de los Scrovegni en Padova, o parecidos a los de la sala funeraria en la pirámide de Giza en Egipto. El cielo de esa sala ha permanecido en mi memoria durante años. Más que su imagen –que a estas alturas no sé a ciencia cierta si es real o no– recuerdo exactamente la sensación de alivio y frescor que sentí después de caminar por un estrecho túnel hasta llegar a la cripta bajo la presión de las piedras de la gran pirámide. Ese frescor era la vida dibujada y proyectada para siempre sobre los muros. [27]

La Muerte en Casa es un recipiente más que un recinto. Una caja de color por dentro o, si se la ve desde fuera, una especie de olla de cerámica apoyada en la tierra y colgada del cielo con sus fundaciones en cruz como los dibujos de Anthony. La repetición de esa forma en los soportes y en la coronación, junto al descalce entre las dos piezas, permite una cierta confusión y sirve para crear la sensación de recipiente o de instrumento de cocina. Se puede tomar y abrir con cuidado. Esta sensación altera la escala del proyecto y lo transforma en una especie de maqueta en obra gruesa, a escala real, al igual como ocurrió en La Folly de Londres que, gracias a su construcción bruta hecha a mano, parecía construida por una mano gigante y torpe. [28]

La Muerte en Casa es un refugio proyectado para darle vivienda a la muerte en cualquier rincón donde ella aparezca. Una animita a escala real que no se construye, que se modela y se cuece como un ladrillo. Su arcilla es la común de los ladrillos artesanales en Chile, aserrín, barro, paja y arena… un ladrillo pobre en resistencia, muy poroso, lleno de aire.

Hemos aprendido gracias a la Ampliación para la Casa del Carbonero que el proceso constructivo de las construcciones por cocimiento es complejo y este se podría asociar al mundo de la cocina, pero obviamente en ellas la garantía del resultado no está en el paladar o en la apariencia. [29]

Sino en la meticulosa lectura que el constructor hace del olor, color y transparencia del humo en el tiempo de quema hasta que la pieza alcanza –como en mi pabellón para The Serpentine– una frágil resistencia sin historia. [30]

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Publicado en

ARQ +2 | Smiljan Radić: Bestiario
Noviembre 2014

Artículo realizado por

Smiljan Radić Clarke. Es arquitecto titulado por la Pontificia Universidad Católica de Chile en 1989; estudió Historia de la Arquitectura en el Istituto Universitario Di Architettura di Venezia y Diseño de Proyectos en el Istituto Andrea Palladio de Vicenza.

Referencias bibliográficas

DILLON, Brian. Ruin Lust. London, Tate publishing, 2014.

MACAULAY, Rose. Pleasure of Ruins. London, Thames and Hudson, 1953.

ROSSI, Aldo (1981). Autobiografia scientifica. Parma, Pratiche Editrice, 1990.

SEFERIS, Giorgos (1974). Seis noches en la Acrópolis (Six nights on the Acropolis). Madrid, Narrativa Mondadori, 1991.

TANIZAKI, Junichiro (1933). El Elogio de la Sombra (In Praise of Shadows). Madrid, Ediciones Siruela, 1994.

ULRICH OBRIST, Hans. Cedric Price. Conversation Series 21. Koln, Verlag der Buchhandlung Walther Köning, 2009.

WALSER, Robert (1917). El Paseo. Madrid, Ediciones Siruela, 1997.

Imágenes

1 Smiljan Radić. Pabellón para The Serpentine Gallery, Londres, 2014. Fotografía de Gonzalo Puga.

2 Templo de la filosofía. Parque Jean-Jacques Rousseau, Ermenonville, Francia, siglo XVIII. Fuente: Wikimedia Commons. Material de dominio público, bajo licencia ©Creative Commons y GNU Free Documentation License.

3 Le Dolmen, folie natural. Parque Jean-Jacques Rousseau, Ermenonville, Francia, s.d. (autor desconocido). Fuente: http://fr.academic.ru/

4 y 5 Smiljan Radić. Pabellón para The Serpentine Gallery, Londres, 2014. Fotografías de Cristóbal Palma.

6 y 7 Smiljan Radić. Pabellón para The Serpentine Gallery, Londres, 2014. Fotografía de Gonzalo Puga.

8 Smiljan Radić. Pabellón para The Serpentine Gallery, Londres, 2014. Fotografía de Iwan Baan.

9 y 10 Smiljan Radić. Pabellón para The Serpentine Gallery, Londres, 2014. Fotografía de Gonzalo Puga.

11 Piedra musgo. Fotografía de Smiljan Radić.

12 Cedric Price, Lord Snowdon y Frank Newby. Aviario del zoológico de Londres, 1963. Fotografía de Smiljan Radić.

13 Sitio de obra, pabellón para The Serpentine Gallery. Londres, 2014. Fotografía de Smiljan Radić.

14 Smiljan Radić. Modelo de El Castillo del Gigante Egoísta, 2010. Papel maché, 35 x 35 x 14 cm. Fotografía de Gonzalo Puga. Fuente: Archivo de Smiljan Radić.

15 Mausoleo en el Cementerio General, Santiago, s.d. Fotografía de Smiljan Radić.

16 Smiljan Radić. Dibujo para La muerte en casa, 2014. Tinta gruesa plata y negra sobre papel, 32 x 24 cm. Fuente: Archivo de Smiljan Radić.

17 Smiljan Radić. Dibujo para La muerte en casa, 2014. Tinta gruesa negra sobre papel, 32 x 24 cm. Fuente: Archivo de Smiljan Radić.

18 y 19 Animitas en el camino, Chile. Fotografías de Smiljan Radić.

20 Dibujos de Anthony Ikwueme, 2014. Tinta negra sobre papel, 3 láminas sueltas de 29,5 x 21 cm. Fuente: Archivo de Smiljan Radić.

21 Smiljan Radić. Dibujo en tinta para El niño escondido en el pez, XII Bienal de Arquitectura de Venecia, 2010. Tintas negra y roja sobre papel, 32 x 24 cm. Fuente: Archivo de Smiljan Radić.

22 Dibujos y composición de Anthony Ikwueme, 2014. Tintas negra y azul sobre papel traslúcido, 4 láminas de 29,5 x 21 cm montadas en cruz con cinta adhesiva. Fuente: Archivo de Smiljan Radić.

23 y 24 Smiljan Radić. La muerte en casa, 2014. Modelo de arcilla cocida, 25 x 45 x 56 cm. Fotografía: Gonzalo Puga. Fuente: Archivo de Smiljan Radić.

25 Smiljan Radić, Marcela Correa. Refugio, XII Bienal de Arquitectura de Venecia, 2010. Fotografía: Smiljan Radić.

26 Smiljan Radić. Dibujo para La muerte en casa, 2013. Tintas oro y negra sobre papel, 32 x 24 cm.

27 Dibujo de Olivia Radić, 2014. Lápiz de cera sobre papel, 29,5 x 21 cm. Fuente: Archivo de Smiljan Radić.

28 Smiljan Radić. La muerte en casa, 2014. Modelo de arcilla cocida, 25 x 45 x 56 cm. Fotografía: Gonzalo Puga. Fuente: Archivo de Smiljan Radić.

29 Smiljan Radić. Ampliación para la casa del carbonero, Culiprán, 1997–1998. Fotografía de Smiljan Radić.

30 Smiljan Radić. Dibujo para The Serpentine Gallery Pavilion, 2014. Acuarela sobre papel, 13 x 20,5 cm.

Lecturas recomendadas

ARQ 87 | Estructuras tensiles

Exposición. Ilustraciones

ARQ 82 | Fabricación y construcción

ARQ 80 | Representaciones

ARQ 77 | Urgencia y materia

ARQ 75 | Casas

ARQ 72 | Ríos urbanos

ARQ 70 | Arte / Arquitectura

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Al mismo tiempo que desarrollaba en el estudio de Bresciani Valdés Castillo Huidobro el proyecto de la Unidad Vecinal Portales en la Quinta Normal de Santiago, el arquitecto Fernando Castillo Velasco proyectaba una pequeña casa de verano en la localidad de Algarrobo, en la costa central de Chile. La casa de Algarrobo (1960) sería un lugar de descanso para su familia, y planteaba una serie de temas que ya habían sido explorados en proyectos anteriores, como la casa de calle Simón Bolívar de 1947 o la casa Santos en Papudo de 1958: plantas libres, esquemas de orden espacial declaradamente horizontales, uso expresivo de elementos estructurales. Su pequeña escala y modestia material contrastaba con las enormes magnitudes de los bloques de la Unidad Vecinal; pero ante todo, era la soltura del aire atrapado en el interior de la casa quizá el elemento de mayor diferenciación respecto a las grandes obras que el estudio desarrollaba en esos años.

La casa de Algarrobo, antiguamente llamada por los locales «la casa de Tarzán», era una construcción de madera conformada por un plano horizontal de 11 x 7,6 m. aproximadamente apoyado sobre grupos de pilotes, el que estaba cubierto por una membrana literalmente colgada como una sábana entre dos hileras de rollizos de madera.

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La catenaria, descrita por tensores de varas de eucaliptus y delgados tableros, acentuaba el mínimo espesor de la membrana y su independencia de cualquier tabique o elemento vertical interior; la luz y el aire entraban generosamente por los extremos donde había mayor altura interior.

El ambiente de la casa de Algarrobo parecía no disimular su cercanía con la sensación de liviandad de una carpa, con la arquitectura nómade de textiles y hasta cierto punto con una vida interior que prescindía de jerarquías y apostaba por relaciones de fluidez y apertura. Una parte importante de esa carga atmosférica radicaba en la delgada membrana que flotaba, tensada por su propio peso, sobre el espacio interior de la casa.

Este número recoge el impulso del V Simposio Latinoamericano de Tensoestructuras, realizado en 2012 en la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y hace una revisión de otros ejemplos de arquitectura tensil y los vínculos que, tal como en la casa de Algarrobo, aparecen entre estas estructuras y ciertos sistemas de relaciones sociales, materiales y formales. Opuesta a las lógicas de la arquitecturas de compresión, la arquitectura tensil echa mano a una cierta invisibilidad –por su ligereza y densidad– y se asocia a la capacidad de cambio y adaptación que buscaban las arquitecturas radicales de la segunda mitad del siglo XX, en el intento de abrir un camino divergente de una modernidad sólida e instalada.

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Sumario
Dossier técnico ARQ
Editorial

Estructuras tensiles / Patricio Mardones

Portafolio Galería AFA

La Difunta Correa / Marcela Correa

Lecturas, obras y proyectos

On Space Time Foam, Milán, Italia / Tomás Saraceno

Tensegridad como crítica al abuso de las formas estables / Rafael Beneytez, Víctor Manuel Cano

Torre Antena Santiago, Santiago, Chile / Smiljan Radic, Gabriela Medrano, Ricardo Serpell

Moom, Tokio, Japón / Kazujiro Kojima

Una escalera suspendida / Albert Samper, Blas Herrera

Restauración Iglesia St. Pere, Corbera D’Ebre, España / Ferrán Vizoso, Núria Bordas

Aulas neumáticas, Valparaíso, Chile / Juan Ignacio Baixas

Tres arquitecturas de cuerda rígida y hueca / Javier Pérez-Herreras

Cubierta para el Museo Chileno de Arte Precolombino / Smiljan Radic

Noticias de la Facultad

Cocinando con Mónica / Seminario realizado por Alejandro Aravena

V Simposio Latinoamericano de Tensoestructuras 2012

Sistema abierto de módulos tensados / Macarena Burdiles

La influencia del montaje en el diseño de las tensoestructuras / José Ignacio De Llorens

El LILD y las estructuras autoportantes de bambú para arquitectura textil / João Correia de Melo, José Luiz Ripper, Luís Moreira, Lucas Ripper

Noticias

Serpentine Pavilion, Londres, 2014

Mies Crown Hall Americas Prize 2014

Taller al Cubo

Mercado/estación fluvial de Collico

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Thames Gateway

Artículo sobre ejercicios de regeneración suelos postindustriales en Londres.
Realizado por Jorge Godoy y publicado en ARQ 72 | Ríos urbanos.

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Los ríos que acompañan a la mayoría de las ciudades también las caracterizan. A veces se los desdeña, como el mismo Manzanares en Madrid o el Mapocho en Santiago. Luego se intenta recuperarlos porque no son accidentes geográficos cualquiera: traen vegetación, humedad, fauna, sombra y ruido tranquilizante. A los grandes ríos nadie los ha ignorado nunca: servían como defensa —como el Sena en París y el Támesis en Londres— y a veces han sido la única fuente de riqueza para un pueblo —como el río Nilo con sus crecidas—.

En Santiago, el río Mapocho fue considerado por primera vez al acercarse la celebración del primer centenario de la República, con la creación del paseo del parque Forestal y el Museo de Bellas Artes. Sin embargo, después de eso ha sido ignorado y olvidado; se le ha descubierto como solución vial y buen negocio para la generación de autopistas. Hoy los arquitectos distinguen posibilidades en su trayecto, especialmente al oriente y poniente.

Este nuevo número de la revista, con sus textos y obras, pretende ayudarnos a mirar de nuevo a los ríos urbanos, esta vez con más respeto.

Disponible
$10.550

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Sumario
Portfolio ARQ / Pezo von Ellrichshausen Arquitectos
Lecturas

Nilómetro de Roda / Mauricio Baros

Ríos de ideas / José Luis Gómez Ordóñez

El Mapocho urbano del s. XIX / Simón Castillo

Tres visiones sobre el río Mapocho / Carolina Katz, Paul Reid, Martín Andrade

Países Bajos, territorio reversible / Carolina Contreras

Aprendiendo de Plecnik / Jelena Petric, Martin Graham

Obras y proyectos

Parque río Manzanares, Madrid / Burgos & Garrido Arquitectos

Balcón del Guadalquivir y molino de Martos, Córdova / Juan Navarro Baldeweg

Centro de investigación e interpretación de ríos Órbigo, Tera y Esla, Zamora / José Juan Barba

Rehabilitación en CEPAL, Vitacura / Dos G Arquitectura

Restaurante Mestizo, Vitacura / Smiljan Radic, Marcela Correa

Taller estero Marga Marga, Viña del Mar / Enrique del Río, Pilar García, José Rosas

The High Line, Nueva York / Field Operations

Thames Gateway, Londres / Jorge Godoy