Chile

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Monolith Controversies es el nombre del pabellón de Chile con el cual los curadores, Pedro Alonso y Hugo Palmarola, buscan dar respuesta a la temática Absorbing Modernity 1994-2014 propuesta por Rem Koolhaas para la representación de los pabellones nacionales en la 14ª Bienal de Venecia.

El pabellón presenta como pieza central un panel producido por la fábrica KPD, de origen soviético y que operaba en El Belloto, Quilpué. El panel tiene un importante valor histórico, ya que, fue firmado por el Presidente Salvador Allende durante la inauguración de la planta en 1972 y posteriormente estucado, ocultando la firma, durante la dictadura. Posteriormente, ya en estado de ruina, es rescatado por uno de los ex trabajadores de la fábrica.

Las distintas lecturas que podemos obtener de esta pieza particular, las variaciones que tuvo este tipo de sistemas estandarizada durante el siglo XX y la absorción, por parte de los trabajadores, de esta arquitectura forman parte de la presentación de Chile y con el cual obtuvo el León de Plata dentro de las participaciones nacionales en la Bienal.

1. Recreación 1:1 del living comedor del departamento, construido con el sistema KPD, de Silvia Gutiérrez en Viña del Mar / 2. Un portal con el texto introductorio al pabellón y créditos involucrados / 3. Proyección en el suelo que muestra los sistemas y su inventario de piezas en constante rotación / 4. Proyección de videos realizados por Gianfranco Foschino de departamentos realizados con el sistema KPD y VEP / 5. 28 maquetas que muestran la evolución del sistema de construcción de paneles de hormigón en viviendas colectivas / 6. Proyección con imágenes y recortes de prensa que muestran el impacto de estos sistemas, fábricas y sus viviendas en el contexto chileno / 7. El panel al centro del pabellón.

Fuente de la imagen: Monolith Controversies

Monolith-Controversies-02↑ El Pabellón de Chile y su relación con el edificio del Arsenale.

Monolith-Controversies-03↑ Acceso al Pabellón de Chile.

Monolith-Controversies-04B↑ Recreación 1:1 del departamento, construido con el sistema KPD, de Silvia Gutiérrez en Viña del Mar.

Monolith-Controversies-05↑ Objetos del departamento de Silvia Gutiérrez.

Monolith-Controversies-06↑ Objetos del departamento de Silvia Gutiérrez.

Monolith-Controversies-07↑ El León de Plata y el catálogo de Monolith Controversies.

Monolith-Controversies-08A↑ El panel al centro del Pabellón.

Monolith-Controversies-09↑ La relación del panel y otros elementos expuestos: las maquetas de los sistemas prefabricados y los videos a las fachadas de los departamentos.

Monolith-Controversies-10↑ El acceso desde la recreación del departamento al espacio central.

Monolith-Controversies-11↑ El panel en primer plano y a la izquierda las maquetas expuestas.

Monolith-Controversies-12↑ 28 maquetas expuestas que muestran distintos sistemas de prefabricación de paneles de hormigón.

Monolith-Controversies-13↑ Detalle de una de las maquetas.

Monolith-Controversies-14↑ Detalle de una de las maquetas.

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Ficha técnica

Nombre: Monolith Controversies. Pabellón de Chile en la 14ª Bienal de Arquitectura de Venecia
Lugar: Padiglione all’Arsenale, Venecia, Italia
Fechas: 7 de junio 2014 – 24 de noviembre 2014
Horarios: Martes a domingo 10.00-18.00 hrs

Curadores: Pedro Alonso, Hugo Palmarola / Comisionado por: Cristóbal Molina / Diseño de pabellón: Gonzalo Puga / Identidad visual: Martín Bravo / Artista invitado: Gianfranco Foschino / Producción: Felipe Aravena, José Hernández / Multimedia: Francisco Hernández, Micol Riva / Comunicaciones: Marcela Velásquez / Producción del pabellón: Luigi D’Oro & Arguzia s.r.l. / Organizador: Consejo Nacional de la Cultura y las Artese / Apoya: Fundación Imagen de Chile, DIRAC, CSAV, SAAM

Más info: Monolith Controversies

Lecturas recomendadas

De abstracto a concreto
ARQ 82 | Fabricación y construcción

Imágenes

Layout Pabellón: Gonzalo Puga, Micol Riva
Fotografías: Sebastián Paredes

Operación Sitio y Villa La Reina [1965-1970]

Entre 1940 y 1960 la ciudad de Santiago duplicó su población produciendo una crisis habitacional en la capital. Si bien el presidente Eduardo Frei Montalva (1964-1970) planteó el desafío de terminar con la escasez de vivienda, su gobierno no tendría ni el dinero ni el tiempo suficiente para lograr su objetivo a través de las políticas públicas tradicionales. Lo que implementaron fue llamado por sus opositores «Operación Tiza»: a mediados de los años sesenta, políticos y planificadores decidieron no construir casas para la gente viviendo en extrema pobreza, sino que hacerlos dueños de un terreno trazado con tiza. Dada la urgencia y falta de dinero, optaron por proveer solo de aquello que la gente no podría obtener por su propia cuenta: diseño urbano, acceso a servicios y equipamientos básicos y la conexión con las redes de la ciudad. A pesar de las dificultades –y no sin errores– en un periodo de cinco años la «Operación Sitio» –nombre formal de esta política pública– entregó cerca de 71 mil sitios a más de 380 mil personas, urbanizando extensas áreas de la periferia del Santiago de la segunda mitad de la década de 1960.

Villa La Reina, en tanto, es un proyecto de autoconstrucción desarrollado en esta época. A diferencia de la «Operación Sitio», este conjunto se desarrolló a escala local, liderado por el arquitecto Fernando Castillo Velasco, alcalde de la comuna de La Reina entre 1964 y 1968. El trabajo colaborativo entre la alcaldía, la comunidad local y la Universidad Católica, fue uno de los aspectos claves de este proyecto. La organización de los pobladores no solo fue relevante en la autoconstrucción de sus viviendas, sino también en el proceso de diseño y en la creación de un barrio integral con espacio público adecuado, provisto de equipamiento educacional, cercano a nuevas fuentes de empleo y conectado con la estructura de la ciudad.

Si bien la «Operación Sitio» y la autoconstrucción parecían estrategias viables para reducir los costos y acelerar los procesos en vivienda, fueron severamente criticadas. En términos de localización se preveía a principios de la década de los setenta que la «Operación Sitio» derivaría en una masiva segregación social. En términos del proceso de autoconstrucción, el gobierno de Salvador Allende optaría por eliminar este tipo de programas, estableciendo que era un proceso ineficiente y que discriminaba a la población de más escasos recursos.

Primera mitad del siglo XX: migraciones y escasez de vivienda

Grandes migraciones hacia las ciudades caracterizaron la primera mitad del siglo xx en Chile. Si en 1907 solo un 38% de las personas vivían en ciudades (1,2 millones de hab.), hacia 1970 este porcentaje se había incrementado a un 71,6 % (6,4 millones de hab.) (Geisse, 1983). Esto se debió en gran medida a las migraciones provenientes del campo y de los campamentos mineros del salitre, que habían entrado en bancarrota¹. Santiago, capital financiera y administrativa del país, atrajo la mayoría de estas migraciones. El resultado fue una enorme escasez de viviendas para mediados de la década del sesenta.

La ciudad de Santiago, desde principios del siglo XX, fue gradualmente transformada en el mayor centro industrial del país. En 1916 el 45% de la inversión pública en infraestructura se concentró en la capital, ciudad en la que vivía solo el 18% de la población del país (Geisse, 1983) (fig. 1). La consecuente generación de empleo hacía de Santiago un atractivo destino para las migraciones. En 1907 la ciudad tenía una población de 300 mil habitantes. En 1940 esta cifra se había incrementado a 950 mil y hacia 1960 el número se había duplicado a 1,9 millones de personas, concentrando en Santiago al 58% de la población urbana del país y produciendo una crisis en la provisión de vivienda. Los pobladores de escasos recursos que llegaban a la capital buscando oportunidades de trabajo y educación no tenían más alternativa que vivir en conventillos o en las llamadas «poblaciones callampa».

Urbanizando-con-tiza-fig-1Fig. 1 Población total y urbana en Chile entre 1865 y 1970. Gráfico del autor. Fuente de la información: Geisse, 1983, p. 185.

Los conventillos eran viviendas precarias desarrolladas por empresarios, que se arrendaban a la gente de menores ingresos. Consistían en dos hileras de habitaciones que compartían un pequeño callejón. La falta de ventilación, de agua potable y alcantarillado era común en estos conjuntos y el hacinamiento era parte de la vida diaria de estas personas. En 1952 Chile tenía más de 160 mil personas viviendo en cuarenta mil de estas habitaciones (CORVI, 1962) (fig 2). Por su parte, las poblaciones callampa eran asentamientos informales ilegales, establecidos en tierras públicas o privadas, generalmente en espacios degradados de la ciudad. En 1952 cerca de 35 mil viviendas formaban diferentes tomas de terreno en las ciudades del país, la mayoría de ellas en Santiago (CORVI, 1962). El objetivo principal de estas poblaciones era vivir cerca de las oportunidades de trabajo y educación que ofrecían las ciudades (fig. 3).

Urbanizando-con-tiza-fig-2-3Fig. 2 Conventillo, c. 1920. Fuente: Montoya, J. Luces de modernidad: archivo fotográfico Chilectra. Enersis, Santiago, 2001. / Fig. 3 Población callampa en el Zanjón de la Aguada, c. 1954. Fotografía: Domingo Ulloa. Fuente: Biblioteca Nacional de Chile.

En 1953 se fundó la Corporación de la Vivienda (CORVI) para proveer de soluciones habitacionales al país; en ese año el déficit de viviendas en Chile llegaría a más de 145 mil unidades (CORVI, 1963). La institución abordaría las necesidades tanto de la clase media como de los pobladores de escasos recursos y los proyectos promovidos por esta entidad incluirían desde conjuntos de casas, como la población Salar del Carmen de 1960 –diseñada por Mario Pérez de Arce Lavín y Jaime Besa (fig. 4)– hasta conjuntos de torres y bloques, como la Unidad Vecinal Portales, proyectada en 1958 por la oficina de Bresciani, Valdés, Castillo y Huidobro (fig. 5).

Urbanizando-con-tiza-fig-5Fig. 5 Unidad Vecinal Portales, Santiago. Arquitectos Bresciani, Valdés, Castillo, Huidobro. Fotografía: René Combeau. Fuente: Archivo Sergio Larraín García Moreno, Pontificia Universidad Católica de Chile.

A mediados de los años cincuenta la CORVI comenzó a aplicar estrategias que serían la precursoras de la «Operación Sitio». Los programas de Autoconstrucción y Erradicación consistían en la eliminación de las poblaciones callampa, motivada por el ambiente insalubre en que se encontraban viviendo sus habitantes. CORVI adquiría sitios necesarios para erradicar a los pobladores y les otorgaba el título de propiedad de un nuevo terreno. El lote contenía una pequeña unidad sanitaria de baño y cocina conectada a los servicios básicos. Las viviendas definitivas serían construidas en gran medida por los propios pobladores (CORVI, 1963) (fig. 6).

Urbanizando-con-tiza-fig-4-6Fig. 4 Conjunto Salar del Carmen, Antofagasta. Arquitectos Mario Pérez de Arce Lavín y Jaime Besa. Fuente: CORVI, 1963, p. 21. / Fig. 6 Operación San Gregorio, c. 1959. Cerca de 25.000 ex-habitantes de poblaciones callampas de Santiago cooperaron en la construcción de sus viviendas. Se utilizaron sistemas constructivos a base de paneles prefabricados en madera para acelerar el montaje. Fuente: CORVI, 1963, p. 99.

La autoconstrucción surgió informalmente en diversos países latinoamericanos durante los cincuenta y sesenta. Estas poblaciones fueron llamadas «barriadas» en Perú, «villas miseria» en Argentina, «favelas» en Brasil, y «poblaciones callampa» en Chile². El arquitecto John Turner estudió en terreno el proceso de autoconstrucción y lo promovió internacionalmente como una solución factible ante el problema habitacional de las personas viviendo en extrema pobreza. De acuerdo a sus observaciones en Lima, la estrategia tras la autoconstrucción era más apropiada que las que soluciones otorgadas por gobiernos o empresas privadas. En primer lugar, se trataba de una solución más económica que la provista por la vía tradicional. Los pobladores proveían la fuerza laboral para la construcción de casas que respondían de forma más precisa a sus necesidades, y no a viviendas tipo. Finalmente, durante el proceso se generaban las primeras redes sociales necesarias para el futuro desarrollo de los conjuntos. Turner argumentaba de todas formas que instituciones públicas debían apoyar estas construcciones a través de apoyo técnico, urbanización de los sitios, provisión de terrenos y materiales para la construcción (Turner, 1976; Turner y Fichter, 1972).

El derecho a la vivienda en el gobierno de Eduardo Frei Montalva

Durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva la vivienda se definió como «un bien de primera necesidad al que tiene derecho toda familia… cualquiera sea su nivel socio-económico” (Haramoto, 1980, p. 29). Siguiendo este planteamiento, el Estado ayudaría económicamente a las familias de escasos recursos que no pudieran acceder a una vivienda. En el caso de las personas viviendo en extrema pobreza, el Estado no financiaría el total de la vivienda, sino que haría parte a los pobladores de un proceso de autoconstrucción de sus propios conjuntos habitacionales. Se buscaba integrar a esta población a las redes de la ciudad, evitando que continuaran viviendo en asentamientos informales, ineficientes en su distribución espacial e insalubres dada la precariedad de las viviendas y a la ausencia de servicios como agua potable y alcantarillado. Bajo esta lógica sería promovida la «Operación Sitio».

En 1965 se creó el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU), responsable, entre otras funciones, de elaborar los planes de vivienda y desarrollo urbano. Los programas elaborados en este tiempo no pretendían reducir la crisis habitacional a un problema de escasez de viviendas, sino que tuvieron por objetivo la edificación de conjuntos integrales; de esta forma se planificó la construcción de los equipamientos necesarios para el desarrollo social. Colegios, centros de salud, canchas deportivas, entre otras infraestructuras, fueron comprendidas como parte del problema habitacional (Palma y Sanfuentes, 1979). La CORVI, en tanto, pasó a ser una institución dependiente de este ministerio y limitó sus responsabilidades a la construcción de las viviendas públicas.

El programa de vivienda entre 1964 y 1970 apuntaba a construir sesenta mil unidades por año, es decir, 360 mil viviendas definitivas (Haramoto, 1980). A mediados de los sesenta la familia chilena promedio era de 5,4 personas, es decir, si se quería terminar con la crisis en vivienda, se necesitaba construir una ciudad para cerca de dos millones de personas en un periodo de seis años. De estas viviendas, 213 mil correspondían a sectores de bajos recursos. La situación empeoró tras las fuertes tormentas de 1965 que tuvieron devastadoras consecuencias en la zona central: la presión social por vivienda creció fuertemente y se hacían necesarias medidas fuera de las tradicionales para dar respuesta al problema de la escasez, en un corto espacio de tiempo y con un presupuesto acotado.

De la Operación Sitio a la Operación Tiza

La «Operación Sitio» surgió en 1965 como una política de emergencia ante a los daños causados por los temporales, pero tan solo dos años después, a través del Plan de Ahorro Popular, se convertiría en una vía formal para dotar de acceso a la vivienda a la población de menores ingresos. El programa consistía básicamente en la entrega de créditos para la compra de lotes unifamiliares, urbanizados y conectados a la ciudad, donde los pobladores autoconstruirían sus viviendas. Siguiendo los postulados del MINVU, estos conjuntos se planificarían con el debido equipamiento educacional, recreativo y de salud. Entre los años 1965 y 1970, cerca de 71 mil sitios fueron entregados, beneficiando a más de 380 mil personas (Garcés, 2002, p. 308). Sin embargo, la calidad de los sitios urbanizados era dispar, con lo que pobladores y opositores a esta política pública la comenzaron a llamar «Operación Tiza», dado que en algunos casos las entregas no superaban más que un lote trazado con ese material.

Hacia 1962 los informes de la corvi indicaban que un 76% de la inversión en vivienda definitiva se gastaba en la construcción de las edificaciones, mientras que el terreno significaba un 5% y el costo de la urbanización un 19% de la inversión total (CORVI, 1962; CORVI, 1963). De esta manera, el proceso de autoconstrucción reduciría la inversión inicial, permitiendo entregar una solución a los pobladores de escasos recursos que no tenían la posibilidad de lograr el ahorro mínimo para acceder a una vivienda definitiva por la vía tradicional. La «Operación Sitio», por tanto, permitía acelerar los procesos de distribución de terrenos, masificando el acceso a la vivienda a través de la construcción incremental por parte de sus pobladores.

El «Plan de Ahorro Popular» consistía en cinco opciones³, siendo la primera y más básica la correspondiente a la «Operación Sitio». Se trataba en una primera etapa de la entrega de un lote de 160 m² que, en el mejor de los casos, podría tener una mediagua⁴ ubicada al fondo del lote. La urbanización se reducía a calles ripiadas y soleras, redes de agua potable en pilones y redes eléctricas de distribución y alumbrado. El equipamiento se definía como una escuela, centros comunitarios, locales comerciales y áreas libres. En la segunda etapa se completaría la urbanización con la instalación de servicios de alcantarillado, agua potable y electricidad. La construcción de la vivienda definitiva sería de responsabilidad del poblador (Labadía, 1970).

La CORVI cumplía con la función de proveer los terrenos necesarios para desarrollar las operaciones. Las poblaciones construidas entre 1966 y 1970 se distribuyeron de forma homogénea en las comunas periféricas de la capital, en su mayoría en torno al anillo de Américo de Vespucio, vía intercomunal que para entonces hacía posible esta expansión de la ciudad (Palmer y Vergara, 1990) (fig. 7). En estos conjuntos el diseño urbano se redujo al mínimo para lograr la mayor eficiencia económica. El objetivo era distribuir la mayor cantidad de lotes y espacios públicos en la menor área posible, maximizando además la cantidad de sitios que serían servidos por las calles que enfrentan. De esta forma la mayor eficiencia se lograba a través de un lote rectangular que tuviese el menor frente posible hacia la calle, para que un mayor número de casas se pudiesen conectar a las redes de alcantarillado y electricidad, disminuyendo la inversión en construcción de metros lineales de urbanización (fig. 8-13).⁵

Urbanizando-con-tiza-fig-7-8Fig. 7 Ubicación de las Operaciones Sitio construidas entre 1965 y 1970 sobre el plano de Santiago de 2010. Gráfico del autor. Fuente de la información: Hidalgo, 2005, p. 293. / Fig. 8 Planta Operación Sitio: Población Conchalí, 1965-66. Escala 1: 10.000. Fuente: Haramoto, 1985, p. 84-85.

Urbanizando-con-tiza-fig-9-10Fig. 9 y Fig. 10 Operación Sitio: Población Conchalí, 1965-66. 450 viviendas fueron construidas por 2.000 personas junto a empresas privadas que proveían sistemas prefabricados de placas y pilares de hormigón para algunas casas, y pino y yeso-cartón para otras. Fuente fotografías e información: Haramoto, 1985, p. 84-85.

Urbanizando-con-tiza-fig-11Fig. 11 Planta Operación Sitio: Población El Bosque, 1970. Escala 1: 10.000. Fuente: Haramoto, 1985, p. 88-89.

Urbanizando-con-tiza-fig-12-13Fig. 12 y Fig. 13 Operación Sitio: Población El Bosque, 1970. 744 viviendas para 2.976 personas. Haramoto, 1985, p. 88-89.

Algo relevante de la «Operación Sitio» es que no consideraba solo la construcción de viviendas, sino que incluía –al menos en plan– la construcción de colegios, centros de salud, áreas deportivas, espacio público y zonas comerciales, entre otras infraestructuras. El sistema de prefabricación se ensayaría para la construcción de escuelas, mientras que el Ministerio de Educación estudiaría la dotación de profesores (Garcés, 2002). El mayor problema fue que el prometido equipamiento no fue construido en todos los casos (Hidalgo, 2005). No será sino hasta la década de los ochenta y en adelante, que los distintos gobiernos mejorarán paulatinamente las condiciones urbanas en que se encontraban estos conjuntos.

La «Operación Sitio» recibió severas críticas no solo porque el proceso de autoconstrucción se consideraba como discriminatorio hacia la gente con menos recursos, sino también por su localización. Autores como Manuel Castells (1971) argumentaban, ya a principios de los setenta, que este era el comienzo de una masiva segregación social. Este hecho se incrementó exponencialmente dadas las políticas públicas adoptadas en las siguientes décadas y que continuaron la expansión de las operaciones Sitio a través de paños socialmente homogéneos y desprovistos –en muchos casos hasta el día de hoy– de los equipamientos, infraestructuras y servicios mínimos para el desarrollo de las personas: educación, salud, empleo, comercio y áreas verdes, entre otros.

Un caso ejemplar

La Villa La Reina6 es un barrio de 1.592 casas construido completamente por sus pobladores: desde las viviendas hasta las áreas verdes, colegios, iglesias y espacios públicos, incluyendo calles, redes de alcantarillado y agua potable. Es de los mayores programas de autoconstrucción asistida de la década del sesenta, no solo en Chile sino en todos los países en desarrollo. El trabajo colaborativo entre la alcaldía, los pobladores y la Universidad Católica, diferencia a la Villa La Reina de los conjuntos construidos por la «Operación Sitio» o por posteriores programas como el de Sitios y Servicios⁷ que, desarrollados por gobiernos nacionales, se alejaban de los problemas locales de las comunidades. En esta tarea colaborativa fue relevante la participación del arquitecto Fernando Castillo Velasco, quien siendo alcalde de la Municipalidad de La Reina, profesor y posterior rector de la Universidad Católica, logró convocar a instituciones políticas y académicas con las necesidades y expectativas de una comunidad de pobladores que se organizaba para obtener su derecho a la vivienda.

La creación de la comuna de La Reina: tensiones sociales y segregación

Durante la década de 1950 la comuna de Ñuñoa crecía rápidamente con la llegada de diversas clases sociales, en su mayoría provenientes de sectores de ingresos medios y altos. Su cercanía a las comunas centrales de Santiago, donde se concentraban las mayores fuentes de empleo y comercio, atraía a la población a construir sus viviendas en esta zona. Por contraparte y, rápidamente, comenzaron a surgir áreas de industrias y servicios, proliferando de esta manera el empleo y atrayendo a esta comuna a pobladores de escasos recursos quienes comenzaron a habitar, ilegalmente, terrenos públicos o privados.

Con el tiempo, la tensión social entre los distintos vecinos de la comuna de Ñuñoa comenzó a incrementar. Los sectores socioeconómicos altos y medios, que en su mayoría habitaban el área precordillerana, comenzaron a exigir un trato distinto por parte de la alcaldía. Sus exigencias escalaron hasta la presidencia de Alessandri, quien en 1963 decidió separar definitivamente este sector del resto de la comuna de Ñuñoa, fundando la Municipalidad de La Reina. Este no fue el único acto de segregación. Óscar Castro, primer alcalde de la comuna, tramitó un decreto por el cual se cercarían los terrenos ocupados por habitantes ilegales, forzando su salida y evitando que nuevas tomas se produjeran en la comuna (San Martín, 1988).

En 1964 el presidente Eduardo Frei Montalva designó como alcalde de La Reina a Fernando Castillo Velasco, también militante del partido de la Democracia Cristiana. Las primeras acciones de su alcaldía tenían por objetivo, por una parte, eliminar la segregación impuesta en los años anteriores y, por otra, promover un desarrollo social para la comuna. Es así como derogó el decreto impuesto por Castro y comenzó a elaborar un Plan de Desarrollo Comunal en conjunto con la Universidad Católica⁸. Fernando Castillo estableció durante su administración las bases para un desarrollo inclusivo e integral siendo partícipes todos los niveles socioeconómicos, incorporando actividades industriales, institucionales y culturales en una zona de la ciudad que en principio se perfilaba como una comuna dormitorio. En sus propias palabras, «un día me encontré que había 1.600 familias que no tenían casa, que vivían a orillas del canal San Carlos, en sitios baldíos. Los convoqué y les dije ustedes son vecinos de la comuna, tienen los derechos de cualquier vecino; era gente de extrema pobreza, y les dije que yo me comprometía a hacer todo lo posible por que ellos fuesen propietarios» (Cociña, Quintana, Valenzuela, 2009, p. 127). De esta forma, los pobladores que habitaban ilegalmente paisajes degradados de la comuna, pudieron acceder a una casa. La incorporación de vivienda popular dentro del plan de desarrollo fue fundamental para la incorporación de otros usos de suelo en el sector (Castillo, 2013).

La construcción de Villa La Reina surgió como una vía para que la gente en extrema pobreza pudiese continuar viviendo en la comuna y no fueran erradicados a lugares distantes donde perderían las redes sociales y de trabajo que habían creado durante los últimos años. Así, el primer objetivo de la alcaldía era encontrar un terreno asequible para la municipalidad donde poder radicar a los pobladores. Por otra parte, dada la escasez de recursos, la autoconstrucción a través de la organización de la comunidad local aparecía como una solución factible para reducir los costos de inversión.

Localización: conexión con los recursos de la ciudad.

El área seleccionada para implementar parte del Plan de Desarrollo Comunal y la consecuente construcción de la villa fue el fundo La Reina que se encontraba en el centro de la comuna. El terreno, una antigua zona agrícola prácticamente inactiva, contaba con 220 ha pertenecientes al Servicio de Seguro Social. Fernando Castillo, luego de reuniones con distintas instituciones y políticos, entre ellos el entonces senador Salvador Allende, logró adquirir los terrenos a un bajo costo (Castillo Velasco, 2008, p. 25; Cociña, Quintana, Valenzuela, 2009, p. 127). Se especificaba en la compra que un 20 % del total debía destinarse a los pobladores en situación inestable (Alvarado, 1967).

El Plan de Desarrollo Comunal establecía la construcción de un parque industrial constituido por cerca de cien industrias ligeras y pequeñas empresas compatibles con el desarrollo de viviendas (Eliash, 1990). De esta forma, la Villa La Reina se ubicaría vecina a una fuente de empleo que podría dar trabajo al menos a la primera generación de habitantes del conjunto. El acceso de los pobladores a esta nueva fuente de trabajo reduciría de manera importante una de las mayores inequidades urbanas de las que sufren los desarrollos tradicionales de vivienda social, tanto en Chile como en el mundo.

Si bien La Reina es una comuna periférica dentro de Santiago, la villa se ubicó junto a Av. Larraín⁹, vía intercomunal que conecta al municipio con el anillo vial de Américo Vespucio y con las comunas más céntricas de la capital. Por otra parte, con el paso del tiempo y gracias a la debida planificación, este sector se ha convertido en un subcentro comunal anexando múltiples equipamientos culturales, deportivos, educacionales, institucionales y de salud. Sumado a esta variedad programática, la comuna ha mantenido una diversidad socioeconómica que la diferencia de los extensos paños aislados y socialmente homogéneos que se crearon por el abuso de la «Operación Sitio» en comunas como Pudahuel, en los terrenos que actualmente conforman la comuna de Cerro Navia.

Diseño urbano: las bases para la construcción incremental de un barrio.

El diseño participativo realizado por profesores y alumnos de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica con los futuros pobladores de Villa La Reina, logró introducir mejoras a un diseño urbano que perseguía los mismos objetivos de eficiencia económica que aquellos desarrollados por la «Operación Sitio» (fig. 14). En este caso no se trató de un diseño urbano dedicado exclusivamente a la distribución eficiente de lotes, sino también de una adecuada distribución y diseño de calles, pasajes peatonales, bulevares, plazas y la designación de los terrenos para zonas comerciales, colegios y mercados, entre otros equipamientos. Uno de los objetivos de los talleres académicos realizados por los profesores Fernando Castillo Velasco y Mario Pérez de Arce Lavín con los pobladores, era que el diseño de la villa no tuviera los problemas de las poblaciones de la época, sino que fuera «un barrio más», integrado con la ciudad (San Martín, 1992; Castillo, 2013). El resultado de estos talleres fue continuado por el arquitecto Renato Parada. Relevante en los procesos de gestión, diseño y construcción es la figura del arquitecto Eduardo San Martín, Director de Obras de la Municipalidad durante esos años.

Villa La Reina no estaría constituida solo por casas, sino que contaría además, entre otros equipamientos, con un colegio, construido el primer año (fig. 15) y zonas comerciales. Estos espacios comunitarios se ubicaron contiguos a Av. Larraín, principal calle de la comuna, como puertas de acceso a la villa, con el objetivo de tener una mejor relación entre el barrio y el contexto urbano inmediato de la ciudad (San Martín, 1988). Otros equipamientos como mercados e iglesia, también autoconstruida por los pobladores, se ubican al interior de la villa junto a su calle principal.

Urbanizando-con-tiza-fig-14-15Fig. 14 Planta de la Villa La Reina. Escala 1: 10.000. Fuente: Haramoto, 1985, p. 87. Redibujo del autor. / Fig. 15 Colegio Villa La Reina. Fuente: Alvarado, 1967, p. 34.

En términos de espacio público, arquitectos y pobladores deciden evitar grandes plazas cuadradas, las que generalmente se convierten en espacios deteriorados y focos de delincuencia. Al contrario, se introducen pequeñas plazoletas distribuidas junto a casas y pasajes peatonales al interior de la villa. La principal área verde sería una ancha vereda arbolada que se ubica a lo largo de la calle principal del barrio, la que concentra el transporte urbano y los mayores costos de urbanización (San Martín, 1988). Esta faja verde distancia a las casas de la calle, mientras que su ancho es posible de ser mantenido por los propios vecinos. Estos espacios públicos son relevantes dado que son las expansiones naturales de las viviendas, facilitando además la interacción de sus habitantes. La cohesión social y la identidad urbana son relevantes en el cuidado y progreso del barrio.

La definición de las viviendas y su distribución son parte del resultado de los talleres académicos y del trabajo de pobladores y arquitectos de la municipalidad. Los primeros dos diseños son rechazados por la comunidad por ser casas demasiado pequeñas (Alvarado, 1967). Los bloques continuos con viviendas pareadas, similares a los de la Operación Sitio, tampoco son aceptados dado que los pobladores aspiraban a casas individuales. Por este motivo es que los lotes están girados respecto de las calles que enfrentan (fig. 16), con el objetivo de traslapar y separar unas viviendas de otras (Castillo, 2013). Las casas se definieron en 36 m², con dos dormitorios, un estar-comedor, cocina y baño. Los lotes (fig. 17) de 165 m², serían de 7,5 metros de frente por 22 metros de fondo (Alvarado, 1967). Las casas se construirían al frente del sitio ocupando casi todo su ancho, con el objetivo de mantener un cierto orden construido en la fachada que da a la calle. El patio trasero, en tanto, se plantea como un espacio disponible para futuras ampliaciones.

Urbanizando-con-tiza-fig-16-17Fig. 16 Viviendas de la Villa La Reina, c. 1967. Fuente: Alvarado, 1967, p. 36. / Fig. 17 Planta y elevación viviendas de la Villa La Reina. Escala 1: 500. A la izquierda del plano la vivienda original. A la derecha la ampliación propuesta en el fondo del sitio. Fuente: Haramoto, 1985, p. 87. Redibujado por el autor.

Autocronstrucción: organización y desarrollo social

A comienzos de 1965 los pobladores comienzan a organizarse en la que será la «Federación de Pobladores», formada por 1.600 familias reunidas en 16 comités, quienes están a cargo de la urbanización y construcción de sus propias casas. Colectivamente definen sus estatutos, estableciendo, entre otras cosas, que una o dos personas por familia trabajarían solamente en días sábados, domingos y festivos, de modo de no afectar los empleos regulares de las personas. Las distintas familias trabajarán sin saber cuál será su vivienda definitiva hasta que el conjunto esté terminado. La distribución de casas se hará por medio de puntajes que las familias van acumulando según su desempeño en la construcción y administración de la obra. La asistencia técnica es provista en un principio por la Municipalidad y luego se suma el instituto de formación técnica INACAP; alumnos de Construcción Civil de la Universidad Católica colaboran con el seguimiento de la obra. En mayo de 1966 los pobladores construyen la casa piloto y en agosto del mismo año comienzan la edificación de todo el conjunto (Alvarado, 1967).

El proceso de autoconstrucción se planteó tanto como una oportunidad para que los pobladores puedan aprender nuevas herramientas de trabajo, como también para la conformación de empresas gestionadas por los propios vecinos. De esta forma, INACAP realizó semanalmente cursos de capacitación para jefes de obra y ayudantes. Las autoridades municipales, por su parte, fomentaron que la comunidad estableciera sus propias industrias y así comenzó la instalación de fábricas de ventanas y puertas, planchas de yeso, tubos de alcantarillado, pavimentos prefabricados y armado de cerchas. Con la tierra del lugar se fabricaron sus propios ladrillos (fig. 18-22). Si bien son empresas que surgen para construir sus propias casas y urbanizar su barrio, producen excedentes de materiales que venden a otros conjuntos de vivienda de Santiago, a la vez que se involucran en la construcción de otras obras de la comuna como bancos y supermercados, e incluso el Parque Industrial vecino a la villa (Alvarado, 1967; Haramoto, 1980; San Martín, 1988; San Martín, 1992).

Urbanizando-con-tiza-fig-18-19Fig. 18 Fernando Castillo Velasco durante la construcción de las viviendas. Fuente: Castillo Velasco, 2008, p. 32. / Fig. 19 Fabricación de los ladrillos con tierra del lugar, c. 1967. Fuente: Alvarado, 1967, p. 39.

Urbanizando-con-tiza-fig-20-21Fig. 20 y Fig. 21 Mujeres y hombres construyendo sus futuras casas, c. 1967. Fuente: Alvarado, 1967.

Urbanizando-con-tiza-fig-22Fig. 22 Mujeres y hombres construyendo sus futuras casas, c. 1967. Fuente: Alvarado, 1967.

La autoconstrucción se establece en Villa La Reina como una forma de crear sentido de pertenencia y compromiso con el proyecto, además de asentar las confianzas de los pobladores en sus propias capacidades (Márquez, 2006). Si bien surgió como una estrategia técnica para reducir los costos de inversión, se convirtió en una vía de integración social de los pobladores de escasos recursos tanto a la economía nacional como a los ámbitos de decisiones políticas para el desarrollo de su entorno social y construido, superando de esta forma la marginalidad en que se encontraban (San Martín, 1992; Castillo Velasco, 2008; Zerán, 1998).

El derecho a la vivienda digna. Gobierno de Salvador Allende

Salvador Allende, al igual que Eduardo Frei Montalva, estableció durante su gobierno (1970-1973) que la vivienda sería un derecho irrenunciable de la población, pero a diferencia de la administración anterior, agregó que «es obligación del Estado proporcionar vivienda a su Pueblo y ella no puede ser objeto de lucro» (Haramoto, 1980, p. 33). La nueva postura del gobierno apuntaba a la entrega de viviendas definitivas, eliminando de esta forma los programas de autoconstrucción y de vivienda incremental. La «Operación Sitio» fue criticada durante este periodo argumentando la reducida calidad de la solución entregada y la deficiente participación de los afectados en los procesos de diseño y gestión de sus viviendas (Hidalgo, 2005). La autoconstrucción, por su parte, era entendida como un retraso en la ejecución de las obras e ineficiente en el uso de los recursos económicos (Palma y Sanfuentes, 1979). Las nuevas políticas adoptadas por el gobierno socialista debilitaron el apoyo estatal a Villa La Reina, a la vez que las dinámicas sociales se fragmentaron y politizaron (Márquez, 2006). Sin embargo, los trabajos de autoconstrucción en la villa no se detuvieron, en gran medida, gracias a lo avanzado que se encontraba el conjunto y a que las organizaciones sociales no quisieron modificar su estructura de trabajo (San Martín, 1988).

Los asentamientos informales continuaron aumentando en la capital, a pesar de los esfuerzos del gobierno de Salvador Allende por reducir la crisis en vivienda. Las tomas ya se venían incrementando desde el gobierno de Frei, pasando de cuatro tomas en 1968 a 104 en 1970, con una población aproximada de 350 mil personas. Para 1973, la cantidad de gente viviendo en campamentos llegó a quinientos mil (De Ramón, 1990).

La vivienda como bien de consumo. Dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990)

Con la llegada de Augusto Pinochet al poder, la vivienda deja de ser un derecho irrenunciable de las personas y pasa a ser «un derecho que se adquiere con el esfuerzo y el ahorro» (Haramoto, 1988, p. 35). En los setenta y ochenta, y a medida que se adopta un modelo económico neoliberal, el Estado comienza a cumplir un rol subsidiario respecto de la vivienda social y son empresas privadas las encargadas de encontrar los terrenos para realizar las nuevas construcciones. Bajo esta lógica es que en 1979 se liberaliza el mercado de suelos, argumentando que con el aumento en la cantidad de terrenos disponibles disminuirían los precios y se haría factible la construcción de más viviendas sociales, hecho que no ocurrió (Hidalgo, 2005).

La segregación social que había germinado con las operaciones Sitio fue incrementada fuertemente luego de la liberalización del mercado de tierras. La especulación que trajo esta medida aumentó considerablemente el valor de los suelos céntricos de la capital, afectando particularmente a las poblaciones informales que se ubicaban en estos terrenos. Se implementó una política de erradicación de campamentos que desplazó a estas comunidades desde el centro de la ciudad hacia la periferia, concentrando la pobreza en comunas que no contaban con los equipamientos de salud, educación o empleo necesarios para el desarrollo. Entre 1979 y 1985 se relocalizaron más de 170 mil personas, expandiendo Santiago a un ritmo de 3.000 ha anualmente (Hidalgo, 2004). Durante este tiempo los dirigentes de Villa La Reina fueron perseguidos, las industrias vecinales clausuradas y las organizaciones disueltas (San Martín, 1988; Márquez, 2006). Las pocas casas que quedaban por construir hacia 1973, ubicadas al oriente del conjunto, fueron terminadas individualmente por los pobladores con algo de apoyo de la administración (Castillo, 2013, p. 98).

La informalidad escondida

Las migraciones a la capital en búsqueda de trabajo y oportunidades educacionales seguían creciendo durante las décadas de 1970 y 1980. La formación de nuevas poblaciones informales estaba prohibida y las ciudades eran severamente controladas por militares. La gente, ante la escasez de viviendas sociales y ante la imposibilidad de establecer campamentos, comenzó a densificar las pequeñas soluciones habitacionales provistas en años anteriores por las operaciones Sitio y demás políticas habitacionales. Una familia podía recibir en su propiedad a otras dos o tres familias como allegados. Comenzó una fuerte densificación de los barrios de escasos recursos. La descrita segregación social seguía aumentando, ahora por hacinamiento, y las necesarias infraestructuras o conexiones con los recursos de la ciudad seguían sin ser construidos.

Villa La Reina no fue la excepción a este proceso de densificación. Con el tiempo se comenzaron a construir ampliaciones de material ligero en los patios traseros, las que han ido mejorando y se han hecho permanentes. De esta forma y con el paso de los años, los pobladores originales han ido recibiendo a las familias de sus hijos y otros allegados (Castillo, 2013) (fig. 23). Los datos socioeconómicos muestran que en Villa La Reina, hacia el año 2002, cerca de un 40% de los pobladores que seguían viviendo en la villa habían dejado la extrema pobreza para ser parte de la clase media. De acuerdo a lo investigado por Francisca Márquez, entre los años 2006 y 2009, a partir de las segundas generaciones se han observado procesos de movilidad social y profesionalización, pero quisieron permanecer viviendo en la misma comuna (fig. 24-29).

Urbanizando-con-tiza-fig-23Fig. 23 Esquema de ampliación de las viviendas de Villa La Reina, desde la casa original hasta el cierre del antejardín y ampliaciones en el patio y en segundo piso. Fuente: dibujo del autor.

Urbanizando-con-tiza-fig-24-25Fig. 24 Viviendas originales sin ampliaciones, 2014. Fotografía: Stephannie Fell. / Fig. 24 Viviendas ampliadas en segundos pisos. Fotografía: Stephannie Fell.

Urbanizando-con-tiza-fig-26-27Fig. 26 Vereda ancha con los árboles plantados hace más de 40 años, 2014. Fotografía: Stephannie Fell. / Fig. 27 Pasajes interiores de la Villa, 2014. Fotografía: Stephannie Fell.

Urbanizando-con-tiza-fig-28-29Fig. 28 Helena, fundadora de Villa La Reina, vive en la casa piloto (construida en mayo de 1966), 2014. Fotografía: Stephannie Fell. / Fig. 29 José Ramón, fundador, poblador y constructor de Villa La Reina, frente a su casa, 2014. Fotografía: Stephannie Fell.

Urbanizando con tiza

Ante la urgencia y falta de recursos, la estrategia tras la «Operación Sitio» y Villa La Reina buscaba resolver la crisis de vivienda entregando a las personas lo básico que no podrían obtener por sí solas. La población viviendo en extrema pobreza y de forma ilegal sería dueña de un terreno y, ya sin el temor de ser expulsada, podría mejorar progresivamente tanto su vivienda como su entorno urbano. Si el sitio le era entregado donde ya habitaba, podía mantener las redes sociales y de empleo que había generado anteriormente. El acceso a los servicios básicos de agua potable y alcantarillado mejoraría la calidad de vida de los pobladores. El diseño urbano, por sencillo que fuese, mantendría un cierto orden en el desarrollo de los conjuntos, evitando la ineficiencia, insalubridad e inseguridad que suelen tener los asentamientos informales que se generan de forma espontánea (United Nations Human, 2003). Se planificaría además la construcción de equipamientos comunitarios como colegios, canchas deportivas, áreas verdes, zonas comerciales y centros de salud, entre otros, que promoverían el desarrollo social. El terreno, al estar inserto y conectado con la ciudad, otorgaría la posibilidad a los pobladores de acceder a las oportunidades de empleo que se generan en los centros urbanos. El proceso de autoconstrucción dotaría de nuevas herramientas profesionales a la población, a la vez que el trabajo colectivo fomentaría la creación de una identidad de barrio, de nuevas redes sociales y de ayuda mutua.

Las grandes migraciones urbanas siguen siendo un problema hoy en día, tal vez no en Chile, pero sí en el resto del mundo. En la última década las ciudades en Asia, África y Latinoamérica sumaron, respectivamente, 880 mil, 230 mil y 150 mil nuevos habitantes semanalmente (United Nations, 2012, p. 29). Estrategias similares a las de la «Operación Sitio» se continúan implementando en países como Paquistán e India para evitar la formación de poblaciones informales. Es de esperar que se repliquen los aciertos y no los errores.

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Publicado en

ARQ 86 | Proyecto social
Mayo 2014

Artículo realizado por

Francisco Quintana. Arquitecto y Magíster en Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, 2010; Master in Design Studies: Urbanism, Landscape, Ecology concentration, Harvard University, 2014. Becario Fulbright, 2012-2014. A partir de 2005 su trabajo se ha vinculado a la labor editorial: es fundador y codirector de Cientodiez, Barqo y Volúmenes Independientes y coeditor del libro Agenda Pública: Arquitectura > Ciudad > Desarrollo (2009).

Notas

1 En 1930 la agricultura daba trabajo al 37,5% de los chilenos. En 1970, luego de la industrialización del área, esta cifra se redujo al 25% de la población. Por su parte, los campamentos salitreros del norte habían atraído hacia 1920 a más de 65 mil personas, quienes luego de la quiebra de las mineras migraron en su mayoría al centro del país (Geisse, 1983).

2 En Río de Janeiro el 20 % de la población vive en favelas actualmente, mientras que las áreas urbanas informales en Caracas y Lima alcanzan el 60 % y 70 % respectivamente (Jáuregui, 2009).

3 Las cinco opciones del Plan de Ahorro Popular correspondían a (1) sitios semiurbanizados, (2) sitios con urbanización completa, (3) viviendas básicas de autoconstrucción, (4) viviendas construidas de 45 m² de un piso, y (5) departamentos en edificios de 4 pisos (Labadía, 1970, p. 429).

4 Estructura monolocal de madera de 18 m², usada comúnmente en Chile como vivienda de emergencia.

5 El libro El lote 9 x 18 en la encrucijada habitacional de hoy, de Montserrat Palmer y Francisco Vergara, presenta una acabada investigación arquitectónica de las urbanizaciones realizadas por las poblaciones construidas en Santiago entre 1959 y 1988.

6 La reconstrucción más acabada de la historia de Villa La Reina, desde su gestación hasta la década de 2000, es la recopilada por María José Castillo Couve en los cuadernos de investigación de su tesis de doctorado de 2013. (Ver también Alvarado, 1967; Castillo Velasco, 2008; Eliash, 1990; Márquez, 2006; San Martín, 1988; San Martín, 1992; Zerán, 1998).

7 El programa de Sitios y Servicios fue promovido y financiado en las décadas de los setenta y ochenta por el Banco Mundial en diversos países en desarrollo en Latinoamérica, África y Asia. El programa, al igual que la «Operación Sitio», consistía en la provisión de terrenos urbanizados a la población de menores ingresos de cada país.

8 En la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica «los alumnos Enrique Browne, Carlos Buchholtz, Sven Jacob y Nicolás Manase desarrollan el plan en el marco de un seminario académico bajo la supervisión del profesor Nicolás García y el profesor y alcalde Fernando Castillo Velasco” (Castillo, 2013, p. 89).

9 Específicamente la Villa La Reina se ubica entre las calles Larraín, Diputada Laura Rodríguez, Talinay y Cordillera.

Referencias bibliográficas

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ZERÁN, Faride. Tiempos que muerden: biografía inconclusa de Fernando Castillo Velasco. Santiago, LOM, 1998.

proyecto social
Nuevamente, las catástrofes que de cuando en cuando toman por sorpresa a las ciudades chilenas dejan al descubierto su última capa: el frágil sustrato sobre el cual literalmente hemos construido nuestra realidad urbana. Durante abril terremotos e incendios sacudieron distintas regiones del país y removieron –crudamente– lo accesorio y perecible, quizá recordándonos el porqué del afecto por las estructuras pesadas y la mala fama que lo liviano tiene en nuestra cultura. ¿Y qué es lo que queda tras los incendios en ocho cerros de Valparaíso o luego de sucesivos terremotos en el norte de Chile? ¿dónde es viable reconstruir, dónde es apropiado refundar, dónde es necesario replantear?

Desde esa perspectiva, la revisión de las imágenes de barrios completos destruidos por el fuego en Valparaíso es dura y elocuente, y levanta varias preguntas respecto al rol social de los arquitectos y a su capacidad actual de moldear el mundo construido. Y una de esas preguntas, una que parece tan pertinente como trágica, se refiere a la urgente y deseable calidad de nuestras ruinas. Y probablemente –siguiendo el argumento de Brinckerhoff Jackson– ella apela también a la comprensión de la propia historia, marcada por ciclos y desapariciones.

proyecto social
En esa encrucijada es donde los arquitectos tendríamos un primer campo que cautelar, una urgencia inicial que se desplegaría en cada proyecto y que intentaría atender a la responsabilidad social inherente a la práctica arquitectónica: proveer la mejor ruina posible, en cuanto estructura capaz de constituirse en patrimonio (en el sentido más prosaico de la palabra) y por tanto ser capaz de persistir, al tiempo que posibilitar el cambio a lo largo de esa vida prolongada.

Tanto las ruinas en los cerros incendiados de Valparaíso como los barrios arruinados de Alto Hospicio en Iquique dan cuenta del rol clave que tiene el trazado urbano en la construcción de una buena ruina: desde la forma y tamaño de los sitios hasta la relación entre las redes viales y de infraestructura con la topografía. Más indeleble que muchos edificios, tras una catástrofe ese trazado podría ser el principal sobreviviente. La precisión de un trazo, incluso si sólo es una marca de tiza en el suelo, puede hacer la diferencia entre una ciudad capaz de capitalizar la más modesta de las inversiones y otra que no logra levantarse a pesar del mejor programa asistencialista posible de implementar.

Este número de ARQ intenta concentrar la mirada en esas decisiones, las más primarias de la forma arquitectónica, siguiendo el notable ejemplo de Fernando Castillo Velasco en Villa La Reina y haciendo eco de la importancia de esos elementos fundantes para la consolidación de ciudades (y sociedades) más justas, inclusivas y equitativas. Si hay una buena ruina, no todo está perdido, aunque esa ruina sea quizá solo una distancia o una dirección, marcada con cuidado en el suelo.

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Sumario
Dossier técnico ARQ
Editorial

Proyecto social / Patricio Mardones

Portafolio Galería AFA

Sobre estrellas y raíces / Rodrigo Arteaga

Lecturas, obras y proyectos

Bobi y la utopia del cinturón verde / Gloria Favi

Capillas para el Arzobispado de Santiago, Santiago, Chile / Baixas y Del Río Arquitectos

Urbanizando con tiza / Francisco Quintana

Casa MuReRe, Buenos Aires, Argentina / Adamo-Faiden Arquitectos

La vivienda, un problema de acceso al suelo / Rosanna Forray, María José Castillo

Conjunto Nueva Paniahue, Santa Cruz, Chile / Pablo De La Llera, Isabel Pedrals, Pablo Lobos

Arquitectura intergeneracional y espacio público / Sergio García, Pablo Martí

Centro de ocio, Guadalajara, España / Ábalos + Sentkiewicz Arquitectos

Capilla San Manuel de la Estrella, Pudahuel, Chile / Tomás Browne, Alberto Browne

De la casa al barrio / Margarita Greene, Felipe Link, Rodrigo Mora, Cristhian Figueroa

Residencial Parque Novo Santo Amaro V, São Paulo, Brasil / Vigliecca & Asociados

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Este volumen presenta una selección de trabajos de la oficina de Teodoro Fernández, mayoritariamente desarrollados entre 1997 y 2007; incluyendo textos de arquitectos como Smiljan Radic o Mathias Klotz, el conjunto registra la amplitud del trabajo de Fernández y deja entrever la diversidad de fuentes que informan su práctica profesional: escritores del grupo Oulipo como Queneau y Perec; los escultores Caro, Serra, Lewitt y Puryear; el ingeniero Schwenk; los arquitectos Fehn, De la Sota, Aalto y Scarpa o el director de cine Jacques Tati.

Una aguda intuición orienta el desarrollo de estas obras, que recorren distintas escalas en arquitectura, urbanismo y paisajismo estableciendo un diálogo productivo entre dibujo y construcción.

Tal como la nueva Scuola Italiana, el parque Bicentenario o la capilla de San Joaquín, una parte significativa de estos encargos proviene de concursos, originando obras comprometidas con la dimensión más pública de la arquitectura. Es justamente en esa arista donde aparece con nitidez el alcance del trabajo de Fernández en el contexto de la arquitectura chilena actual: además de marcar a varias generaciones de estudiantes en su taller de proyectos de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Chile, desde su oficina ha ideado parques, aulas, bibliotecas, plazas, museos, capillas y lugares de trabajo que celebran la dimensión colectiva del espacio y que, discretamente, se han integrado al paisaje transformándolo en algo vivo y más cercano.

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Autores: Montserrat Palmer (ed.), Patricio Mardones (ed.)

Textos en castellano, fotografías e imágenes a color, planimetría, detalles
Páginas: 180
Formato: 21 x 22,5 cm.
Peso: 0,8 kg. aprox.
ISBN: 978-956-14-1008-4

Sumario

Diario / Smiljan Radic

Herramientas / Teodoro Fernández

1980 Casa Ruiz

El desarrollo de una práctica / Mathias Klotz

1994 Parque Inés de Suárez

1995 Casa Pirque

1997 Capilla campus San Joaquín PUC

1998 Polideportivo Estadio Español

Arquitectura y universidad / Enrique Del Río

2000 Facultad de Comunicaciones PUC

2000 Oficinas Férnandez & De Cea

2001 Gimnasio Colegio Calasanz

2001 Montaje Huellas en mi rostro

2002 Acceso Centro Cultural Recoleta Dominica

2003 Biblioteca de Derecho PUC

2003 Oficinas Philippi, Yrarrázaval, Pulido & Brunner

2005 Casa Bosch

2005 Caleta Guardiamarina Riquelme

2005 moptt La Serena

2006 Casa en Marbella

2006 Gimnasio Padre Hurtado y Juanita de Los Andes

2006 Edificio José Luis del Río Rondanelli PUC

2006 Cinerario Cementerio Católico y columbarios

2007 Prototipo vivienda Fondef PUC

Paisajes / Ximena Nazal

2007 Parque Bicentenario

2008 Facultad de Teología PUC

2008 Scuola Italiana

Dos lugares / Tomás Mc Kay

1997-2007 Talleres de proyecto Escuela de Arquitectura PUC

Limitaciones en arquitectura e intensificación del arte / José Rosas

Cronología bibliográfica de obras y proyectos

Biografía

Colaboradores

Testimonio de Santiago Arias








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El proyecto Mapocho pedaleable propone habilitar el cauce del río Mapocho –entre el parque de los Reyes y el parque Bicentenario, atravesando las comunas de Vitacura, Providencia y Santiago– con la mínima infraestructura posible, para entregarlo al uso de la ciudad y sacarlo del estado de abandono en que se encuentra. Los inicios del proyecto están relacionados con estudios acerca del rol del río en la ciudad de Santiago, documentados en los proyectos de titulación y tesis de sus autores. Fiel a su origen, la voluntad del equipo de trabajo por mantener cierta independencia a lo largo del proceso ha sido respaldada, en parte, por el apoyo constante de agrupaciones de ciclistas y personas interesadas en promover el proyecto y demandar su implementación, acompañado del uso de los medios de comunicación y las redes sociales.

En el año 2011 se filmó un nanometraje homónimo que muestra a cuatro personas realizando un recorrido en bicicleta por el interior del cauce en su estado actual, para demostrar la factibilidad de la propuesta. El video fue subido a internet para apoyar la convocatoria a una cicletada masiva a la que asistieron más de cuatrocientas personas. El evento contó con gran cobertura por parte de los medios de comunicación, resultando en un aumento considerable del número de interesados en apoyar el proyecto. De esta manera, un espacio de la ciudad soslayado por más de un siglo y que recorre el principal eje oriente poniente de la ciudad, fue reclamado por personas comunes y corrientes quienes apoyan su reutilización como corredor urbano para transportes no motorizados y como lugar de paseo. Desde esa fecha hasta ahora, en este proceso han participado organizaciones de base, instituciones académicas –entre ellas, la Pontificia Universidad Católica de Chile y su programa de Políticas Públicas– y entidades de administración local y central. En mayo de 2013, junto con las alcaldías de Santiago y Providencia, se convocó a una jornada de ocupación de este espacio –la actividad se conoció con el nombre de YOVIVOMAP8– a la que asistieron más de cuatro mil personas.

Mapocho-pedaleable-08↑ Registro de YOVIVOMAP8. Actividad realizada el 4 de mayo de 2013, con la participación de los municipios de Santiago y Providencia, BEAP Consultores, Happyciclistas, Bicipaseos patrimoniales, Chile sustentable y Ciudad Emergente. Fuente: registro de los autores.

Desde su fundación, la ciudad de Santiago se ha desarrollado a lo largo del río Mapocho. Se trata de un curso de agua de régimen torrencial, con cambios radicales en su caudal a lo largo del año: casi seco en verano y otoño y con un aumento sustancial en los meses de lluvia y deshielos cordilleranos. En los tiempos de la Colonia, sus crecidas, que llegaron a ser devastadoras, fueron contenidas por sucesivas construcciones cada vez más sofisticadas, hasta que a principios del siglo XIX se construyeron los tajamares definitivos que incorporaban un paseo en su coronación. Hacia finales del mismo siglo, por motivos sanitarios –conjugados con una oportunidad inmobiliaria– el río fue canalizado en su tramo central y su cauce se redujo a casi un tercio de los 150 m. que ocupaba naturalmente. En los terrenos ganados se construyó el parque Forestal y frente a él se desarrolló una franja de lotes de gran potencial urbano. Este modelo de operación fue repetido durante el siglo xx, especialmente hacia el oriente, dinámica que consolidó un sistema de parques que se desarrolló especialmente en la ribera sur.

Mapocho-pedaleable-02↑ Tajamares del río Mapocho en Providencia. Carlos Wood. Vista de tajamar con una de las bajadas al lecho del río Mapocho, óleo sobre tela, s. XIX. Fuente: Guarda, Gabriel. Joaquín Toesca. El arquitecto de la Moneda. 1752 – 1799. Ediciones Universidad Católica, Santiago, 1997.

Los trabajos de canalización del río generaron una caja de aproximadamente 45 m. de ancho y 5 m. de profundidad –originalmente construida en mampostería de piedra– diseñada para soportar las crecidas, agilizar la evacuación de las aguas y facilitar la instalación de puentes prefabricados de luces discretas, que conectaran ambas riberas. Sin embargo, esta modificación al relieve y modelación del cauce terminó por desvincular el espacio del río de la trama urbana y los parques que recorren su largo, marginalizándolo; el cauce se transformó en un lugar de delincuencia, contaminado por las redes de alcantarillado que desaguaban en él. A su vez, la implementación de sucesivos puentes –fundamentales para la conectividad del área más densa de la ciudad– interrumpió la continuidad superficial de este eje y fragmentó el sistema de parques ribereños; el modelo de transporte urbano desarrollado en Santiago desde la segunda mitad del siglo XX, que estimula el uso de vehículos motorizados mayoritariamente privados por sobre la peatonalización, agravó esta discontinuidad.

Mapocho-pedaleable-03↑ El trazado del proyecto Mapocho pedaleable, propuesta de estaciones y recorrido entre Lo Saldes y Estación Mapocho. Fotografía de Guy Wenborne.

Mapocho-pedaleable-07↑ Extremo poniente de la caja canalizada del río, en torno a la Estación Mapocho y el Mercado Central. Fotografía de Andrés Camus.

La importancia del eje del río en el desarrollo de la ciudad se refleja en la construcción de dos infraestructuras significativas para los desplazamientos: primero, durante la década del setenta, la línea 1 del Metro, la primera de la ciudad y actualmente la más demandada, trazada en un tramo importante paralela al curso del río. En segundo lugar, la primera autopista urbana de Santiago que,, instalada en su ribera norte a inicios del siglo XXI, produjo la reconfiguración del perfil del cauce aguas arriba, en la comuna de Providencia. La canalización del río, cuya caja está aparentemente subutilizada y permanece vacante la mayor parte del año, fue diseñada para soportar las crecidas máximas del río en un ciclo de cincuenta años; cualquier intervención que se proponga en ella debe considerar estos eventos, por aislados que parezcan, y debiera pensarse desde lo más elemental. Por esto, el proyecto ‘Mapocho pedaleable’ busca rehabilitar el lecho del río como espacio público en un marco ajustado y con economía de recursos: propone reutilizar la infraestructura existente y maximizar sus posibilidades de uso, para convertirlo en un corredor urbano para medios de transporte no motorizados y recuperarlo como lugar de paseo; es infraestructura vial y para el ocio, a la vez. El proyecto plantea tres operaciones:

Conservación de preexistencias
En el lecho del río, junto a la ribera sur del tramo de la canalización más antigua –entre las Torres de Tajamar en Providencia hasta el parque de Los Reyes en Santiago– existe un pequeño muro cuya altura varía entre 80 y 100 cm. y que corre paralelo a los muros que delimitan el cauce. El muro divide el cauce en dos: un espacio mayor donde circula normalmente el torrente y otro de entre 6 y 8 m. de ancho, que antiguamente servía para regar el alcantarillado de la ciudad y hoy se destina a tareas de mantención y limpieza de las aguas. Casi en su totalidad, el muro original fue prácticamente reconstruido como parte de las obras de la autopista que corre bajo del río, iniciadas hace poco más de una década. El proyecto propone su conservación y extensión –se construye en los tramos donde no existe– para segregar la circulación del torrente de aquella de las personas. Así mismo, la caja del río está delimitada por muros de 5 m. de altura, que datan de dos periodos distintos. El más antiguo, de fines del siglo XIX, es un muro casi vertical, de mampostería de piedra con evidentes atributos tectónicos y grandes jardineras que cuelgan hacia el río. El segundo, de principios del siglo XXI y también parte de los trabajos de construcción de la autopista, es un muro inclinado de hormigón liso a la vista, cubierto en su mayoría por murales y grafitis. Ambos permanecen y mantienen exactamente las mismas características: historia de la ciudad y arte callejero.

Mapocho-pedaleable-04↑ Paseo y pistas bajo puente Purísima, proyecto Mapocho pedaleable. Fuente: imagen de proyecto de los autores.

Repavimentación
Se propone rellenar la vía de mantención con un pavimento lo suficientemente resistente para ser inundado, y lo suficientemente llano para poder ser utilizado por personas en bicicleta, patines y sillas de ruedas, entre otros. Esta vía estaría dividida en una pista de alta velocidad y otra de baja velocidad y atravesaría la ciudad por debajo de los puentes; evita de esta manera los cruces en superficie y se desvincula del ruido producido por el tráfico de la ciudad. Las pistas alternan su ubicación, de modo de acercar la pista de alta velocidad hacia el torrente en los puntos de acceso a la vía y alejarla de él en el resto del trayecto. Estos desplazamientos generan una nueva dimensión para el proyecto, transversal al corredor, que se hace cargo de las personas que buscan permanecer en este nuevo lugar de la ciudad.

Mapocho-pedaleable-06↑ Estación de acceso A2-Mercado Central, proyecto Mapocho pedaleable. Fuente: imagen de proyecto de los autores.

Introducción de prefabricados
La compleja administración de la caja del río y su naturaleza material dificultan cualquier modificación de su geometría. Por ello, para solucionar los accesos al espacio del lecho del río se propone la instalación de estructuras prefabricadas de acero que contengan una rampa levadiza. Este elemento, asociado a un sistema de alerta temprana aguas arriba, podría ser activado y replegado ante eventuales crecidas. A la vez, la estructura podría alojar una serie de programas complementarios al uso y disfrute del paseo: estacionamientos ciclísticos, estaciones de arriendo de bicicletas públicas, baños, quioscos y cafés. Por otra parte, por tratarse de estructuras prefabricadas, podrían ser desmontadas y reubicadas –como ha ocurrido con algunos de los puentes metálicos existentes– o replicadas en caso de ser necesario un nuevo punto de acceso. El número de accesos se considera como una variable dinámica y, al igual que sus emplazamientos, debiera variar en el tiempo de acuerdo a la evolución del sistema.

Mapocho-pedaleable-05↑ Estación de acceso A3-Bellas Artes, proyecto Mapocho pedaleable. Fuente: imagen de proyecto de los autores.

Mapocho-pedaleable-09↑ Isométrica, estación de acceso tipo.

Mapocho-pedaleable-titulo

Publicado en

ARQ 85 | Espacios del tránsito
Diciembre 2013

Ficha técnica

Arquitectos: Tomás Echiburú, Osvaldo Larrain | Arquitectos colaboradores: Ignacio Abé, Daslav Bremer, Rebecca Emmons | Ubicación: ribera sur del río Mapocho, entre Lo Saldes y Estación Mapocho, Santiago, Chile | Encargo: autoencargo | Cálculo estructural: Pedro Astaburuaga | Comunicación estratégica: Salvador López | Estructura: elementos de acero (estación de acceso), hormigón armado (muro divisor, losa) | Terminaciones exteriores: malla de metal desplegado, asfalto, pinturas de alto tráfico | Presupuesto: us$150/m2; uf3,2/m2 | Superficie construida: 55.000 m² | Año de proyecto: 2011- 2013 | Visualizaciones: Tomás Echiburú, Rebecca Emmons, Osvaldo Larrain | Fotografías: Ignacio Abé, Andrés Camus.

Más información

Mapocho Pedaleable

El concurso público internacional de proyectos de arquitectura para la restauración del Palacio Pereira ha sido una experiencia que, desde las políticas públicas, ha marcado la manera de enfrentar y gestionar el valioso patrimonio construido que posee Chile. Como parte del programa Legado Bicentenario, fue llevado a cabo entre octubre y diciembre del 2012 por la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, el Consejo de Monumentos Nacionales y el Ministerios de Obras públicas.

En este libro se compendian las bases y procedimientos de dicho concurso así como el resultado final del mismo, que comprendió más de 30 proyectos de arquitectura, de los cuales cinco resultaron premiados. Un conjunto de ensayos, vinculados tanto a la larga historia del propio palacio como a las circunstancias que llevaron a la realizción del concurso, que estuvo en sintonía con ciertas tendencias internacionales, completan esta obra.

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Agotado

Autores: Alejandro Crispiani (ed.), equipo editorial Consejo de Monumentos Nacionales

Textos en castellano, fotografías e imágenes a color y b/n, planimetría
Páginas: 216
Formato: 17,5 x 24 cm.
Peso: 0,6 kg. aprox.
ISBN: 978-956-14-1410-5

Índice
Presentación

Presentación Presidente de la República / Sebastián Piñera

Presentación Directora Dibam / Magdalena Krebs

Artículos

Sostiene Pereira / Emilio De la Cerda

El primer proyecto / Alejandro Crispiani

La ruina pedagógica / Rodrigo Booth

La manzana del Palacio Pereira en el tejido urbano de Santiago / José Rosas

Estrategias «re» / Moisés Puente

Fotografías

El exterior / Felipe Fontecilla

El interior / Cristián Domínguez

Concurso Internacional de Anteproyectos

Restauración Palacio Pereira y reposición edificio Dibam y Consejo de Monumentos Nacionales

Llamado a concurso

Una respuesta emblemática / Gunther Suhrcke

Criterios de intervención

Esquema funcional y programa arquitectónico

Informe arqueológico

Informe de conservación

Informe estado estructural

Diagnóstico crítico

Proyectos premiados

El proceso de jura. James Fry

Primer premio

Segundo premio

Tercer premio

Mención honrosa 1

Mención honrosa 2

Otros proyectos presentados

CV articulistas

PP01
PP02
PP03
PP04
PP05
PP06
PP07
PP08

Casa-en-Tunquen-01

La casa está ubicada en un terreno con una intrincada topografía que se encuentra a 35msnm y a 11 m. del borde, dentro del fundo La Boca en la playa de Tunquén. La dramática pendiente ocupada por una exuberante floración rocosa es comprendida desde la resignación ante una inevitable necesidad de construir planos habitables.

“Es así como la primera decisión se funda en el redibujo de las líneas de la topografía, evocándose la imagen de una estrella de mar que se abraza a la roca como si de ella succionara el caldo de proteínas que la anima y que con el espesor de su existencia transforma el frío en calor, en curva de vida a la errática rigidez de la piedra inerte”.

La casa es concebida como un volumen liviano, enteramente en madera de pino, asentada sobre un zócalo de hormigón que lo vincula al terreno rocoso.

Casa-en-Tunquen-02↑ Vista desde terraza.

Casa-en-Tunquen-08↑ Planta de emplazamiento.

Casa-en-Tunquen-09↑ Planta.

Por el exterior, se ha trabajado como una cáscara negra y continua, que ha sido recortada y despegada de la cubierta y del suelo en algunos puntos, para hacer aparecer los vanos de los ventanales y entradas de luz. No existen ventanas, apenas vanos. Por el contrario, los interiores son continuos y neutrales. La lechada blanca sobre el entablado de muros y cielo cumple la función de atrapar hasta el anochecer la iluminación natural en el interior; también delata la variedad de colores del Océano Pacífico, el crepúsculo o la misma vegetación, como elementos escenográficos en continuo movimiento y transformación.

«Se aborda el color y la textura como un tema arquitectónico a trabajar. La observación de la rompiente, con su binaria relación entre la espuma blanca que sacude la oscura roca se yuxtaponen con la presencia de los ennegrecidos y carbonizados chaguales en invierno. La fachada carbonada intenta exacerbar la oscuridad del enramado de litres, boldos, chagualillos y chaguales».

Casa-en-Tunquen-03↑ Vista interior espacios comunes.

Casa-en-Tunquen-04↑ Vista interior espacios comunes.

Casa-en-Tunquen-05↑ Vista interior espacios comunes.

Programáticamente, la casa se compone de una habitación de generosas dimensiones para los padres y dos más pequeñas para los hijos, que ceden su espacio a una gran sala común de encuentro y actividad. En ella la cocina, el comedor y un escritorio asomado sobre el living actúan como articuladores de los tres brazos de la planta, cuya independencia está dada justamente por la distancia entre las piezas ubicadas en los extremos de cada punta. En total, la casa se comprende 5 niveles distintos. Se utilizaron áridos y maderas de la zona inmediata y maderas recicladas de antiguas casas de Valparaíso en muebles de cocina, comedor y living.

Nos gusta pensar que existe cierta relación entre las alturas de estos nuevos espacios y las alturas de las casas y salones de donde provienen estas maderas.

Asimismo, la idea de cornisas, balaustros, guardapolvos y guardas a media altura –que van dibujando zócalos y divisiones en las paredes interiores de la casa– guardan cierta relación con los salones de principios de siglo. La casa se nutre de un sistema paneles solares y una bomba que extrae el agua de un pozo, la que cae por gravedad en el sistema de la casa; se trata de un sistema absolutamente autónomo. En el fundo La Boca no existe el tendido eléctrico. La potencia entregada por ambos sistemas, si bien es ampliable, pone al usuario en una posición de ascetismo que renuncia a los grandes consumos de energía de la ciudad.

«El chagual aparenta el carbón. Como los blancos postes de los bosques muertos en Coyhaique, pareciera que un lejano incendio oscureció su flor. Toda la flora guarda en su corteza los vestigios del pasado siniestro».

Casa-en-Tunquen-06↑ Vista interior habitación principal.

Casa-en-Tunquen-07↑ Vista desde terraza.

Casa-en-Tunquen-10↑ Corte AA / Corte BB / Corte escantillón CC.

1. Membrana asfáltica
2. Terciado 9 mm de espesor
3. Polietileno expandido 50 mm de espesor
4. Forro de acero 2 mm de espesor
5. Pino impregnado machihembrado
6. Distanciador de pino de 2 x 2”
7. Terciado 15 mm de espesor
8. Polietileno expandido 100 mm de espesor
9. Zócalo de hormigón armado, moldaje de tablas
10. Piso de pino machihembrado
11. Radier 10 cm de espesor

12. Ripio compactado 15 cm de espesor
13. Tierra compactada 30 cm de espesor
14. Porcelanato 50 x 50 cm
15. Radier afinado 12 cm de espesor
16. Ventanal termopanel 16 mm de espesor
17. Perfil de aluminio 50 x 50 x 1 mm
18. Ventanal de aluminio 1 mm de espesor
19. Cielo de pino machihembrado
20. Viga doble C 150 x 50 x 3 mm
21. Pino impregnado 2 x 6”
22. Pino msd 6 x 2”

Casa-Tunquen-Titulo

Publicado en

ARQ 84 | Estructuras de madera
Septiembre 2013

Ficha técnica

Arquitectos: Pablo Lobos, Branko
Pavlovic | Ubicación: Fundo La Boca Parcela 13C, Tunquén, Casablanca, Chile | Encargo: María Teresa Guzmán | Construcción: Pablos Lobos, Branko Pavlovic | Instalación sanitaria: Ciro González | Instalación eléctrica: Leonardo Araya | Sistema constructivo: estructura de madera de pino sobre zócalos de hormigón | Cerramientos: machihembrado en madera de pino impregnado y teñido negro | Cubiertas: membrana asfáltica | Terminaciones interiores: cielos y muros revestidos en machihembrado de pino con aguada de esmalte blanco; entablado de piso en machihembrado de pino; carpinterías de aluminio | Presupuesto: us$ 1.005/m2; uf 22/m2 | Superficie de terreno: 5.200 m² | Superficie construida: 177 m² | Año de proyecto: 2011 | Año de construcción: 2012 | Fotografías: Felipe Fontecilla.

Proyecto a presentarse en

Casabella: Architects Under 30

estructuras de madera
Pocas obras recogen con tanta densidad y elocuencia la rara cualidad multiescalar de la madera –reconocida por Fernando Pérez en la conferencia ‘Desde la madera’ con que se inauguró el año académico del Magíster en Arquitectura de la UC– como el Cabanon de Le Corbusier. Construido como apéndice de un pequeño bar costero, a metros de la célebre casa de Eileen Gray en Cap Martin, el Cabanon es tan edificio como mueble, y condensa toda la complejidad que las escalas de la madera plantean.

¿Cómo abordar la madera desde una perspectiva contemporánea? Dejando de lado los atributos que la hacen tan atractiva para los promotores de la hoy ineludible sostenibilidad (bajo un manejo adecuado, la madera es un recurso renovable, biodegradable y reciclable) la hipótesis que esta edición plantea es que, quizá, y justamente gracias a esta versatilidad escalar, la madera ofrecería la rara oportunidad de resolver el proyecto de arquitectura con igual contundencia tanto en los frentes que plantea la construcción y la ingeniería como en los asuntos de la cualidad atmosférica y sensorial del espacio.

estructuras de madera
Este número de ARQ se detiene particularmente en proyectos y artículos que dan cuenta, simultáneamente, de esa doble escala de la madera. Por una parte, se trata de una materia capaz de desplegar una notable potencia estructural, en algunos casos llegando al punto de las grandes luces y de la edificación en mediana altura. En el otro extremo, la madera aparece como fértil terreno para el desarrollo del detalle, gracias a su condición táctil –en cuanto materia sensual, liviana y cercana en su medida a la mano– y sus propiedades plásticas: cálida, colorida, aromática, moldeable, precisa. Lo interesante es que esta combinación escalar puede existir desde la economía de medios materiales y usando tecnologías de bajo impacto, como en el notable ejemplo de la casa Cúpula de Buckminster Fuller, presentada lúcidamente en el ensayo que abre este número.

Dos proyectos de título ejemplifican caminos de desarrollo que, desde el prototipo constructivo o el proyecto edilicio, exploran las posibilidades expresivas y estructurales de la madera y que, al igual que la bóveda de lamelas o el conjunto de viviendas en Constitución, plantean un uso del material capaz de abordar magnitudes de orden mayor.

ARQ-84-titulo

Disponible
$12.550

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Sumario

Editorial. Estructuras de madera / Patricio Mardones

Portafolio Galería AFA

Resistencia local / gt2p

Lecturas, obras y proyectos

Casa Cúpula en Carbondale, Illinois. R. B. Fuller, 1960 / Miguel de Lózar de la Viña

Casa Unamuno, Las Condes, Chile / Cecilia Puga

Cuba de madera, San Diego Sur, San Clemente, Chile / María Francisca Navarro

Emergencia y permanencia. Un caso de investigación aplicada y prototipo / John Saffery Gubbins, Juan Ignacio Baixas Figueras

Proyecto Villa Verde, Constitución, Chile / Elemental

Casa Gago, San Pedro De La Paz, Chile / Pezo Von Ellrichshausen

Casa en Tunquén, Casablanca, Chile / Pablo Lobos, Branko Pavlovic

Casa Pantalón, San Felipe, Chile / Eduardo Castillo

El potencial de la madera como elemento estructural / Enzo Valladares Pagliotti

Hotel Slowhorse, Piancavallo, Italia / Stefano Pujatti

Un edificio híbrido, Valparaíso, Chile / Claudio Viñuela

Construcciones de madera compuestas para cerramientos autoportantes / Khaled Saleh Pascha

Noticias de la Facultad
Dossier técnico ARQ

Da84F00
Da84F01
Da84F02
Da84F03
Da84F04
Da84F05
Da84F06
Da84F07

ARQ-83-Artefacto-N1

Proyecto de título: Artefacto N°1

Realizado por Alfredo Thiermann: una estructura de madera para la película ‘Lacunza’. Publicado en ARQ 83 | Edificios, paisajes, ciudades.

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Haras Las Camelias

Proyecto realizado por Martín Hurtado en San Bernardo, Chile y publicado en Martín Hurtado | Serie obras.

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La forma es una consecuencia y no una meta. Eso es lo que piensa Martín Hurtado cuando se enfrenta a una obra de arquitectura: que se debe buscar una estructura profunda, un orden interno a partir del cual el proyecto fluye hasta encontrar «qué» y «de qué» debe ser el edificio que se está haciendo. En escalas diversas, las cinco obras que comprenden esta publicación reflejan esa mirada.

También sintetizan sus otras preocupaciones: la relación entre una forma –que debe ser rotunda– y el paisaje que la rodea; la sensibilidad frente a los costos en la elección de los materiales; la reducción hasta lo esencial; el equilibrio entre la producción industrial y la artesanal. Como en los anteriores volúmenes de la Serie Obras de Ediciones ARQ, se muestra aquí en profundidad un conjunto acotado, pero particularmente relevante, de la producción reciente de un arquitecto destacado, prestando particular atención a los aspectos técnicos e intentando hacer explícita la cualidad constructiva y arquitectónica que la caracteriza.

Disponible
$15.000

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Autor: Alejandro Crispiani (ed.)

Textos en castellano e inglés, fotografías e imágenes a color y b/n, planimetría, esquemas, detalles
Páginas: 80
Formato: 21,7 x 29 cm.
Peso: 0,6 kg. aprox.
ISBN: 978-956-14-1316

Sumario

Más que una forma | Martín Hurtado

Fundo Izaro | Casablanca 2007

Casa 60 Amigos | Santo Domingo 2008

Haras Las Camelias | San Bernardo 2008

Estación Costera de Investigaciones Marinas | Las Cruces 2010

Colegio San Francisco Javier | Puerto Montt 2011

Listado de obras







Refugio Los Canteros

Realizado por dRN Arquitectos.
Vivienda multifamiliar en Farellones, Chile y publicada en ARQ 71 | Los Andes.

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Conversacion Almuerzo Chile-Inglaterra

Teatro Municipal de Constitución

Proyecto realizado por ELEMENTAL y publicado en ARQ 81 | Espacios para la cultura.

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Parque Cultural Valparaíso

Proyecto realizado por HLPS Arquitectos y publicado en ARQ 81 | Espacios para la cultura.

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espacios para la cultura
Con Utopians and visionaries 1871-1981 y otras exposiciones como Poetry must be made by all! o la controversial Hon, Pontus Hultén, historiador de arte y curador nacido en Suecia en 1924, dejaba claro que para él el museo era, literalmente, ‘espacio disponible’ para las expresiones marginadas del teatro, la ópera, las ciencias o las artes en general: todo lo que no tuviese cabida en el circuito cultural establecido podía encontrar un lugar en el museo. Esa actitud anunciaba su futuro como director fundador del Centro Georges Pompidou en París, inaugurado en 1977 y tan cercano a las utopías de fines de los sesenta.

espacios para la cultura
La misma mirada anima la reflexión que ARQ81 intenta estimular: si la cultura es el conjunto total de modos de vida, creencias y costumbres de un grupo o época, el espacio para la cultura debiera ser necesariamente un ámbito colectivo y de participación; una instancia de intercambio, juego y encuentro y, ante todo, un campo no resuelto, donde aún hay espacio disponible. La inmunidad a la norma legal y social de las animitas en Chile, la celebración de fiestas multitudinarias en las calles catalanas, el replanteo de la estructura de una biblioteca pública en Seattle y los proyectos de arte en las barriadas de Quito que este número presenta hablan, justamente, de ese espacio en blanco que levanta sus barreras y posibilita la construcción espontánea y colectiva de nuevas realidades.

ARQ-81-titulo

Disponible
$11.550

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Sumario

Editorial. Espacios para la cultura / Patricio Mardones

Opinión. Los museos en el siglo XXI / Iñaki Ábalos

Opinión. Lo público del espacio / Alberto Sato

Obras y proyectos

Parque Bicentenario de la Infancia, Santiago, Chile / ELEMENTAL

Teatro Municipal de Constitución, Constitución, Chile / ELEMENTAL

Museo de la Memoria, Santiago, Chile / Figueroa, Fehr, Dias

Casa do Chile, São Paulo, Brasil / Figueroa, Fehr, Dias

Parque Cultural Valparaíso, Valparaíso, Chile / HLPS Arquitectos

Teatro Municipal de La Serena, La Serena, Chile / HLPS Arquitectos

Fundació Antoni Tàpies, Barcelona, España / Ábalos + Sentkiewicz

Espacio para la experimentación teatral, estructura itinerante / Al Borde Arquitectos

Portafolio Galería AFA
Lecturas

Reporte: Biblioteca Pública de Seattle, OMA 1999-2004 / Giulia Foscari, OMA

Arte y comunidad. Espacios de transformación / Colectivo Tranvía Cero

La ciudad común en fiesta. Espacios para la construcción cultural / Juan J. Tuset

Animitas. Una expresión informal y democrática de derecho a la ciudad / Lautaro Ojeda

Libros y revistas recibidos
Dossier técnico ARQ