Fig. 1. Lanzamiento ARQ Docs Jorge Francisco Liernur. Jueves 16 de Julio. Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Chile.

Texto leído por la autora durante la presentación del libro en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Chile, el día 16 de Junio de 2016.

Esta publicación reúne dos ensayos, “La ‘otredad’ en De Re Edificatoria” y “Es el punto de vista, estúpido”. Ambos están vinculados por una misma pregunta historiográfica sobre los mecanismos de construcción de los cánones arquitectónicos, el primero abordando el canon clásico, el segundo el canon modernista. En el primer texto, Jorge Francisco Liernur analiza en detalle el tratado “De Re Edificatoria” de León Battista Alberti, publicado en 1485. El autor se enfoca particularmente en el discernimiento de las estrategias retóricas que Alberti dispone para establecer el modelo de cultura arquitectónica que estará a la base de la tradición clásica. La principal operación, identifica Liernur, es la reflexión crítica de diversos “otros” para, a través del descarte y el distanciamiento, identificar un sistema estético y técnico propio y correcto para la arquitectura. En primer lugar, Alberti establece una separación de “otros” climáticos, geográficos y culturales tanto antiguos como contemporáneos, como las tradiciones egipcia, asiática y árabe. En segundo lugar, se posiciona con respecto a “otros” temporales, posicionamiento que se puede distinguir en la operación crítica que el arquitecto italiano realiza del tratado fundamental de Vitruvio y de sus interpretaciones medievales. A partir de este distanciamiento, el tratado de Alberti adquiere su condición humanista al asumir el pasado como un repertorio susceptible no solamente de ser patrimonializado, si no también de ser reinterpretado y modernizado. Esta polarización entre un aquí y un allá, entre un ahora y un ayer, propone Liernur, es un aspecto principal del canon clásico albertiano.

El segundo texto, titulado “Es el punto de vista, estúpido”, examina por su parte el relato arquetípico del modernismo en la arquitectura, un relato que no solamente ha estado centrado en las gestas “originarias” europeas y norteamericanas que luego se difunden a espacios periféricos y que generan modernismos sui generis y residuales, sino que se trata también de un relato histórico orquestado desde ese mismo centro europeo y estadounidense, desatendiendo narrativas que nacen desde los espacios relegados a un “afuera”. Así, este segundo texto aborda críticamente la historiografía que ha establecido un canon homogeneizante y discriminatorio, donde Francia, Alemania, Holanda y Estados Unidos se yerguen como un bloque geográfico unitario y parejo, fuente de vanguardias más tarde asimiladas o reinterpretadas desde espacios periféricos como Brasil o India.

A través de estos dos ensayos, Jorge Francisco Liernur ofrece una invitación a los historiadores de la arquitectura, una invitación a atender la construcción de los cánones de la arquitectura, pero más particularmente, a considerar la determinación geográfica de estos cánones. Sin embargo, lo que aparece como central de estos textos no es subrayar la vinculación que la producción teórica y material de la arquitectura tiene con su entorno físico y cultural, sino que es señalar cómo las estrategias historiográficas de interpretación de esta suerte de “determinismo geográfico” han fallado en superar el modelo centro-periferia, un modelo que ha situado a Europa occidental y a Estados Unidos como los focos de gestación de la cultura arquitectónica conocida como universal.

En “Es el punto de vista, estúpido!”, el autor analiza la condición paradójica de un modernismo que se sustenta en el fenómeno de la globalización, un movimiento que pudo apostar a, e incluso denominar, un estilo internacional. Pero al mismo tiempo, como señala Liernur, es un fenómeno cultural que, observado localmente, se distingue más por las diferencias y las variaciones que por la imposición de una forma de hacer y de ver global. Y lo notable es que esas variaciones no brotan de vínculos inalienables de un arquitecto o de una escuela con el lugar geográfico y cultural en que se desarrolla, sino que nacen justamente de la condición global de la modernidad, de la posibilidad de recurrir a, citando a Liernur, “un repertorio vastísimo de sugerencias, conocimientos, imágenes y experiencias”. Y son los arquitectos canónicos del modernismo, de aquí o de allá, los que supieron justamente articular estos estímulos provenientes de todo el globo. Este diálogo tenso entre lo global y lo local es el que ha sido desatendido, denuncia el texto, por los principales relatos históricos sobre el modernismo.

La pregunta sobre el origen global o local del canon, paradójicamente, no puede, como expone el autor, hacerse desde una mirada exclusivamente regionalista, ni desde un enfoque que atiende a las condiciones de opresión de la periferia no occidental (es decir Asia, Latinoamérica, Europa oriental o África). Tampoco se resuelve observando la relación de las distintas culturas arquitectónicas con las tradiciones locales y las condiciones físicas regionales. Estos modelos historiográficos poscoloniales conciben la periferia, precisa Jorge Francisco Liernur, desde las nociones de diferencia e imperialismo, enfatizando, y no temperando, el problemático modelo centro-periferia.

Este modelo centro-periferia fue aplicado a la arqueología desde fines del siglo XIX y a la historia del arte desde los años ’40 del siglo XX. Ha sido, desde entonces, examinado críticamente, sin duda en razón de su susceptibilidad a ser interpretado como etnocéntrico. Sin embargo, existe actualmente un interés renovado en el arte y en la historia del arte proveniente de las periferias, y la aplicación de este modelo binomial ha despertado una atención especial. En los últimos años, la organización de varias exposiciones y colecciones de “arte global” en lugares canónicos como el centro Pompidou o el Guggenheim¹, la constitución de grupos de estudio o de revistas académicas sobre el tema, o la publicación de libros que abordan los desplazamientos geográficos de estilos y técnicas, son síntoma de que el modelo centro-periferia sigue siendo un modelo útil para diagnosticar traspasos y dinámicas inter-culturales, a pesar del peligro que impone de portar implícitamente una jerarquía cultural. Citando al historiador Thomas DaCosta Kaufmann, a falta de una alternativa convincente, y quitándole todo carácter peyorativo, deberemos seguir apelando a este modelo, pues sus implicancias ideológicas no han podido ser hasta ahora resueltas².

Si el modelo no ha sido resuelto, Liernur plantea una solución, o al menos una oportunidad de discusión certerísima, en “La otredad en De Re Aedificatoria”. Ahí, como hemos mencionado, el autor propone distinguir los “regímenes de otredad” que se dan dentro de las estructuras canónicas, permitiendo una deconstrucción de la mismísima condición “central” y por tanto “arquetípica” de la historia de la arquitectura que hemos llamado occidental. Identificando el proceso de conformación de un ideal a través de su posicionamiento diferencial con respecto a tradiciones provenientes de otros lugares geográficos y temporales, la búsqueda de sistemas de alteridad permite dar cuenta de la raigambre local y contingente de las doctrinas artísticas. La Roma de Alberti, bajo este prisma, no es la misma Roma que la de Vitruvio; por otra parte, la naciente noción de “Europa” como un espacio unificado no impide que Alberti excluya las tradiciones arquitectónicas germánicas, galas, o incluso florentinas de lo que él entiende por cultura europea. Definir una tradición por lo que no es, por lo que aquella descarta y rechaza, permite así deconstruir nociones estáticas de grandes comunidades o bloques geográficos tales como “Europa” u “Occidente”, o incluso bloques tipológicos como aquel del “Clasicismo”, dando lugar al reconocimiento de especificidades y diferencias, y al mismo tiempo de la comparecencia de mixturas culturales.

Esta publicación doble se suma así a los esfuerzos de varios historiadores del arte que en las últimas décadas han abordado el estudio de la “difusión de las innovaciones”, sean éstas técnicas o artísticas (o ambas), y que intentan superar la perspectiva poscolonial o la regionalista en la valoración de identidades locales. Desde el campo de la Historia Atlántica³ al análisis de las culturas híbridas a partir de las propuestas de Néstor García Canclini⁴, desde el modelo analítico de la Geografía del arte liderada actualmente por Thomas DaCosta Kaufmann⁵, al diagnóstico de Jim Elkins sobre la tendencia actual a conformar una disciplina de historia del arte global⁶, el campo de la historia del arte, comprendida la de la arquitectura, se ha servido de la estructura binomial centro y periferia para renovar sus lecturas culturales. La revisión de un concepto que hace pocos años era considerado colonialista y obsoleto, constituye hoy una posibilidad de amplificación y de renovación de la historia canónica del arte. La estructura, así, ha sido desmontada y puesta en duda, pero también rescatada como posible modelo de análisis en una cartografía de influencias donde el centro y la periferia, o la metrópolis y la provincia, ya no son únicas, sino que, tal como subraya Liernur, son múltiples, móviles en el tiempo, tienen distintas escalas y poseen límites difusos. En este contexto, las culturas aparecen, de manera inherente, híbridas, colectivas, interactivas y heterogéneas (en razón de los viajes, el comercio, las conquistas, las comunicaciones y la globalización), la mezcla presentándose más como la regla que como la excepción. Esto empuja así a estudiar los mecanismos de constitución y desarrollo de una cultura en el contexto de su interacción con otras culturas, negando la posibilidad de la autonomía y de purismo regional.

Un punto relevante subrayado por el autor en este contexto es que una renovación del modelo centro-periferia no puede conformarse sólo con hacer la historia de los lugares de producción teórica y material, sino también, recurriendo a un pasaje de “Es el punto de vista, estúpido!”, debe hacerse cargo de “descentralizar los procesos de elaboración y construcción de la crítica y de la historia”.
Esta operación de desarticulación de la condición de canon y de centro es a mi entender uno de los aportes principales, aunque sin duda no el único, de esta publicación. Se trata de una operación que permite concebir un espacio global no polarizado, un espacio global asimilado a una red de influencias, sugerencias y conocimientos. La publicación se presenta entonces como un desafío al trabajo de los historiadores de la arquitectura, una invitación a construir entre todos esta “nueva historia coral sin centro”, una historia descentralizada y a la vez singular y localista, o una historia “sin pretensiones de unicidad”. Me parece que esta publicación aborda así uno de los problemas historiográficos actuales más medulares en la historia de la arquitectura: cómo hacer una historia que en vez de concentrarse en la noción de espacio, se desplace a un enfoque sobre la idea de lugar. Es así en el “lugar” donde podemos no sólo identificar interpretaciones singulares de la arquitectura en el contexto de un tejido global, si no también identificar nuestra propia posición y punto de vista como arquitectos, como historiadores, o como productores de cultura.

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Autora reseña

Amarí Peliowski . Doctora en Historia y Teoría del Arte EHESS Paris. Investigadora postdoctoral FAU, Universidad de Chile.

Ficha bibliográfica

Autor: Jorge Francisco Liernur.
Editorial ARQ.
163 páginas, 12 x 17 cm, imágenes a duotono, texto en castellano e inglés.
2016.

Más info.

Notas

1 Un análisis del estado actual del uso del concepto “periferia” en el arte aparece en Joyeux-Prunel, Béatrice. “The Uses and Abuses of Peripheries in Art History”, Artl@s Bulletin, v. 3, n. 1, p. 4-7.
2 DaCosta Kaufmann, Thomas. Toward a geography of art. Chicago: The University of Chicago Press, 2004, p. 237.
3 Bailyn, Bernard. Atlantic History: concept and contours. Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 2005; Greene, Jack y Philip Morgan (eds.). Atlantic History: a critical appraisal. Oxford; New York: Oxford University Press, 2009.
4 García Canclini, Néstor. Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. México: Grijalbo, 1989. Una interesante revisión del concepto de hibridismo como una noción portadora de un sesgo cultural, es presentado por Carolyn Dean y Dana Leibsihn en el artículo “Hybridity and Its Discontents: Considering Visual Culture in Colonial Spanish America” (Colonial Latin American Review, v. 12, n. 1, 2003, p. 5-35).
5 DaCosta Kaufmann, Toward a geography of art, op. cit.
6 Elkins, James (ed.). Is Art History global? New York: Routledge, 2007.