El vasto territorio de América Latina reúne geografías y climas tan variados como los paisajes culturales y sociales que los conforman. Sin embargo, incluso dentro de la heterogeneidad de ese mosaico es posible trazar líneas de convergencia, algunas que remiten a aquello que tienen en común sus historias, y otras que refieren al modo en que asumieron sus procesos de modernización.

Con tiempos diferenciados y singularidades distintivas, podríamos asumir que en el tercio medio del siglo XX se produjeron algunos procesos concurrentes en los que una gran proporción de los gobiernos de este impreciso contexto latinoamericano enfrentaron transformaciones similares, caracterizadas por una incipiente pero progresivamente acelerada concentración urbana y el expansivo crecimiento de la población. Las respuestas ensayadas se orientan a consolidar la estructuración interior del territorio, apoyándose fuertemente en obras de infraestructura, y a promover la burocratización técnico-administrativa del Estado, con un manifiesto interés por modernizar su imaginario de representaciones, aspecto en el que la arquitectura ocuparía un lugar central.

Así como en otros países de la región, a partir de la década de 1930 el Estado argentino había operado con gran protagonismo en el impulso de la arquitectura moderna, como representación de un progreso asociado a la modernización técnica y la eficiencia administrativa, aunque sin resolver una reforma estructural de las condiciones políticas, económicas y sociales. Se promovieron obras que, mayormente, obedecieron a la voluntad de sortear la gran crisis provocada por el crack financiero –que afectó a gran parte de las economías regionales– proyectándose edificios que tanto el Estado nacional como los gobiernos provinciales adoptaron como rasgo de modernización, con independencia de filiaciones políticas.

Mientras ciudades como Buenos Aires, Rosario y Córdoba redefinían su rol metropolitano, las obras de infraestructura, en especial la fuerte expansión de la red de carreteras, provocaron la reorganización del territorio y una nueva estructuración, posibilitando que desde la capital se tomara una nueva conciencia del mapa geográfico y cultural de la Nación. A través de una importante red de servicios asociada a la nueva vialidad y como consecuencia del explosivo incremento del uso del automóvil, se fomentó el turismo hacia el interior del país, multiplicando la incorporación de paisajes y realidades sociales al imaginario colectivo, tensando las representaciones entre las imágenes de un “país urbano” y un “país rural”.¹

Finalizando la década del treinta, las primeras experiencias de la arquitectura moderna habían sido asimiladas y una nueva generación de arquitectos emergía con una voluntad renovadora, que empezaría a manifestarse en la década siguiente, período que a su vez presenta un punto de inflexión de fuertes implicancias históricas. Por entonces, la arquitectura manifestaba las tensiones propias de las condiciones emergentes de la Segunda Guerra Mundial y las consecuencias de la posguerra en el reacomodamiento de las fuerzas internas en lo político, en lo social y en el campo cultural.

Si en la etapa anterior las relaciones entre Estado, arquitectura y procesos de modernización permiten establecer comparaciones y hasta algunas semejanzas entre lo ocurrido en Argentina y en otros países de América Latina, el arribo de Juan Domingo Perón al poder definirá un escenario singular que se recorta con características propias y diferenciadas, cambiando desde ese punto en adelante la escena política argentina.

El coronel Perón, quien formaba parte de las fuerzas que en 1943 destituyeron al presidente Castillo mediante un golpe militar, comenzó a ganarvisibilidad y predicamento como Secretario de Trabajo del nuevo gobierno. Dotado de una gran habilidad para leer la coyuntura, creció como figura pública ganando adhesión popular a tal punto que, una vez levantado el estado de sitio y convocadas elecciones, ganó la presidencia en febrero de 1946 y fue reelecto en 1951 para el siguiente período de 1952-1958, aunque fue derrocado por un nuevo golpe militar en 1955.

EECE-01Fig. 1 Perspectiva de los proyectos de Amancio Williams para los hospitales en Corrientes. © Fuente: Archivo Williams, Claudio Williams (Director)

Su gobierno, ejercido con un liderazgo carismático de corte popular, inaugura la era de la política de masas en Argentina, caracterizándose, sobre todo en el primer período, por una fuerte intervención del Estado con marcado acento en la producción de obra pública y la aplicación de políticas sociales distributivas.

En mayo de 1946 creó la Secretaría de Salud Pública, que tres años más tarde se elevaría al rango de Ministerio de Salud. Al frente de ambos organismos se designó al Dr. Ramón Carrillo, médico neurólogo quien sería el primer Secretario de Salud Pública de la Nación, y también el primero en ocupar el ministerio.

Así como en la década anterior los arquitectos habían comenzado a ser convocados para integrar planteles estables de las oficinas del Estado para realizar proyectos de arquitectura estatales, con la creación de la Secretaría de Salud Pública y la designación de Carrillo al frente de la misma, se avanzó hacia la consideración de los médicos como profesionales preparados para la planificación y gestión de la salud pública, consolidando la tendencia hacia la definición de unos “saberes de Estado”, depositados en sus planteles técnicos como garantía de eficiencia y racionalidad administrativa.

El flamante ministro, que en los primeros años contó con un fuerte respaldo de Perón, realizó un estudio de las condiciones sanitarias del país y presentó un programa de trabajo, el “Plan Carrillo”, con el objetivo de estructurar un ordenamiento integrado del sistema asistencial con expansión a todo el país, orientado fundamentalmente hacia la medicina preventiva.

Se realizaron estudios epidemiológicos, investigaciones relativas a enfermedades endémicas, extensas campañas de vacunación con consecuencias positivas en el descenso de la mortalidad infantil y un ambicioso plan de construcción de hospitales y centros sanitarios. El programa se inició en 1948. En cinco años fueron inaugurados 21 centros de salud distribuidos en el territorio nacional, llegándose a duplicar el número de camas de hospital disponibles.

EECE-02Fig. 2 Proyectos de Amancio Williams para un edificio de oficinas, 1946. Estructura principal de hormigón armado y oficinas suspendidas mediante tensores. © Fuente: Archivo Williams, Claudio Williams (Director)

En este contexto tendría lugar la participación de reconocidos arquitectos para proyectar instalaciones hospitalarias tales como los centros sanitarios de Catamarca, Jujuy y Corrientes (por Mario Roberto Álvarez), el Hospital Antiluético –hoy Hospital de Niños– en Tucumán (por Eduardo Sacriste) y la más ambiciosa empresa, que no llegó a materializarse integralmente sino apenas en algunos sectores y estructuras inconclusas: la construcción de la Ciudad Hospital de Horco Molle en el marco de la Ciudad Universitaria de Tucumán, en la que participó un equipo dirigido por Eithel Traine.

Para la Provincia de Corrientes, que fue la única en la que Perón no ganó las elecciones –y que luego sería intervenida–, además del centro sanitario y la maternidad previstos para la capital provincial, se proyectaron tres hospitales en el interior del territorio, situados en las localidades de Curuzú Cuatiá, Mburucuyá y Esquina. Con el propósito de desarrollar estos proyectos fue convocado el arquitecto Amancio Williams, quien en 1947 había tomado contacto con el organismo dirigido por Carrillo, ocupando por breve tiempo un puesto de asesor para organizar una “Asesoría de Arquitectura y Urbanismo”.²

Arquitecto y proyecto.

Para el momento en que Williams (1913-1989) se hizo cargo del proyecto de los hospitales, ya había ganado un sólido prestigio. Con una posición decididamente comprometida con la arquitectura moderna, se había recibido de arquitecto en la Universidad de Buenos Aires en 1941. Con anterioridad, había realizado tres años de estudios de ingeniería y dedicado un período a la aviación, empleándose como piloto de la compañía aeropostal con el fin de desplegar su afición por volar, actividades ambas que indican su predisposición e interés hacia la dimensión técnica y sus manifestaciones.

Los primeros trabajos surgidos de su tablero habían sido ampliamente difundidos y publicados: “Viviendas en el espacio” y la “Casa sobre el arroyo”, ambos de 1942. El primero, un ensayo sobre la vivienda seriada, en el que la disposición lineal y escalonada proporciona un ingenioso sistema de acoples a media altura dando la posibilidad de jardines aterrazados a cada unidad; el segundo, una obra que pondría a la figura de Williams en la consideración internacional, por la calidad del proyecto y su materialización, realizada con perfección y refinamiento.

Desde un principio se hicieron notar las características de un modo de proyectar guiado por el interés exploratorio, buscando los límites y tratando de atravesarlos, con una indeclinable adhesión a las expresiones de la modernidad y una voluntad de perfeccionamiento formal, organizativo y técnico. Tales aspectos se hicieron visibles en sucesivas propuestas tales como la “Sala para el espectáculo y el sonido en el espacio” de 1943, un ámbito diseñado según regulaciones acústicas y visuales para obtener un resultado equilibrado en 360 grados; el Aeropuerto para la ciudad de Buenos Aires, de 1945, en el que se propone una ubicación externa al territorio mediante una estructura planteada directamente sobre el Río de la Plata; o, del año siguiente, el “Edificio suspendido de oficinas”, un desafío estructural en el que un gran pórtico de hormigón armado sostiene los bloques de oficina colgados, liberando las plantas y fachadas de todo compromiso estructural para favorecer un uso despejado.

EECE-03Fig. 3 Casa para Alberto Williams en Mar del Plata, conocida como “Casa sobre el arroyo”, 1943–1945. © Fuente: Archivo Williams, Claudio Williams (Director)

En 1946 Williams escribió una carta y envió muestras de sus trabajos a Le Corbusier y en 1947 viajó a París para visitarlo. El encuentro dio inicio a una relación que se sostendría en el tiempo y cuyo principal resultado sería la recomendación de Le Corbusier ante el Dr. Curutchet, para que Williams se encargara del desarrollo del proyecto y dirigiera la obra de la casa que le estaba proyectando para construir en la ciudad de La Plata, tarea que el arquitecto argentino llevó adelante entre 1949 y 1951, al mismo tiempo en que trabajaba en el proyecto para los hospitales de Corrientes.

Seguramente esta relación facilitó que entre 1947 y 1951 Amancio Williams fuera delegado por Argentina en los CIAM, lo que permitió la expansión de su circuito de relaciones y llegara a organizar en Buenos Aires, en 1949, la exposición “Arquitectura y urbanismo de nuestro tiempo”, para la que contó con el aporte de trabajos de Eugène Beaudouin, Marcel Lods, Belgioioso – Peresutti – Rogers, Clive Entwistle, Le Corbusier, Pierre Jeanneret, Paul Nelson y un catálogo diseñado por Tomás Maldonado.

Es evidente que el encargo de los hospitales coincide con un período de intensa actividad para Williams, tanto en lo profesional como en el ejercicio de un rol que ocupó decidida y sostenidamente: el de promotor de una cultura arquitectónica moderna.

EECE-04Fig. 4 Poblado de Mburucuyá, Amancio Williams, julio de 1948. © Fuente: Archivo Williams, Claudio Williams (Director)

Las condiciones en las que debían realizarse esos hospitales implicaban un tour de force en varios sentidos. Entre otros aspectos, las disposiciones implementadas por Carrillo exigían que la organización funcional fuera distribuida mayoritariamente en planta baja –elección que contrariaba la corriente de influencia norteamericana en vigencia que imponía el tipo de “hospital vertical”, pero que resultaba sensata dada la localización prácticamente rural de estos proyectos–, solicitaba la adopción de cubiertas de tejas coloniales para favorecer una imagen próxima a las arquitecturas tradicionales, aún presentes en la mayoría de las regiones del interior del país que recibirían estas nuevas infraestructuras –lo cual implicaba un abierto desafío al proyecto moderno– y obligaba al arquitecto proyectista a participar en la selección de los terrenos a intervenir.

Williams, consciente del compromiso, realizó un viaje a la Provincia de Corrientes en julio de 1948. Ubicada en la Mesopotamia argentina al noreste de la república, está flanqueada al este por el río Uruguay –que la separa de Brasil y Uruguay– y al oeste y al norte por el Paraná –que la separa del Paraguay y las provincias argentinas de Chaco y Santa Fe–, situación que históricamente le produjo un significativo estado de aislamiento. Su territorio es mayormente llano con presencia de grandes espejos de agua en el interior –esteros, arroyos, lagunas–; el clima es subtropical, muy caluroso y húmedo, con fuerte incidencia del sol e intensas lluvias.

Para entonces, en parte motivado por el mencionado aislamiento y otro tanto por condiciones históricas y productivas, esta región presentaba un considerable atraso en materia económica y social. La población, sobre todo en el medio rural, conservaba modos tradicionales de habitar y una fuerte identidad, reforzada por la vigencia, en el habla popular, de la lengua de los habitantes originarios: el idioma guaraní.

En su viaje a esas tierras, el arquitecto visitó Corrientes, la ciudad capital, y en un territorio de dificultosa conectividad y una todavía deficiente red vial, las poblaciones en las que debían localizarse los hospitales: Esquina, Curuzú Cuatiá y Mburucuyá, ubicadas entre los 28º y 30º de latitud sur.

EECE-05Fig. 5 Una calle de Mburucuyá tomada desde una galería, mostrando un doble contraste: sol y sombra – tradición y modernidad. Amancio Williams, julio de 1948. © Fuente: Archivo Williams, Claudio Williams (Director)

EECE-06Fig. 6 Perspectiva de los proyectos de Amancio Williams para los hospitales en Corrientes. © Fuente: Archivo Williams, Claudio Williams (Director)

Con una mirada atenta y su cámara fotográfica Rolleiflex 6×6, registró el paisaje de horizontes extensos, amplios cielos y parajes desolados. En las poblaciones se enfocó en las calles polvorientas y el contraste entre los escasos automóviles frente al predominio de hombres de a caballo y carretones tirados por bueyes. Pero si un motivo resulta dominante en esa selección de escenas, es el de las viejas construcciones con sus galerías, elementos que tradicionalmente han sido utilizados en la región para controlar el impacto del sol, tanto en los patios interiores como hacia el espacio público, cubriendo las veredas y, en sucesivos empalmes, permitir la circulación a cubierto a lo largo de la manzana al modo de una logia continua.

Numerosas fotografías hacen notar el fuerte contraste entre la luz de la calle expuesta al sol y la sombra arrojada sobre las aceras y fachadas, permitiendo inferir el cambio de temperatura generado por el sencillo y eficaz dispositivo de control climático.

La mirada del arquitecto, interesada y disciplinada, tomó nota de estas constantes particularidades de las construcciones populares y seguramente, comenzó a imaginar la necesidad de reinventarlas, de traducirlas a un lenguaje moderno sin resignar su esencia.

De regreso en Buenos Aires, la etapa del anteproyecto convocó en su estudio a un equipo de trabajo en el que se encontraba Antonio Bonet, quien colaboró únicamente en las instancias preliminares– y un grupo de jóvenes arquitectos. Si bien Williams nunca ejerció formalmente la docencia, de algún modo lo hizo con estudiantes avanzados y arquitectos recientemente graduados, que tomaban el paso por su estudio como una asignatura obligada luego de la facultad, para compenetrarse con la arquitectura moderna tras la enseñanza académica. Los trabajos y exploraciones proyectuales en los que se involucraban eran acompañados por conversaciones, lecturas, clases, diálogos que se entablaban en una relación maestro-discípulo cotidianamente.

Como en todo proceso de proyecto, las aproximaciones al problema fueron dando alternativas, pero revisando la documentación de archivo, es un hecho que en una instancia se hicieron evidentes dos decisiones que se mantendrían a lo largo de todo el proceso: la idea de proteger el hospital de los rigores del clima dotándolo de un techo alto independiente, y la organización sistemática de los grupos funcionales en unidades que pudieran ser reagrupadas y combinadas en distintas configuraciones, definiciones que podían ser analizadas tanto en conjunto como independientemente.

EECE-07Fig. 1 Planta del proyecto de Amancio Williams para el hospital de Mburucuyá. © Fuente: Archivo Williams, Claudio Williams (Director)

Los techos altos serían consecuencia de un proceso que excede el marco mismo del proyecto de los hospitales; comienzan siendo una búsqueda proyectual que, con diferentes resoluciones técnicas y formales a las que finalmente se llegaría en este caso –alrededor de 1939– y, a su vez, seguirían un camino propio, siendo empleados en diversos proyectos posteriores en los que aparecerán como una marca distintiva.³

La elaboración del elemento que sería adoptado como cobertura para los hospitales tuvo un extenso y complejo proceso de refinamiento desde sus primeros esbozos hasta las versiones definitivas. Se trata de una estructura que cubre un módulo cuadrado, una superficie de doble curvatura que resuelve la transición entre la forma cuadrada del perímetro y un círculo central, coincidente con la llegada de la columna hueca de fuste circular que la sostiene y por la cual se efectúa la descarga de las aguas pluviales. Al acoplarse por los bordes, se produce una superficie continua a la que se le pueden quitar módulos o segmentos para dar luz natural donde sea requerida.

Este “cielo protector”, que sobrevuela a los hospitales como un gran tendido de sombra, otorgaría una situación de “medio clima”,⁴ necesaria para mejorar las condiciones ambientales y lograr confort tanto en el interior del edificio como en sus espacios intermedios.

El desafío de resolver técnicamente la estructura, ante la inexistencia de métodos de cálculo científico, implicó procedimientos experimentales mediante ensayos con modelos y cargas en escala, para lo que se contó con el asesoramiento del ingeniero italiano Giulio Pizzetti –por entonces radicado en Buenos Aires– y correspondencia de consulta con Pier Luigi Nervi.

La lámina de hormigón que conforma la superficie en su borde presenta un espesor de aproximadamente 5 cm, lo que en las vistas en que queda expuesta esta situación y con la ondulación continua de las formas acopladas en serie, producen un efecto de ligereza y dinamismo inusual para una estructura de tal tamaño: se estudiaron módulos de 9, 11 o 13 m de lado y la continuidad dada por los módulos adosados generaría una superficie rectangular –que en algunos casos llegaría a los 121 m en el lado mayor y 66 m en el lado menor– definiendo un perímetro que podría llegar a extenderse indefinidamente en ambos sentidos, dibujando tramas diversas y generando un paisaje propio.

EECE-08Fig. 8 Perspectiva de los proyectos de Amancio Williams para los hospitales en Corrientes. © Fuente: Archivo Williams, Claudio Williams (Director)

El producto es una de las más originales estructuras planteadas en una época en la que, en distintas partes del mundo, se estaba experimentando sobre cáscaras de hormigón armado con resistencia por forma; a su vez, es un objeto de gran belleza y elegancia, que puede ser asociado con algunas líneas estéticas promovidas por corrientes contemporáneas del diseño con las que el arquitecto argentino sintonizaba conceptualmente, como la gute form #buena forma#–, desarrollada e impulsada por Max Bill.⁵

Pero si las correspondencias formales ubican a estas estructuras entre las producciones internacionales propias de su tiempo, su razón de ser se encuentra en las tradiciones locales, en aquellas galerías y aleros que atentamente el arquitecto había observado y fotografiado en sus recorridos por los antiguos poblados, los que en sus sencillas arquitecturas acumulaban siglos de experiencia en dar respuestas a las condiciones ambientales. Williams, con el sistema de doble techo, realizó una operación de interpretación de las formas de habitar decantadas por el uso en el tiempo, para obtener una respuesta nueva, pensada desde las expresiones modernas de la arquitectura, consiguiendo de ese modo una solución trascendente, que opera armónicamente en el paisaje a la vez que lo genera. Es en este sentido entonces que la propuesta se torna radicalmente moderna, al asumir una problemática local y devolver una respuesta que puede alcanzar lo universal.

Si el “techo alto” constituye un sistema en sí mismo, reproducible, ampliable y flexible, debe convivir eficazmente con otro sistema, más riguroso y controlado, que es el del edificio hospitalario en su función más básica y específica. Williams resolvió este dilema aplicando una lógica propia para cada caso y un modo de reunirlas sin conflictos.

El programa funcional fue planteado agrupando las necesidades en unidades resueltas en sí mismas, que se interconectan con las demás según sea necesario y dejando espacios abiertos que operan como plazas o patios interiores. De este modo se establecen cuatro grandes grupos: internación – servicios internos – servicios externos y servicios generales, distribuidos en torno a un patio general (al modo de una plazoleta semicubierta) y dos patios menores, complementando el conjunto con una capilla que aparece tratada como un elemento individual.

Cada unidad establece su propio perímetro, rectangular o cuadrado, acoplándose con las demás por medio de las circulaciones. Esta estrategia permitía que las unidades pudieran utilizarse de diversos modos en distintas configuraciones, con lo que el sistema se torna flexible y adaptable.

Una adecuada coordinación entre la modulación definida por las columnas que sostienen el techo elevado –ubicadas en el centro de cada cuadrado de la trama que lo compone– y la particular organización del edificio hospitalario propiamente tal, resuelve el potencial conflicto entre ambos sistemas, que funcionan como dos capas superpuestas, independientes y a la vez vinculadas.

De esta manera los hospitales podrían tener distintas proporciones y relaciones de distribución, sin perder las referencias a un concepto general de proyecto que los incluye, es decir, identificando su pertenencia a una “familia” y a un modo de concebirla.

De hecho, dos de los proyectos pensados para la Provincia de Corrientes –Curuzú Cuatiá y Esquina– resultan idénticos, variando el modo de implantación en los respectivos terrenos y el restante, para la localidad de Mburucuyá, si bien es diferente en tamaño, proporciones y distribución, está planteado con los mismos principios que los otros, utilizando variantes de las unidades funcionales agrupadas con criterios similares. El propio arquitecto lo hace explícito cuando expresa que

[…] se propuso estudiar cada sector constitutivo del hospital como un elemento tipo que pudiera ser utilizado en los diferentes proyectos, variando solamente sus conexiones, tamaño o posición, pero sin sufrir otras modificaciones.⁶

Con ello se abre una posibilidad que, aunque no haya sido planteada abiertamente por Williams, resulta una lógica deducción: se estaba pensando en tres hospitales con destinos concretos, pero se puede inferir que también se estaba pensando en un sistema de proyectación y construcción de hospitales en abstracto, a partir de la definición de unidades funcionales modulares y sus combinatorias. De algún modo, sus propias palabras sugieren esa intención:

Este proyecto ha sido un ensayo a gran escala acerca de la manera en que puede encararse el estudio de un problema arquitectónico con la ayuda de un intenso trabajo científico funcional e integral.⁷

A partir de esa línea deductiva las posibilidades que se abren son múltiples, pero fundamentalmente permitirían suponer un paso más y, como consecuencia de la modulación establecida por el proyecto, avanzar hacia la estandarización, serialización y prefabricación de los componentes constructivos.

A mediados del siglo pasado la industria de la construcción en Argentina no estaba en condiciones de asumir tal desafío, los métodos constructivos en gran medida seguían siendo tradicionales, con mínima incorporación de algunos elementos industrializados. Por entonces, la prefabricación en arquitectura era una perspectiva lejana que comenzaba a hacerse notar en el horizonte de la posguerra, a través de las revistas norteamericanas. En este contexto, los hospitales proyectados por Williams fueron pensados desde una situación intermedia, sin alcanzar plenamente la instancia de proponer una construcción industrializada, aunque por la lógica del proyecto el siguiente paso no hubiese sido imposible.

En lo que respecta al funcionamiento como edificios hospitalarios, la complejidad del tema se resuelve adecuadamente en distintos niveles. A escala territorial, al estar integrados a una red sanitaria ampliada, debía considerarse la vinculación con una primera cabecera en la ciudad capital provincial y para casos extremos, la instancia de recurrir a la derivación hacia la Capital Federal ya que en Buenos Aires se concentraba la mayor disponibilidad de equipamiento técnico y recursos humanos especializados. La posición geográfica de Mburucuyá, Curuzú Cuatiá y Esquina, poblaciones alejadas de la capital correntina –en el mejor de los casos a 150 km y en el más distante a casi 320 km– y comunicadas por una ineficiente red de carreteras y caminos interiores que en ocasiones se volvían intransitables, hacía necesaria la adopción de medios alternativos; frente a eso Williams ideó sectores cubiertos en las plazas internas para alojar vehículos diversos, incluyendo avionetas y helicópteros y disponía la previsión de una mínima pista de aterrizaje aledaña a los hospitales.

EECE-09Fig. 9 Corte del hospital de Mburucuyá. Se puede apreciar la separación entre el sistema de “techo alto” y el edificio bajo. © Fuente: Archivo Williams, Claudio Williams (Director)

EECE-10Fig. 10 Maqueta del hospital para Mburucuyá. © Fuente: Archivo Williams, Claudio Williams (Director)

En lo que hace a las situaciones internas de funcionamiento, la práctica médica podía realizarse eficientemente debido a la claridad organizativa, las soluciones técnicas, la resolución de los aspectos específicos que hacen a cada función y la eficaz trama circulatoria. Respecto del paciente, en el caso del ambulatorio se encontraría con una fácil lectura del espacio, ubicándose rápidamente, en tanto que el internado contaría con condiciones adecuadas y confortables. Pero hay otro nivel de situación que corresponde considerar en estos casos, que es el del familiar o acompañante, un dato no menor ya que, dadas las condiciones contextuales de estos hospitales, serían utilizados también por pacientes provenientes de áreas rurales relativamente alejadas y con escasos recursos económicos, lo que implicaba el traslado de algunos familiares o acompañantes del paciente que permanecerían próximos durante su internación. Para estos casos, la generosa disponibilidad de espacios intermedios ofrecida por la plazoleta semicubierta interna, posibilitaría una espera en condiciones ambientales confortables.

El diseño del techo alto sería una gran contribución en ese sentido, dado que la proyección de sombras y la incidencia del sol fue rigurosamente elaborada mediante estudios de asoleamiento para cada época del año, definiéndose con ello la relación del perímetro y las alturas del sobretecho respecto de la planta de funcionamiento hospitalario, así como las caladuras de la superficie superior que, eliminando parcial o totalmente módulos de la superestructura, permitirían el ingreso del sol en condiciones controladas. No en vano, ante la falta de terminología específica para denominar estas estructuras, en términos coloquiales terminaron conociéndose como los “paraguas” o “sombrillas” de Amancio.

Este recurso de adaptación a las condiciones ambientales de la región, adquiere tal presencia que la imagen global de los hospitales produce un fuerte impacto de identificación y singulariza la experiencia espacial del edificio, conformando en su conjunto una suerte de “bosque artificial” que remite invariablemente a un imaginario subtropical.

A pesar de eso, la representación del proyecto a través de las perspectivas resulta ajena a todo paisaje en particular, se desentiende al punto de mostrarse en un plano neutro, lo que hace evidente que Williams, consecuente con sus principios de búsqueda sistemática, realizó una propuesta particularmente situada pero a la vez, en un plano general, deslocalizada. Una arquitectura más allá del tiempo y del lugar que se resuelve en sí misma, pensada para una situación específica y –a su vez– generalizable; que escapa a todo intento de anclaje de localización caracterizada y susceptible de plantearse como la base de una arquitectura que ofrece una imagen trasladable a otras posiciones y latitudes análogas, es decir, “internacionalizable”. En definitiva, una obra planteada como producto de “la era de la reproductibilidad técnica”.

El sistema y sus problemas.

Al decir de L. von Bertalanffy,

[…] si alguien se pusiera a analizar las nociones y muletillas de moda hoy por hoy, en la lista aparecería ‘sistemas’ entre los primeros lugares. El concepto ha invadido todos los campos de la ciencia y penetrado en el pensamiento y el habla populares y en los medios de comunicación de masas. El razonamiento en términos de sistemas desempeña un papel dominante en muy variados campos, desde las empresas industriales y los armamentos hasta temas reservados a la ciencia pura.⁸

Es en este sentido laxo y difuso que se empleará el término, diciendo que estos hospitales son “una muestra fallida de un sistema posible”, ya que Williams no abordó el encargo con el fin de proyectar tres edificios singulares, sino que lo hizo desde la intención de generar un método sistemático de resolver situaciones análogas. De haberse concretado las obras, hubieran habilitado la posibilidad de ser replicadas y/o adaptadas para distintas ocasiones. En este sentido, Amancio Williams rozó los límites del sistema arquitectónico; con su concepción adelantó en el tiempo razonamientos y métodos que en el campo de la arquitectura en Argentina se incorporaron tiempo más tarde –más de una década después se desarrolló ampliamente una línea proyectual conocida precisamente como “arquitectura de sistemas”– en tanto que, por entonces, en la escena internacional de la posguerra apenas comenzaban a asomar en el horizonte.

Pero, a su vez, se encontró con otros límites aún más infranqueables, los del sistema político. Según ha sostenido Karina Ramacciotti, en la intervención estatal durante el peronismo en el área de salud, pueden visualizarse dos grandes etapas:

[…] la primera de ellas, que abarca desde 1946 a 1950, está caracterizada por la expansión de los centros hospitalarios y centros materno-infantiles y por el intento de lograr un cuerpo burocrático con mayores visos de profesionalidad aunque sin que se perdiera la lealtad al proyecto político. La segunda etapa va desde 1950 a 1954 y está marcada por un recorte presupuestario y por la búsqueda de nuevos pilares de legitimidad. Durante este segundo período, en el que la Fundación Eva Perón tuvo un mayor protagonismo en el área sanitaria, las campañas de difusión se mantuvieron y permitieron la visibilidad política del Ministerio.⁹

La importante notoriedad pública que logró Ramón Carrillo en los primeros años de su ministerio –en los que el impacto del plan de salud se mostró desde la plataforma del saber técnico con una imagen de eficiencia y dinamismo que abrió un camino para acercar la salud a las “masas”–, terminó jugando en su contra. Como bien lo enuncia Ramacciotti,

[…] este protagonismo convirtió las acciones que emanaban de la Secretaría de Salud Pública en un área codiciada por otros actores sociales. Así pues, la atención sanitaria se convirtió en un tema central de la política y en un terreno de disputa entre la agencia estatal, la Fundación Eva Perón y los sindicatos.¹⁰

El crecimiento de la figura de Eva Perón como “abanderada de los necesitados” y el programa asistencial de la fundación que llevaba su nombre, fue superponiéndose cada vez más a las funciones del Ministerio, construyendo hospitales, centros asistenciales y maternidades, entre otras construcciones caracterizadas por un lenguaje arquitectónico cercano al colonial californiano. Esta puja de poderes fue medrando la capacidad de acción de Carrillo al punto que las principales fuentes presupuestarias del Ministerio, a partir de 1950, fueron derivándose a la Fundación Eva Perón, la que progresivamente fue acumulando cada vez más capital político, económico y simbólico. Por otra parte, las políticas distributivas del peronismo habían estado asentadas en una coyuntura económica favorable que se agotó rápidamente, con lo que la pugna por la captación de recursos por parte de los distintos organismos fue cada vez más intensa y la merma en la órbita del Ministerio de Salud se hizo sentir con fuerza.

La situación para el antes poderoso ministro Carrillo, devenido crítico rival de la primera dama –con las moderaciones que las circunstancias imponían–, condujeron a que en 1954 presentara su renuncia, abandonando no solo el cargo sino también el país, para refugiarse casi como un exiliado en Brasil, donde viviría sus últimos años.

Con ello, los hospitales proyectados por Amancio Williams y que aún no se habían concretado –como sí se había logrado en otros casos notables que fueron resueltos con mayor celeridad–, terminaron archivados.

En distintas ocasiones los proyectos fueron publicados mostrando sus planimetrías básicas y resaltando su carácter innovador. En 1957, pasados dos años del derrocamiento de Perón y con una situación política trastocada, el arquitecto haría público un intento más para promover su construcción. A casi una década del inicio de los proyectos, en el número 9 de Nueva Visión,¹¹ reseñaba el derrotero seguido y apelaba a una decisión política:

Los estudios, iniciados en 1947, fueron aprobados y continuados en 1951 y continuaron en 1954. Sería sumamente importante, por la calidad del aporte que representan para el desarrollo de la arquitectura hospitalaria, no sólo en el plano nacional, sino también en el internacional, que el Ministerio de Salud Pública autorizara sin más dilaciones el comienzo de las obras, que se encuentran aprobadas desde 1955.¹²

Con estas palabras comenzaba a cerrarse un capítulo de la intensa y rica experiencia que transitó la cultura arquitectónica argentina a mediados del siglo XX poniendo en evidencia, una vez más, las siempre complejas y dificultosas relaciones entre la arquitectura y la política.

De algún modo, también, habla de las singularidades emergentes en el variado contexto latinoamericano frente a sus procesos de modernización y da cuenta de los destellos que desde esta región iluminaban el horizonte de la arquitectura en el mundo, en este caso proponiendo un diálogo abierto, decodificando códigos locales para incorporarlos a un lenguaje sin fronteras.

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Sudamérica Moderna | objetos . edificios . territorios
Abril 2015

Artículo realizado por

Luis Müller. Arquitecto, Universidad Católica de Santa Fe, Argentina (1978); Magíster en Ciencias Sociales, Universidad Nacional del Litoral, Argentina (2006); Doctor (c), Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Profesor y Director de la Maestría en Arquitectura, Universidad Nacional del Litoral, Argentina.

Notas

1 BALLENT, Anahí; GORELIK, Adrián. “País urbano o país rural: la modernización territorial y su crisis”. En: Nueva Historia Argentina, tomo VII. Sudamericana, Buenos Aires, 2001.

2 Fuente: Archivo Amancio Williams.

3 Un estudio pormenorizado del proceso de diseño de la bóveda cáscara, que constituye el módulo básico del más conocido sistema de techos altos desarrollado por Williams, se encuentra en: MÜLLER, Luis. “Un largo y sinuoso camino. La bóveda cáscara en los proyectos de Amancio Williams”, Block, núm. 9, Buenos Aires, UTDT, 2012.

4 Expresión utilizada por Helvidia Toscano (Pampita) en entrevista realizada por el autor (Tigre, 18 abril 2012). La arquitecta Toscano colaboró con Williams en éstos y otros proyectos entre 1950 y 1968.

5 Un análisis de las relaciones entre el pensamiento de Williams y la corriente de diseño gute form, se encuentra en: MÜLLER, Luis. “Entre la técnica y la ‘buena forma’. Max Bense / Amancio Williams en las páginas de Nueva Visión”. Ponencia en Jornada Internacional La buena forma y el nuevo mundo: interferencias HFG ULM – Latinoamérica, DAAD (Servicio Alemán de Intercambio Académico) / Cátedra Walter Gropius FADU/UBA – UTDT. Buenos Aires, 2011.

6 WILLIAMS, Amancio. “Tres hospitales en Corrientes”, Nueva Visión, núm. 9. Nueva Visión, Buenos Aires, 1957, p. 13.

7 Ibíd, p. 17.

8 von BERTALANFFY, Ludwig. Teoría general de los sistemas. Fundamentos, desarrollo, aplicaciones. FCE, México, 1988, p. 1.

9 RAMACCIOTTI, Karina. La política sanitaria del peronismo. Biblos, Buenos Aires, 2009, p., 16.

10 Ibíd, p. 90.

11 La revista Nueva Visión fue fundada en 1951 por Tomás Maldonado (quien fuera su director hasta 1954) junto a Alfredo Hlito y Carlos Méndez Mosquera. De aparición trimestral, su último número fue el 9, de diciembre de 1957. Con este nombre también se expandió hacia una empresa editorial, que publicó algunos de los libros que resultaron fundamentales en la formación de arquitectos, artistas y diseñadores de las décadas siguientes.

12 WILLIAMS, Amancio. “Tres hospitales en Corrientes”, Nueva Visión, núm. 9. Nueva Visión, Buenos Aires, 1957, p. 17.

Bibliografía

BALLENT, Anahí; GORELIK, Adrián. “País urbano o país rural: la modernización territorial y su crisis”. En: Nueva Historia Argentina, tomo VII. Sudamericana, Buenos Aires, 2001.

MÜLLER, Luis. “Entre la técnica y la ‘buena forma’. Max Bense / Amancio Williams en las páginas de Nueva Visión”. Ponencia en Jornada Internacional La buena forma y el nuevo mundo: interferencias HFG ULM – Latinoamérica, DAAD (Servicio Alemán de Intercambio Académico) / Cátedra Walter Gropius FADU/UBA – UTDT. Buenos Aires, 2011.

MÜLLER, Luis. “Un largo y sinuoso camino. La bóveda cáscara en los proyectos de Amancio Williams”. Block, núm. 9, Buenos Aires, UTDT, 2012.

RAMACCIOTTI, Karina. La política sanitaria del peronismo. Biblos, Buenos Aires, 2009.

VON BERTALANFFY, Ludwig. Teoría general de los sistemas. Fundamentos, desarrollo, aplicaciones. FCE, México, 1988.

WILLIAMS, Amancio. “Tres hospitales en Corrientes”. Nueva Visión, núm. 9. Nueva Visión, Buenos Aires, 1957.

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