arquitectura moderna

El vasto territorio de América Latina reúne geografías y climas tan variados como los paisajes culturales y sociales que los conforman. Sin embargo, incluso dentro de la heterogeneidad de ese mosaico es posible trazar líneas de convergencia, algunas que remiten a aquello que tienen en común sus historias, y otras que refieren al modo en que asumieron sus procesos de modernización.

Con tiempos diferenciados y singularidades distintivas, podríamos asumir que en el tercio medio del siglo XX se produjeron algunos procesos concurrentes en los que una gran proporción de los gobiernos de este impreciso contexto latinoamericano enfrentaron transformaciones similares, caracterizadas por una incipiente pero progresivamente acelerada concentración urbana y el expansivo crecimiento de la población. Las respuestas ensayadas se orientan a consolidar la estructuración interior del territorio, apoyándose fuertemente en obras de infraestructura, y a promover la burocratización técnico-administrativa del Estado, con un manifiesto interés por modernizar su imaginario de representaciones, aspecto en el que la arquitectura ocuparía un lugar central.

Así como en otros países de la región, a partir de la década de 1930 el Estado argentino había operado con gran protagonismo en el impulso de la arquitectura moderna, como representación de un progreso asociado a la modernización técnica y la eficiencia administrativa, aunque sin resolver una reforma estructural de las condiciones políticas, económicas y sociales. Se promovieron obras que, mayormente, obedecieron a la voluntad de sortear la gran crisis provocada por el crack financiero –que afectó a gran parte de las economías regionales– proyectándose edificios que tanto el Estado nacional como los gobiernos provinciales adoptaron como rasgo de modernización, con independencia de filiaciones políticas.

Mientras ciudades como Buenos Aires, Rosario y Córdoba redefinían su rol metropolitano, las obras de infraestructura, en especial la fuerte expansión de la red de carreteras, provocaron la reorganización del territorio y una nueva estructuración, posibilitando que desde la capital se tomara una nueva conciencia del mapa geográfico y cultural de la Nación. A través de una importante red de servicios asociada a la nueva vialidad y como consecuencia del explosivo incremento del uso del automóvil, se fomentó el turismo hacia el interior del país, multiplicando la incorporación de paisajes y realidades sociales al imaginario colectivo, tensando las representaciones entre las imágenes de un «país urbano» y un «país rural».¹

Finalizando la década del treinta, las primeras experiencias de la arquitectura moderna habían sido asimiladas y una nueva generación de arquitectos emergía con una voluntad renovadora, que empezaría a manifestarse en la década siguiente, período que a su vez presenta un punto de inflexión de fuertes implicancias históricas. Por entonces, la arquitectura manifestaba las tensiones propias de las condiciones emergentes de la Segunda Guerra Mundial y las consecuencias de la posguerra en el reacomodamiento de las fuerzas internas en lo político, en lo social y en el campo cultural.

Si en la etapa anterior las relaciones entre Estado, arquitectura y procesos de modernización permiten establecer comparaciones y hasta algunas semejanzas entre lo ocurrido en Argentina y en otros países de América Latina, el arribo de Juan Domingo Perón al poder definirá un escenario singular que se recorta con características propias y diferenciadas, cambiando desde ese punto en adelante la escena política argentina.

El coronel Perón, quien formaba parte de las fuerzas que en 1943 destituyeron al presidente Castillo mediante un golpe militar, comenzó a ganarvisibilidad y predicamento como Secretario de Trabajo del nuevo gobierno. Dotado de una gran habilidad para leer la coyuntura, creció como figura pública ganando adhesión popular a tal punto que, una vez levantado el estado de sitio y convocadas elecciones, ganó la presidencia en febrero de 1946 y fue reelecto en 1951 para el siguiente período de 1952-1958, aunque fue derrocado por un nuevo golpe militar en 1955.

EECE-01Fig. 1 Perspectiva de los proyectos de Amancio Williams para los hospitales en Corrientes. © Fuente: Archivo Williams, Claudio Williams (Director)

Su gobierno, ejercido con un liderazgo carismático de corte popular, inaugura la era de la política de masas en Argentina, caracterizándose, sobre todo en el primer período, por una fuerte intervención del Estado con marcado acento en la producción de obra pública y la aplicación de políticas sociales distributivas.

En mayo de 1946 creó la Secretaría de Salud Pública, que tres años más tarde se elevaría al rango de Ministerio de Salud. Al frente de ambos organismos se designó al Dr. Ramón Carrillo, médico neurólogo quien sería el primer Secretario de Salud Pública de la Nación, y también el primero en ocupar el ministerio.

Así como en la década anterior los arquitectos habían comenzado a ser convocados para integrar planteles estables de las oficinas del Estado para realizar proyectos de arquitectura estatales, con la creación de la Secretaría de Salud Pública y la designación de Carrillo al frente de la misma, se avanzó hacia la consideración de los médicos como profesionales preparados para la planificación y gestión de la salud pública, consolidando la tendencia hacia la definición de unos «saberes de Estado», depositados en sus planteles técnicos como garantía de eficiencia y racionalidad administrativa.

El flamante ministro, que en los primeros años contó con un fuerte respaldo de Perón, realizó un estudio de las condiciones sanitarias del país y presentó un programa de trabajo, el «Plan Carrillo», con el objetivo de estructurar un ordenamiento integrado del sistema asistencial con expansión a todo el país, orientado fundamentalmente hacia la medicina preventiva.

Se realizaron estudios epidemiológicos, investigaciones relativas a enfermedades endémicas, extensas campañas de vacunación con consecuencias positivas en el descenso de la mortalidad infantil y un ambicioso plan de construcción de hospitales y centros sanitarios. El programa se inició en 1948. En cinco años fueron inaugurados 21 centros de salud distribuidos en el territorio nacional, llegándose a duplicar el número de camas de hospital disponibles.

EECE-02Fig. 2 Proyectos de Amancio Williams para un edificio de oficinas, 1946. Estructura principal de hormigón armado y oficinas suspendidas mediante tensores. © Fuente: Archivo Williams, Claudio Williams (Director)

En este contexto tendría lugar la participación de reconocidos arquitectos para proyectar instalaciones hospitalarias tales como los centros sanitarios de Catamarca, Jujuy y Corrientes (por Mario Roberto Álvarez), el Hospital Antiluético –hoy Hospital de Niños– en Tucumán (por Eduardo Sacriste) y la más ambiciosa empresa, que no llegó a materializarse integralmente sino apenas en algunos sectores y estructuras inconclusas: la construcción de la Ciudad Hospital de Horco Molle en el marco de la Ciudad Universitaria de Tucumán, en la que participó un equipo dirigido por Eithel Traine.

Para la Provincia de Corrientes, que fue la única en la que Perón no ganó las elecciones –y que luego sería intervenida–, además del centro sanitario y la maternidad previstos para la capital provincial, se proyectaron tres hospitales en el interior del territorio, situados en las localidades de Curuzú Cuatiá, Mburucuyá y Esquina. Con el propósito de desarrollar estos proyectos fue convocado el arquitecto Amancio Williams, quien en 1947 había tomado contacto con el organismo dirigido por Carrillo, ocupando por breve tiempo un puesto de asesor para organizar una «Asesoría de Arquitectura y Urbanismo».²

Arquitecto y proyecto.

Para el momento en que Williams (1913-1989) se hizo cargo del proyecto de los hospitales, ya había ganado un sólido prestigio. Con una posición decididamente comprometida con la arquitectura moderna, se había recibido de arquitecto en la Universidad de Buenos Aires en 1941. Con anterioridad, había realizado tres años de estudios de ingeniería y dedicado un período a la aviación, empleándose como piloto de la compañía aeropostal con el fin de desplegar su afición por volar, actividades ambas que indican su predisposición e interés hacia la dimensión técnica y sus manifestaciones.

Los primeros trabajos surgidos de su tablero habían sido ampliamente difundidos y publicados: «Viviendas en el espacio» y la «Casa sobre el arroyo», ambos de 1942. El primero, un ensayo sobre la vivienda seriada, en el que la disposición lineal y escalonada proporciona un ingenioso sistema de acoples a media altura dando la posibilidad de jardines aterrazados a cada unidad; el segundo, una obra que pondría a la figura de Williams en la consideración internacional, por la calidad del proyecto y su materialización, realizada con perfección y refinamiento.

Desde un principio se hicieron notar las características de un modo de proyectar guiado por el interés exploratorio, buscando los límites y tratando de atravesarlos, con una indeclinable adhesión a las expresiones de la modernidad y una voluntad de perfeccionamiento formal, organizativo y técnico. Tales aspectos se hicieron visibles en sucesivas propuestas tales como la «Sala para el espectáculo y el sonido en el espacio» de 1943, un ámbito diseñado según regulaciones acústicas y visuales para obtener un resultado equilibrado en 360 grados; el Aeropuerto para la ciudad de Buenos Aires, de 1945, en el que se propone una ubicación externa al territorio mediante una estructura planteada directamente sobre el Río de la Plata; o, del año siguiente, el «Edificio suspendido de oficinas», un desafío estructural en el que un gran pórtico de hormigón armado sostiene los bloques de oficina colgados, liberando las plantas y fachadas de todo compromiso estructural para favorecer un uso despejado.

EECE-03Fig. 3 Casa para Alberto Williams en Mar del Plata, conocida como «Casa sobre el arroyo», 1943–1945. © Fuente: Archivo Williams, Claudio Williams (Director)

En 1946 Williams escribió una carta y envió muestras de sus trabajos a Le Corbusier y en 1947 viajó a París para visitarlo. El encuentro dio inicio a una relación que se sostendría en el tiempo y cuyo principal resultado sería la recomendación de Le Corbusier ante el Dr. Curutchet, para que Williams se encargara del desarrollo del proyecto y dirigiera la obra de la casa que le estaba proyectando para construir en la ciudad de La Plata, tarea que el arquitecto argentino llevó adelante entre 1949 y 1951, al mismo tiempo en que trabajaba en el proyecto para los hospitales de Corrientes.

Seguramente esta relación facilitó que entre 1947 y 1951 Amancio Williams fuera delegado por Argentina en los CIAM, lo que permitió la expansión de su circuito de relaciones y llegara a organizar en Buenos Aires, en 1949, la exposición «Arquitectura y urbanismo de nuestro tiempo», para la que contó con el aporte de trabajos de Eugène Beaudouin, Marcel Lods, Belgioioso – Peresutti – Rogers, Clive Entwistle, Le Corbusier, Pierre Jeanneret, Paul Nelson y un catálogo diseñado por Tomás Maldonado.

Es evidente que el encargo de los hospitales coincide con un período de intensa actividad para Williams, tanto en lo profesional como en el ejercicio de un rol que ocupó decidida y sostenidamente: el de promotor de una cultura arquitectónica moderna.

EECE-04Fig. 4 Poblado de Mburucuyá, Amancio Williams, julio de 1948. © Fuente: Archivo Williams, Claudio Williams (Director)

Las condiciones en las que debían realizarse esos hospitales implicaban un tour de force en varios sentidos. Entre otros aspectos, las disposiciones implementadas por Carrillo exigían que la organización funcional fuera distribuida mayoritariamente en planta baja –elección que contrariaba la corriente de influencia norteamericana en vigencia que imponía el tipo de «hospital vertical», pero que resultaba sensata dada la localización prácticamente rural de estos proyectos–, solicitaba la adopción de cubiertas de tejas coloniales para favorecer una imagen próxima a las arquitecturas tradicionales, aún presentes en la mayoría de las regiones del interior del país que recibirían estas nuevas infraestructuras –lo cual implicaba un abierto desafío al proyecto moderno– y obligaba al arquitecto proyectista a participar en la selección de los terrenos a intervenir.

Williams, consciente del compromiso, realizó un viaje a la Provincia de Corrientes en julio de 1948. Ubicada en la Mesopotamia argentina al noreste de la república, está flanqueada al este por el río Uruguay –que la separa de Brasil y Uruguay– y al oeste y al norte por el Paraná –que la separa del Paraguay y las provincias argentinas de Chaco y Santa Fe–, situación que históricamente le produjo un significativo estado de aislamiento. Su territorio es mayormente llano con presencia de grandes espejos de agua en el interior –esteros, arroyos, lagunas–; el clima es subtropical, muy caluroso y húmedo, con fuerte incidencia del sol e intensas lluvias.

Para entonces, en parte motivado por el mencionado aislamiento y otro tanto por condiciones históricas y productivas, esta región presentaba un considerable atraso en materia económica y social. La población, sobre todo en el medio rural, conservaba modos tradicionales de habitar y una fuerte identidad, reforzada por la vigencia, en el habla popular, de la lengua de los habitantes originarios: el idioma guaraní.

En su viaje a esas tierras, el arquitecto visitó Corrientes, la ciudad capital, y en un territorio de dificultosa conectividad y una todavía deficiente red vial, las poblaciones en las que debían localizarse los hospitales: Esquina, Curuzú Cuatiá y Mburucuyá, ubicadas entre los 28º y 30º de latitud sur.

EECE-05Fig. 5 Una calle de Mburucuyá tomada desde una galería, mostrando un doble contraste: sol y sombra – tradición y modernidad. Amancio Williams, julio de 1948. © Fuente: Archivo Williams, Claudio Williams (Director)

EECE-06Fig. 6 Perspectiva de los proyectos de Amancio Williams para los hospitales en Corrientes. © Fuente: Archivo Williams, Claudio Williams (Director)

Con una mirada atenta y su cámara fotográfica Rolleiflex 6×6, registró el paisaje de horizontes extensos, amplios cielos y parajes desolados. En las poblaciones se enfocó en las calles polvorientas y el contraste entre los escasos automóviles frente al predominio de hombres de a caballo y carretones tirados por bueyes. Pero si un motivo resulta dominante en esa selección de escenas, es el de las viejas construcciones con sus galerías, elementos que tradicionalmente han sido utilizados en la región para controlar el impacto del sol, tanto en los patios interiores como hacia el espacio público, cubriendo las veredas y, en sucesivos empalmes, permitir la circulación a cubierto a lo largo de la manzana al modo de una logia continua.

Numerosas fotografías hacen notar el fuerte contraste entre la luz de la calle expuesta al sol y la sombra arrojada sobre las aceras y fachadas, permitiendo inferir el cambio de temperatura generado por el sencillo y eficaz dispositivo de control climático.

La mirada del arquitecto, interesada y disciplinada, tomó nota de estas constantes particularidades de las construcciones populares y seguramente, comenzó a imaginar la necesidad de reinventarlas, de traducirlas a un lenguaje moderno sin resignar su esencia.

De regreso en Buenos Aires, la etapa del anteproyecto convocó en su estudio a un equipo de trabajo en el que se encontraba Antonio Bonet, quien colaboró únicamente en las instancias preliminares– y un grupo de jóvenes arquitectos. Si bien Williams nunca ejerció formalmente la docencia, de algún modo lo hizo con estudiantes avanzados y arquitectos recientemente graduados, que tomaban el paso por su estudio como una asignatura obligada luego de la facultad, para compenetrarse con la arquitectura moderna tras la enseñanza académica. Los trabajos y exploraciones proyectuales en los que se involucraban eran acompañados por conversaciones, lecturas, clases, diálogos que se entablaban en una relación maestro-discípulo cotidianamente.

Como en todo proceso de proyecto, las aproximaciones al problema fueron dando alternativas, pero revisando la documentación de archivo, es un hecho que en una instancia se hicieron evidentes dos decisiones que se mantendrían a lo largo de todo el proceso: la idea de proteger el hospital de los rigores del clima dotándolo de un techo alto independiente, y la organización sistemática de los grupos funcionales en unidades que pudieran ser reagrupadas y combinadas en distintas configuraciones, definiciones que podían ser analizadas tanto en conjunto como independientemente.

EECE-07Fig. 1 Planta del proyecto de Amancio Williams para el hospital de Mburucuyá. © Fuente: Archivo Williams, Claudio Williams (Director)

Los techos altos serían consecuencia de un proceso que excede el marco mismo del proyecto de los hospitales; comienzan siendo una búsqueda proyectual que, con diferentes resoluciones técnicas y formales a las que finalmente se llegaría en este caso –alrededor de 1939– y, a su vez, seguirían un camino propio, siendo empleados en diversos proyectos posteriores en los que aparecerán como una marca distintiva.³

La elaboración del elemento que sería adoptado como cobertura para los hospitales tuvo un extenso y complejo proceso de refinamiento desde sus primeros esbozos hasta las versiones definitivas. Se trata de una estructura que cubre un módulo cuadrado, una superficie de doble curvatura que resuelve la transición entre la forma cuadrada del perímetro y un círculo central, coincidente con la llegada de la columna hueca de fuste circular que la sostiene y por la cual se efectúa la descarga de las aguas pluviales. Al acoplarse por los bordes, se produce una superficie continua a la que se le pueden quitar módulos o segmentos para dar luz natural donde sea requerida.

Este «cielo protector», que sobrevuela a los hospitales como un gran tendido de sombra, otorgaría una situación de «medio clima»,⁴ necesaria para mejorar las condiciones ambientales y lograr confort tanto en el interior del edificio como en sus espacios intermedios.

El desafío de resolver técnicamente la estructura, ante la inexistencia de métodos de cálculo científico, implicó procedimientos experimentales mediante ensayos con modelos y cargas en escala, para lo que se contó con el asesoramiento del ingeniero italiano Giulio Pizzetti –por entonces radicado en Buenos Aires– y correspondencia de consulta con Pier Luigi Nervi.

La lámina de hormigón que conforma la superficie en su borde presenta un espesor de aproximadamente 5 cm, lo que en las vistas en que queda expuesta esta situación y con la ondulación continua de las formas acopladas en serie, producen un efecto de ligereza y dinamismo inusual para una estructura de tal tamaño: se estudiaron módulos de 9, 11 o 13 m de lado y la continuidad dada por los módulos adosados generaría una superficie rectangular –que en algunos casos llegaría a los 121 m en el lado mayor y 66 m en el lado menor– definiendo un perímetro que podría llegar a extenderse indefinidamente en ambos sentidos, dibujando tramas diversas y generando un paisaje propio.

EECE-08Fig. 8 Perspectiva de los proyectos de Amancio Williams para los hospitales en Corrientes. © Fuente: Archivo Williams, Claudio Williams (Director)

El producto es una de las más originales estructuras planteadas en una época en la que, en distintas partes del mundo, se estaba experimentando sobre cáscaras de hormigón armado con resistencia por forma; a su vez, es un objeto de gran belleza y elegancia, que puede ser asociado con algunas líneas estéticas promovidas por corrientes contemporáneas del diseño con las que el arquitecto argentino sintonizaba conceptualmente, como la gute form #buena forma#–, desarrollada e impulsada por Max Bill.⁵

Pero si las correspondencias formales ubican a estas estructuras entre las producciones internacionales propias de su tiempo, su razón de ser se encuentra en las tradiciones locales, en aquellas galerías y aleros que atentamente el arquitecto había observado y fotografiado en sus recorridos por los antiguos poblados, los que en sus sencillas arquitecturas acumulaban siglos de experiencia en dar respuestas a las condiciones ambientales. Williams, con el sistema de doble techo, realizó una operación de interpretación de las formas de habitar decantadas por el uso en el tiempo, para obtener una respuesta nueva, pensada desde las expresiones modernas de la arquitectura, consiguiendo de ese modo una solución trascendente, que opera armónicamente en el paisaje a la vez que lo genera. Es en este sentido entonces que la propuesta se torna radicalmente moderna, al asumir una problemática local y devolver una respuesta que puede alcanzar lo universal.

Si el «techo alto» constituye un sistema en sí mismo, reproducible, ampliable y flexible, debe convivir eficazmente con otro sistema, más riguroso y controlado, que es el del edificio hospitalario en su función más básica y específica. Williams resolvió este dilema aplicando una lógica propia para cada caso y un modo de reunirlas sin conflictos.

El programa funcional fue planteado agrupando las necesidades en unidades resueltas en sí mismas, que se interconectan con las demás según sea necesario y dejando espacios abiertos que operan como plazas o patios interiores. De este modo se establecen cuatro grandes grupos: internación – servicios internos – servicios externos y servicios generales, distribuidos en torno a un patio general (al modo de una plazoleta semicubierta) y dos patios menores, complementando el conjunto con una capilla que aparece tratada como un elemento individual.

Cada unidad establece su propio perímetro, rectangular o cuadrado, acoplándose con las demás por medio de las circulaciones. Esta estrategia permitía que las unidades pudieran utilizarse de diversos modos en distintas configuraciones, con lo que el sistema se torna flexible y adaptable.

Una adecuada coordinación entre la modulación definida por las columnas que sostienen el techo elevado –ubicadas en el centro de cada cuadrado de la trama que lo compone– y la particular organización del edificio hospitalario propiamente tal, resuelve el potencial conflicto entre ambos sistemas, que funcionan como dos capas superpuestas, independientes y a la vez vinculadas.

De esta manera los hospitales podrían tener distintas proporciones y relaciones de distribución, sin perder las referencias a un concepto general de proyecto que los incluye, es decir, identificando su pertenencia a una «familia» y a un modo de concebirla.

De hecho, dos de los proyectos pensados para la Provincia de Corrientes –Curuzú Cuatiá y Esquina– resultan idénticos, variando el modo de implantación en los respectivos terrenos y el restante, para la localidad de Mburucuyá, si bien es diferente en tamaño, proporciones y distribución, está planteado con los mismos principios que los otros, utilizando variantes de las unidades funcionales agrupadas con criterios similares. El propio arquitecto lo hace explícito cuando expresa que

[…] se propuso estudiar cada sector constitutivo del hospital como un elemento tipo que pudiera ser utilizado en los diferentes proyectos, variando solamente sus conexiones, tamaño o posición, pero sin sufrir otras modificaciones.⁶

Con ello se abre una posibilidad que, aunque no haya sido planteada abiertamente por Williams, resulta una lógica deducción: se estaba pensando en tres hospitales con destinos concretos, pero se puede inferir que también se estaba pensando en un sistema de proyectación y construcción de hospitales en abstracto, a partir de la definición de unidades funcionales modulares y sus combinatorias. De algún modo, sus propias palabras sugieren esa intención:

Este proyecto ha sido un ensayo a gran escala acerca de la manera en que puede encararse el estudio de un problema arquitectónico con la ayuda de un intenso trabajo científico funcional e integral.⁷

A partir de esa línea deductiva las posibilidades que se abren son múltiples, pero fundamentalmente permitirían suponer un paso más y, como consecuencia de la modulación establecida por el proyecto, avanzar hacia la estandarización, serialización y prefabricación de los componentes constructivos.

A mediados del siglo pasado la industria de la construcción en Argentina no estaba en condiciones de asumir tal desafío, los métodos constructivos en gran medida seguían siendo tradicionales, con mínima incorporación de algunos elementos industrializados. Por entonces, la prefabricación en arquitectura era una perspectiva lejana que comenzaba a hacerse notar en el horizonte de la posguerra, a través de las revistas norteamericanas. En este contexto, los hospitales proyectados por Williams fueron pensados desde una situación intermedia, sin alcanzar plenamente la instancia de proponer una construcción industrializada, aunque por la lógica del proyecto el siguiente paso no hubiese sido imposible.

En lo que respecta al funcionamiento como edificios hospitalarios, la complejidad del tema se resuelve adecuadamente en distintos niveles. A escala territorial, al estar integrados a una red sanitaria ampliada, debía considerarse la vinculación con una primera cabecera en la ciudad capital provincial y para casos extremos, la instancia de recurrir a la derivación hacia la Capital Federal ya que en Buenos Aires se concentraba la mayor disponibilidad de equipamiento técnico y recursos humanos especializados. La posición geográfica de Mburucuyá, Curuzú Cuatiá y Esquina, poblaciones alejadas de la capital correntina –en el mejor de los casos a 150 km y en el más distante a casi 320 km– y comunicadas por una ineficiente red de carreteras y caminos interiores que en ocasiones se volvían intransitables, hacía necesaria la adopción de medios alternativos; frente a eso Williams ideó sectores cubiertos en las plazas internas para alojar vehículos diversos, incluyendo avionetas y helicópteros y disponía la previsión de una mínima pista de aterrizaje aledaña a los hospitales.

EECE-09Fig. 9 Corte del hospital de Mburucuyá. Se puede apreciar la separación entre el sistema de «techo alto» y el edificio bajo. © Fuente: Archivo Williams, Claudio Williams (Director)

EECE-10Fig. 10 Maqueta del hospital para Mburucuyá. © Fuente: Archivo Williams, Claudio Williams (Director)

En lo que hace a las situaciones internas de funcionamiento, la práctica médica podía realizarse eficientemente debido a la claridad organizativa, las soluciones técnicas, la resolución de los aspectos específicos que hacen a cada función y la eficaz trama circulatoria. Respecto del paciente, en el caso del ambulatorio se encontraría con una fácil lectura del espacio, ubicándose rápidamente, en tanto que el internado contaría con condiciones adecuadas y confortables. Pero hay otro nivel de situación que corresponde considerar en estos casos, que es el del familiar o acompañante, un dato no menor ya que, dadas las condiciones contextuales de estos hospitales, serían utilizados también por pacientes provenientes de áreas rurales relativamente alejadas y con escasos recursos económicos, lo que implicaba el traslado de algunos familiares o acompañantes del paciente que permanecerían próximos durante su internación. Para estos casos, la generosa disponibilidad de espacios intermedios ofrecida por la plazoleta semicubierta interna, posibilitaría una espera en condiciones ambientales confortables.

El diseño del techo alto sería una gran contribución en ese sentido, dado que la proyección de sombras y la incidencia del sol fue rigurosamente elaborada mediante estudios de asoleamiento para cada época del año, definiéndose con ello la relación del perímetro y las alturas del sobretecho respecto de la planta de funcionamiento hospitalario, así como las caladuras de la superficie superior que, eliminando parcial o totalmente módulos de la superestructura, permitirían el ingreso del sol en condiciones controladas. No en vano, ante la falta de terminología específica para denominar estas estructuras, en términos coloquiales terminaron conociéndose como los «paraguas» o «sombrillas» de Amancio.

Este recurso de adaptación a las condiciones ambientales de la región, adquiere tal presencia que la imagen global de los hospitales produce un fuerte impacto de identificación y singulariza la experiencia espacial del edificio, conformando en su conjunto una suerte de «bosque artificial» que remite invariablemente a un imaginario subtropical.

A pesar de eso, la representación del proyecto a través de las perspectivas resulta ajena a todo paisaje en particular, se desentiende al punto de mostrarse en un plano neutro, lo que hace evidente que Williams, consecuente con sus principios de búsqueda sistemática, realizó una propuesta particularmente situada pero a la vez, en un plano general, deslocalizada. Una arquitectura más allá del tiempo y del lugar que se resuelve en sí misma, pensada para una situación específica y –a su vez– generalizable; que escapa a todo intento de anclaje de localización caracterizada y susceptible de plantearse como la base de una arquitectura que ofrece una imagen trasladable a otras posiciones y latitudes análogas, es decir, «internacionalizable». En definitiva, una obra planteada como producto de «la era de la reproductibilidad técnica».

El sistema y sus problemas.

Al decir de L. von Bertalanffy,

[…] si alguien se pusiera a analizar las nociones y muletillas de moda hoy por hoy, en la lista aparecería ‘sistemas’ entre los primeros lugares. El concepto ha invadido todos los campos de la ciencia y penetrado en el pensamiento y el habla populares y en los medios de comunicación de masas. El razonamiento en términos de sistemas desempeña un papel dominante en muy variados campos, desde las empresas industriales y los armamentos hasta temas reservados a la ciencia pura.⁸

Es en este sentido laxo y difuso que se empleará el término, diciendo que estos hospitales son «una muestra fallida de un sistema posible», ya que Williams no abordó el encargo con el fin de proyectar tres edificios singulares, sino que lo hizo desde la intención de generar un método sistemático de resolver situaciones análogas. De haberse concretado las obras, hubieran habilitado la posibilidad de ser replicadas y/o adaptadas para distintas ocasiones. En este sentido, Amancio Williams rozó los límites del sistema arquitectónico; con su concepción adelantó en el tiempo razonamientos y métodos que en el campo de la arquitectura en Argentina se incorporaron tiempo más tarde –más de una década después se desarrolló ampliamente una línea proyectual conocida precisamente como «arquitectura de sistemas»– en tanto que, por entonces, en la escena internacional de la posguerra apenas comenzaban a asomar en el horizonte.

Pero, a su vez, se encontró con otros límites aún más infranqueables, los del sistema político. Según ha sostenido Karina Ramacciotti, en la intervención estatal durante el peronismo en el área de salud, pueden visualizarse dos grandes etapas:

[…] la primera de ellas, que abarca desde 1946 a 1950, está caracterizada por la expansión de los centros hospitalarios y centros materno-infantiles y por el intento de lograr un cuerpo burocrático con mayores visos de profesionalidad aunque sin que se perdiera la lealtad al proyecto político. La segunda etapa va desde 1950 a 1954 y está marcada por un recorte presupuestario y por la búsqueda de nuevos pilares de legitimidad. Durante este segundo período, en el que la Fundación Eva Perón tuvo un mayor protagonismo en el área sanitaria, las campañas de difusión se mantuvieron y permitieron la visibilidad política del Ministerio.⁹

La importante notoriedad pública que logró Ramón Carrillo en los primeros años de su ministerio –en los que el impacto del plan de salud se mostró desde la plataforma del saber técnico con una imagen de eficiencia y dinamismo que abrió un camino para acercar la salud a las «masas»–, terminó jugando en su contra. Como bien lo enuncia Ramacciotti,

[…] este protagonismo convirtió las acciones que emanaban de la Secretaría de Salud Pública en un área codiciada por otros actores sociales. Así pues, la atención sanitaria se convirtió en un tema central de la política y en un terreno de disputa entre la agencia estatal, la Fundación Eva Perón y los sindicatos.¹⁰

El crecimiento de la figura de Eva Perón como «abanderada de los necesitados» y el programa asistencial de la fundación que llevaba su nombre, fue superponiéndose cada vez más a las funciones del Ministerio, construyendo hospitales, centros asistenciales y maternidades, entre otras construcciones caracterizadas por un lenguaje arquitectónico cercano al colonial californiano. Esta puja de poderes fue medrando la capacidad de acción de Carrillo al punto que las principales fuentes presupuestarias del Ministerio, a partir de 1950, fueron derivándose a la Fundación Eva Perón, la que progresivamente fue acumulando cada vez más capital político, económico y simbólico. Por otra parte, las políticas distributivas del peronismo habían estado asentadas en una coyuntura económica favorable que se agotó rápidamente, con lo que la pugna por la captación de recursos por parte de los distintos organismos fue cada vez más intensa y la merma en la órbita del Ministerio de Salud se hizo sentir con fuerza.

La situación para el antes poderoso ministro Carrillo, devenido crítico rival de la primera dama –con las moderaciones que las circunstancias imponían–, condujeron a que en 1954 presentara su renuncia, abandonando no solo el cargo sino también el país, para refugiarse casi como un exiliado en Brasil, donde viviría sus últimos años.

Con ello, los hospitales proyectados por Amancio Williams y que aún no se habían concretado –como sí se había logrado en otros casos notables que fueron resueltos con mayor celeridad–, terminaron archivados.

En distintas ocasiones los proyectos fueron publicados mostrando sus planimetrías básicas y resaltando su carácter innovador. En 1957, pasados dos años del derrocamiento de Perón y con una situación política trastocada, el arquitecto haría público un intento más para promover su construcción. A casi una década del inicio de los proyectos, en el número 9 de Nueva Visión,¹¹ reseñaba el derrotero seguido y apelaba a una decisión política:

Los estudios, iniciados en 1947, fueron aprobados y continuados en 1951 y continuaron en 1954. Sería sumamente importante, por la calidad del aporte que representan para el desarrollo de la arquitectura hospitalaria, no sólo en el plano nacional, sino también en el internacional, que el Ministerio de Salud Pública autorizara sin más dilaciones el comienzo de las obras, que se encuentran aprobadas desde 1955.¹²

Con estas palabras comenzaba a cerrarse un capítulo de la intensa y rica experiencia que transitó la cultura arquitectónica argentina a mediados del siglo XX poniendo en evidencia, una vez más, las siempre complejas y dificultosas relaciones entre la arquitectura y la política.

De algún modo, también, habla de las singularidades emergentes en el variado contexto latinoamericano frente a sus procesos de modernización y da cuenta de los destellos que desde esta región iluminaban el horizonte de la arquitectura en el mundo, en este caso proponiendo un diálogo abierto, decodificando códigos locales para incorporarlos a un lenguaje sin fronteras.

El-edificio-como-experimento-Titulo

Publicado en

Sudamérica Moderna | objetos . edificios . territorios
Abril 2015

Artículo realizado por

Luis Müller. Arquitecto, Universidad Católica de Santa Fe, Argentina (1978); Magíster en Ciencias Sociales, Universidad Nacional del Litoral, Argentina (2006); Doctor (c), Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Profesor y Director de la Maestría en Arquitectura, Universidad Nacional del Litoral, Argentina.

Notas

1 BALLENT, Anahí; GORELIK, Adrián. «País urbano o país rural: la modernización territorial y su crisis». En: Nueva Historia Argentina, tomo VII. Sudamericana, Buenos Aires, 2001.

2 Fuente: Archivo Amancio Williams.

3 Un estudio pormenorizado del proceso de diseño de la bóveda cáscara, que constituye el módulo básico del más conocido sistema de techos altos desarrollado por Williams, se encuentra en: MÜLLER, Luis. «Un largo y sinuoso camino. La bóveda cáscara en los proyectos de Amancio Williams», Block, núm. 9, Buenos Aires, UTDT, 2012.

4 Expresión utilizada por Helvidia Toscano (Pampita) en entrevista realizada por el autor (Tigre, 18 abril 2012). La arquitecta Toscano colaboró con Williams en éstos y otros proyectos entre 1950 y 1968.

5 Un análisis de las relaciones entre el pensamiento de Williams y la corriente de diseño gute form, se encuentra en: MÜLLER, Luis. «Entre la técnica y la ‘buena forma’. Max Bense / Amancio Williams en las páginas de Nueva Visión». Ponencia en Jornada Internacional La buena forma y el nuevo mundo: interferencias HFG ULM – Latinoamérica, DAAD (Servicio Alemán de Intercambio Académico) / Cátedra Walter Gropius FADU/UBA – UTDT. Buenos Aires, 2011.

6 WILLIAMS, Amancio. «Tres hospitales en Corrientes», Nueva Visión, núm. 9. Nueva Visión, Buenos Aires, 1957, p. 13.

7 Ibíd, p. 17.

8 von BERTALANFFY, Ludwig. Teoría general de los sistemas. Fundamentos, desarrollo, aplicaciones. FCE, México, 1988, p. 1.

9 RAMACCIOTTI, Karina. La política sanitaria del peronismo. Biblos, Buenos Aires, 2009, p., 16.

10 Ibíd, p. 90.

11 La revista Nueva Visión fue fundada en 1951 por Tomás Maldonado (quien fuera su director hasta 1954) junto a Alfredo Hlito y Carlos Méndez Mosquera. De aparición trimestral, su último número fue el 9, de diciembre de 1957. Con este nombre también se expandió hacia una empresa editorial, que publicó algunos de los libros que resultaron fundamentales en la formación de arquitectos, artistas y diseñadores de las décadas siguientes.

12 WILLIAMS, Amancio. «Tres hospitales en Corrientes», Nueva Visión, núm. 9. Nueva Visión, Buenos Aires, 1957, p. 17.

Bibliografía

BALLENT, Anahí; GORELIK, Adrián. «País urbano o país rural: la modernización territorial y su crisis». En: Nueva Historia Argentina, tomo VII. Sudamericana, Buenos Aires, 2001.

MÜLLER, Luis. «Entre la técnica y la ‘buena forma’. Max Bense / Amancio Williams en las páginas de Nueva Visión». Ponencia en Jornada Internacional La buena forma y el nuevo mundo: interferencias HFG ULM – Latinoamérica, DAAD (Servicio Alemán de Intercambio Académico) / Cátedra Walter Gropius FADU/UBA – UTDT. Buenos Aires, 2011.

MÜLLER, Luis. «Un largo y sinuoso camino. La bóveda cáscara en los proyectos de Amancio Williams». Block, núm. 9, Buenos Aires, UTDT, 2012.

RAMACCIOTTI, Karina. La política sanitaria del peronismo. Biblos, Buenos Aires, 2009.

VON BERTALANFFY, Ludwig. Teoría general de los sistemas. Fundamentos, desarrollo, aplicaciones. FCE, México, 1988.

WILLIAMS, Amancio. «Tres hospitales en Corrientes». Nueva Visión, núm. 9. Nueva Visión, Buenos Aires, 1957.

Lecturas recomendadas

Sudamérica Moderna | objetos . edificios . territorios

Massilia 2007 | Guillermo Jullian de la Fuente

Turismo y arquitectura

El libro que aquí se presenta propone realizar una revisión y lectura crítica de la relación entre turismo y arquitectura en Chile, partiendo del momento en que ambos comienzan a manifestarse en términos modernos. Se ha definido un arco temporal que va de 1933 a 1962, para el cual se contó con fuentes primarias de información no disciplinares, principalmente la revista En viaje y la Guía del veraneante, que tuvieron un alto grado de periodicidad y continuidad.

Para introducir las temáticas referidas a las modificaciones que el desarrollo turístico produjo, tanto en relación al proyecto de arquitectura como al diseño urbano, es necesario entender este fenómeno desde inicios del siglo XX.

El turismo, como actividad moderna, requirió de nuevas concepciones espaciales y formales para dar cabida a las prácticas sociales y culturales ligadas al ocio y al viaje. Estas fueron, en parte, el fundamento de las modificaciones disciplinares llevadas a cabo por la modernidad tanto a escala del edificio como de la ciudad; modificaciones que estuvieron en sintonía en Latinoamérica, Estados Unidos y Europa. La incipiente modernidad arquitectónica, entonces, debió responder a las nuevas exigencias derivadas de las prácticas culturales asociadas al turismo.

El turismo, tal como lo entendemos hoy día, es una actividad genuinamente moderna. En su origen estuvo asociado a condiciones culturales totalmente nuevas, como el nacimiento del tiempo libre, las vacaciones como un derecho social y el viaje como una actividad difundida en los distintos estratos de la sociedad. Así se superaron formas culturales anteriores que habían estado por largo tiempo institucionalizadas, como el ocio entendido como un tiempo de reflexión reservado solo para unos pocos, las vacaciones como privilegio de la elite y los viajes asociados a las peregrinaciones religiosas.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-01Fig. 1 Prácticas balnearias. GV 1948, contraportada.

Podemos decir que existen dos cambios fundamentales que permitieron que el turismo se transformara en una actividad nueva y fuera difundida plenamente en la sociedad. Por un lado, el cambio en las prácticas corporales asociadas a las concepciones higiénicas y médicas permitió el surgimiento de la cultura del cuerpo. Estas estuvieron basadas en el valor que se le otorgó a la vida al aire libre, al contacto con la naturaleza y al deporte, y fueron fundamentales para la consolidación del turismo en torno a los bordes costeros, lagos, cordilleras y termas (Corbin, 2005; Vigarello, 1991; Feher, Nadaff y Tazi, 1990-92; Aries y Duby, 1990). Por otro lado, cabe destacar la condición masiva que adquirieron el viaje y las vacaciones, cuando a partir de la revolución industrial, se volvió necesario regular los tiempos de descanso de las clases trabajadoras, estableciéndolas como un derecho social e irrenunciable¹. En 1919, se creó la Organización Internacional del Trabajo que se ocupó de generar una serie de tratados que garantizaron las condiciones laborales de los trabajadores de los países asociados. En el ámbito local, la legislación sobre el trabajo fue sancionada en 1931 en el Código del Trabajo. En él se congregaron una serie de leyes anteriores, como la del Descanso Dominical de 1917 y la del Contrato de Trabajo de 1924. Así, se respondió a la enorme presión social por obtener garantías mínimas en el trabajo y se estableció por primera vez el periodo de vacaciones remuneradas.

En este contexto, la arquitectura del ocio pasó desde una concepción elitista, restringida y apegada a los estilos históricos, a otra moderna, que debió solucionar el ocio como un problema masivo, público y que acogió nuevas prácticas culturales y sociales. Uno de los ejemplos emblemáticos en este sentido fue el proyecto para la Ciudad del Reposo y las Vacaciones, proyectado por el GATEPAC, en los años previos a la Guerra Civil Española. Esta propuesta urbana EXNOVO, tenía como uno de sus principales cometidos solucionar las vacaciones de los trabajadores barceloneses. En una reflexión sobre este proyecto, publicada en el séptimo número de la Revista AC de 1932, los integrantes de este grupo expresaban:

«El deporte, la vida al aire libre, el perfecto equilibrio físico, constituyen hoy día una necesidad ineludible para las masas. El ritmo veloz, absorbente y dinámico de la vida moderna, exige estos paréntesis de contacto directo con una atmósfera absolutamente sana. Es urgente organizar las zonas de reposo de que carecen las ciudades y facilitar al ciudadano medios rápidos y económicos de transporte a esas zonas. Estos son elementos por crear y constituyen algo orgánicamente nuevo. Un problema de nuestro tiempo que impone una solución nueva, divorciada de toda clase de tradiciones históricas y de experiencias anacrónicas»
— GATEPAC, 1932.

Se describen aquí claramente los cambios de vida que exigió la modernidad y cómo ellos se extendieron a las distintas capas sociales. Se hizo necesario, así, dar una respuesta acorde a las necesidades de descanso y contacto con la naturaleza que estos cambios demandaban. Se puede apreciar también el pretendido rol de reforma social con que la arquitectura asumió este desafío. Coincidentemente con estas demandas, José Luis Sert, en su emblemático texto titulado Can our Cities Survive? (Sert, 1942), hacía alusión a los problemas suscitados por las necesidades espaciales del ocio. Ya en esos años se establecía la contradicción entre la urgencia por planificar y desarrollar zonas de descanso para las masas y la preservación de zonas naturales, dada la expansión inusitada que adquirió el turismo.

A otra escala, la arquitectura se vio exigida a proponer espacios para el óptimo uso de las nuevas prácticas asociadas al viaje y la vida al aire libre. Así, se hizo necesario pensar en nuevos edificios para nuevos programas, lo que constituyó un desafío para la disciplina. Como explica M. Gausa (1996: 35): «La ausencia de modelos tipológicos de referencia para una experiencia ajena a la urbana favoreció respuestas arquitectónicas espontáneas». Los proyectos debieron resolver nuevos requerimientos programáticos a través de la creación de nuevas entidades arquitectónicas o de la actualización de algunas existentes, como casinos, hoteles, piscinas, restaurantes y clubes. Esta coyuntura permitió experimentar con nuevas soluciones, que debieron responder al carácter masivo de las nuevas prácticas sociales. Ejemplo de ello son los clubes para la práctica de deportes, las colonias de verano para las vacaciones de niños y las piscinas públicas, que se extendieron como grandes centros para el ocio.

La temprana modernidad debió atender estas nuevas demandas, como parte de las problemáticas arquitectónicas presentes en el debate disciplinar. Puede verse la aparición de propuestas formales que intentaron dar respuesta a ellas, basadas por ejemplo en el uso de espacios públicos masivos y permeables en lo referido a la relación interior/exterior. Esto se tradujo también en nuevas consideraciones funcionales y espaciales, que llevaron usualmente a proponer grandes zonas de encuentro social, apoyadas por un amplio repertorio de servicios (baños públicos, camarines, cocinas etc.).

En términos generales, existen pocos estudios actuales que revisen específicamente la relación entre turismo y arquitectura². Puede constatarse, de todas maneras, una cierta atención en términos patrimoniales por este tipo arquitectura, referida tanto a sus obras paradigmáticas como a construcciones más modestas, en las que se refleja la construcción de estos valores basados en la democratización y difusión del turismo de masas. El presente libro propone valorizar la experiencia de la arquitectura chilena en torno al turismo no como una «arquitectura vergonzante», sino como una que encuentra precisamente en sus demandas el fundamento de su novedad.

Puede afirmarse, asimismo, que la arquitectura fue una componente indispensable y constante del turismo moderno. Esto se pone claramente de manifiesto en los medios de difusión que hicieron de este una actividad masiva, como ser revistas y guías turísticas, en cuyas páginas la arquitectura ocupó un espacio particular y significativo. Esta es la base documental con la que ha contado la investigación que se formaliza en el presente libro. Como elemento indispensable en la construcción de destinos, la arquitectura jugó un papel central. En principio, los edificios no solo acogieron los nuevos programas, sino que intentaron también caracterizar con su forma a estos destinos, dando lugar a nuevas configuraciones espaciales y buscando una mayor relación con los entornos preferentemente naturales donde se ubicaron. Pero también las intervenciones urbanas tuvieron un papel destacado, configurándose como postales que construyeron el imaginario turístico de Chile.

El rol de la arquitectura en
la difusión turística de Chile

Durante el siglo XX, específicamente entre los años ’30 y ’60, Chile asumió una condición de destino turístico, que se correspondió con una concepción de país decididamente nueva. Como se ha revisado, el viaje y el turismo incipientes, fueron difundidos como parte de la modernización de las prácticas culturales y sociales relacionadas con el ocio y el tiempo libre, imperantes en tanto en América como Europa. De esta manera, Chile fue presentado al mundo y a sus propios habitantes como un conjunto de múltiples paisajes urbanos y naturales a ser visitados.

Esta situación se vio fortalecida por la conectividad que adquirió el territorio nacional a través del tren. Y reflejada en la fuerte política editorial desarrollada por la misma Empresa de Ferrocarriles del Estado que, a través de su Sección de Propaganda y Turismo, logró mantener por más de 40 años la circulación de En viaje³ y por casi 30 la Guía del veraneante⁴, donde se proporcionaba información al turista para acercar y promocionar destinos a lo largo de todo el país.

La imagen de Chile que se promovía en las revistas y guías de turismo nacional durante esos años, quería presentar un país moderno, donde la arquitectura fue especialmente relevante. A través del material gráfico y documental, estos medios difundieron el país y su arquitectura de forma sistemática. El presente libro indaga justamente en cómo esta arquitectura fue presentada en los medios de difusión turística y cómo llegó a constituir un elemento fundamental en la creación de una nueva visión de país.

En estos documentos, la arquitectura y la ciudad tuvieron un papel importante en la consolidación de la imagen de país joven y recientemente conectado. Por ello, la labor de Ferrocarriles fue fundamental tanto en la creación de líneas y ramales como en la difusión del turismo.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-02Fig. 2 Prácticas balnearias. GV 1945, portada.

Este trabajo se propone realizar una lectura crítica de dichos documentos, para lo que se identificaron temáticas específicas, bajo las cuales se analizan la arquitectura y la ciudad cuando se hacen presente en ellos. En estos documentos se puede constatar, además de la colonización efectiva del territorio que realizó Ferrocarriles a través de su extensa red ferroviaria, el reconocimiento de un conjunto de paisajes, ya fueran naturales o construidos, que se presentan como atractivos turísticos. Se podría hablar de una colonización turística a partir del surgimiento de una red de equipamiento vinculada a dichos lugares, para dar al viajero la comodidad moderna del viaje.

A partir de los documentos de difusión turística, como también a través de otros medios como los documentales sobre Chile⁵ o la presencia en guías de turismo internacional⁶, se puede suponer que la arquitectura adquirió un rol particularmente significativo en la configuración de la imagen del país como destino turístico. Esta fue una acción planificada y permanente en el tiempo, que logró dar un fundamento turístico sólido. Por otro lado, el país adquirió una condición unitaria, basada en gran medida en el reconocimiento a lo largo de todo su territorio de determinados valores arquitectónicos, urbanos y paisajísticos. Finalmente, parte importante de dichos valores estuvo basada en el carácter moderno de las obras de arquitectura y de las nuevas intervenciones en los centros urbanos, que fueron persistentemente expuestos en las publicaciones analizadas.

El trayecto y el destino: la influencia de
Ferrocarriles del Estado en el desarrollo
del turismo de Chile

Ferrocarriles del Estado de Chile lideró una acción de promoción del turismo nacional, a través de la cual se estructuró una concepción del territorio chileno como destino. Las gestiones de esta empresa apuntaron a la difusión del turismo como una alternativa para ampliar la oferta y garantizar mayor demanda por el servicio. Así, además de la creación de una extensa red de transporte y conectividad del país, la empresa tuvo un importante rol en la divulgación el turismo a través de documentos para viajeros. En esta misma dirección, concretó iniciativas diversas para el fortalecimiento de dicha actividad, basadas en la coordinación con otros medios de transporte para garantizar la accesibilidad a zonas todavía apartadas de la red, y en la coordinación de servicios anexos al transporte, como los coches comedor al interior del ferrocarril o los servicios de restaurante en aeropuertos y estaciones.

La creación de esta extensa red de ferrocarriles que unió y colonizó gran parte del territorio chileno, requirió tiempo para consolidarse desde sus inicios hasta entrado los años treinta. La empresa comenzó a definirse como tal con la compra por parte del Estado de las acciones que quedaban aún en manos de privados hacia 1873. De esta forma se consolidó como empresa estatal y se formalizó su funcionamiento en 1884, bajo el gobierno de Domingo Santa María (Gross, 1998). Dicha acción económica proponía centralizar su administración y unificar las diferentes compañías que controlaban los distintos tramos del ferrocarril. Con ello se conectaron sin interrupciones Valparaíso hasta Angol, con tres secciones que a partir de ese momento operaron en conjunto: Santiago-Valparaíso, Santiago-Talca, Talca al sur.

En los primeros años del siglo XX, Ferrocarriles del Estado extendió sus líneas de tren a lo largo de Chile. Un hito fundamental fue cuando en 1913 se amplió la red hasta Puerto Montt, última estación del ramal sur. Esta extensión de las líneas «determinó su importante participación en la colonización del sur, en el desarrollo de la minería en el norte, en el crecimiento de la zona central y en el fomento al turismo» (Cassals, 1999: 9).

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-03Fig. 3 Mapa de la red ferroviaria. GV 1957, pp. 304-5.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-04-05Fig. 4 Publicidad Ferrocarriles del Estado. GV 1956, p. 6. / Fig. 5 Publicidad Ferrocarriles del Estado. GV 1947, p. 302

El crecimiento continuo de la cobertura del ferrocarril se consolidó hacia 1930 cuando se logró la mayor extensión de vías férreas en el territorio nacional. Durante esa década, «una gran extensión del territorio, el de mayor actividad productiva y el más densamente poblado estaba vinculado a la vías férreas» (Irrizaga, Gálvez y Silva, 1980: 144). Esta situación de consolidación del ferrocarril como medio de transporte nacional, fue coincidente con el surgimiento de ambiciones turísticas por parte de la empresa. Esta tuvo particular interés en difundir el turismo como una alternativa que permitiese aumentar la demanda por el uso del ferrocarril como medio de transporte; incrementándola considerablemente en las épocas estivales. Sin embargo, como explica Cassals:

«Esta actividad no logró atenuar la crisis económica y técnica de la empresa pues, si por una parte se recibían importantes ganancias por concepto de transporte y servicios turísticos, por otra parte se gastaban grandes sumas de dinero en infraestructura y equipos que solamente eran ocupados en el verano y en algunos feriados durante el año»
— Cassals, 1999: 141

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-06Fig. 6 Mapa folclórico de Chile. GV 1957, pp. 176-7.

A pesar de la desconfianza en la capacidad del turismo para generar ingresos suficientes para justificar su desarrollo⁷, la empresa estatal insistió en que este fuese parte fundamental de su agenda, lo que se reflejó en la fuerte promoción que hizo del mismo en las publicaciones nombradas. Además existieron otras acciones concretas a fin de promocionar el viaje turístico, como la confección de boletos y abonos de turismo para invierno y verano, que facilitaban el viaje en tren. Estos tipos de boletos eran publicitados en las revistas y guías, haciendo énfasis en los descuentos económicos a los cuales se podía acceder, así como promocionando distintos destinos dependiendo de la época del año.

La difusión de los destinos turísticos a los cuales el ferrocarril permitía acceder, se complementó con la creación de infraestructura turística en ellos. Vale decir, la empresa no solo se ocupó del trayecto, sino también del destino. Así lo manifestó el director de En viaje, Carlos Barella:

«Es hora de que abramos los ojos a esta inmensa realidad económica empezando por donde se debe empezar: construcción de hoteles y propaganda»
— Barella, 1947

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-07Fig. 7 Publicidad Organización Nacional Hotelera. GV 1947, p. 216.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-08-09Fig. 8 Publicidad Consorcio Hotelero de Chile acerca de sus hoteles de temporada. GV 1956, p. 205. / Fig. 9 Publicidad Hotelera Nacional S.A. – HONSA. GV 1961, p. 61.

Para ello, Ferrocarriles del Estado construyó el hotel Pucón en 1935, el hotel Puerto Varas en 1936 y la hostería Tejas Verdes en 1937, y conformó la Organización Nacional Hotelera Bonfanti S.A.⁸, que los administró y promocionó. Dichos hoteles fueron presentados profusamente en los documentos de difusión turística. En tal sentido, muestran la dimensión de la ambición de Ferrocarriles por participar activamente en la industria hotelera. A partir de 1945⁹, esta sociedad se transformó en la Organización Nacional Hotelera S.A., sin Bonfanti. Siguiendo la misma política que en años anteriores, mantuvo una fuerte actividad constructora, a partir de la cual se promocionaba como una cadena hotelera. Gracias a su acción se levantaron el hotel Pedro de Valdivia en Valdivia, el hotel City en Concepción, El Gran Hotel Chillán en Chillán, el hotel Capri en Santiago y el hotel Pacífico en Arica¹⁰.

Desde 1944, Ferrocarriles también participó, bajo el amparo de la Corporación de Fomento a la Producción, en la creación del Consorcio Hotelero de Chile S.A. Dicho Consorcio se hizo partícipe en la creación de hoteles preferentemente en el norte del país. De esta manera, creó una red en el norte que incluía el hotel Turismo de Ovalle, el hotel Turismo Prat de Iquique, el hotel Turismo Francisco de Aguirre en La Serena y el Gran Hotel Turismo de Antofagasta, estos tres últimos desarrollados por el arquitecto Martín Lira¹¹. Más tarde también se sumó a este consorcio el balneario y casino de Peñuelas en La Serena y el Yachting Club de la Herradura en Coquimbo¹².

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-10-11-12-13Fig. 10 Arriba izquierda: Publicidad hotel Pucón. GV 1954, p. 176. / Fig. 11 Arriba derecha: Publicidad hotel Puerto Varas. GV 1954, p. 234. / Fig. 12 Abajo izquierda: Publicidad hostería Tejas Verdes. gv 1948, p. 108. / Fig. 13 Abajo derecha: Invitación de la Organización Nacional Hotelera S.A. para la inauguración del hotel Capri en Santiago. GV 1947, p. 7.

En 1953, la Corporación de Fomento de la Producción a través del decreto ley Nº 370, pasó a explotar centralizadamente los hoteles estatales de las sociedades nombradas: Organización Hotelera Nacional S.A. y el Consorcio Hotelero de Chile S.A., a través de lo que sería conocido como honsa; Hotelera Nacional S.A. (CORFO, 1962). De esta manera se puso fin a la participación de Ferrocarriles, monopolizando la industria hotelera estatal. A través de la honsa se crearon hoteles más pequeños a lo largo de Chile, cercanos esta vez a las carreteras y no necesariamente a las líneas de tren, modificando el sentido original que Ferrocarriles había propuesto en sus compromisos en las sociedades hoteleras.

Como se ha expuesto, la labor de Ferrocarriles en la difusión del turismo fue compleja, logrando por 30 años mantener una política fuerte e influyente en la creación, promoción y desarrollo de destinos turísticos. Para efectos de este trabajo se han seleccionado los casos que mejor representan dicha ambición y que tuvieron un reconocimiento amplio en los medios analizados, constituyéndose en ejemplos emblemáticos de las acciones descritas.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-14Fig. 14 Publicidad Hotelera Nacional S.A. – HONSA. GV 1962, p. 144.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-15Fig. 15 Imagen alusiva al mundial de futbol a realizarse en 1962 en Chile, donde aparece el Estadio Nacional. GV 1962, portada.

La difusión del viaje y los documentos
de propaganda de Ferrocarriles del Estado

Como se ha adelantado, las revistas y guías turísticas editadas por la Sección de Propaganda y Turismo de Ferrocarriles del Estado, fueron fundamentales para la difusión de los viajes, a través de documentos que tuvieron particular continuidad entre 1933 y 1962.

La Guía del veraneante, de carácter anual, era un documento para viajeros que entregaba información básica para el turista como tarifas e itinerarios, guías de hoteles, planos de rutas, servicios marítimos, canchas de esquí, información sobre aguas termales, gastronomía, costumbres, etc. y por supuesto datos sobre las localidades, ya fuera en relación a su geografía, clima, flora, fauna, atributos paisajísticos y otros. Estaba compuesta de textos descriptivos de los atractivos turísticos de las localidades, ilustrados principalmente a través de fotografías en blanco y negro. La guía se estructuraba de norte a sur, describiendo las provincias a través de sus principales centros urbanos y de sus más destacados paisajes naturales. Era de tamaño de bolsillo, pensando en su uso práctico e informativo.

En viaje, en cambio, era una revista de carácter mensual que inicialmente fue gratuita y luego, dado su éxito y amplio tiraje, fue vendida en los vagones del tren (Cassals y Sandoval, 2013). Esta contenía una estructura de magazine en los que abordaba diversos temas relacionados con el viaje y la actualidad. La editorial, por lo general, reflexionaba sobre temas de turismo, con títulos como «Los servicios hoteleros en Chile», «Estímulo al turismo de invierno» o «Importancia del fomento al turismo» (En viaje 1933(b); 1934(a); 1949), así como reflexiones y críticas sobre el manejo del turismo en artículos tales como «Viajar es educarse» o «Que algo se haga por el turismo» (En viaje, 1933(a); 1946). Luego en una serie de artículos y secciones, que se mantuvieron con cierta continuidad en el tiempo, se abordaban temas más específicos relativos a los servicios ferroviarios, balnearios, ciudades y en general a destinos específicos con títulos como «El balneario de Peñuelas, en la provincia de Coquimbo será de gran atracción para el turismo», «El camino a las termas de Puyehue. Un sueño de treinta años que se cumple» o «Viña del Mar: luciérnaga del Pacífico» (En viaje, 1934(b); 1962). En viaje contó con cinco editores que aportaron, en los 40 años de su existencia, diferentes matices tanto gráficos como editoriales que lograron diferenciar cada periodo sin perder la continuidad de su línea editorial. Domingo Oyarzún (1933-1938), Washington Espejo (1939-1943), Carlos Barella (1943-1952), Manuel Jofré (1953-1967) y Carlos Müller (1967-1973) representaron cinco momentos que pueden ser reconocidos claramente a partir de los elementos gráficos que definen a la revista, principalmente en las portadas.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-16Fig. 16 Publicidad Lan Chile. gv 1962, p. 1.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-17-18Fig. 17 Publicidad Termas Minerales de Tolhuaca. GV 1948, contratapa. / Fig. 18 Publicidad hotel Central en Temuco. GV 1958, p. 16.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-19-20Fig. 19 y 20 Artículo sección Arquitectura de Julio Cordero. EV Nº 79, 1940, p. 78 y p. 79.

En el caso de la Guía del veraneante, no se hacía mención explícita a sus editores, aunque en algunos casos coincidieron con los de En viaje; tal es el caso, por ejemplo, de Manuel Jofré, quien fue editor de esta revista y de la guía en el mismo momento. Desde el año 1950 se reconocen los aportes de fotógrafos como Enrique Mora y desde 1955 se alude a la colaboración del folclorista Oreste Plath en los textos.

En ambos medios se podía encontrar interesante publicidad tanto de hoteles como de organizaciones hoteleras, casinos, restaurantes, termas, balnearios, empresas turísticas y aerolíneas. En particular, la publicidad centrada en los hoteles y termas dio cuenta de la consolidación de dicha infraestructura a lo largo de Chile y de la condición moderna de los establecimientos. Las publicidades hacían hincapié en el confort, independiente de la localización del establecimiento y en la condición antisísmica de las instalaciones, desplegando en los anuncios las posibilidades de entretención al interior de grandes complejos turísticos.

Igualmente se podía encontrar publicidad sobre los servicios de FF.CC. como los billetes de invierno, los billetes colectivos, boleto combinado con hotel, boletos de turismo social, cheque viaje, servicio de encargos y servicios marítimos.

En dichos documentos, la fotografía fue el medio gráfico más recurrente, preferentemente en las páginas interiores y en blanco y negro. Pero también existió un trabajo importante de dibujantes e ilustradores que a través de diversas técnicas de collage y coloreados, aportaron al enorme potencial gráfico, sobre todo en las portadas y en los mapas que se adjuntaban en la Guía del veraneante.

En la revista En viaje existió además la «sección arquitectura», que publicó setenta artículos entre 1940 y 1946. Esta sección estuvo a cargo del arquitecto Julio Cordero¹³ y tenía por objetivo educar a la población, especialmente de provincias, sobre conocimientos básicos para la resolución de planos, ampliaciones o elementos decorativos. En cada sección se publicaban tipologías de vivienda, asociadas a diversos estilos arquitectónicos, que el lector podría construir indistintamente en diferentes localidades del país.

Con respecto a la línea editorial de ambas publicaciones, existió un esfuerzo por abarcar, dentro de lo posible, todo el territorio del país, a partir de la selección de diversas localidades que lo reflejaran. Sin embargo, no siempre fue posible hacer una selección homogénea en términos geográficos ni constante en el tiempo. Las condiciones que propiciaron la difusión de ciudades, pueblos y localidades no residieron únicamente en el valor paisajístico, sino también en la infraestructura turística y ferroviaria existente.

Por ejemplo, el norte de Chile, asociado principalmente a una zona de explotación minera, no apareció mencionado como destino turístico de interés en la Guía del veraneante hasta 1943, mientras que en la revista En viaje menciones aisladas lograron convertirse en un cuerpo más significativo de imágenes a partir de 1942. Las principales imágenes del norte de Chile se relacionaron con centros urbanos costeros como Arica, Antofagasta, La Serena y Coquimbo.

Por otro lado, la carencia de conectividad vial y ferroviaria del extremo sur con el resto del país (la red ferroviaria llegaba solo hasta Puerto Montt. Desde allí existía un servicio de transporte marítimo que operaba hasta Magallanes) se reflejó en que la zona austral fue poco conocida y escasamente mencionada. La principal difusión fue a través de la isla de Chiloé y la ciudad de Punta Arenas, que se vio claramente en el especial que En viaje realizó sobre esa ciudad en 1944.

Por ello existió una mayor concentración gráfica en la zona centro y sur del país, que estaba asociada a un desarrollo turístico consolidado. El sur de Chile contaba no solo con atributos paisajísticos ya conocidos desde principios de siglo, sino también con una infraestructura hotelera que logró colonizar, durante la década del ’30, las zonas vírgenes de la Región de Los Lagos, especialmente Pucón y Puerto Varas. En la medida que pasó el tiempo, ciudades como Valdivia, Osorno, Temuco y Puerto Montt, mostraron sus atributos turísticos desde el progreso y crecimiento como ciudades modernas a partir de las cuales se accedía a los destinos turísticos más alejados y fuera de la cobertura ferroviaria.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-21Fig. 21 Publicidad Visite Arica. GV 1962, p. 12.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-22-23Fig. 22 Publicidad Termas Minerales de Tolhuaca. GV 1948, contratapa. / Fig. 23 Publicidad hotel Central en Temuco. GV 1958, p. 16.

La zona central del país y específicamente Santiago tuvo una presencia importante. Su condición de capital y principal centro urbano se reflejó tanto en la revista como en la guía, en una importante referencia a espacios públicos y arquitectura pública. Asimismo, la recurrente mención a Viña del Mar, producto de una consolidada posición como balneario, y Valparaíso, como principal ciudad portuaria, determinaron en gran parte la presencia del litoral central. Se destaca además el registro de localidades menores como Llolleo, Puyehue, Curacautín, Portillo, que aparecieron dentro del imaginario chileno del centro y sur del país, debido a la presencia de establecimientos termales u hoteleros en medio de paisajes costeros, lacustres y cordilleranos.

Si bien ambas publicaciones pertenecían a Ferrocarriles del Estado, es interesante reconocer líneas editoriales independientes, legibles en una mirada temporal hacia ambos medios. La condición miscelánea de En viaje, quedó establecida en una forma más homogénea y arbitraria de mostrar la información, en contraposición con la Guía del veraneante que por su corte informativo y por estar ordenada geográficamente, permitía una lectura lineal del territorio nacional.

La arquitectura para el turismo en Chile:
El caso del hotel

Como se ha venido explicando, hacia los años treinta, las políticas de Ferrocarriles del Estado tendientes a fortalecer el turismo nacional tuvieron distintos ámbitos de acción. En particular, interesa profundizar aquí, la consolidación de la arquitectura especializada en acoger los programas de turismo, que en una parte sustancial se originaron como primeras aproximaciones a la arquitectura ligada al ocio y al viaje. Si bien los programas tenían una tradición ya desde el siglo XIX, en la configuración de tipologías clásicas como el hotel, el casino y las termas, estas son reconfiguradas a partir de las nuevas concepciones espaciales y formales propiciadas por la modernidad y en sintonía con las nuevas necesidades culturales en torno al ocio.

Según Iribas (2003: 142), existieron dos tipos de turistas que consolidaron su actividad hasta los años cincuenta: el veraneante y el viajero. Ambos tuvieron formas particulares de practicar el ocio a través del uso del tiempo y del espacio. El veraneante fue aquel individuo que se tomaba un tiempo de ocio para recuperarse del trabajo, a través de su traslado a zonas balnearias, ya sea playas, termas o lagos, con el fin de asentarse por un tiempo largo con el pretexto de mejorar la salud.

El viajero en cambio, realizaba un viaje de carácter instructivo y de aproximación a espacios folclóricos, permaneciendo poco tiempo en cada lugar. «En el periodo del Movimiento Moderno, desde 1925 a 1965 esas dos categorías permanecen como únicas para toda la etapa» y son operativas para entender cuáles fueron entonces las tipologías arquitectónicas que las acogieron.

Podríamos decir que la primera tipología es el «hotel», que precisamente permite la permanencia en el lugar y fue la que se ajustó a los tiempos de ambos tipos de turistas. La labor de Ferrocarriles estuvo centrada primero en generar tipologías de «Gran Hotel» en los destinos, con una importante cantidad de habitaciones, de espacios asociados al encuentro social y de servicios afines. La difícil mantención de dichos lugares propiciados precisamente por la estacionalidad del turismo nacional, hizo que el “gran hotel” fuese sustituido hacia los años sesenta por hoteles de menor tamaño.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-24Fig. 24 Hotel Pucón visto desde el lago. GV 1962, p. 128.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-25Fig. 25 Publicidad hotel O’Higgins, Viña del Mar. GV 1941, p. 34.

Los primeros establecimientos que respondieron a la tipología de «Gran Hotel», construidos por el Departamento de Arquitectura de Ferrocarriles del Estado, fueron el Gran Hotel de Puerto Varas de 1936, y el de Pucón de 1935. Contemporáneamente se construyeron el Gran Hotel O’Higgins en Viña del Mar de 1935, de Collovich, Silva y Barrisco, como parte de la acción de la municipalidad por dotar al balneario de un establecimiento de lujo, y Gran Hotel El Carrera de 1937, de J. Smith Solar y J. Smith Miller, como parte de la remodelación del barrio cívico en la capital Santiago, frente a la plaza Constitución. Todos ellos contaban con un alto número de habitaciones, superando las cien y llegando hasta las cuatrocientas que tuvo El Carrera, además de contar con restaurantes, bares, salones y servicios asociados como peluquería y tiendas. Asimismo, sus condiciones garantizaban el confort de sus huéspedes, como la calefacción central. Por estas razones, eran considerados hoteles modernos en los documentos de la época, aunque sus rasgos formales respondían a un tipo de arquitectura mas bien ecléctica, que poco tenía que ver con la incipiente arquitectura moderna que comenzaba a darse en el país.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-26Fig. 26 Publicidad hotel Carrera. gv 1961, p. 48.

Dentro del tipo de «Gran Hotel», los primeros ejemplos en introducir un lenguaje formal que superara la arquitectura ecléctica o pintoresquista que los caracterizó en un primer momento, fueron los proyectados por Martín Lira: el hotel Turismo Antofagasta (1949-1953) y el hotel Portillo (1947-1949). Si bien ellos respondían funcional y programáticamente a las concepciones del «Gran Hotel», superando las cien habitaciones en ambos casos y conteniendo servicios de comedor y salones, su expresividad se caracterizó por recoger las condiciones del entorno geográfico en que se ubicaban. En los dos se utilizó la curva como estrategia general de disposición del edificio, potenciada por un lenguaje austero sin ornamentación.

En el caso del hotel Portillo se intentó hacer expresiva su condición de refugio y centro de esquí. Introducía también un nuevo uso de los materiales, dado por el contraste entre el zócalo de piedra de dos niveles, que permitía el asentamiento del edificio en la montaña, y los revestimientos de madera usado tanto en el remate superior como en el nivel de acceso y los balcones. El bloque curvado en la dirección de la pendiente, otorgaba vistas sobre la imponente cordillera de los Andes. Este era reforzado en sus dos lados con elementos que tendían a contenerlo: un cuerpo vertical y un conjunto de balcones horizontales. En el hotel Turismo de Antofagasta el bloque curvo se enfrenta a la bahía y pequeña playa que deja en su frente. En este caso Lira introduce un elemento perpendicular a la curva, que establece otras condiciones formales a través del escalonamiento en sus niveles superiores y a través de una semicircunferencia que cierra la bahía.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-27Fig. 27 Imagen alusiva a los deportes de invierno, donde aparece el hotel Portillo al fondo. EV Nº 345, 1962, portada.

Otro gran hotel que modificó la concepción inicial de esta tipología fue el Miramar, proyectado por Landoff y Valenzuela en 1946, en el roquerío existente entre la desaparecida playa Miramar y caleta Abarca. Consistía en un volumen en U, que se configuraba por un cuerpo central y dos alas laterales, de puntas semicirculares, que se acercaban al mar. En planta, la morfología del proyecto no era simétrica y ambas alas del proyecto (de igual ancho) tampoco eran paralelas. El ala sur, de un largo total de 29 metros, se unía al cuerpo central de manera perpendicular formando una L, como elemento unitario. En cambio el ala norte, de 37 metros de largo, se encontraba con la L de un ángulo distinto y sin intersectarse del todo, formaba un cuarto elemento de esquina entre la L y el ala sur. En esta esquina se armaban dos volúmenes verticales de cajas de escaleras, que armaban tanto la fachada a la calle como la que daba hacia el norte. Al margen del detalle geométrico, la planta era bastante poco rigurosa en comparación con lo conocido de estos arquitectos, como el Palacio Presidencial de cerro Castillo o el teatro Municipal de Viña del Mar. La asimetría tímida, se refería más a una condición de emplazamiento que a una voluntad de ruptura decididamente formal. El volumen, en el sentido vertical, se componía de un zócalo a nivel de calle retranqueado de sus bordes, y sobre él se alzaban dos niveles de marcada horizontalidad. Bajo él existían tres niveles que iban recortándose siguiendo la topografía existente. Además, contaba con una terraza superior sombreada por un plano suspendido sobre pilares, que se articulaba con el volumen vertical de cajas de escaleras.

El conjunto en general tenía una notoria unidad de lenguaje, basada en la horizontalidad dada por el uso de recursos simples, como enfatizar la línea superior de las ventanas, y en una clara definición volumétrica. Hacia la calle la fachada solo rompía su continuidad en el elemento vertical de la escalera, mientras en la fachada hacia el mar, los dos niveles sobre el zócalo parecían estar suspendidos, dejando un vacío entre la roca misma y el volumen del edificio. Las ventanas de similar tamaño en todo el conjunto, respondiendo a la regularidad dada por la repetición de las habitaciones, parecían estar excavadas en la masa edilicia. Su volumen irregular y su encuentro con las rocas a través de plataformas y volúmenes que se recortaban por la topografía lo hacia asentarse con propiedad en el emblemático lugar.

Volviendo a lo dicho por Iribas, la tipología del gran hotel estaba destinada al viajero; al que por pocos días estaría en condiciones de lujo y confort. En cambio, para el veraneante que permanecería más tiempo en el lugar, la hostería, la terma y el pequeño hotel fueron las tipologías recurrentes que se potenciaron hacia los años cincuenta, en lugares donde el gran hotel no tendría la demanda suficiente para su mantención. Dentro de ellas, los casos más significativos fueron el hotel Antumalal de Jorge Elton de 1947-1950, la hostería de Chañaral de Bresciani Valdés, Castillo y Huidobro de 1960, las hosterías de Ancud y Castro de Emilio Duhart en 1962 y la hostería de Cavancha de Martín Lira (1967-1969), todas nacidas al amparo de la corfo, cuando dicha corporación adquirió protagonismo en la actividad turística desplazando la labor que había tenido Ferrocarriles. De esta manera se propusieron

«Establecimientos más pequeños a lo largo de carreteras, esto resultó ser más efectivo tanto en la cantidad de inversiones como en la conformación de una red hotelera en el norte y en el sur del país poniendo fin a más de 30 años de gestión ferroviaria»
— Cassals, 1999: 145. (Fig.31)

En términos arquitectónicos, estos casos representan precisamente el cambio de escala del hotel, a partir de la necesidad de estancias más permanentes, con menores condiciones de lujo y en contacto más directo con el paisaje natural. Se utilizaron las condiciones formales propuestas por una modernidad desarrollada, introduciendo el uso de materiales diversos como la piedra y la madera, que permitieron crear una arquitectura sencilla respondiendo a la escala casi doméstica de las instalaciones. Al mismo tiempo introdujeron condiciones espaciales ligadas a los paisajes en los cuales se establecía, principalmente a través de la creación de espacios intermedios y terrazas que se proyectaban sobre la naturaleza, enmarcándola y trayéndola hacia los interiores.

Se puede decir que esta transformación hacia el uso de lenguajes y espacialidades modernas también se produjo en entidades de menor escala, como los restaurantes y salones de té; ejemplos de ello fueron el salón de té del Parque del Salitre, el restaurante Cap Ducal de Roberto Dávila (1936) y el Club de Yates de La Serena, de Martín Lira (1950). En definitiva también en los espacios de encuentro social se puede constatar una afiliación moderna que rompe con la tradición académica que los había definido, introduciendo no solo un lenguaje moderno si no una espacialidad proyectada en el paisaje cercano.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-28Fig. 28 Publicidad Hotelera Nacional S.A. – HONSA. GV 1962, p. 144.

Una nueva mirada sobre los documentos
de difusión turística

La labor de Ferrocarriles del Estado en la gestión, difusión y fomento del turismo nacional fue importante y fundacional, y consideró al menos tres estrategias relevantes para su consolidación: la construcción de ramales y estaciones propias de la empresa para el óptimo funcionamiento del medio de transporte asociado, la participación en la formación de consorcios hoteleros que a lo largo de todo el país dotaron de infraestructura para la permanencia en el destino y, finalmente, la difusión a través de los medios de propaganda nombrados.

De esta manera, existió una acción concertada de Ferrocarriles por generar la red de infraestructura ferroviaria y por dotar de establecimientos hoteleros a los centros urbanos y a lugares con paisajes de interés para el turista. Ellos constituyeron puntos estratégicos para el desarrollo turístico del territorio, lo colonizaron y fundaron a partir de un reconocimiento de los valores arquitectónicos, urbanos y paisajísticos que revisaremos a continuación con la presentación de casos emblemáticos.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-29Fig. 29 Publicidad balneario Antumalal, Pucón. gv 1949, p. 196.

A partir del análisis de los documentos de difusión turística se ha podido construir un archivo fotográfico y una selección de casos significativos¹⁴, que se presentarán en detalle en los capítulos siguientes. Estos se encuentran divididos según las temáticas propuestas, en las cuales la arquitectura fue elemento protagónico del desarrollo turístico, pero también del progreso y la modernización del país.

Los capítulos siguientes titulados: «Piezas de arquitectura para el ocio y el turismo» y «Conjuntos urbanos como destinos turísticos» proponen otorgar una nueva mirada a los documentos analizados y a los materiales seleccionados, para poner de relieve la importancia que adquieren las obras de arquitectura y las intervenciones urbanas que adhirieron a un sesgo disciplinar moderno, respondiendo a una demanda creciente por el desarrollo turístico de nacional. Así se propuso dar cuenta del imaginario turístico de Chile, que fue difundido con particular fuerza, constancia y especial cuidado gráfico. Este que pueden ser entendido como la base para la actual valorización del país en el contexto internacional del desarrollo turístico contemporáneo.

Los capítulos que organizan el presente libro, fueron propuestos como valores a través de los cuales se manifiesta la arquitectura y la ciudad. Ellos son: el valor programático de la pieza de infraestructura turística (hotelería, refugio, terma, equipamiento turístico, piscinas y balnearios), y el valor representativo de los conjuntos urbanos (representado preferentemente a través de arquitectura pública). El reconocimiento de estos valores propone una nueva mirada¹⁵ sobre estos materiales y establece una selección de casos significativos de análisis, que serán abordados en detalle para ejemplificar cada capítulo. La presentación de los casos de piezas arquitectura y de conjuntos urbanos, nos permite construir su relevancia en el contexto de la difusión del turismo nacional.

En cuanto a las piezas arquitectura se seleccionaron aquellas consideradas como infraestructura turística. Se puede afirmar que existió un particular interés en fortalecer el turismo a través de la construcción de hoteles, como de otro tipo de edificios que garantizaban la estadía en los destinos, como: hosterías, refugios y termas, a lo largo de todo el país. A ellos se le sumó la construcción de equipamiento para el ocio, como piscinas, salones de té, restaurantes, casinos, etc. De esta manera, la arquitectura dotó de programas nuevos y servicios complementarios a las localidades, consolidó balnearios y fundó nuevos sitios de interés turístico. Casos fundamentales son el Gran Hotel Antofagasta, el salón de té Parque del Salitre, el restaurante Cap Ducal, el hotel Miramar, Piscina y Club Social Rocas de Santo Domingo, el hotel Portillo, las Termas de Puyehue y el hotel Puerto Varas. Ellos configuraron una suerte de ensayos, tanto desde el punto de vista del desarrollo programático y funcional de estos establecimientos, como del trabajo contextual en las más variadas locaciones.

En cuanto a los conjuntos urbanos se seleccionaron los representativos de la modernidad y progreso, los cuales se encuentra presentado mayoritariamente por las intervenciones y proyectos emblemáticos en las más importantes ciudades del país. Principalmente la arquitectura de carácter estatal tanto como los espacios públicos, fueron mostrados profusamente como representativos del desarrollo del país en términos del fortalecimiento de lo cívico y lo urbano. Ejemplos de ello son el barrio cívico en Santiago, la plaza Sotomayor en Valparaíso, Plaza de Armas de Osorno, y el barrio universitario de Concepción. Todos ellos con sus diferencias de carácter y escala, son casos que ejemplifican la importancia que se le otorga a la arquitectura y al espacio público para corporizar valores cívicos en un contexto de modernización. Por otro lado, la rivera de Valdivia y el borde costero de Viña del Mar, representan paisajes urbanos interesantes, donde la ciudad y su desarrollo están referidas a condiciones geográficas particulares que son puestas en las imágenes lejanas y aéreas.

Finalmente, es necesario decir que los casos seleccionados y presentados constituyen un conjunto de obras arquitectónicas e intervenciones urbanas que bajo la consigna de promocionar al país desde una perspectiva turística, lograron posicionarlas como imágenes significativas en la construcción cultural moderna de Chile. El libro propone un argumento gráfico que acompaña la presentación de dichos casos, utilizando las imágenes de las fuentes primarias utilizadas (Guía del veraneante y En viaje), y casi en igual proporción, por las imágenes originales del fotógrafo Enrique Mora quien fue un colaborador constante de dichas publicaciones. Estas imágenes constituyen un material de incalculable valor, por primera vez publicado. Ellas ayudan a construir el continuo argumental que el libro propone, a través de las postales que representaron la relación crítica entre turismo y arquitectura moderna.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-titulo

Publicado en

Turismo y arquitectura moderna en Chile
Diciembre 2014

Artículo realizado por

Macarena Cortés. Arquitecta de la Universidad Central de Chile (1996), Magíster en Arquitectura (2002) y doctora en Arquitectura y estudios urbanos (2010) de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Postgrado en Paisajes culturales, patrimonio y proyecto, Universidad Politécnica de Cataluña (2005). Ha expuesto los resultados de su tesis doctoral e investigaciones en seminarios nacionales e internacionales. Es autora de varios libros, capítulos de libro y artículos para publicaciones nacionales e internacionales, con temáticas relativas al desarrollo de la arquitectura chilena del siglo XX. Actualmente es docente en pregrado y postgrado y Jefa de Investigación de la Escuela de Arquitectura UC.

Notas

Todas las imágenes pertenecientes al texto introductorio y a las fichas de casos, pertenecen a la revista En viaje y a la Guía del veraneante, ambas editadas por la Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile. Por lo que se utilizará la abreviatura EV y GV, respectivamente.

1 El primer texto relevante en este sentido es de 1883, de Paul Lafargue y se titula El derecho a la pereza, donde criticando fuerte-mente la moral capitalista impuesta, que tendió a reducir los derechos de los trabajadores a un mínimo, hizo un llamado a exigir el derecho al descanso.

2 Existen dos textos interesantes en esta línea; AA.VV. Arquitectura moderna y turismo: 1925-1965. IV Congreso Fundación Docomomo Ibérico, Universidad Politécnica de Valencia, 2003. Lasansky y McLaren. Arquitectura y turismo: percepción, representación y lugar. Barcelona: Gustavo Gili, 2006.

3 La revista En viaje, se encuentra totalmente digitalizada y disponible en el sitio hmemoriachilena.cl. Consultado el 25 de mayo de 2014. Tuvo carácter mensual desde el Nº 1 de noviembre de 1933 al Nº 470 de julio de 1973, y fue editado por la Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado chileno.

4 La Guía del veraneante se encuentra dispersa en distintos archivos y varios de sus ejemplares fueron adquiridos para la investiga-ción. Las dos primeras guías fueron bienales en 1936-1937 y 1938-1939, y luego tuvo un carácter anual y continuo hasta 1962; después de ello cambió su nombre a Guía Turística. Un total de 25 guías, editadas por la Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferroca-rriles del Estado chileno.

5 En 1937, la Metro Goldwyn Mayer produjo un documental orientado al turista estadounidense, con el nombre de The Land of Charm, bajo la dirección de James A. Fitzpatrick. En este plantea al espectador un viaje hacia un Chile moderno, reconocible y seguro como destino turístico exótico.

6 Como en The South American Handbook, publicada desde 1924 por la Federación de la Industria Británica, que tuvo una sección especial para Chile.

7 A esto se refiere Ian Thompson, precisamente por la estacionalidad referida al turismo nacional, agudizado por las condiciones climáticas que caracterizan al país (Thompson y Ahgerstein, 1997: 201-10).

8 Las concesiones que esta organización tenía a cargo eran además de los tres hoteles, los servicios de coches comedores y el restaurante de la estación Puerto (En viaje, 1939: 40)

9 Esto puede ser corroborado en las publicidades de la Organización Nacional Hotelera S.A., a partir de la nota titulada «La más completa red de los mejores hoteles de turismo de América Latina» (En viaje, 1945: 113).

10 Según se muestran en las diversas publicidades de dicha empresa entre 1945 y 1960, presentes en la revista En viaje y en la Guía del veraneante (1947: 216).

11 Publicidad del Consocio Hotelero de Chile S.A. (Guía del veraneante, 1948: 32).

12 Publicidad del Consocio Hotelero de Chile S.A. «¿Conoce Ud. el norte?» (Guía del veraneante, 1958: 33).

13 Julio Cordero fue arquitecto del Departamento Técnico de la Caja de la Habitación popular y reconocido por ser autor de la Población Huemul II en 1943.

14 La selección de casos fue realizada a partir de la cantidad de apariciones y por la importancia con que ellos fueron registrados en los documentos analizados.

15 Los documentos de difusión turística que se han citado, han sido estudiados preferentemente desde una perspectiva historiográfica, desde la labor de Ferrocarriles en el surgimiento del turismo en Chile, por autores como Rodrigo Booth y Carolina Cassals, y en menor medida por Ian Thompson. Ver bibliografía.

Referencias bibliográficas

AA.VV. Arquitectura moderna y turismo: 1925-1965. IV Congreso Fundación Docomomo Ibérico, Universidad Politécnica de Valencia, Valencia, 2003.

ALLIENDE, María Piedad. Historia de ferrocarril en Chile. Santiago: Goethe Institut y Pehuén Editores, 1993.

ARIÈS, Philippe y DUBY, Georges. Historia de la vida privada. Madrid: Taurus, 1990.

BARELLA, Carlos. «Dos cosas: construir hoteles y hacernos propaganda». Editorial En viaje Nº 159, 1947. Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile.

CASSALS, Carolina. La Empresa de Ferrocarriles del Estado y el desarrollo del turismo en Chile, 1925-1975. Tesis para optar al grado de licenciado en Historia. Instituto de Historia, Pontificia Universidad Católica de Chile, 1999.

CASSALS, Carolina y SANDOVAL, Marco. «Viajar en tren, turismo chileno con una visión ferroviaria». En Plan Maestro Turístico, ramal Talca Constitución. Santiago: Ediciones Universidad Central de Chile, 2013.

Código del Trabajo. Santiago: Editorial Nacimiento, 1932.

CORBIN, Alain. Historia del cuerpo. Buenos Aires: Taurus, 2005.

CORFO. Veinte años de labor: 1939-1959. Corporación de Fomento la Producción. Santiago: Editorial Zig-Zag, 1962, p. 37.

FEHER, Michel; NADDAFF, Ramona; y TAZI, Nadia. Fragmentos para una historia del cuerpo humano. Madrid: Taurus, 1990-1992.

GAUSA, Manuel. «El espacio turístico: paisaje al límite». En AA.VV. Arquitectura del movimiento moderno, Registro Docomomo ibérico. Barcelona: Fundación Mies van der Rohe, 1996.

GATEPAC. «La necesidad de la vida al aire libre». Revista AC N° 7, 1932. En SOLÁ-MORALES, Ignasi de. ac/ GATEPAC. 1931-1937. Barcelona: Gustavo Gili, 197?, p. 17.

GROSS, Patricio. Desarrollo urbano y Ferrocarril del Sur; 1860-1960. Impacto en ciudades y pueblos de la red. Santiago: Instituto de Estudios Urbanos, Pontificia Universidad Católica de Chile, 1998.

IRIBAS, José Miguel. «Evolución de las rutinas del espacio, las diferentes tipologías turísticas». En Arquitectura moderna y turismo: 1925-1965. Actas IV Congreso Docomomo Ibérico. Valencia, 2003.

IRRIZAGA, C., GÁLVEZ, T. y SILVA, R. Desarrollo del transporte ferroviario en Chile. Sección Ingeniería de Transportes, Departamento de Obras Civiles. Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, Universidad de Chile, 1980.

LASANSKY y McLAREN. Arquitectura y turismo: percepción, representación y lugar. Barcelona: Gustavo Gili, 2006.

PIÉ, Ricard. «La arquitectura vergonzante». En AA.VV. La arquitectura del sol. COA Calatunya, Comunidad Valenciana, Illes Balears, Murcia, Almería, Granada, Málaga y Canarias, Barcelona, 2002.

SERT, José Luis. Can our Cities Survive? Cambridge: Harvard University Press, 1942.

THOMPSON, Ian y AHGERSTEIN, Dietrich. Historia del ferrocarril en Chile. Santiago: Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, 1997.

VIGARELLO, Georges. Lo limpio y lo sucio. Madrid: Alianza, 1991.

Editorial En viaje Nº 2, 1933(a). Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile.

Editorial En viaje Nº 4, 1933(b). Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile.

Editorial En viaje Nº 9, 1934(a). Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile.

Editorial En viaje Nº 12, 1934(b). Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile.

«Organización Nacional Hotelera Bonfanti S:A». En viaje Nº 71, 1939. Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile; p. 40.

«La más completa red de los mejores hoteles de turismo de América Latina». En viaje Nº 145, 1945. Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile, p. 113.

Editorial En viaje Nº 158, 1946. Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile.

«Organización Nacional». Guía del veraneante, 1947. Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile; p. 216.

Publicidad del Consocio Hotelero de Chile S.A. Guía del veraneante, 1948. Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile, p. 32.

Editorial En viaje Nº 184, 1949. Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile.

Publicidad del Consocio Hotelero de Chile S.A. “¿Conoce Ud. el norte?”. Guía del veraneante, 1958. Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile, p. 33.

Editorial En viaje Nº 345, 1962. Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile.

Turismo y arquitectura moderna en Chile. Guías y revistas en la construcción de destinos turísticos (1933-1962), de Macarena Cortés, ofrece una particular mirada sobre el acerbo de modernos edificios que permitieron hacer de Chile un país turístico desde mediados de los años treinta. Esta mirada se basa en considerar cómo eran mostrados estos edificios en la publicidad que, desde la empresa Ferrocarriles del Estado de Chile, se llevó a cabo durante más de tres décadas para impulsar los viajes y el conocimiento tanto del territorio como de las ciudades chilenas.

Paisajes naturales, arquitecturas y ciudades son mostrados a la luz de una estética que aspiraba a un gran público y que quería hacer de ellos «destinos» deseables. Los artículos de Claudio Galeno, Hugo Weibel, Luciano Basauri y Dafne Berc, permiten ahondar esta perspectiva desde diversos puntos de vista, que van desde la historia urbana local a la consideración de casos internacionales.

Turismo-y-arquitectura-Titulo

Disponible
$15.550

Comprar

Autores: Macarena Cortés, Luciano Basauri, Dafne Berc, Claudio Galeno Ibaceta, Hugo Weibel Fernández

Textos en castellano, fotografías e imágenes a color y b/n
Páginas: 215
Formato: 17,5 x 24 cm.
Peso: 0,6 kg. aprox.
ISBN: 978-956-9571-02-2

Índice
Presentaciones

Consejo Nacional de la Cultura y las Artes / Cristóbal Molina

Ediciones ARQ / Patricio Mardones – Alejandro Crispiani

Cenfoto, Universidad Diego Portales / Samuel Salgado

Introducción

La arquitectura moderna en la difusión de Chile como destino turístico / Macarena Cortés

Piezas de arquitectura para el ocio y el turismo

Arquitectura e infraestructura turística: el hotel Turismo Antofagasta / Claudio Galeno

Hotel Turismo Antofagasta / Macarena Cortés

Salón de té del Parque del Salitre

Restaurante Cap Ducal

Hotel Miramar

Piscina y Club Social Rocas de Santo Domingo

Hotel Portillo

Termas de Puyehue

Hotel Puerto Varas

Conjuntos urbanos como destino turístico

La Plaza de Armas de Osorno. Construcción local de arquitectura y paisajismo modernos / Hugo Weibel

El litoral de Viña del Mar / Macarena Cortés

La plaza Sotomayor de Valparaíso

El barrio cívico de Santiago

El barrio universitario de Concepción

La rivera de Valdivia

La Plaza de Armas de Osorno

Epílogo

Intervenciones costeras y turismo de masas: la lección europea / Luciano Basauri, Dafne Berc

Bibliografía
CV Autores

Turismo-y-arquitectura-00
Turismo-y-arquitectura-01
Turismo-y-arquitectura-02
Turismo-y-arquitectura-03
Turismo-y-arquitectura-04
Turismo-y-arquitectura-05
Turismo-y-arquitectura-06
Turismo-y-arquitectura-07
Turismo-y-arquitectura-08

El ámbito de lo internacional, ¿se consolidó como una realidad transversal, en los términos que anunciaban Hitchcock y Jonson en 1932? Ante la visión homogénea y más bien estandarizada contenida en esa primera definición, la segunda edición del año 2011 de ARQ intenta detenerse más bien en las fisuras de lo global, en sus desfases y contradicciones: en las áreas donde se mantienen las diferencias y se posibilitan traspasos de conocimiento, donde aún no hay visiones, tecnologías ni costumbres compartidas.

Tres contribuciones revisan el alcance del intercambio en el contexto de la arquitectura americana mientras seis casos de ejercicio profesional muestran diferentes niveles de roce con una cultura arquitectónica distinta: la importación de un programa y un modelo social, el encuentro con técnicas constructivas vernáculas, el cruce entre una pesquisa formal y la tradición de los silos de hormigón, entre otros, recuerdan la incómoda pero fructífera sensación de sentirse extranjero.

El trabajo de Philippe Gruenberg y Pablo Hare de Galería AFA, una entrevista a cargo del arquitecto y editor colombiano Miguel Mesa, el dossier técnico ARQ y las tradicionales reseñas de libros completan esta entrega.

ARQ-78-Titulo-A

Disponible
$11.550

Comprar

Sumario

Opinión. Un italiano en Medellín / Miguel Mesa entrevista a Francesco Orsini

Tres documentos sobre el intercambio en América

Ciudadela La Granja. Una obra chilena en Ecuador / Andrea Masuero + Romy Hecht

Una recepción diferente. La arquitectura moderna brasileña y la cultura arquitectónica chilena / Horacio Torrent

Encofrados flexibles. Otra forma para el hormigón / David Jolly + Miguel Eyquem + Victoria Jolly

Obras y proyectos

Goethe Institut Temporal, Providencia, Chile / FAR Frohn & Rojas

Edificio en Cassarate, Lugano, Suiza / spbr arquitetos

YAP CONSTRUCTO 2010, Santiago, Chile / Eduardo Castillo

Lodge Ani Nii Shobo, Pucallpa, Perú / Sandra Iturriaga + Samuel Bravo

Soft Pavilion, Anchorage, EE.UU. / Mauricio Pezo + Sofía von Ellrichshausen

Casa View, Funes, Argentina / Diego Arraigada + Johnston Marklee

Portfolio Galería AFA

Lima 01 / Philippe Gruenberg + Pablo Hare

Libros y revistas recibidos
Dossier técnico ARQ








En el mundo del siglo XX, poblado como nunca antes por artefactos técnicos y obras que aspiran al estatus de arte, diversas corrientes modernistas quisieron poner en circulación otra familia de objetos, que no pudieran ser catalogados ni como técnica ni como arte y que tuvieran como primera razón de ser la modificación radical de lo existente. El invencionismo argentino fue una de esas corrientes. Nacido a mediados de los años cuarenta, pese a su corta existencia incubó las líneas importantes del arte argentino, como Madí, el Arte Concreto-Intervención y el Perceptismo. Alejandro Crispiani nos presenta aquí un estudio que parte del invencionismo para reconstruir la trayectoria de su impulso radical en dos direcciones, la que lleva a la arquitectura y la que lleva al diseño industrial, y en ambos casos en un territorio distinto de aquel en que se originó, el Chile de las décadas de 1950 a 1970.

Así, este libro traza por primera vez las relaciones entre el arte invencionista argentino, la Escuela de Arquitectura de Valparaíso (promotora de algunas de las más osadas iniciativas de vanguardia de la región) y las experiencias del Grupo de Diseño liderado por Gui Bonsiepe (una inmersión del diseño industrial europeo de avanzada en la realidad social y política latinoamericana plena de consecuencias); dos experiencias, estas últimas, que pasaron por un momento particularmente álgido en lo relativo a su naturaleza y aún a su propia existencia a comienzos de los años 1970, cerrando el ciclo modernizador iniciado en la posguerra.

Objetos para transformar el mundo, combina la historia de la arquitectura y el diseño, la historia del arte y la historia intelectual para poner luz en el entretejido de intenciones estéticas ambiciones filosóficas y aspiraciones políticas que constituyó la propia matriz de este fascinante episodio de contactos culturales y viajes de ideas y personas a uno y otro lado de la cordillera.

Disponible
$14.550

Comprar

Autor: Alejandro Crispiani

Textos en castellano, fotografías e imágenes a color y b/n
Páginas: 432
Formato: 15,6 x 22,8 cm.
Peso: 0,6 kg. aprox.
ISBN: 978-987-558-213-2

Sumario
Introducción. Objetos para transformar el mundo
Parte primera. Intervenciones

Capítulo I. Las raíces latinoamericanas del invencionismo

Capítulo II. Una definición plástica del marxismo

Capitulo III. Bajo el dominio del arte

Parte segunda. Signos

Capítulo IV. Arte concreto en Valparíso. ¿Qué es una exposición?

Capítulo V. El acto poético

Capítulo VI. La obra y sus bordes

Parte tercera. Productos

Capítulo VII. El problema de la realidad

Capítulo VIII. Objetos revolucionarios bajo formas familiares

Epílogo. Dos proyectos








Este número 76, presentado durante la celebración de la XVII Bienal de Arquitectura de Chile, es la última edición en que intervino Montserrat Palmer, su fundadora y directora hasta mayo de 2010.

Día y noche trata sobre la relación de los cuerpos construidos con el ciclo de luces y sombras: en la preparación del número fueron convocados iluminadores, arquitectos y especialistas a discutir sobre la noche, la ciudad, los edificios y la luz natural.

La selección de Lecturas incluye una revisión a la presencia de la luz artificial en la obra de Le Corbusier, pasando por la presentación de un plan de iluminación urbana diseñado en Brasil. Las obras, por su parte, son un buen ejemplo de la condición variable de la arquitectura en cuanto cuerpo bajo la luz: la Wall house en Lampa, la casa Umbráculo en Asunción o la escuela Flor de Campo en Cartagena de Indias dan cuenta de los matices con que luz y sombra determinan la cualidad de los espacios que ocupamos, mientras el ciclo del día y la noche sigue su curso.

Disponible
$10.550

Comprar

Sumario
Portfolio ARQ / +arquitectos
Lecturas

La luz en la obra de Le Corbusier / Claudio Vásquez

Iluminación natural de edificios de oficina / Magali Bodart, Waldo Bustamante, Felipe Encinas

Un futuro para la luz urbana / Pascal Chautard

Plan de iluminación urbana para Brasil / Rodrigo Poltosi

Obras y proyectos

Wall House, Lampa, Chile / Marc Frohn, Mario Rojas

Casa Umbráculo, Asunción, Paraguay / Javier Corvalán

Casa en Barra do Sahy, São Paulo, Brasil / Lua Nitsche, Pedro Nitsche

Estudio Barrionuevo, Ñuñoa, Chile / Renzo Alvano, Pablo Riquelme

Estudio y galería Leme, São Paulo, Brasil / Paulo Mendes da Rocha, Martin Corullon, Anna Ferrari, Gustavo Cedroni

Colegio Flor de Campo, Cartagena, Colombia / Giancarlo Mazzanti, Felipe Meza

Ocho casas, tres patios, Gran Canaria, España / Pedro Romera, Ángela Ruiz

Intervención en el edificio Clave, Valparaíso, Chile / Daniel Ruddoff

Diálogos 0300TV / Juhani Pallasmaa







El viernes 21 de marzo de 2008 Guillermo Jullian de la Fuente murió en Santiago de Chile, transformando este número especial del anuario Massilia en un homenaje póstumo. Esta colección, dirigida por Josep Quetglas y publicada en Barcelona, lleva por nombre el del transatlántico en cual Le Corbusier viajó por primera vez a América y está dedicada al estudio de su obra. Por primera vez Massilia es publicado fuera de Europa; también por primera vez la serie dedica uno de sus números a otro arquitecto, el chileno Guillermo Jullian, quien fue uno de los últimos colaboradores directos de Le Corbusier en la rue de Sèvres donde trabajó entre 1959 y 1965.

Jullian ingresó al atelier a los 27 años -como arquitecto recién titulado de la Universidad Católica de Valparaíso- y se ocupó directamente de proyectos emblemáticos como el Carpenter Center o el Hospital de Venecia, entre otros. Tras la muerte de Le Corbusier, siguió su camino personal como arquitecto trabajando en Francia, Marruecos, Estados Unidos y últimamente Chile; en sus manos y en su cabeza llevaba un tesoro de incalculable valor, cual fue conocer una manera de trabajar que reformuló en muchos aspectos la arquitectura del s. XX. Esta edición ha intentado cubrir aspectos diversos de su vida. Hay artículos de corte biográfico; reedición de textos considerados relevantes por el propio Jullian, ya sea escritos por él mismo o por autores amigos; artículos de orden histórico que sitúan aspectos relevantes de su formación y artículos que interpretan su obra o sus teorías de proyecto desarrolladas en contextos como el del Team Ten.

Disponible
$15.550

Comprar

Autor: Claudio Vásquez (ed.)

Textos en castellano y francés, fotografías e imágenes a color y b/n, esquemas, planimetría
Páginas: 176
Formato: 21 x 24,2 cm.
Peso: 0,65 kg. aprox.
ISBN: 978-956-14-0977-4

Sumario

Guillermo Jullian de la Fuente | Tres textos

Bob Slutzky | The primacy of perception

Claudio Vásquez | Conversación con Guillermo Jullian de la Fuente

Giuliano Gresleri | La chiesa in collina e l’atelier tra cielo e mare

Romano Folicaldi | Venezia, l’Atelier Le Corbusier

José Oubrerie | Notes sur la contribution créative de Guillermo Jullian a l’Atelier Le Corbusier

Fernando Pérez Oyarzún | Valparaíso y los años formativos

Gemán Hidalgo Hermosilla | Viaje de troubadour. Dibujos de Guillermo Jullian de la Fuente

Francisco Chateau | Yellow peripherical distinction

María Cecilia O’Byrne | H VEN LC – Atelier Jullian. 10 de noviembre de 1965

Pedro Alonso | Square abstractions and the double neutral in Venice Hospital Church

Johan Linton | Une lumière de l’architecture

Rodrigo Pérez de Arce | Entre el atajo y la promenade

Maximiano Atria | Maison Mars, Marbella, Chile

Rodrigo Pérez de Arce | Pinturas

Anexo 1
Anexo 2
Anexo 3
Colofón








La serie de casas diseñadas por Jorge Swinburn entre las décadas del cincuenta y setenta –algunas veces producidas en colaboración con otros arquitectos y otras como único autor– es testimonio elocuente de una particular decantación de la arquitectura del movimiento moderno en Sudamérica. Lo que en otros países se manifestó como la exploración en torno a la estructura o el desarrollo de una plástica arquitectónica de escala territorial, en Chile tuvo una expresión discreta pero consistente, donde converge la lógica de construcciones rurales tradicionales, una decidida economía de medios y un lenguaje sintético y depurado.

Emplazadas mayoritariamente en los nuevos barrios desarrollados en Santiago durante la segunda mitad del s. XX, se trata de construcciones de muros blancos, galerías y patios que raramente superan los 140 m2. Levantadas con pocos medios por familias jóvenes, su modestia aparente sólo acentúa la solidez de una propuesta que rehúye las claves heroicas de la modernidad, desarrollando en cambio la dimensión íntima y cotidiana de esa nueva arquitectura.

La selección de casas incluye proyectos en Santiago como la casa de José Donoso o la casa del propio arquitecto, además de un conjunto de viviendas construido en Quito. Esa compilación es complementada con un pequeño conjunto de edificios de habitación en altura que desarrolla en otra escala esa exploración sobre el proyecto doméstico moderno.

Disponible
$13.550

Agotado

Autores: Montserrat Palmer (ed.), Patricio Mardones (ed.)

Textos en castellano, fotografías en b/n, planimetría
Páginas: 148
Formato: 21 x 22,5 cm.
Peso: 0,58 kg. aprox.
ISBN: 978-956-14-0976-7

Sumario

Primeros años / Jorge Swinburn Pereira

Apuntes sobre sus casas blancas / Cristóbal Molina Baeza

Pocas palabras / Alejandro Crispiani Enríquez

Casas modernas
Casas

Flaño

Emilio Donoso

José Donoso

Aldunate

Zegers

Larrain

Di Girólamo Besa

Swinburn

Benítez

Calle Inglaterra

Habitación en altura

Edificio Forestal

Edificio La Patria

Torres de Miramar

Edificio Golf Navidad

Materia / Jorge Swinburn Pereira

Adobe, Madera, Acero, Hormigón
Biografía
Cronología de obras
Bibliografía de obras y proyectos








Chile dentro y fuera intenta presentar simultáneamente dos reflejos, resultado del mismo proceso de intercambios. Primero, cómo ven la práctica de la arquitectura chilena los extranjeros que nos visitan, cada día más numerosos y frecuentes; en segundo lugar -y a la inversa- cuáles son los referentes y ambientes de la producción arquitectónica internacional que actualmente interesan a los profesionales y académicos chilenos.

Algunas afinidades y circunstancias en este plano ya son reconocidas, como la cercanía climática y tecnológica entre Chile y Portugal, los vínculos crecientes con el mundo académico norteamericano o la realización periódica de las Travesías de la Universidad Católica de Valparaíso.

Los artículos y obras presentados en ARQ 64 indican también otras orientaciones y sesgos que, a pesar de ser todavía incipientes, podrían consolidarse en el corto plazo como corrientes relevantes para el desarrollo de la arquitectura en Chile.

Desde esta perspectiva, el aporte de los que alguna vez fueron estudiantes extranjeros -Maestrello, Mondragón, Valdivia, Benítez o Gómez-, la aparición del Asia Pacífico como plataforma de proyectos y encargos -en el caso de Undurraga y Allard-, la frecuente práctica conjunta de cooperación entre estudios chilenos y argentinos -como el nuevo Centro de Justicia en Santiago o la casa-tienda en Buenos Aires- o un vínculo creciente con realidades montañosas como la austriaca abren otros horizontes para una disciplina que debe comprometerse con un mundo abierto, cambiante y en crecimiento.

Disponible en
oficinas ARQ

$8.550

Sumario
Lecturas

El Mercado Central de Santiago / Pedro Guedes

Chile en el debate sobre la forma de la Arquitectura Moderna / Hugo Mondragón

Estacionamientos en Santiago centro / Sara Maestrello

Huellas de Ciudad Abierta / Andreea Mihalache

La ciudad como escuela / Francisca Benítez

Chile: Truly, madly, deeply / Cristóbal Palma

El Parque de los Colores / Alfonso Gómez

Sobre principios de la representación arquitectónica / Lorena Valdivia

Obras y proyectos

Golden nugget, Graz / Innocad, 99 plus

Casa Farm, Silves / Mauricio Pezo, Sofia von Ellrichshausen

Urban Voids, Filadelfia / Jill Desimini, Danilo Martic

Ciudad Nueva, Rio Geum / Cristián Undurraga, Pablo Allard

Tienda María Cher, Buenos Aires / Mathias Klotz, Edgardo Minond

Centro de Justicia, Santiago / Cristián Boza, José Macchi, Marcelo Vila, Adrián Sebastián, Javier Vila

Umbral de las dos orillas, Hermenegildo / Sylvia Arriagada, Ricardo Lang

Casa Marbella, Puchuncaví / Rick Joy

Anexos








La calidad reconocida en la producción de la oficina Bresciani Valdés Castillo Huidobro, es una suerte de combinación de talentos y calidad humana, que permitió a sus socios trabajar en un equipo dónde primó siempre el respeto y la libertad. Excelentes colaboradores y equipos técnicos, convocados en buena medida por el prestigio de la oficina, jugaron un importante rol en el desarrollo de determinadas obras.

Cabe destacar además las responsabilidades académicas, políticas o técnicas que algunos de los socios asumieron.

Este compromiso en tareas que iban más allá de lo profesional no debe ser leído como un simple dato al margen, ya que él alentó muchas de sus obras y fue partícipe de un cierto espíritu de los tiempos, así como de determinadas convicciones éticas y políticas compartidas por ellos.

Obras como la Unidad Vecinal Portales, la Universidad Técnica del Estado, las Torres de Tajamar y tantas otras dan cuenta de la inagotable labor de estos cuatro arquitectos chilenos, quienes a su manera, colaboraron a construir, desde Latinoamérica, ese proyecto moderno que constituyó un hito reconocido en la historia arquitectónica de la segunda mitad del siglo XX.

Impreso Agotado
Digital Disponible

Autor: Fernando Pérez Oyarzun
Texto: castellano

Sumario
Introducción

Bresciani Valdés Castillo Huidobro
Arquitectura y profesión en Chile a mediados del siglo XX

La obra: Antología esencial

Baños y casino rocas de Santo Domingo

Casa Castillo

Edificio Holanda

Casa Ravera

Conjunto habitacional caja de previsión Banco del Estado

Unidad Vecinal Portales

Conjunto habitacional Chinchorro

Casa Mingo

Conjunto habitacional Estadio

Universidad Técnica del Estado

Casa Santos

Concurso Naciones Unidas

Casino de Juegos

Hostería Honsa

Oficinas del Servicio de Seguro Social

Villa Brasilia

Casa Echeverría

Torres de Tajamar

Casino y oficinas CAP

Remodelación San Borja

Catálogo de Obras
Fichas técnicas
Cronología histórica
Testimonios
Bibliografía
Reconocimientos








La historia de Guillermo Jullian de la Fuente está fuertemente marcada por su experiencia como jefe de atelier de Le Corbusier, entre 1958 y 1965. Ese período se inicia con el desarrollo del proyecto preliminar para el Museo del Conocimiento de Chandigarh, y termina con Jullian a cargo de la propuesta para el Hospital de Venecia.
Sin duda, ésta fue para él una experiencia central, más aún considerando su edad de ingreso al atelier apenas cumplidos los 27 años; su participación en el taller parece haber sido decisiva.

Cerrada la etapa con Le Corbusier, Jullian comienza una carrera independiente, marcada por los encargos del gobierno de Francia para las embajadas en Brasilia y Rabat.

Posteriormente, ya radicado en Estados Unidos, el arquitecto se asocia con Ann Pendleton y al mismo tiempo consolida una carrera docente dictando clases en las universidades de Rice, Texas, Harvard, Cooper Union N.Y., Kentucky y Cornell.

Este volumen de Ediciones ARQ presenta la obra de Jullian a través de un extenso ensayo crítico de Rodrigo Pérez de Arce; se trata de un estudio que nace, según palabras del propio autor “…de mi admiración frente a la obra y la actitud del arquitecto…”. El texto es complementado por un álbum de proyectos y obras construidas esparcidas por diversos lugares del mundo, además de una selección de obra pictórica ejecutada entre 1990 y 1997. Jullian integra el rigor compositivo con una aguda comprensión de las vivencias, actos y gestos de los habitantes.

Agotado

Autor: Rodrigo Pérez de Arce
Texto: castellano

Sumario
Prólogo

Inicio de una historia

Seis claves temáticas

I. Arquitectura y juego

II. Dimensiones clásicas y vernáculas

III. Geometría, sistematicidad, formas abiertas

IV. El espesor del muro

V. Horizontalidad

VI. La multiplicidad en lo pequeño: reinvención de la ventana

VII. Comentario final

Álbum de obras y proyectos 1965-1999
Pinturas 1990-1997
Cronología y localización de obras y proyectos
Anexos








Sumario

Editorial / Montserrat Palmer Trias

El cerro San Cristóbal en el paisaje de la ciudad. Obras entre 1960 y 1975 / Carlos Martner García

Imaginación Instintiva: la arquitectura de Luciano Kulczewski en el cerro San Cristóbal / Max Aguirre González

El Parque Cousiño: historia de un paisaje urbano / Daniel Swinburn del Río

La ciudad y el río / Mario Pérez de Arce Lavín

Jardín Vial y Jardín Bisquert / Juan Grimm

Participación: una metodología / Cecilia Phillipi y Catalina Bosch

Parque Mapuhue, el parque Andre Jarlan, ex la Feria y el parque Bernardo Leighton, ex Las Américas / Myriam Beach

Vertedero de cenizas y escoria central termoeléctrica Guacolda y Parque Piduco Norte, Talca / Cristina Felsenhardt

Parque Monumental Bernardo O’Higgins / Carlos Martner

Parque Inés de Suárez / Teodoro Fernández y Paulina Courard

Parque Las Américas / Germán Bannen y equipo

Valle escondido / Marta Viveros y María Isabel Fuentes

Los márgenes posibles del Valle del Alto Aconcagua. El valor propositivo de la representación arquitectónica / Rodrigo Pérez de Arce – Fotografías y planos de Rodrigo Pérez de Arce, Horacio Torrent y Sebastián Bianchi

Ciudad y naturaleza hacia fines del siglo XX / Mario Schjetnan Garduño

Restitución de fuente del Park Güell, Barcelona / Rodrigo Lagos Vergara

Eduardo Vilches. Retrospectiva / Pedro Millar

Extractos de la carta abierta al Presidente de la República / Alianza por los Bosques de Chile

Crítica de Libros

Mario Pérez de Arce. La permanencia de la arquitectura moderna en Chile (León Rodríguez) / Fernando Pérez

Jorge Aguirre. Un arquitecto del movimiento moderno en Chile / Alfredo Junemann (autor)

Libros de Ediciones ARQ
A diestra y siniestra / Textos destacados por ARQ

Sumario

Editorial / Montserrat Palmer Trias

De la Capilla de Pajaritos al Monasterio Benedictino: el espacio sagrado como reto a la arquitectura moderna / Fernando Pérez, Pedro Bannen, Hernán Riesco, Pilar Urrejola

Iglesia precursora al Concilio Vaticano II. Capilla de la Candelaria, Concepción / Patricio Morgado Uribe

Parroquia de San Francisco de los Pajaritos. Invitación a los arquitectos / Hernán Cruz y Juan José Ugarte

Capilla en Chiloé / Ignacio Modiano y Roberto López

El Sentido de la lectura en arquitectura: la Villa Bianca de Terragni / Aldo Hidalgo Hermosilla

Imágenes. (Otro) Viaje al Oriente, segunda parte / Rodrigo Pérez de Arce

Conversaciones sobre la ciudad / Adriana Valdés, Montserrat Palmer y Jorge Garreaud

Prager: un visionario en el arte del paisaje / Marta Viveros, Liliana Lanata, María Isabel Fuentes y Eduardo Vilches

Una terraza para Santiago Metropolitano / Francisco Vergara, Fernando Domeyko, Enrique Del Río, María José Castillo y Alex Brahm

Reconsiderando las Ciudades Lineales / Marcial Echeñique

Acerca de la propuesta de la ciudad lineal de Marcial Echeñique / Fernando Soler

Engarce Urbano. Proyecto de talleres 7º, 8º y 9º semestre de la Escuela de Arquitectura de la PUC / Sergio Miranda (profesor)

Cartas

Sumario

Editorial / Alex Moreno Zamorano

Programa y Proyecto / Rodrigo Pérez de Arce

El Teatro Épico: Monumento a la Batalla de Waterloo / Rodrigo Pérez de Arce, Alan Gordon Morris

Bar en Bellavista / Luis Morales, Alberto Mozó – Comentario: Plazas aquí y ahora por Manuel Corrada

Heinz Tesar. Arquitectura Religiosa / Traducción de Andrés Roi – Comentario: La liturgia con mano fría por Oscar Ríos

Estación de Biología Caleta Montemar / Enrique Gebhard – Comentario por Hernán Riesco

Estación de Biología Caleta Montemar. Un edificio y 20 años de arquitectura moderna / Comentario por Fernando Pérez O.

Borja Huidobro. Premio Nacional de Arquitectura 1991 / Adaptación de entrevistas y libros

Fundamentación del Directorio Nacional Colegio de Arquitectos de Chile / Tomás Reyes V.

Modernidad apropiada, modernidad revisada, modernidad reencantada / Cristián Fernández Cox

Crítica de libros
Ensayo sobre el proyecto (Alfonso Corona) / Fernando Pérez O.

Revista de Arquitectura Nº1 (Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la U. de Chile) / Manuel Moreno

Sumario

Editorial / Alex Moreno Zamorano

Vivienda social en Santiago. El fracaso de una utopía / Francisco Vergara

Práctica de la profesión: 16 casas urbanas

Casa Pérez de Arce / Mario Pérez de Arce

Casa Munizaga / Gustavo Munizaga

Casa Junemann / Alfredo Junemann

Casa Ojeda / Sven Jacob, De Pablo, Andreu, Verdaguer

Casa Ruiz / Teodoro Fernández

Casa Parada / Renato Parada

Casa Felsenhardt / Cristina Felsenhardt

Casa Matas – González / Jaime Matas, Isabel González

Casa Rosas / José Rosas, A. González, L. Aguado

Casa Román / Germán Bannen, Jaime Márquez

Casa Palmer / Montserrat Palmer

Casa Blazquez – Corthon / Carlos Cortés, Alex Moreno

Casa Miranda – Malaree / Claudio Ferrari

Casa Montes / Patricio Gross

Casa Claro / Hernán Riesco

Casa Tietzen / Sergio Miranda

La casa como obra de arquitectura dependiente de la ciudad / Montserrat Palmer

Proyecto de título

Reciclaje en Cruz Grande / Jorge Larraín (profesor) – Ignacio Gago (alumno)

Diseño

Lámpara y chimeneas en metal / Montserrat Palmer

La Capilla de Riola / Héctor Durán Ortiz de Zárate

Jorge Aguirre y la materialización de la arquitectura moderna en Chile / Humberto Eliash, Manuel Moreno

Homenaje a Mario Góngora / Isidro Suárez

Comentario: Mario Góngora y la Escuela de Arquitectura / Ricardo Astaburuaga

Bitácora