Alejandro Aravena

Fdo Perez
Ediciones ARQ presenta su nuevo libro Fernando Pérez Oyarzun | Ortodoxia/Heterodoxia | El espejo y el manto que da inicio a la nueva serie ARQ DOCS, realizada en conjunto con la Subdirección de Extensión de la Escuela de Arquitectura UC.

Fernando Pérez Oyarzun (1950), arquitecto, intelectual, y profesor de la Escuela de Arquitectura UC, ha sido una figura clave en las últimas décadas a la hora de posicionar a la teoría y la historia como fundamentos del ejercicio de la arquitectura en Chile, definiendo la relación entre reflexión y práctica como una condición fundamental para generar una producción arquitectónica de calidad. Además de ejercer la docencia y haber escrito o co-escrito más de diez libros, Fernando Pérez Oyarzun ha sido profesor visitante en universidades extranjeras como Harvard o Cambridge.

Fdo Perez
En este volumen presentamos dos textos suyos que, hasta ahora, no habían sido publicados en español. En Ortodoxia/Heterodoxia, publicado en 1997 por la revista Casabella, Pérez propone que la historia de la arquitectura moderna en Chile ha estado tensionada entre dos polos —profesionalismo y experimentación— lo que no ha impedido la aparición de obras excepcionales capaces de explorar la síntesis entre ambas. El espejo y el manto por su parte, conferencia dictada en el marco del seminario Anybody realizado en Buenos Aires en 1996, propone al cuerpo humano como la referencia de todo objeto arquitectónico, condición que obliga a distorsionar la perfección geométrica, pues el calce entre geometría y anatomía es resistido por el cuerpo, forzando un misterioso desajuste en la arquitectura. Un prólogo de Alejandro Aravena, finalmente, ayuda también a valorizar la importancia actual de estos textos.

Este libro no solo constituye una piedra fundacional sólida para la serie ARQ DOCS, sino además viene a saldar una deuda con estos dos importantes textos, que hasta ahora no habían estado disponibles para el público hispanoparlante. Al ser bilingüe, este libro también hace honor a quienes publicaron originalmente estos textos —Casabella, Anycorp, y MIT Press— a quienes agradecemos por su colaboración en la presente edición.

Recomendado para estudiantes, arquitectos, académicos y ciudadanos interesados en la arquitectura.

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Disponible
$5.000

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Autores: Fernando Pérez Oyarzun, Francisco Díaz (ed.), Francisco Quintana (ed.)

Textos en español e inglés, fotografías e imágenes en duotono
Páginas: 84
Formato: 12 x 17 cm.
Peso: 0,15 kg. aprox.
ISBN: 978-956-9571-01-5

Índice
Ortodoxia/Heterodoxia

Una serie liviana con contenido de peso / Francisco Díaz

Ortodoxia/Heterodoxia / Fernando Pérez Oyarzun

El espejo y el manto

Sobre el Espejo y el Manto / Alejandro Aravena

El espejo y el manto. Ajuste y desajuste en el cuerpo arquitectónico / Fernando Pérez Oyarzun

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Al mismo tiempo que desarrollaba en el estudio de Bresciani Valdés Castillo Huidobro el proyecto de la Unidad Vecinal Portales en la Quinta Normal de Santiago, el arquitecto Fernando Castillo Velasco proyectaba una pequeña casa de verano en la localidad de Algarrobo, en la costa central de Chile. La casa de Algarrobo (1960) sería un lugar de descanso para su familia, y planteaba una serie de temas que ya habían sido explorados en proyectos anteriores, como la casa de calle Simón Bolívar de 1947 o la casa Santos en Papudo de 1958: plantas libres, esquemas de orden espacial declaradamente horizontales, uso expresivo de elementos estructurales. Su pequeña escala y modestia material contrastaba con las enormes magnitudes de los bloques de la Unidad Vecinal; pero ante todo, era la soltura del aire atrapado en el interior de la casa quizá el elemento de mayor diferenciación respecto a las grandes obras que el estudio desarrollaba en esos años.

La casa de Algarrobo, antiguamente llamada por los locales «la casa de Tarzán», era una construcción de madera conformada por un plano horizontal de 11 x 7,6 m. aproximadamente apoyado sobre grupos de pilotes, el que estaba cubierto por una membrana literalmente colgada como una sábana entre dos hileras de rollizos de madera.

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La catenaria, descrita por tensores de varas de eucaliptus y delgados tableros, acentuaba el mínimo espesor de la membrana y su independencia de cualquier tabique o elemento vertical interior; la luz y el aire entraban generosamente por los extremos donde había mayor altura interior.

El ambiente de la casa de Algarrobo parecía no disimular su cercanía con la sensación de liviandad de una carpa, con la arquitectura nómade de textiles y hasta cierto punto con una vida interior que prescindía de jerarquías y apostaba por relaciones de fluidez y apertura. Una parte importante de esa carga atmosférica radicaba en la delgada membrana que flotaba, tensada por su propio peso, sobre el espacio interior de la casa.

Este número recoge el impulso del V Simposio Latinoamericano de Tensoestructuras, realizado en 2012 en la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y hace una revisión de otros ejemplos de arquitectura tensil y los vínculos que, tal como en la casa de Algarrobo, aparecen entre estas estructuras y ciertos sistemas de relaciones sociales, materiales y formales. Opuesta a las lógicas de la arquitecturas de compresión, la arquitectura tensil echa mano a una cierta invisibilidad –por su ligereza y densidad– y se asocia a la capacidad de cambio y adaptación que buscaban las arquitecturas radicales de la segunda mitad del siglo XX, en el intento de abrir un camino divergente de una modernidad sólida e instalada.

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Disponible
$12.550

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Sumario
Dossier técnico ARQ
Editorial

Estructuras tensiles / Patricio Mardones

Portafolio Galería AFA

La Difunta Correa / Marcela Correa

Lecturas, obras y proyectos

On Space Time Foam, Milán, Italia / Tomás Saraceno

Tensegridad como crítica al abuso de las formas estables / Rafael Beneytez, Víctor Manuel Cano

Torre Antena Santiago, Santiago, Chile / Smiljan Radic, Gabriela Medrano, Ricardo Serpell

Moom, Tokio, Japón / Kazujiro Kojima

Una escalera suspendida / Albert Samper, Blas Herrera

Restauración Iglesia St. Pere, Corbera D’Ebre, España / Ferrán Vizoso, Núria Bordas

Aulas neumáticas, Valparaíso, Chile / Juan Ignacio Baixas

Tres arquitecturas de cuerda rígida y hueca / Javier Pérez-Herreras

Cubierta para el Museo Chileno de Arte Precolombino / Smiljan Radic

Noticias de la Facultad

Cocinando con Mónica / Seminario realizado por Alejandro Aravena

V Simposio Latinoamericano de Tensoestructuras 2012

Sistema abierto de módulos tensados / Macarena Burdiles

La influencia del montaje en el diseño de las tensoestructuras / José Ignacio De Llorens

El LILD y las estructuras autoportantes de bambú para arquitectura textil / João Correia de Melo, José Luiz Ripper, Luís Moreira, Lucas Ripper

Noticias

Serpentine Pavilion, Londres, 2014

Mies Crown Hall Americas Prize 2014

Taller al Cubo

Mercado/estación fluvial de Collico

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UNA OBRA…

Lo propio de mi forma de ser, es que no sé nada, no leo nada, no estoy informado de lo que hay que estar informado en el momento dado; soy un poco ingenuo. Pero hay dos obras que me impresionaron mucho, y esto me lo hizo ver un compañero de la Universidad -Andrew Harris- cuando estuve en España; me cargó los dados y me dijo: mira, después de recorrer Europa te vas a acordar de estas dos cuestiones y partimos para la Alhambra y luego al otro lado de los Atlas, a Marruecos, por la parte desértica. Me impresionó toda esa arquitectura de oasis, de borde de oasis marroquí, que ya no se recicla, que se están encontrando cada día al lado con un bloque de cemento. Es como el Valle del Elqui pero más ancho, como de un kilómetro de ancho; una depresión mucho más discreta con un paisaje de palmas en hilera y todos los bordes construidos con una arquitectura continua, como de granitos de azúcar que son viviendas, kashbas como de tres pisos de adobe que se están cayendo. Lo que es impresionante es ese equilibrio de fuerza, que la gente que vivía ahí tuvo tan claro que había que ponerse en ese límite para hacer un uso racional del suelo, o sea, se equilibra la forma construida con la manera de habitar.

La otra obra es la Alhambra, porque tenía esa cuestión que es preciosa de estar hecha como un aglomerado de tierra casi sin valor; es como quien saca arena en la playa y simplemente la aprieta, pero, con harto tiempo para pensarlo. Y donde hay que poner un énfasis, es en esos mármoles usados con una discreción impresionante, como alféizares incrustados muy cuidados, y donde por otro lado te topas con toda esta ornamentación de yeso, muy pretenciosa, pero también hecha con materiales baratos y muchísimo tiempo, con mucho pensamiento. Eso me impresionó y me emocionó; que esos muros hechos igual que mi casa, de tierra, un turrón blando, hayan tenido esa permanencia con tan pocos medios, tan humildes y tan grandiosos.

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Kashba, Marruecos.

LA MÁQUINA DE CORTE;
Parte I: El Desafío Aislado.

Me gustaría que pudieras hablar de algunas cuestiones que ya son como míticas en nuestra Escuela de Arquitectura: una es el famoso Plotter o máquina de corte, nos interesaría saber en qué consiste, y para qué es: qué corta, qué es lo que no corta, qué tan máquina, qué tan herramienta es y de dónde nace el interés y la necesidad de construirla.

Mira, es producto de una obsesión, que está conectada con muchas cosas para atrás. Esto empezó efectivamente, con una especie de duelo, con mi mejor amigo- Lars Tschumi- que cuando salimos del colegio se metió a estudiar computación mientras yo me metía a estudiar arquitectura. Y entonces, después del primer año de carrera nos pusimos a conversar, él desde su experiencia de futuro “computín” que conocía en ese tiempo los Sinclair y todas esas cosas bastante precarias, y yo desde un ámbito de hacer cosas con las manos, que buscaba poder mover algo con un computador que me pudiera resultar útil en términos prácticos. Entonces él me dijo que con estas cosas de computación se podía hacer prácticamente todo, donde el caso típico es el de una impresora: una impresora es un pequeño robot y se puede potencialmente meter mano al concepto impresora. Pero una impresora en ese tiempo costaba lo mismo que un auto para mí, o sea era imposible comprar una impresora o armar un computador. Lo central era el desafío aislado, totalmente desconectado de la vida académica, de todo. Esto fue diez años antes de que yo efectivamente terminara el Plotter.

Pasaron tres años desde esa conversación Un día en el Mercado Persa encontré una tarjeta de un computador Sinclair botada; se la mostré y me dijo: mira, ese es un 780, un microprocesador, pero ese otro chip, no tengo idea. Al tiempo encontré una enciclopedia, esa que se llamaba Petete, en la que salía una descripción de todo lo que contiene cada una de estas pastillas. Lo central era entender cómo se podía mover uno de estos motores que tiene la impresora, que son motores de paso. Lo siguiente por tanto, fue ir a la Phillips con un código de un motor. Me dijeron que me olvidara, que no existía el repuesto, que no se podía ni encargar ni ubicar. Entonces me fui a Ingeniería Civil de la Católica, hablé con un señor y le dije que quería literatura sobre motores de paso. Me mandó a buscar en la biblioteca, pero no había nada, así que otro señor me dijo: “mira, estoy demasiado ocupado, pero fotocópiate esto”, y me pasó un manual de la Phillips con la descripción de qué era esto y una especie de resumen, de plano de cómo se podía hacer un controlador para esto, que es la etapa de interfaz. Entonces ahí de nuevo estuve como dos años con esta cuestión guardada.

Qué hacía yo si no tenía idea de electrónica, nada, jamás había usado un transistor. Y entonces, insistí en el cómo descubrir este mecanismo y cómo funcionaba este nuevo plano que tenía.

Descubrí un lugar, una especie de Casa Royal muy sofisticada, que era una oficina, que comercializaba todo este sistema en torno a partes y piezas de computadores, pero a nivel industrial. Ahí encontré una empresa que se llama Victronic que tenía cosas muy específicas. En el mesón me puse a conseguir un motor de paso, porque para mí todavía no existía el mundo del desarme de impresoras y cosas así. Entonces un tipo me dice: «mira, si quieres un motor de paso tienes que ir a la Desarmaduría Carrascal que es de IBM», la única referencia de que me dio fue un portón verde. Partí en micro, me perdí, horas tratando de dar con ella, hasta que al final di con el famoso lugar y efectivamente había cantidad de chatarra, impresionante, como para hacer cualquier cosa. Ahí vi, realmente tremendos motores y otra cierta cantidad de motorcitos que serían capaces de mover una pequeña máquina de herramientas, o minirobots que se podrían hacer a partir de ahí. Estuve conviviendo con este «cachureo» hasta que Tschumi me invitó a una Softel. Nos pusimos a recorrer y vimos a un personaje que era un inventor que había tomado un torno metal-mecánico chico, como de joyero y le había puesto dos motores dentro. Estaba torneando piezas de un ajedrez y eran los mismos motores de Carrascal; los reconocí inmediatamente. Este tipo tenía un montón de gente que lo estaba mirando, era como una cosa de otro planeta. Yo sentí que me estaban apurando. Trabajaba como ingeniero o asesor en una empresa minera. Tenía en esa ocasión una fotocopia del principio de su invento, que era en el fondo, el tema de mover motores de paso con una interfaz computacional básica en Pascal. Hablé inmediatamente con él -me dio una tarjeta- y me dijo: “anda a verme por cualquier cosa, yo encantado te doy todo tipo de información para que tu armes tu tarjeta y cualquier opción de éxito que tengas en el futuro en torno a este invento, por favor menciona la fuente”.

Este tipo había patentado un mecanismo 3D, pero más no porque ya los gringos lo tienen hecho, o sea, las patentes de los motores de paso son del año 62 o 65. No hay nada nuevo bajo el sol, lo que pasa es que aquí llega muy lento no más. De hecho, una vez que tuve acceso a internet me di cuenta de la cantidad de gringos locos que estaban en lo mismo.

Yo en ese tiempo, supuestamente tenía que dedicarme a la escuela, pero en realidad me metía al subterráneo de la casa donde estaba viviendo y sacaba mis cachureos y me ponía a armar mi invento. Durante como un año y medio estuve usando los transistores para el otro lado, que no funcionan bien, no tenían fuerza. Hasta que, finalmente el 94 armé el artefacto. De paso me obligaba cada vez, a aprender mejor otros asuntos. Por ejemplo empecé a investigar cómo hacer un circuito impreso, porque no me iba a funcionar pegando cosas, conectándolas con alambres. Dibujé entonces esta cosa a mano, en papel diamante; luego lo hice en serigrafía para poder hacerlos semi-industrialmente y después, finalmente conseguí hacer una tarjeta que es la que estoy usando ahora. Mi amigo hizo los primeros códigos para mover este asunto y efectivamente, me acuerdo que para mi cumpleaños del año 94 hicimos mover un motor 90 grados al este. Estábamos muy emocionados. La idea en ese tiempo era ocuparla para hacer plantillas de dibujo, que en ese entonces las hacía un tipo en un pantógrafo a mano; primero hacía una pasada de corte y después un repaso del borde con una segunda pasada, o sea, se trataba de optimizar esto.

Jamás había pensado, en una máquina para hacer maquetas, me parecía mucho más complicado. Un amigo que cuando le conté en lo que estaba, me dijo: oye, pero haz una máquina para hacer maquetas.

LA MÁQUINA DE CORTE;
Parte II: algoritmos y algo de las máquinas de la máquina.

A partir de ese momento archivé el asunto, porque una vez que ya conseguimos poder mover motores, me quedé tranquilo. Además me di cuenta también que lo que quedaba en código para programar realmente el movimiento de la máquina, era bastante largo para nosotros, para nuestros medios. Básicamente me di cuenta de que me faltaban un montón de medios para hacer las piececitas de lo que podía más adelante ser una máquina. De a poco fui juntando el “cachureo” necesario para poder hacer piezas de aluminio, tornearlas, hacer engranajes, correas y todo ese tema, a partir de esta armaduría. A esa altura yo ya decía: “oye, estoy haciendo esta máquina”. Mucha gente empezó entonces a regalarme todos los cachureos que aparecían. Producto de eso tengo bastantes cientos de kilos de mugre en mi casa. Y entonces compré un torno con una plata de un trabajo. Después mi viejo arregló lo que fue originalmente una fábrica chica de champignones que teníamos en una parcela, de media hectárea y quedó un galpón de como 70 m2 que ahora es un taller, con piso de tierra y que se llueve un poco, pero ahí están todos los cachureos para hacer eso. Entonces instalé el torno, una sierra de huincha que corta metales, una sierra circular para madera, varias máquinas. Me conseguí un taladro de pedestal que arreglé y le traté de meter control numérico varias veces. Casi todos los cuadernos de la Universidad de esa época tenían algún dibujo de configuraciones de rueda, de cómo hacer más económica la cantidad de ruedas, etc. Aprendí a tornear.

En total hice unos tres prototipos; uno que fracasó lo tengo ahí. Fui probando un montón de cosas: porque esto necesita un cuchillo que oscila verticalmente, un cuchillito “olfa”, o sea, busqué un cuchillo lo más estándar posible para que fuera, un poco, como la Citroneta del tema, que no dependiera de insumos caros. Había probado primero con una aguja; en qué medida una aguja oscilando a la mayor velocidad posible que uno puede conseguir con medios caseros, es capaz de cortar, así como una máquina de coser. La ventaja de la aguja es que uno la podría mover para uno y otro lado en ángulo recto, que es fundamental. Pero lo más rápido que puedes conseguir son los 50 Hz con un motor de 3.000 Rpm que es lo normal. A 50 Hz tu lo mueves 10 cms, en 2 seg y le pones puntadas cada medio milímetro, por ende no puedes cortar nada; queda prepicado. Ahí decidí que tenía que ser con un cuchillo y orientar el cuchillo paralelo a la trayectoria; si quiero hacer un círculo tengo que ir aproximando en cada cambio de ángulo. El programa además tiene que recordar el ángulo en que va y descontarlo de un ángulo original y al final de toda la vuelta volver a cero sin perder precisión. Entonces Tschumi escribió los primeros códigos para mover un motor de paso en una sola coordenada; eso fue el año 94, y el año 97 yo ya tenía semi-armada la estructura. Estuve como 6 meses llamándolo todos los días; yo escribí todo el algoritmo, que es la frecuencia en la cual tienen que ir pasando las cosas, pero de lo que se trataba era de programar, que es pasar a un lenguaje concreto, compilarlo y correrlo de modo que funcione.

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Plotter o máquina de corte. Sistema de corte.

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Plotter o máquina de corte. Mesa de corte.

LA MÁQUINA DE CORTE;
Parte III: No Saber.

Si la idea comenzó el 87, ya llevaba diez años en esto. Pero todavía había un error de programación que duró como un año, porque un círculo se descompone en unas 200 rectas chicas, y el programa del motor de paso lo que hace es calcular la pendiente de cada recta, dividir el cateto opuesto por el adyacente, sacar la pendiente y sacar la cuenta qué cantidad de pasos tengo que girar a la izquierda o a la derecha para mover el cuchillo a ese ángulo. Eso da por ejemplo 7,32 pasos, pero los pasos son enteros, no hay pedazos de pasos, entonces esas fracciones se sumaban de una manera no eficiente y al final de tres cotas, no cerraba, no cuadraba y el final del ciclo quedaba el cuchillo con un ángulo de en vez de 0º, como de 0,5º; se iba incrementando y al final terminaba cortando levemente de lado. Y claro, para resolver eso, estuve como unos seis meses atareado, pensando como hacerlo. Me acuerdo que me dio gripe una vez, y como que en la fiebre apareció la solución; agarré un lápiz lo corregí. De ahí en adelante no le he hecho nada más.

Lo cierto es que yo nunca tuve computador hasta que terminé el Plotter, me compré uno para poder echar a andar el Plotter. Como mi amigo tenía el computador, me gasté la plata en otras cosas para poder hacerlo. Cuando tuve el mío, tuve internet y descubrí el mundo de los que han hecho lo mismo que yo. Encontré las especificaciones de una máquina que tenía el sistema para hacer girar el cuchillo; de hecho tenía un nombre: se llamaba “Movimiento tangencial de cuchillo”. Las rpm, la amplitud de movimientos del cuchillo era 0,25 y yo estaba usando 0,5. O sea, no 2, ni 4, ni 1, sino que un 50% de aproximación y que era lo que usaba industrialmente un gringo que vende máquinas para todo el mundo. Ese tipo de cosas es frustrante y apasionante a la vez. Porque la pregunta la tuve mucho antes siquiera de ver que estas cuestiones existían. Y aunque te demores 10 años más de la cuenta, yo prefiero no saber. Si hubiese sabido que existía esta máquina no hubiera tenido ni un interés en hacerla. Para mí lo importante es no saber. Porque el que está metido en el ámbito no tiene ni una capacidad de asombro de su quehacer y eso es al final “la” herramienta que da impulso a una persona, la capacidad de asombro; poder encantarse con algo. Por lo menos para mí, todo es construido en base a mi mala evaluación académica, mi mala auto evaluación académica; es cómo encontrar medios para hacer con mis medios.

Ahora, es indudable que esta máquina se dio porque conecta unas especies de diagonales sobre varias cosas. O sea, había que aprender a tornear una pieza para hacer eso. Para eso necesitas tener un torno en tu casa, sino no, vas a tener que subir con un carrete de hilo y no te va a funcionar. Hay que tener las ganas y entonces de a poquitito, envenarse y que nadie te diga por dónde irte, o sea,cada uno a inventar su propio camino.

El fin tampoco ha sido la máquina sino que más bien el proceso. No me gusta la electrónica, tampoco sé si me guste la mecánica; no me gustaría ponerme a reparar vehículos. Pero esto de recombinar cosas comunes y hacer algo distinto, era lo desafiante en este asunto; cómo algo que no está probado que yo pueda hacerlo y ese era un poco el aliciente para seguir metido en este asunto. Lo que tengo básicamente ahora es un cuchillo conectado a esta máquina que me permite, dándole instrucciones con CAD hacer corte. En general corta láminas desde cartón hasta terciado de álamo, y el trovisel que es una espuma de PVC de 3 mm. Ahora estoy haciendo una fresadora de 3 ejes que es una máquina hecha de plancha de 12 mm. y basado en una mesa de cruz , manual. La idea es seguir buscando la manera de hacerla semi-industrialmente. Cuando llegué de España, encontré una máquina matricera de plástico antigua, del año 70, pero que estaba funcionando. Me empecé a meter entonces en matricería para hacer las piezas de los engranajes que tienen que ser inyectados de plástico o ciertas partes estructurales que pueda fabricar de plástico y en el fondo, de ahí arrancó también mi tema de proyecto de título que está vinculado a eso.

Personalmente siempre pienso eso, que hay una formación académica de diseñadores, de gente que tiene capacidad de diseño pero con una brecha, una especie de black out entre ese mundo y el mundo del industrial. Falta una capacidad de conversación entre estos dos mundos. Lo veo porque la gente que diseña tiene capacidad de definir conceptualmente los objetos que crea, pero no hay medios para tratar de materializarlos; no tienen ni el oficio para hacer los modelos ni menos la noción de cómo tendría que ser un molde para poder hacer esas cosas.

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Plotter o máquina de corte. Sistema interno.

LA MÁQUINA DE CORTE;
Parte IV: láser casero.

¿Qué tan sofisticada es la tecnología que se requiere para reemplazar el cuchillo por un láser?

Nada. Hay muchísima gente que se ha construido un láser. Hay una comunidad de inventores, de cachureros del láser en los EEUU y existen kits para hacértelo tu mismo, por U$ 1.300. Te venden un tubo de pirex de 3 pulgadas por 1,5 m. de largo, que son en realidad dos tubos, uno metido dentro del otro, con dos corchos de goma en las puntas y otro tubo de media pulgada que es el láser propiamente tal, que va metido adentro. Entonces hay un circuito cerrado de agua que mantiene frío esto y hay un espejo opaco por un lado y otro semitranslúcido. Hay dos cables, un ánodo y un cátodo de cobre, que puede ser una cañería de cobre en las dos puntas dentro de este tubo chico, lleno de una mezcla de gas de Helio, Hidrógeno, Nitrógeno y gas carbónico – porque el láser que corta es el gas carbónico- y entonces se le meten, no sé, 4 mil voltios o 10 mil voltios y empieza a rebotar -esa es la explicación que uno se puede dar así, intuitivamente – empieza a rebotar la energía para los dos lados hasta que rompe por el lado que es semitransparente y por ahí sale el haz, pero como de media pulgada por lo que hay que concentrarlo con unos lentes que son super, súper caros y son de un material que es capaz de resistir esa fuerza. Entonces hay que conducir este haz por espejos hasta donde tu quieres cortar y ahí finalmente concentrarlo con este lente que tiene que estar a la distancia focal definida que son como 3 cm y 1,5 cm. El problema es que además hay que tener un sistema de extracción de los gases porque el humo genera hollín que se te pega en el lente, se pone opaco, se calienta y se quiebra. Entonces se requiere un sistema de arrastre de los gases, pero es sencillo, vi una máquina funcionando y tiene una ranura con un vidrio por arriba que además impide que salga el haz y rebote en algo, que es muy importante porque te echa a perder los ojos. Hay una cortina de aire que chupa por un lado y sale por otro, va arrastrando el humo que va saliendo, se puede.

Está también lo del chorro de agua: lo que pasa es que no quema el borde, porque el láser tiene ese problema. El láser que uno puede manejar caseramente o en una oficina es del orden de los 15 a los 30 watts, de láser de gas carbónico. Pero un láser, por lo que he leído en internet, de unos 150 watts vaporiza tan rápido que no alcanza a conducir el calor a la pieza y de hecho ese tipo de máquina es más sencilla porque no tiene el cuarto eje tangencial. Esa fuente de poder vale 4 ó 5 mil dólares, o sea que es razonable, no es una inversión tan importante, pensando que es una máquina a la que le puedes sacar un rendimiento. Claro, la máquina chica completa de formato 30 x 60, vale como 18 mil dólares; y una de DIN A0, de pliego, vale como 50 mil dólares.

¿CÓMO HACER PARA HACER?

Lo que habría detrás de todo esto es que el proyecto termina fuertemente influido por las herramientas disponibles. La forma que uno puede eventualmente ver como resultado, es más bien consecuencia de unas herramientas y procesos de fabricación disponibles, que la materialización de una voluntad inicial. Pero al estar tan metido en el proceso de fabricación ¿no se debería estar abierto a reaccionar a lo que aparezca como pura posibilidad intrínseca de la herramienta que se inventa, y no sólo mirar lo que uno buscaba antes de empezar el proceso de invención?

Para mí, meterse en el proceso, es en el fondo, seguir atajos para hacer lo mínimo; es la lucha económica de aperarse de lo necesario para producir – conseguirme un torno o adaptar un torno para otra cosa – toda esa cadena de piezas, de medios para conseguir el objetivo, objetivos chicos que son a su vez medio para otro objetivo y así como un mosaico de cómo hacer para hacer.

Ahora estoy investigando el tema de la matricería, concretamente una matriz de inyección de plástico. Una máquina chica que compré, tiene una presión de cierre de 50 toneladas que se aplican sobre 20 x 20 cm para que el molde no se abra al momento de meterle el plástico derretido y tiene 10 toneladas de presión de inyección por el lado de la jeringa que le mete plástico derretido; es una máquina de casi dos toneladas. El molde es una pieza de acero, tradicionalmente una pieza de dos bloques de acero con mecanismos por dentro que hacen que la pieza salga expulsada cuando se abre. Por ende un molde para hacer una pieza plástica de este tipo, es una cavidad tallada en un acero muy duro, que requiere un gran nivel de precisión, sobretodo cuando la pieza que se quiere moldear tiene mucho detalle. O sea, que hay no sólo una máquina, sino una serie de máquinas relacionadas; hay que partir por cortar un bloque, prestar una cavidad aproximada, fresar un electrodo en cobre, preciso, eventualmente repasarlo manualmente o con otras técnicas y meter ese electrodo en una máquina de electro-erosión que con una descarga eléctrica va comiendo la superficie hasta llegar a un nivel de precisión de forma e incluso textura bien grande.

Cuando compré esa máquina dije: tiene que haber una manera de hacer matrices baratas para tiraje chico porque las matrices de acero son de 10 mil piezas para arriba y se rentabilizan en un millón de piezas, entonces con mi plata no lo voy a hacer nunca y yo creo que ya probablemente ni fabrique uno a esta altura. Pero efectivamente me puse a buscar maneras de hacer matrices económicas y di con un plástico, un bicomponente que casualmente justo salió ahora, que es como el Poxipol al que tu le sacas una copia a tu modelo. Eso significa que tú puedes hacer un modelo manual como el que hacen los estudiantes de diseño y a eso sacarle impresiones de plástico o de plástico reforzado con fibra de vidrio. Y ahora, lo último es que encontré una técnica para hacer esto con electro-depósitos, o sea, si tú esta pieza eres capaz de hacerla conductiva, la cara exterior, con polvo grafito por ejemplo, que conduce la electricidad, entonces lo puedes meter esto en un baño electrolítico y pegarle primero una capa de 2 mm de níquel, que es bastante duro, después poner los canales de refrigeración, una cañería de cobre adherida – porque esta cosa hay que refrigerarla – y después una capa de 5 ó 6 mm de cobre y detrás este otro plástico, haciendo finalmente una especie de composit de un montón de capas desde la más dura hasta la más blanda para adentro. Con esto te saltas todo este proceso tradicional de la fresadora de 10 millones de dólares.

MADERA DE BALSA

Ahora, la segunda cuestión que yo creo que está asociada a lo mismo es que alguien me contó que anduviste en Ecuador y que te trajiste un pedazo gigantesco de madera de balsa. Porque, dejando de lado el mundo de los “souvenirs” turísticos, uno de los viajes traería más bien fotografías, libros, cuadernos, pero tu traes algo sobre el cual trabajar, digamos que traes materia prima.

Esta es quizás una cuestión entre romántica y mística. Mi papá y mi tío eran aeromodelistas, desde chicos y tienes que imaginarte cómo era ser aeromodelista en Chile en el 60. Bueno, para hacer aviones cuando chico, mi viejo tenía que ir a la Fuerza Aérea el 30 de abril a comprar un palo de balsa aserrado; la Fuerza Aérea los usaba para hacer algo. Entonces partía con el palo donde un viejo que se había armado unas sierras de estas de peine, digamos, con varias sierras juntas, y lo laminaba. Ahí salía esta cosa media peluda y había que agarrar un palo de lija y rebajarlas manualmente porque salían tablas del mismo ancho.

Yo escuché todas estas historias hasta más o menos los 6 años, en que todo esto me entró así como por osmosis. Cuando yo tenía 6 años era el 72. Hasta el año 74 casi no se conseguía en Chile un pedazo de madera de balsa. Los primeros kits de avioncitos llegaron a la Casa Hombo en el centro y un día llegó mi papá con un kit y finalmente armamos un avioncito. Mi papá tenía hartos dedos para el piano y yo creo que fue un poco la semilla de toda esta manera de hacer las cosas. El kit traía una tablita de madera de balsa pequeña, con las costillas impresas, y otro palito como de 30 cm. cortado en ranuras que tu les quebrabas. Entonces en total la madera de balsa que venía era casi nada, además de un bloquecito de 2 x 2 x 2 cm. para hacerle un spiner al alerón del avión que era un B- 51. Entonces, mi viejo lijó el spiner, le hizo el hoyo para meter la hélice de plástico y yo quedé impresionado con eso. Después de eso empezamos a ser esos típicos aeromodelistas consumistas, compramos el equipo de radio control y toda esa tontera y nos duró unos cuatro años hasta que nos dio asco y empezamos a cachurear otras vetas del aeromodelismo. Hay todo un ámbito que se llama el vuelo libre; bueno, en ese tiempo todavía funcionaba el vuelo libre que son planeadores de arrastre, que se tiran con una línea de nylon que tiene un límite – está todo regulado- y en 50 m el tipo tiene que sentir en la mano la térmica. Cuando el avión pesca la térmica, ahí entonces le pega un tirón y se suelta y la idea es hacer 5 vuelos de tres minutos que para ese tipo de aparatos es un muy buen vuelo. Nosotros estábamos metidos en un ámbito de aviones cargados a elástico, un elástico de torsión, en que se competía con unos avioncitos que tenían que pesar 80 g, con alas de 1,20 m. Quiero decir mínimo 80 g; nosotros podíamos haberlo hecho mucho más liviano, pero ya no eran oficiales, y no podríamos haber competido con ese gramaje porque habría sido ilegal. El motor, que era el elástico, pesaba 10 g y que al torcerlo generaba en el primer segundo como 1/4 Hp lo que era una potencia enorme. Las hélices eran como de 40 cm de diámetro, y después de unos 40 segundos se trancaban y se tiraban para atrás para que el avión pudiera planear mucho más grácilmente. Yo cultivé esa categoría, y armaba los aviones con una plancha y media de balsa y papel japonés tissue. Para mí la balsa entonces era una cuestión media sacro-santa y ver un árbol de balsa era casi todo el objetivo del viaje a Ecuador. Esto fue en todo caso cuando ya el consumo de balsa acá era obsceno; todo se maqueteaba en balsa y para mí eso era hereje total. Hasta hoy me resisto a maquetear en balsa, me resisto, no puedo. Y cuando ando por la escuela y veo las maquetas botadas, ando como esos cartoneros recogiendo balsas. Yo sé que no las voy a usar nunca, pero las recojo en una bolsa y me las llevo a mi casa y me siento como humillado, pero ahí están.

Volviendo al viaje, la Boya -porque el árbol se llama Boya- tiene un diámetro como de 40 cm. Y es un árbol que mojado es pura agua, pero livianito una vez que se seca. Los viejos lo cortan a motosierra y cuando se cae se hace polvo porque es super blando y super pesado. Bueno, en este viaje me fui para arriba, hacia el interior de la costa ecuatoriana. Me iba preguntando y cada vez me metía en un pueblo más adentro. Hasta que veo un viejo que efectivamente acumulaba estos palos para secarlos y mandarlos a aserrar a Guayaquil. Eran como de 1.20 m y de 8” x 4 “, unas basas cortadas a motosierra; elegí unas seis, las amarré y anduve todo el viaje con esos cachureos que pesaban como árboles. Esos palos hasta hoy los atesoro; me he consumido uno recién, todavía tengo cinco.

LA CASA DE ADOBE O ARQUITECTURA SIN AUTOR

Lo último que queda por preguntarte es ¿cuál es la motivación a orientarte hacia los estudios de arquitectura y no por ejemplo hacia los de ingeniería o electrónica?

¿Sabes por qué entré a estudiar arquitectura? Porque mi papá quería hacerse una casa. Le gustaban las casas de adobe. Un día mi viejo quebró; lo único que nos quedó fue una parcela en Pirque a medio pagar y con los últimos 5 millones de pesos, nos pusimos a hacer adobe nosotros con un maestro. Hicimos los cimientos de la casa con dos millones y medio, y empezamos a hacer un hoyo para sacar tierra y hacer adobe de ahí mismo y nos pusimos a construir. Hicimos dos pisos de adobe de 60 de ancho, entonces pensé: al final voy a terminar haciendo casas igual así que me abrí al camino de estudiar arquitectura. La única casa que he construido, que construimos con Benjamín Appelgren -un compañero de la escuela- es de adobe. Queríamos que la casa naciera vieja y entonces estuvimos mirando y dibujando casas en un viaje en tren al sur y viendo como se usaban las varas de álamo y todo este cuento. En general no hay mucho que agregarle al tema; ya está todo probado por el camino vernáculo. Tomamos las precauciones para que no se cayera, o sea, le tejimos todo tipo de palos y cuestiones entre medio; yo debo haber estado como en segundo año de carrera.

En torno a la cuestión del adobe, yo siempre hallé apasionante, el que por ejemplo uno pudiera llegar a esa parcela, haber plantado varillas de álamo que en 6 años se habrían convertido en varas, se habrían elaborado, es decir, con un asadón, una azuela y un caballo quizás, podrías haber hecho todo. El piso que usamos eran esos baldosones de 40 x 40 x 10 de Chena, baldosones que son de horno panadero y se ponen sobre arena no más y después se fraguan, ni siquiera se hace un radier; si lo único hereje ahí era el cemento para pegar piedras. Es bonito en el sentido de que la casa de adobe tiene por otro lado un ciclo de desgaste sísmico. Eso me emociona del adobe; está prohibido por la ley construir en adobe acá, pero tiene su ley interna, no lo obliga nada. Si lo entiendes bien, no hay nada que agregarle. Mientras mejor lo entiendas en su propia ley, mejor y por ende más lejos de la arquitectura y más cerca del oficio.

Entrevista-Alejandro-Luer-titulo

Publicado en

Material de Arquitectura
Editor: Alejandro Aravena
Editores asociados: Sandra Iturriaga, Ricardo Torrejón
Noviembre 2003

Links relacionados

Exposición ‘Ilustraciones: Smiljan Radic / Alejandro Lüer en Galería AFA

estructuras de madera
Pocas obras recogen con tanta densidad y elocuencia la rara cualidad multiescalar de la madera –reconocida por Fernando Pérez en la conferencia ‘Desde la madera’ con que se inauguró el año académico del Magíster en Arquitectura de la UC– como el Cabanon de Le Corbusier. Construido como apéndice de un pequeño bar costero, a metros de la célebre casa de Eileen Gray en Cap Martin, el Cabanon es tan edificio como mueble, y condensa toda la complejidad que las escalas de la madera plantean.

¿Cómo abordar la madera desde una perspectiva contemporánea? Dejando de lado los atributos que la hacen tan atractiva para los promotores de la hoy ineludible sostenibilidad (bajo un manejo adecuado, la madera es un recurso renovable, biodegradable y reciclable) la hipótesis que esta edición plantea es que, quizá, y justamente gracias a esta versatilidad escalar, la madera ofrecería la rara oportunidad de resolver el proyecto de arquitectura con igual contundencia tanto en los frentes que plantea la construcción y la ingeniería como en los asuntos de la cualidad atmosférica y sensorial del espacio.

estructuras de madera
Este número de ARQ se detiene particularmente en proyectos y artículos que dan cuenta, simultáneamente, de esa doble escala de la madera. Por una parte, se trata de una materia capaz de desplegar una notable potencia estructural, en algunos casos llegando al punto de las grandes luces y de la edificación en mediana altura. En el otro extremo, la madera aparece como fértil terreno para el desarrollo del detalle, gracias a su condición táctil –en cuanto materia sensual, liviana y cercana en su medida a la mano– y sus propiedades plásticas: cálida, colorida, aromática, moldeable, precisa. Lo interesante es que esta combinación escalar puede existir desde la economía de medios materiales y usando tecnologías de bajo impacto, como en el notable ejemplo de la casa Cúpula de Buckminster Fuller, presentada lúcidamente en el ensayo que abre este número.

Dos proyectos de título ejemplifican caminos de desarrollo que, desde el prototipo constructivo o el proyecto edilicio, exploran las posibilidades expresivas y estructurales de la madera y que, al igual que la bóveda de lamelas o el conjunto de viviendas en Constitución, plantean un uso del material capaz de abordar magnitudes de orden mayor.

ARQ-84-titulo

Disponible
$12.550

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Sumario

Editorial. Estructuras de madera / Patricio Mardones

Portafolio Galería AFA

Resistencia local / gt2p

Lecturas, obras y proyectos

Casa Cúpula en Carbondale, Illinois. R. B. Fuller, 1960 / Miguel de Lózar de la Viña

Casa Unamuno, Las Condes, Chile / Cecilia Puga

Cuba de madera, San Diego Sur, San Clemente, Chile / María Francisca Navarro

Emergencia y permanencia. Un caso de investigación aplicada y prototipo / John Saffery Gubbins, Juan Ignacio Baixas Figueras

Proyecto Villa Verde, Constitución, Chile / Elemental

Casa Gago, San Pedro De La Paz, Chile / Pezo Von Ellrichshausen

Casa en Tunquén, Casablanca, Chile / Pablo Lobos, Branko Pavlovic

Casa Pantalón, San Felipe, Chile / Eduardo Castillo

El potencial de la madera como elemento estructural / Enzo Valladares Pagliotti

Hotel Slowhorse, Piancavallo, Italia / Stefano Pujatti

Un edificio híbrido, Valparaíso, Chile / Claudio Viñuela

Construcciones de madera compuestas para cerramientos autoportantes / Khaled Saleh Pascha

Noticias de la Facultad
Dossier técnico ARQ

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Teatro Municipal de Constitución

Proyecto realizado por ELEMENTAL y publicado en ARQ 81 | Espacios para la cultura.

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espacios para la cultura
Con Utopians and visionaries 1871-1981 y otras exposiciones como Poetry must be made by all! o la controversial Hon, Pontus Hultén, historiador de arte y curador nacido en Suecia en 1924, dejaba claro que para él el museo era, literalmente, ‘espacio disponible’ para las expresiones marginadas del teatro, la ópera, las ciencias o las artes en general: todo lo que no tuviese cabida en el circuito cultural establecido podía encontrar un lugar en el museo. Esa actitud anunciaba su futuro como director fundador del Centro Georges Pompidou en París, inaugurado en 1977 y tan cercano a las utopías de fines de los sesenta.

espacios para la cultura
La misma mirada anima la reflexión que ARQ81 intenta estimular: si la cultura es el conjunto total de modos de vida, creencias y costumbres de un grupo o época, el espacio para la cultura debiera ser necesariamente un ámbito colectivo y de participación; una instancia de intercambio, juego y encuentro y, ante todo, un campo no resuelto, donde aún hay espacio disponible. La inmunidad a la norma legal y social de las animitas en Chile, la celebración de fiestas multitudinarias en las calles catalanas, el replanteo de la estructura de una biblioteca pública en Seattle y los proyectos de arte en las barriadas de Quito que este número presenta hablan, justamente, de ese espacio en blanco que levanta sus barreras y posibilita la construcción espontánea y colectiva de nuevas realidades.

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Disponible
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Sumario

Editorial. Espacios para la cultura / Patricio Mardones

Opinión. Los museos en el siglo XXI / Iñaki Ábalos

Opinión. Lo público del espacio / Alberto Sato

Obras y proyectos

Parque Bicentenario de la Infancia, Santiago, Chile / ELEMENTAL

Teatro Municipal de Constitución, Constitución, Chile / ELEMENTAL

Museo de la Memoria, Santiago, Chile / Figueroa, Fehr, Dias

Casa do Chile, São Paulo, Brasil / Figueroa, Fehr, Dias

Parque Cultural Valparaíso, Valparaíso, Chile / HLPS Arquitectos

Teatro Municipal de La Serena, La Serena, Chile / HLPS Arquitectos

Fundació Antoni Tàpies, Barcelona, España / Ábalos + Sentkiewicz

Espacio para la experimentación teatral, estructura itinerante / Al Borde Arquitectos

Portafolio Galería AFA
Lecturas

Reporte: Biblioteca Pública de Seattle, OMA 1999-2004 / Giulia Foscari, OMA

Arte y comunidad. Espacios de transformación / Colectivo Tranvía Cero

La ciudad común en fiesta. Espacios para la construcción cultural / Juan J. Tuset

Animitas. Una expresión informal y democrática de derecho a la ciudad / Lautaro Ojeda

Libros y revistas recibidos
Dossier técnico ARQ








Las Fuerzas en Arquitectura

Realizado por Alejandro Aravena – Elemental para la exposición en la TOTO Ma Gallery, Tokio. Publicado en ARQ 80 | Representaciones.

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representaciones
En el intento por compilar, asociar y publicar una selección de puntos de vista sobre un aspecto central de la disciplina arquitectónica –la representación–, ARQ 80 se acercó lateralmente a otro asunto central para la arquitectura: la relación entre tiempo y espacio. La práctica arquitectónica está en permanente tensión por la necesidad de ir adelante, proyectar y anticipar: anticipar usos y hábitos a los que habrá que dar lugar, anticipar relaciones entre las preexistencias y los edificios por construir, anticipar el buen envejecimiento de las estructuras o anticipar la visualización de una construcción que aún no existe. La más evidente de las operaciones, como la producción de instrucciones a través de dibujos y textos para la construcción de nuevos edificios involucra, también, la capacidad de adelantarse a los hechos.

representaciones
Hechas para un cliente, para el constructor, para la opinión pública, para un lector estudioso, para un lector desprevenido, más o menos pictóricas, puramente técnicas, bidimensionales, tridimensionales, incluso incorporando las más recientes animaciones y videos, las representaciones ocupan un espacio central en los procesos de intercambio y transferencias que la arquitectura promueve. Esta edición va dedicada a las representaciones y a los impulsos que las generan, desde ambos extremos de la línea del tiempo.

La manera de representar da cuenta, sin rodeos, del lugar cultural desde donde los arquitectos pensamos el proyecto. Y el resultado de esa relación, más allá de sus componentes visuales, no tiene nada de inocente.

ARQ-80-titulo

Disponible
$11.550

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Sumario

Editorial. Representaciones / Patricio Mardones

Opinión. Informe 2.2.6 / Justine Graham, Rodrigo Pérez de Arce

Las mil y una Baghdad de Al-Mansur / Martino Tattara

Planos para la restauración de Upper Lawn / Sergison Bates Architects

Modelo en papel del castillo de Praga / Lebbeus Woods

Imágenes para Shehouse / Smiljan Radic, Yuji Harada

Imágenes para 25 habitaciones / Office KGDVS

Fotografías de la villa Voka / Bas Princen

Fotografías de la casa Santa Julia / Nicolás Rupcich

Fotografías en estratos / Nobuhiro Nakanishi

Arquitectura como propaganda / Ana Portales, Maite Palomares

Dioramas SCL 2110 / Rodrigo Tisi

Economía global / FAR Frohn & Rojas

Las fuerzas en arquitectura / Alejandro Aravena, Elemental

Ni más ni menos / Pezo von Ellrichshausen

La representación cartográfica como producción de conocimiento / Germán Hidalgo, José Rosas, Wren Strabucchi

Portafolio Galería AFA

Lo fácil y lo difícil / Ignacio Gumucio

Libros y revistas recibidos
Dossier técnico ARQ








El porcentaje de la población mundial que vive en ciudades supera desde hace pocos meses al de la población rural. La crisis energética, las demandas de los desplazamientos al interior de la ciudad y los cambios en el equilibrio entre suelos urbanos y no urbanos vuelven a poner sobre la mesa la necesidad de un desarrollo que permita balancear calidad de vida y costo económico, social y ambiental asociado a ella.

Este número revisa un conjunto de proyectos de vivienda colectiva, de diferentes formatos y presupuestos, que comparten la búsqueda por una habitación urbana, apostando por una vía distinta a la casa suburbana. En Chile se presentan proyectos de viviendas de 36 m2, una torre de alta densidad en un área de renovación urbana en Santiago; obras con unidades de 140 m2, o proyectos de mediano formato con lofts, así como torres con departamentos de gran superficie.

Dos ejemplos sudamericanos amplían la visión sobre la vivienda colectiva: un edificio en una zona de densidad media y fachada continua en Buenos Aires y otro en México, que se estructura a la manera de las vecindades tradicionales incorporando al conjunto una casa que es monumento patrimonial.

Las obras incluyen plantas en escala 1: 250 con indicaciones de áreas de servicio, terrazas y circulaciones, para facilitar la lectura y comparación entre proyectos.

Disponible en
oficinas ARQ

$8.550

Sumario
Lecturas

La casa alta. Tema y variaciones / Ruth Verde Zein

Paisajes de la transformación urbana / Tomás Errázuriz, Rodrigo Booth

Santiago 2010: Un campo de tensiones / José Rosas, Ricardo Abuauad

Obras y proyectos

Edificio Puertas del Golf, Las Condes / Borja Huidobro, Sebastián di Girolamo, Germán Zegers, Cristián Valdivieso

Conjunto Lo Espejo, Lo Espejo / Elemental. Alejandro Aravena, Gonzalo Arteaga, Fernando García Huidobro

Edificio El Ciruelillo, Vitacura / Cruz & Browne Arquitectos Asociados, Lipthay Morandé Browne Arquitectos Limitada

Edificio Quinta Jungue, Concepción / Mauricio Pezo, Sofía von Ellrichshausen

Edificio Arribeños, Buenos Aires / Sebastián Adamo, Marcelo Faiden

Edificio GEN, Santiago / Felipe Assadi, Francisca Pulido, Trinidad Schönthaler, David Zapata

Edificio Loft El Golf, Las Condes / Marianne Balze

Edificio Plaza Las Lilas, Providencia / Marcela Puga, Rodrigo Searle

Edificio Glamis, Las Condes / Gonzalo Mardones

Edificio Zacatecas, Ciudad de México / Bernardo Gómez Pimienta








Este libro está destinado en primer lugar a estudiantes y profesores de arquitectura y, en segunda instancia, a profesionales y personas interesadas. En él se propone mostrar los problemas fundamentales que constituyen la materia de la arquitectura, asumiendo el punto de vista de la generación y desarrollo del proyecto.

Para ello se recurre en lo fundamental a casos especialmente significativos, que muestran desde diversos ángulos algunos de los problemas que la arquitectura se ha planteado a lo largo de la historia.

Estos casos analizados y descritos en el libro (que incluyen el Panteón de Roma, la Alhambra y el Pabellón de Barcelona, entre otros), cuentan con una cualificada información gráfica y referencias bibliográficas que permiten profundizar su estudio. Los complementan una serie de ensayos introductorios y una breve antología de textos teóricos.

16.550

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Autores: Fernando Pérez Oyarzun, Alejandro Aravena, José Quintanilla

Textos en castellano, fotografías e imágenes duotono y b/n, planimetría
Páginas: 300
Formato: 17 x 21 cms.
Peso: 0,8 kg. aprox.
ISBN: 956-14-0564-4

Sumario

Introducción

Ensayo I Los hechos de la arquitectura / Alejandro Aravena

Ensayo II La palabra y la figura / Fernando Pérez

Ensayo III Forma, materia, uso, lugar / Fernando Pérez

Obras

Partenón, Atenas

Panteón, Roma

Santa Sofía (Agia Sofia), Estambul

Conjunto de Pisa, Pisa

Catedral de Chartres, Chartres

Alhambra, Granada

Escalera biblioteca Laurenziana, Florencia

Iglesia del Redentor, Venecia

Basílica de San Pedro, Roma

Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, España

Los zócalos del zócalo, Ciudad de México

Palacio de Versalles, Versalles

Cenotafio a la memoria de Newton, Proyecto

Pabellón alemán Exposición Universal 1929, Barcelona

Villa Savoye, Poissy

Casa en la cascada, Pennsylvania

Ministerio de Educación y Salud, Río de Janeiro

Cooperativa de Servicios Eléctricos, Chillán

Iglesia del Monasterio Benedictino, Santiago de Chile

Yale Center for British Art, Universidad de Yale

La palabra de los arquitectos

Vitruvio Polión, Marco Lucio

Alberti, León Batista

Laugier, Marc Antoine

Boullée, Etienne-Louis

Ruskin, John

Viollet-Le Duc, Eugéne Emmanuel

Le Corbusier

Mies Van der Rohe, Ludwig

Gropius, Walter

Kahn, Louis

Anexos








Desde sus inicios la disciplina ha necesitado de herramientas para dar forma a las ideas. La imaginación o construcción de imágenes corresponde al instrumento que le permite al arquitecto establecer la comunicación entre proyecto y obra.

Este número examinará los dos paradigmas vigentes de la arquitectura: el mecánico y el electrónico, que conscientemente o no van orientando nuestras opciones formales apoyadas en la herramienta computacional.

Cómo los nuevos instrumentos modifican la práctica de la disciplina, de qué manera determinan la forma construida, qué relación establecen las nuevas formas con los fenómenos de la realidad, son algunos de los temas que revisan los artículos presentados. Entre las obras que acompañan estos escritos se encuentran el Pabellón Phillips para la exposición de Bruselas realizado por Le Corbusier, el edificio para la Fundación Ibere Camargo en Brasil de Alvaro Siza, y las Torres Siamesas ubicadas en Campus San Joaquín PUC de Alejandro Aravena. Estas obras son resultado de investigaciones y pruebas con imaginación y audacia constructiva, crean una arquitectura que, aunque pesa, desafía a la gravedad y acoge nuevas maneras de vivir y trabajar.

Disponible en
oficinas ARQ

$8.550

Sumario
Lecturas

Arquitectura y virtualidad / Antoine Picon

Materia generativa / Jorge Godoy, Daniel Aisenson

Diseño y manufactura digital / Claudio Labarca

Translation and/or representation / Joseph Rykwert

Los bajos de los edificios altos / Marcelo Faiden

Sobre cáscaras y blobs / Martin Bechthold

Materialidad digital / Daniel Rosenberg

Atracción de lo virtual, voluntad de lo real / Juan Ignacio Baixas

Insoportable / Manuel Corrada

Obras y proyectos

Torres siamesas, Santiago / Alejandro Aravena

Plastic forest – Mutek 05, Valparaíso / Taller avanzado Spaces of/for Performance

Pabellón Phillips, Bruselas / Le Corbusier

Fundación Iberê Camargo, Porto Alegre / Álvaro Siza

Hotel Remota, Puerto Natales / Germán del Sol

Anexos








La aceleración de nuestra cultura ha hecho que lo que separa pasado, presente y futuro sea de una consistencia cada vez más atenuada e ilegible. Los arquitectos, antes inequívocamente inclinados a la permanencia y a la durabilidad, hoy incorporan la palabra temporal (y antes, novedad, joven, reciente) como valor convencional.

¿Cómo situarse en una época en que la avidez por lo nuevo se transforma, en palabras de Javier Marías, en “el desdén por lo que existe y la fascinación por lo inexistente”? La arquitectura, entre demoliciones, remodelaciones y persistencias, se resiste a un destino estático: toda ella aparece como registro del pasado, pero sin dudas es reflejo de nuestro presente.

La memoria, el envejecimiento, la permanencia y la introducción del recorrido como clave de lectura son algunos de los ángulos elegidos en este número para revisar la relación entre tiempo y arquitectura: cómo se puede recorrer una capilla de Lewerentz, los cambios acumulados en las casas de PREVI Lima, o la deseada incorporación de los procesos de desaparición y reemplazo en la ciudad moderna. Las obras, en tanto, son presentadas desde un “antes y después” –Blanc–, como convivencia y vecindad con el pasado –Aravena – Pérez, Bernstein – Klotz– o desde su cualidad arcaica y ciertamente inmutable –Iglesia, Pezo – von Ellrichshausen–.

Disponible en
oficinas ARQ

$4.550

Sumario
Lecturas

Tomás Browne / Tiempo: cuerpo y memoria, salones y recorridos

Juan Ignacio Baixas / Sobre el paso del tiempo en los edificios

Montserrat Palmer / El tiempo, hoy

Francisco Zegers / A la vera del camino

Christian Glavic / Caer en cuenta de la pérdida de tiempo

Obras y proyectos

Alejandro Aravena, Fernando Pérez Oyarzún / Escuela de Medicina, Santiago

Philippe Blanc / Departamento Cavieres, Santiago

Magdalena Bernstein, Mathias Klotz / Casa Corralones, Paine

Mauricio Pezo, Sofia von Ellrichshausen / 120 puertas, Concepción

Rafael Iglesia / Pabellones públicos, Rosario

Sergio Larraín / Casa SLGM / Texto: Cecilia Puga

Ensayos y documentos

Alberto Sato / Demolición y clausura

José Quintanilla / Duración de la experiencia estética

Wren Strabucchi, Sandra Iturriaga / Jardín a dos tiempos

Equipo Arquitectura / PREVI Lima: 35 años después

Anexos








De un tiempo a esta parte, los materiales y la construcción han alcanzado un estatus privilegiado en la definición de la forma arquitectónica.

En un momento particularmente permisivo, que como tal corre el riesgo de la arbitrariedad y la irrelevancia propia del formalismo vacío, se esperaría que la concretitud y precisión de las leyes que gobiernan la materia acoten el espectro de posibilidades de un proyecto. Sin embargo, dado que sólo donde hay reglas hay libertad, el verdadero interés de atender a la materia está en su capacidad de volver a dar sentido a la tarea del arte que consiste en «hacer siempre lo mismo, pero nunca igual».

Esta antología intenta dos cosas. Primero, aprender de aquellas experiencias en que la buena construcción da consistencia a las obras; en segundo lugar, y por la vía ejemplar, mostrar que vanguardia y sentido común podrían formar parte de un mismo impulso.

Esta publicación es parte de una serie bibliográfica destinada a estudiantes de arquitectura, y presenta un extenso conjunto de textos y obras de arquitectura que enfrentan de manera crítica los asuntos de la materialidad y la construcción. Se trata de una selección del arquitecto Alejandro Aravena sobre textos de Mostafavi, Dal Co y Rice, además de los de Mori, Witte y Steinberg para Inmaterial / Ultramaterial. Estos textos, muchos de ellos traducidos por primera vez al castellano, se alternan con obras de Serra, Märkli, Lewerentz y Mayer Hermann en el escenario internacional, además de entrevistas y obras de arquitectos chilenos.

Agotado

Editor: Alejandro Aravena
Texto: castellano

Sumario
Introducción / Alejandro Aravena
Textos y traducciones

Peter Rice, Richard Serra, Mohsen Mostafavi – David Leatherbarrow, Francesco Dal Co, Inmaterial / Ultramaterial (Toshiko Mori, Marco Steinberg, Nader Tehrani, Ron Witte)

Conversaciones y duélogos

Hermano Benedictino Martín Correa, Juan Ignacio Baixas, Luis Izquierdo, Eduardo Castillo, Teodoro Fernández, Sebastián Irarrázaval, Alejandro Lüer, Alex Moreno, Fernando Pérez Oyarzun, Rodrigo Pérez de Arce

Obras

Lina Bo Bardi, Francisco Alonso, Shigeru Ban, Solano Benítez (Gabinete de Arquitectura), Marlon Blackwell, James Carpenter + Müller Reimann Architects, Rafael Iglesia, Sigurd Lewerentz, Peter Märkli, Jürgen Mayer-Hermann, MMBB Arquitectos, Moreno – Mansilla – Tuñón, Oscar Niemeyer, Jean Nouvel, Jorge Scrimaglio, Office dA

Anexos








Esta es una compilación que asocia un conjunto extenso de textos y obras, tanto chilenos como extranjeros, intentando establecer un punto de partida para enfrentar el tema del lugar desde el proyecto de arquitectura.

Un arquitecto necesita cierto temple para abordar el tema del lugar. Esta convicción explica la elección de los textos publicados, pues lo que sus autores tienen en común es que dicen las cosas de una vez por todas, alejándose por igual del romanticismo empalagoso como del nihilismo facilista.

El punto que esta antología intenta establecer está al límite de la obviedad, y es que cuando se hable de lugar en arquitectura se piense al menos en dos cosas: una obra está siempre en un lugar, y por tanto entra en relación con él. y que una obra de arquitectura crea un lugar a partir de su aparición.

Este cuarto volumen de la serie de Ediciones ARQ para bibliografía de estudiantes de arquitectura propone una revisión crítica guiada por autores como Perec, Pessoa, Loos, Corrada y Evans, con obras del argentino Iglesia, el chileno Radic, los portugueses Aires Mateus o la brasileña Lina Bo Bardi. El contenido, agrupado en tres capítulos, propone diferentes relaciones entre la disciplina y el lugar: la arquitectura entendida como el ámbito construido que nos rodea, como objeto de contemplación y como destino de un viaje.

Agotado

Editor: Alejandro Aravena
Texto: castellano

Sumario
Introducción
I. Derredor: el lugar como manto

Textos: Georges Perec, Robin Evans, Álvaro Siza, Fernando Pérez Oyarzún, Kasuo Shinohara

Obras: Aires Mateus y Asociados, Ábalos y Herreros, Oswald Mathias Ungers

II. Don de dónde estar: el lugar como espejo

Textos: Ezequiel Martínez Estrada, Hans van der Laan, Adolf Loos, Álvaro Siza, Smiljan Radic, Junichiro Tanizaki, Manuel Corrada

Obras: Rafael Iglesia, José Manuel Santos, Álvaro Siza, Smiljan Radic, Peter Zumthor

III. Viajar: el lugar como destino

Textos: Manfredo Tafuri, Enrique Lihn, Beltrán Mena, Álvaro Siza, Le Corbusier, Rodrigo Pérez de Arce

Obras y lugares: Caleta Tortel (Chile), Alex Moreno, Lina Bo Bardi, Rodrigo Pérez de Arce, Santiago Cirujeda

Anexos








No fue fácil encontrar un título que explicara, sin malinterpretaciones, lo que queríamos decir, con el título del presente número. Por ejemplo probamos con «arquitectura sin atributos» una versión libre del título de la novela de Musil o «arquitectura cotidiana» y otros.

¿Por qué es tan díficil hablar de la «arquitectura, simplemente» como al final se le llamó, sin pensar que pudiéramos estar hiriendo a los autores de las obras presentadas, o equivocando la idea que se pudiera hacer el lector?

Creo que tropezamos ahí con lo que ya empieza a fatigar: el protagonismo excesivo, la caída del nivel de calidad en los superstars al tratar de mejorar su última marca, la arquitectura de firma, como las poleras Lacoste, reconocibles.

Lo que se propone, por ejemplo, el portugués Souto de Moura, «lograr una arquitectura anónima» es por supuesto ya una reacción a esta escalada fatigosa. Y también, aunque marcado por un cierto snobismo, el interés en el hemisferio norte (Harvard, Tokio) por nuestras modestas arquitecturas y urbanismos de las tomas (siempre el mito del buen salvaje), los vaivenes de la moda, y algo de la década del ’70 que vuelve. Se fijan en nosotros, bienvenidos, no hay problema.

Y quizás en ese interés se encuentre aquello por lo que se preguntaba Godofredo Iommi, que nosotros quizás no vemos y que puede ser nuestro valor: «¿Estamos en una tierra en que el obrar es leve?»

La arquitectura, simplemente, va desde la elegante y espaciosa casa en Pirque hasta una «casa de basura», un proyecto de taller de Escuela; reconstrucciones de la Catedral de Curicó –que es una sorprendente y medida intervención- hasta los edificios de Peñafiel, Fernández Larrañaga y Fernández Eyzaguirre con su finura y discreción que tanto se agradece en el día a día cuando la arquitectura, más que ser observada y fotografiada, se habita.

Como dice Baros en su artículo: «Esta transitoriedad de los espacios cotidianos obliga a una cierta levedad espacial (…) Levedad entendida como un velo, como una espacialidad fina que se teje sobre una realidad física». Estas obras que se presentan acogen en su realidad física estas historias personales, en ellas se puede inscribir esa «espacialidad fina», cotidiana de cada cual.

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No disponible
Sumario

Editorial / Montserrat Palmer Trias

Lo cotidiano de la arquitectura

Prólogo: Arquitectura simplemente / José Domingo Peñafiel

Reflexiones sobre la Cotidianeidad y la Ciudad / Ana Rosenblüth

Posturas comunes / Manuel Corrada

Arquitectura Cotidiana / Albert Tidy

La seducción de lo cotidiano / Mauricio Baros

Obras y proyectos

Oficinas en Santa María / Cristián Fernández E.

Edificio en Ricardo Lyon / Teodoro Fernández L.

Una casa de basura / Max Núñez B.

Casa en Pirque / Raúl Hernández V., Sebastián Hernández S.

Casa Kerestegian / Neil Kerestegian

Reconstrucción Iglesia Matriz de Curicó / Jorge Squella A., Jorge Squella C.,
Sebastián Squella C., Germán Squella C.

4 Intervenciones. Colegio Parroquial Santa Rosa de Lo Barnechea / Cruz & Browne Arquitectos

Ensayos y Documentos

Talleres de Arquitectos… o donde se hace la arquitectura

Postdamer y Tapiola. Edificio uso múltiple en Postdamer Platz, Berlín. Centro cultural de Tapiola / Javier del Río Ojeda

Adolf Loos: contra el proyecto / Alejandro Crispiani Enríquez

Patrimonio Moderno en Chile 1925/1975 / Aula de Titulación, Escuela de Arquitectura 2000-2001 / Manuel Moreno Guerrero, Carolina del Campo Ruiz-Clavijo

Espacios anónimos en la ciudad. Interiores de manzana en el Centro de Santiago / Sebastián Bianchi Gajardo

Intervenciones sobre un río urbano. El Ljubljanica de Plecnik / Romy Hecht Marchant

Mausoleos exóticos. Eclecticismo y reinvención estilística de Tebaldo Brugnoli / Tomás Domínguez Balmaceda

Arquitectura reciente en Chile

Bodega para la Arquitectura / Jorge Hasbún

Bar Restaurant Barlovento / Andrés Garcés

Casa Montaner, Zapallar / Sebastián Gray Avins

Telepuerto IMPSAT / Infante, Vial, Ihnem Arqtos. Asoc

Colegio Huelquén Montessori / Alejandro Aravena, Claudio Blanco

Fábrica de Tractoniveladoras / Philippe Blanc Cavieres

Nuevo edificio para el Ministerio de Relaciones Exteriores / Teodoro Fernández, Sebástian Hernández, Danilo Martic, Martín Labbé, Patricio Poblete

La casa final, 2º premio / Pablo Allard Serrano

Anexos

Reseña de libros ARQ

Libros y revistas recibidos

Noticias / cartas / emails

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Sumario

Editorial / Montserrat Palmer Trias

La ingeniería, el ingenio y el saber originario / Joaquín Barceló

Santiago Arias, Sergio Rojo y Cristián Valdés entrevistados por Cecilia Puga

Modelar la nada / Gonzalo Puga

Obras y proyectos

Edificio de oficinas en Isidora Goyenechea, Santiago / Luis Izquierdo, Antonia Lehmann, Raimundo Lira, José Domingo Peñafiel

Restaurante sobre la Autopista del Sol / Juan Sabbagh, Mariana Sabbagh, Julio Aguirre

Los múltiples relieves de una silla / Miguel Eyquem

La rueda hélice: ingenuidades para un ingeniero / Manuel Casanueva

Viña del nuevo mundo, Santa Cruz, Chile / Mathias Klotz

Colegio Altamira, Peñalolén, Chile / Mathias Klotz

Crítica, obras experimentales, docencia

Viviendas superpuestas en el siglo XX. Búsqueda bibliográfica de un aula temática / Max Núñez

La Plaza de Armas y el cómo armas la plaza / Cristián Undurraga

La Plaza de Armas. Enero del 2000 / Fotos de Juan Purcell

La ciudad que se nos va: ¿Carén, zona de conflicto? / Cristina Felsenhardt

El taller del cobre, propuestas para un módulo de infraestructura sanitaria / Rodrigo Pérez de Arce

Colores cotidianos / Ximena Izquierdo

Estación Polar teniente Arturo Parodi / Pol Taylor

Ensayos y documentos

Redes Digitales y Poder / Saskia Sassen

Dos títulos sobre el dominio de la construcción / Juan Ignacio Baixas

La arquitectura de la investigación / Eugenio Garcés

Libros y revistas recibidos
Reseña de libros

Los Hechos de la arquitectura (Fernando Pérez, Alejandro Aravena, José Quintanilla)

Sumario

Editorial / Montserrat Palmer Trias

Muchos quieren, pocos pueden / Manuel Corrada

Desde la arquitectura al cine / Tomás Browne

Espacios del alma, diseño escenográfico y arquitectura / Dietrich Neumann

Uno solo en dos acciones / Rodrigo Tisi

Arquitectura y fotografía. Panoramas en la ciudad opaca y transparente / José Luis Fuentes

Obras

Trazados, institución de un lenguaje común / Alejandro Aravena

Reflexiones sobre arquitectura, cine y teatro / Mathias Klotz

Nómadas del mar, fotografías de Paz Errázuriz / Alex Moreno

El espacio operático de Jorge Jara, arquitecto chileno en Europa / Bruno Barla

La imaginación escenográfica / Ramón López

Blowup. Museum of Modern Art, NY, 1993 / Alfredo Jaar

Obras y proyectos

Jardín informático: habilitación plataforma pública telefónica CTC / Sebastián Irarrázaval, Guillermo Acuña, Niccolo Martelli, Rodrigo Ampuero

Vitral en Iglesia del campus San Joaquín / Eduardo Vilches, Teodoro Fernández, Cecilia Martner

Coloso. Instalación de un carro para la venta de rosas en la carretera / Patricio Browne, Antonio Lipthay, Felipe Errázuriz

Montaje proyecto de título / Patricio Browne, Antonio Lipthay, Felipe Errázuriz

Ejercicio acerca de las series / Danilo Lagos

Artículos

Territorios imposibles. Acerca del inicio de obras del Parque Científico Tecnológico U. de Chile / Luis Eduardo Bresciani

10 puntos para una metodología urbana / Oriol Bohigas

Libros y revistas recibidos
Reseña de libros

Juan Grimm, jardines 1984-1999

24 casas. Obra de arquitectos chilenos contemporáneos

Sumario

Editorial / Montserrat Palmer Trias

Arquitectura y Naturaleza

Arquitectura y Naturaleza: una relación poco natural / Teodoro Fernández

La intervención del paisaje natural / Mario Irarrázaval

El poblamiento territorial del nuevo mundo. Consideraciones geográficas y culturales / Ricardo Riesco

Pequeña naturaleza / Alberto Sato

Van der Laan en Tierra del Fuego / Alejandro Aravena

Obras y crítica

Casa bioclimática en Tenerife / Ann Pendleton-Jullian

Hotel en el Amazonas / Mauricio Baros

La Casa Peña en Colina / Miguel Eyquem

Un hotel en un Ayllú / Glenda Kapstein

48 Horas en el Explora / Alan Morris

San Pedro de Atacama / Montserrat Palmer

Hotel Explora en San Pedro de Atacama / Germán del Sol

Obras en Campus Universitarios

Escuela de Diseño de la Universidad de Chile / Juan Sabbagh, Mariana Sabbagh, Martín Schmidt

Iglesia Campus San Joaquín / Teodoro Fernández, Sebastián Hernández

Arquitectura y lugar

Homenaje a Lucio Costa

El paisaje pampeano, habitar lo inmenso / Jorge Ramos

Observaciones sobre el río Mapocho y la Costanera Norte / Ricardo Astaburuaga

Jamboree Scout Mundial en Picarquín / Fernando Castillo, Humberto Eliash, Alan Champion

Observaciones en torno al emplazamiento. El museo Guggenheim de Bilbao / Montserrat Palmer

Artículos

Libro y arquitectura, ciudad y patrimonio / Eugenio Garcés Feliú

La fotografía y la arquitectura / Montserrat Palmer Trias

Dossier Seminario: Transparencia, igualdad, tradición

Premio Mies Van Der Rohe a la arquitectura latinoamericana / Manuel Moreno

Reseña de libros

Industrias. Obra de arquitectos chilenos contemporáneos / Francisco Liernur

Libros y revistas recibidos