Turismo y arquitectura

El libro que aquí se presenta propone realizar una revisión y lectura crítica de la relación entre turismo y arquitectura en Chile, partiendo del momento en que ambos comienzan a manifestarse en términos modernos. Se ha definido un arco temporal que va de 1933 a 1962, para el cual se contó con fuentes primarias de información no disciplinares, principalmente la revista En viaje y la Guía del veraneante, que tuvieron un alto grado de periodicidad y continuidad.

Para introducir las temáticas referidas a las modificaciones que el desarrollo turístico produjo, tanto en relación al proyecto de arquitectura como al diseño urbano, es necesario entender este fenómeno desde inicios del siglo XX.

El turismo, como actividad moderna, requirió de nuevas concepciones espaciales y formales para dar cabida a las prácticas sociales y culturales ligadas al ocio y al viaje. Estas fueron, en parte, el fundamento de las modificaciones disciplinares llevadas a cabo por la modernidad tanto a escala del edificio como de la ciudad; modificaciones que estuvieron en sintonía en Latinoamérica, Estados Unidos y Europa. La incipiente modernidad arquitectónica, entonces, debió responder a las nuevas exigencias derivadas de las prácticas culturales asociadas al turismo.

El turismo, tal como lo entendemos hoy día, es una actividad genuinamente moderna. En su origen estuvo asociado a condiciones culturales totalmente nuevas, como el nacimiento del tiempo libre, las vacaciones como un derecho social y el viaje como una actividad difundida en los distintos estratos de la sociedad. Así se superaron formas culturales anteriores que habían estado por largo tiempo institucionalizadas, como el ocio entendido como un tiempo de reflexión reservado solo para unos pocos, las vacaciones como privilegio de la elite y los viajes asociados a las peregrinaciones religiosas.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-01Fig. 1 Prácticas balnearias. GV 1948, contraportada.

Podemos decir que existen dos cambios fundamentales que permitieron que el turismo se transformara en una actividad nueva y fuera difundida plenamente en la sociedad. Por un lado, el cambio en las prácticas corporales asociadas a las concepciones higiénicas y médicas permitió el surgimiento de la cultura del cuerpo. Estas estuvieron basadas en el valor que se le otorgó a la vida al aire libre, al contacto con la naturaleza y al deporte, y fueron fundamentales para la consolidación del turismo en torno a los bordes costeros, lagos, cordilleras y termas (Corbin, 2005; Vigarello, 1991; Feher, Nadaff y Tazi, 1990-92; Aries y Duby, 1990). Por otro lado, cabe destacar la condición masiva que adquirieron el viaje y las vacaciones, cuando a partir de la revolución industrial, se volvió necesario regular los tiempos de descanso de las clases trabajadoras, estableciéndolas como un derecho social e irrenunciable¹. En 1919, se creó la Organización Internacional del Trabajo que se ocupó de generar una serie de tratados que garantizaron las condiciones laborales de los trabajadores de los países asociados. En el ámbito local, la legislación sobre el trabajo fue sancionada en 1931 en el Código del Trabajo. En él se congregaron una serie de leyes anteriores, como la del Descanso Dominical de 1917 y la del Contrato de Trabajo de 1924. Así, se respondió a la enorme presión social por obtener garantías mínimas en el trabajo y se estableció por primera vez el periodo de vacaciones remuneradas.

En este contexto, la arquitectura del ocio pasó desde una concepción elitista, restringida y apegada a los estilos históricos, a otra moderna, que debió solucionar el ocio como un problema masivo, público y que acogió nuevas prácticas culturales y sociales. Uno de los ejemplos emblemáticos en este sentido fue el proyecto para la Ciudad del Reposo y las Vacaciones, proyectado por el GATEPAC, en los años previos a la Guerra Civil Española. Esta propuesta urbana EXNOVO, tenía como uno de sus principales cometidos solucionar las vacaciones de los trabajadores barceloneses. En una reflexión sobre este proyecto, publicada en el séptimo número de la Revista AC de 1932, los integrantes de este grupo expresaban:

“El deporte, la vida al aire libre, el perfecto equilibrio físico, constituyen hoy día una necesidad ineludible para las masas. El ritmo veloz, absorbente y dinámico de la vida moderna, exige estos paréntesis de contacto directo con una atmósfera absolutamente sana. Es urgente organizar las zonas de reposo de que carecen las ciudades y facilitar al ciudadano medios rápidos y económicos de transporte a esas zonas. Estos son elementos por crear y constituyen algo orgánicamente nuevo. Un problema de nuestro tiempo que impone una solución nueva, divorciada de toda clase de tradiciones históricas y de experiencias anacrónicas”
— GATEPAC, 1932.

Se describen aquí claramente los cambios de vida que exigió la modernidad y cómo ellos se extendieron a las distintas capas sociales. Se hizo necesario, así, dar una respuesta acorde a las necesidades de descanso y contacto con la naturaleza que estos cambios demandaban. Se puede apreciar también el pretendido rol de reforma social con que la arquitectura asumió este desafío. Coincidentemente con estas demandas, José Luis Sert, en su emblemático texto titulado Can our Cities Survive? (Sert, 1942), hacía alusión a los problemas suscitados por las necesidades espaciales del ocio. Ya en esos años se establecía la contradicción entre la urgencia por planificar y desarrollar zonas de descanso para las masas y la preservación de zonas naturales, dada la expansión inusitada que adquirió el turismo.

A otra escala, la arquitectura se vio exigida a proponer espacios para el óptimo uso de las nuevas prácticas asociadas al viaje y la vida al aire libre. Así, se hizo necesario pensar en nuevos edificios para nuevos programas, lo que constituyó un desafío para la disciplina. Como explica M. Gausa (1996: 35): “La ausencia de modelos tipológicos de referencia para una experiencia ajena a la urbana favoreció respuestas arquitectónicas espontáneas”. Los proyectos debieron resolver nuevos requerimientos programáticos a través de la creación de nuevas entidades arquitectónicas o de la actualización de algunas existentes, como casinos, hoteles, piscinas, restaurantes y clubes. Esta coyuntura permitió experimentar con nuevas soluciones, que debieron responder al carácter masivo de las nuevas prácticas sociales. Ejemplo de ello son los clubes para la práctica de deportes, las colonias de verano para las vacaciones de niños y las piscinas públicas, que se extendieron como grandes centros para el ocio.

La temprana modernidad debió atender estas nuevas demandas, como parte de las problemáticas arquitectónicas presentes en el debate disciplinar. Puede verse la aparición de propuestas formales que intentaron dar respuesta a ellas, basadas por ejemplo en el uso de espacios públicos masivos y permeables en lo referido a la relación interior/exterior. Esto se tradujo también en nuevas consideraciones funcionales y espaciales, que llevaron usualmente a proponer grandes zonas de encuentro social, apoyadas por un amplio repertorio de servicios (baños públicos, camarines, cocinas etc.).

En términos generales, existen pocos estudios actuales que revisen específicamente la relación entre turismo y arquitectura². Puede constatarse, de todas maneras, una cierta atención en términos patrimoniales por este tipo arquitectura, referida tanto a sus obras paradigmáticas como a construcciones más modestas, en las que se refleja la construcción de estos valores basados en la democratización y difusión del turismo de masas. El presente libro propone valorizar la experiencia de la arquitectura chilena en torno al turismo no como una “arquitectura vergonzante”, sino como una que encuentra precisamente en sus demandas el fundamento de su novedad.

Puede afirmarse, asimismo, que la arquitectura fue una componente indispensable y constante del turismo moderno. Esto se pone claramente de manifiesto en los medios de difusión que hicieron de este una actividad masiva, como ser revistas y guías turísticas, en cuyas páginas la arquitectura ocupó un espacio particular y significativo. Esta es la base documental con la que ha contado la investigación que se formaliza en el presente libro. Como elemento indispensable en la construcción de destinos, la arquitectura jugó un papel central. En principio, los edificios no solo acogieron los nuevos programas, sino que intentaron también caracterizar con su forma a estos destinos, dando lugar a nuevas configuraciones espaciales y buscando una mayor relación con los entornos preferentemente naturales donde se ubicaron. Pero también las intervenciones urbanas tuvieron un papel destacado, configurándose como postales que construyeron el imaginario turístico de Chile.

El rol de la arquitectura en
la difusión turística de Chile

Durante el siglo XX, específicamente entre los años ’30 y ’60, Chile asumió una condición de destino turístico, que se correspondió con una concepción de país decididamente nueva. Como se ha revisado, el viaje y el turismo incipientes, fueron difundidos como parte de la modernización de las prácticas culturales y sociales relacionadas con el ocio y el tiempo libre, imperantes en tanto en América como Europa. De esta manera, Chile fue presentado al mundo y a sus propios habitantes como un conjunto de múltiples paisajes urbanos y naturales a ser visitados.

Esta situación se vio fortalecida por la conectividad que adquirió el territorio nacional a través del tren. Y reflejada en la fuerte política editorial desarrollada por la misma Empresa de Ferrocarriles del Estado que, a través de su Sección de Propaganda y Turismo, logró mantener por más de 40 años la circulación de En viaje³ y por casi 30 la Guía del veraneante⁴, donde se proporcionaba información al turista para acercar y promocionar destinos a lo largo de todo el país.

La imagen de Chile que se promovía en las revistas y guías de turismo nacional durante esos años, quería presentar un país moderno, donde la arquitectura fue especialmente relevante. A través del material gráfico y documental, estos medios difundieron el país y su arquitectura de forma sistemática. El presente libro indaga justamente en cómo esta arquitectura fue presentada en los medios de difusión turística y cómo llegó a constituir un elemento fundamental en la creación de una nueva visión de país.

En estos documentos, la arquitectura y la ciudad tuvieron un papel importante en la consolidación de la imagen de país joven y recientemente conectado. Por ello, la labor de Ferrocarriles fue fundamental tanto en la creación de líneas y ramales como en la difusión del turismo.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-02Fig. 2 Prácticas balnearias. GV 1945, portada.

Este trabajo se propone realizar una lectura crítica de dichos documentos, para lo que se identificaron temáticas específicas, bajo las cuales se analizan la arquitectura y la ciudad cuando se hacen presente en ellos. En estos documentos se puede constatar, además de la colonización efectiva del territorio que realizó Ferrocarriles a través de su extensa red ferroviaria, el reconocimiento de un conjunto de paisajes, ya fueran naturales o construidos, que se presentan como atractivos turísticos. Se podría hablar de una colonización turística a partir del surgimiento de una red de equipamiento vinculada a dichos lugares, para dar al viajero la comodidad moderna del viaje.

A partir de los documentos de difusión turística, como también a través de otros medios como los documentales sobre Chile⁵ o la presencia en guías de turismo internacional⁶, se puede suponer que la arquitectura adquirió un rol particularmente significativo en la configuración de la imagen del país como destino turístico. Esta fue una acción planificada y permanente en el tiempo, que logró dar un fundamento turístico sólido. Por otro lado, el país adquirió una condición unitaria, basada en gran medida en el reconocimiento a lo largo de todo su territorio de determinados valores arquitectónicos, urbanos y paisajísticos. Finalmente, parte importante de dichos valores estuvo basada en el carácter moderno de las obras de arquitectura y de las nuevas intervenciones en los centros urbanos, que fueron persistentemente expuestos en las publicaciones analizadas.

El trayecto y el destino: la influencia de
Ferrocarriles del Estado en el desarrollo
del turismo de Chile

Ferrocarriles del Estado de Chile lideró una acción de promoción del turismo nacional, a través de la cual se estructuró una concepción del territorio chileno como destino. Las gestiones de esta empresa apuntaron a la difusión del turismo como una alternativa para ampliar la oferta y garantizar mayor demanda por el servicio. Así, además de la creación de una extensa red de transporte y conectividad del país, la empresa tuvo un importante rol en la divulgación el turismo a través de documentos para viajeros. En esta misma dirección, concretó iniciativas diversas para el fortalecimiento de dicha actividad, basadas en la coordinación con otros medios de transporte para garantizar la accesibilidad a zonas todavía apartadas de la red, y en la coordinación de servicios anexos al transporte, como los coches comedor al interior del ferrocarril o los servicios de restaurante en aeropuertos y estaciones.

La creación de esta extensa red de ferrocarriles que unió y colonizó gran parte del territorio chileno, requirió tiempo para consolidarse desde sus inicios hasta entrado los años treinta. La empresa comenzó a definirse como tal con la compra por parte del Estado de las acciones que quedaban aún en manos de privados hacia 1873. De esta forma se consolidó como empresa estatal y se formalizó su funcionamiento en 1884, bajo el gobierno de Domingo Santa María (Gross, 1998). Dicha acción económica proponía centralizar su administración y unificar las diferentes compañías que controlaban los distintos tramos del ferrocarril. Con ello se conectaron sin interrupciones Valparaíso hasta Angol, con tres secciones que a partir de ese momento operaron en conjunto: Santiago-Valparaíso, Santiago-Talca, Talca al sur.

En los primeros años del siglo XX, Ferrocarriles del Estado extendió sus líneas de tren a lo largo de Chile. Un hito fundamental fue cuando en 1913 se amplió la red hasta Puerto Montt, última estación del ramal sur. Esta extensión de las líneas “determinó su importante participación en la colonización del sur, en el desarrollo de la minería en el norte, en el crecimiento de la zona central y en el fomento al turismo” (Cassals, 1999: 9).

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-03Fig. 3 Mapa de la red ferroviaria. GV 1957, pp. 304-5.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-04-05Fig. 4 Publicidad Ferrocarriles del Estado. GV 1956, p. 6. / Fig. 5 Publicidad Ferrocarriles del Estado. GV 1947, p. 302

El crecimiento continuo de la cobertura del ferrocarril se consolidó hacia 1930 cuando se logró la mayor extensión de vías férreas en el territorio nacional. Durante esa década, “una gran extensión del territorio, el de mayor actividad productiva y el más densamente poblado estaba vinculado a la vías férreas” (Irrizaga, Gálvez y Silva, 1980: 144). Esta situación de consolidación del ferrocarril como medio de transporte nacional, fue coincidente con el surgimiento de ambiciones turísticas por parte de la empresa. Esta tuvo particular interés en difundir el turismo como una alternativa que permitiese aumentar la demanda por el uso del ferrocarril como medio de transporte; incrementándola considerablemente en las épocas estivales. Sin embargo, como explica Cassals:

“Esta actividad no logró atenuar la crisis económica y técnica de la empresa pues, si por una parte se recibían importantes ganancias por concepto de transporte y servicios turísticos, por otra parte se gastaban grandes sumas de dinero en infraestructura y equipos que solamente eran ocupados en el verano y en algunos feriados durante el año”
— Cassals, 1999: 141

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-06Fig. 6 Mapa folclórico de Chile. GV 1957, pp. 176-7.

A pesar de la desconfianza en la capacidad del turismo para generar ingresos suficientes para justificar su desarrollo⁷, la empresa estatal insistió en que este fuese parte fundamental de su agenda, lo que se reflejó en la fuerte promoción que hizo del mismo en las publicaciones nombradas. Además existieron otras acciones concretas a fin de promocionar el viaje turístico, como la confección de boletos y abonos de turismo para invierno y verano, que facilitaban el viaje en tren. Estos tipos de boletos eran publicitados en las revistas y guías, haciendo énfasis en los descuentos económicos a los cuales se podía acceder, así como promocionando distintos destinos dependiendo de la época del año.

La difusión de los destinos turísticos a los cuales el ferrocarril permitía acceder, se complementó con la creación de infraestructura turística en ellos. Vale decir, la empresa no solo se ocupó del trayecto, sino también del destino. Así lo manifestó el director de En viaje, Carlos Barella:

“Es hora de que abramos los ojos a esta inmensa realidad económica empezando por donde se debe empezar: construcción de hoteles y propaganda”
— Barella, 1947

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-07Fig. 7 Publicidad Organización Nacional Hotelera. GV 1947, p. 216.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-08-09Fig. 8 Publicidad Consorcio Hotelero de Chile acerca de sus hoteles de temporada. GV 1956, p. 205. / Fig. 9 Publicidad Hotelera Nacional S.A. – HONSA. GV 1961, p. 61.

Para ello, Ferrocarriles del Estado construyó el hotel Pucón en 1935, el hotel Puerto Varas en 1936 y la hostería Tejas Verdes en 1937, y conformó la Organización Nacional Hotelera Bonfanti S.A.⁸, que los administró y promocionó. Dichos hoteles fueron presentados profusamente en los documentos de difusión turística. En tal sentido, muestran la dimensión de la ambición de Ferrocarriles por participar activamente en la industria hotelera. A partir de 1945⁹, esta sociedad se transformó en la Organización Nacional Hotelera S.A., sin Bonfanti. Siguiendo la misma política que en años anteriores, mantuvo una fuerte actividad constructora, a partir de la cual se promocionaba como una cadena hotelera. Gracias a su acción se levantaron el hotel Pedro de Valdivia en Valdivia, el hotel City en Concepción, El Gran Hotel Chillán en Chillán, el hotel Capri en Santiago y el hotel Pacífico en Arica¹⁰.

Desde 1944, Ferrocarriles también participó, bajo el amparo de la Corporación de Fomento a la Producción, en la creación del Consorcio Hotelero de Chile S.A. Dicho Consorcio se hizo partícipe en la creación de hoteles preferentemente en el norte del país. De esta manera, creó una red en el norte que incluía el hotel Turismo de Ovalle, el hotel Turismo Prat de Iquique, el hotel Turismo Francisco de Aguirre en La Serena y el Gran Hotel Turismo de Antofagasta, estos tres últimos desarrollados por el arquitecto Martín Lira¹¹. Más tarde también se sumó a este consorcio el balneario y casino de Peñuelas en La Serena y el Yachting Club de la Herradura en Coquimbo¹².

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-10-11-12-13Fig. 10 Arriba izquierda: Publicidad hotel Pucón. GV 1954, p. 176. / Fig. 11 Arriba derecha: Publicidad hotel Puerto Varas. GV 1954, p. 234. / Fig. 12 Abajo izquierda: Publicidad hostería Tejas Verdes. gv 1948, p. 108. / Fig. 13 Abajo derecha: Invitación de la Organización Nacional Hotelera S.A. para la inauguración del hotel Capri en Santiago. GV 1947, p. 7.

En 1953, la Corporación de Fomento de la Producción a través del decreto ley Nº 370, pasó a explotar centralizadamente los hoteles estatales de las sociedades nombradas: Organización Hotelera Nacional S.A. y el Consorcio Hotelero de Chile S.A., a través de lo que sería conocido como honsa; Hotelera Nacional S.A. (CORFO, 1962). De esta manera se puso fin a la participación de Ferrocarriles, monopolizando la industria hotelera estatal. A través de la honsa se crearon hoteles más pequeños a lo largo de Chile, cercanos esta vez a las carreteras y no necesariamente a las líneas de tren, modificando el sentido original que Ferrocarriles había propuesto en sus compromisos en las sociedades hoteleras.

Como se ha expuesto, la labor de Ferrocarriles en la difusión del turismo fue compleja, logrando por 30 años mantener una política fuerte e influyente en la creación, promoción y desarrollo de destinos turísticos. Para efectos de este trabajo se han seleccionado los casos que mejor representan dicha ambición y que tuvieron un reconocimiento amplio en los medios analizados, constituyéndose en ejemplos emblemáticos de las acciones descritas.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-14Fig. 14 Publicidad Hotelera Nacional S.A. – HONSA. GV 1962, p. 144.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-15Fig. 15 Imagen alusiva al mundial de futbol a realizarse en 1962 en Chile, donde aparece el Estadio Nacional. GV 1962, portada.

La difusión del viaje y los documentos
de propaganda de Ferrocarriles del Estado

Como se ha adelantado, las revistas y guías turísticas editadas por la Sección de Propaganda y Turismo de Ferrocarriles del Estado, fueron fundamentales para la difusión de los viajes, a través de documentos que tuvieron particular continuidad entre 1933 y 1962.

La Guía del veraneante, de carácter anual, era un documento para viajeros que entregaba información básica para el turista como tarifas e itinerarios, guías de hoteles, planos de rutas, servicios marítimos, canchas de esquí, información sobre aguas termales, gastronomía, costumbres, etc. y por supuesto datos sobre las localidades, ya fuera en relación a su geografía, clima, flora, fauna, atributos paisajísticos y otros. Estaba compuesta de textos descriptivos de los atractivos turísticos de las localidades, ilustrados principalmente a través de fotografías en blanco y negro. La guía se estructuraba de norte a sur, describiendo las provincias a través de sus principales centros urbanos y de sus más destacados paisajes naturales. Era de tamaño de bolsillo, pensando en su uso práctico e informativo.

En viaje, en cambio, era una revista de carácter mensual que inicialmente fue gratuita y luego, dado su éxito y amplio tiraje, fue vendida en los vagones del tren (Cassals y Sandoval, 2013). Esta contenía una estructura de magazine en los que abordaba diversos temas relacionados con el viaje y la actualidad. La editorial, por lo general, reflexionaba sobre temas de turismo, con títulos como “Los servicios hoteleros en Chile”, “Estímulo al turismo de invierno” o “Importancia del fomento al turismo” (En viaje 1933(b); 1934(a); 1949), así como reflexiones y críticas sobre el manejo del turismo en artículos tales como “Viajar es educarse” o “Que algo se haga por el turismo” (En viaje, 1933(a); 1946). Luego en una serie de artículos y secciones, que se mantuvieron con cierta continuidad en el tiempo, se abordaban temas más específicos relativos a los servicios ferroviarios, balnearios, ciudades y en general a destinos específicos con títulos como “El balneario de Peñuelas, en la provincia de Coquimbo será de gran atracción para el turismo”, “El camino a las termas de Puyehue. Un sueño de treinta años que se cumple” o “Viña del Mar: luciérnaga del Pacífico” (En viaje, 1934(b); 1962). En viaje contó con cinco editores que aportaron, en los 40 años de su existencia, diferentes matices tanto gráficos como editoriales que lograron diferenciar cada periodo sin perder la continuidad de su línea editorial. Domingo Oyarzún (1933-1938), Washington Espejo (1939-1943), Carlos Barella (1943-1952), Manuel Jofré (1953-1967) y Carlos Müller (1967-1973) representaron cinco momentos que pueden ser reconocidos claramente a partir de los elementos gráficos que definen a la revista, principalmente en las portadas.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-16Fig. 16 Publicidad Lan Chile. gv 1962, p. 1.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-17-18Fig. 17 Publicidad Termas Minerales de Tolhuaca. GV 1948, contratapa. / Fig. 18 Publicidad hotel Central en Temuco. GV 1958, p. 16.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-19-20Fig. 19 y 20 Artículo sección Arquitectura de Julio Cordero. EV Nº 79, 1940, p. 78 y p. 79.

En el caso de la Guía del veraneante, no se hacía mención explícita a sus editores, aunque en algunos casos coincidieron con los de En viaje; tal es el caso, por ejemplo, de Manuel Jofré, quien fue editor de esta revista y de la guía en el mismo momento. Desde el año 1950 se reconocen los aportes de fotógrafos como Enrique Mora y desde 1955 se alude a la colaboración del folclorista Oreste Plath en los textos.

En ambos medios se podía encontrar interesante publicidad tanto de hoteles como de organizaciones hoteleras, casinos, restaurantes, termas, balnearios, empresas turísticas y aerolíneas. En particular, la publicidad centrada en los hoteles y termas dio cuenta de la consolidación de dicha infraestructura a lo largo de Chile y de la condición moderna de los establecimientos. Las publicidades hacían hincapié en el confort, independiente de la localización del establecimiento y en la condición antisísmica de las instalaciones, desplegando en los anuncios las posibilidades de entretención al interior de grandes complejos turísticos.

Igualmente se podía encontrar publicidad sobre los servicios de FF.CC. como los billetes de invierno, los billetes colectivos, boleto combinado con hotel, boletos de turismo social, cheque viaje, servicio de encargos y servicios marítimos.

En dichos documentos, la fotografía fue el medio gráfico más recurrente, preferentemente en las páginas interiores y en blanco y negro. Pero también existió un trabajo importante de dibujantes e ilustradores que a través de diversas técnicas de collage y coloreados, aportaron al enorme potencial gráfico, sobre todo en las portadas y en los mapas que se adjuntaban en la Guía del veraneante.

En la revista En viaje existió además la “sección arquitectura”, que publicó setenta artículos entre 1940 y 1946. Esta sección estuvo a cargo del arquitecto Julio Cordero¹³ y tenía por objetivo educar a la población, especialmente de provincias, sobre conocimientos básicos para la resolución de planos, ampliaciones o elementos decorativos. En cada sección se publicaban tipologías de vivienda, asociadas a diversos estilos arquitectónicos, que el lector podría construir indistintamente en diferentes localidades del país.

Con respecto a la línea editorial de ambas publicaciones, existió un esfuerzo por abarcar, dentro de lo posible, todo el territorio del país, a partir de la selección de diversas localidades que lo reflejaran. Sin embargo, no siempre fue posible hacer una selección homogénea en términos geográficos ni constante en el tiempo. Las condiciones que propiciaron la difusión de ciudades, pueblos y localidades no residieron únicamente en el valor paisajístico, sino también en la infraestructura turística y ferroviaria existente.

Por ejemplo, el norte de Chile, asociado principalmente a una zona de explotación minera, no apareció mencionado como destino turístico de interés en la Guía del veraneante hasta 1943, mientras que en la revista En viaje menciones aisladas lograron convertirse en un cuerpo más significativo de imágenes a partir de 1942. Las principales imágenes del norte de Chile se relacionaron con centros urbanos costeros como Arica, Antofagasta, La Serena y Coquimbo.

Por otro lado, la carencia de conectividad vial y ferroviaria del extremo sur con el resto del país (la red ferroviaria llegaba solo hasta Puerto Montt. Desde allí existía un servicio de transporte marítimo que operaba hasta Magallanes) se reflejó en que la zona austral fue poco conocida y escasamente mencionada. La principal difusión fue a través de la isla de Chiloé y la ciudad de Punta Arenas, que se vio claramente en el especial que En viaje realizó sobre esa ciudad en 1944.

Por ello existió una mayor concentración gráfica en la zona centro y sur del país, que estaba asociada a un desarrollo turístico consolidado. El sur de Chile contaba no solo con atributos paisajísticos ya conocidos desde principios de siglo, sino también con una infraestructura hotelera que logró colonizar, durante la década del ’30, las zonas vírgenes de la Región de Los Lagos, especialmente Pucón y Puerto Varas. En la medida que pasó el tiempo, ciudades como Valdivia, Osorno, Temuco y Puerto Montt, mostraron sus atributos turísticos desde el progreso y crecimiento como ciudades modernas a partir de las cuales se accedía a los destinos turísticos más alejados y fuera de la cobertura ferroviaria.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-21Fig. 21 Publicidad Visite Arica. GV 1962, p. 12.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-22-23Fig. 22 Publicidad Termas Minerales de Tolhuaca. GV 1948, contratapa. / Fig. 23 Publicidad hotel Central en Temuco. GV 1958, p. 16.

La zona central del país y específicamente Santiago tuvo una presencia importante. Su condición de capital y principal centro urbano se reflejó tanto en la revista como en la guía, en una importante referencia a espacios públicos y arquitectura pública. Asimismo, la recurrente mención a Viña del Mar, producto de una consolidada posición como balneario, y Valparaíso, como principal ciudad portuaria, determinaron en gran parte la presencia del litoral central. Se destaca además el registro de localidades menores como Llolleo, Puyehue, Curacautín, Portillo, que aparecieron dentro del imaginario chileno del centro y sur del país, debido a la presencia de establecimientos termales u hoteleros en medio de paisajes costeros, lacustres y cordilleranos.

Si bien ambas publicaciones pertenecían a Ferrocarriles del Estado, es interesante reconocer líneas editoriales independientes, legibles en una mirada temporal hacia ambos medios. La condición miscelánea de En viaje, quedó establecida en una forma más homogénea y arbitraria de mostrar la información, en contraposición con la Guía del veraneante que por su corte informativo y por estar ordenada geográficamente, permitía una lectura lineal del territorio nacional.

La arquitectura para el turismo en Chile:
El caso del hotel

Como se ha venido explicando, hacia los años treinta, las políticas de Ferrocarriles del Estado tendientes a fortalecer el turismo nacional tuvieron distintos ámbitos de acción. En particular, interesa profundizar aquí, la consolidación de la arquitectura especializada en acoger los programas de turismo, que en una parte sustancial se originaron como primeras aproximaciones a la arquitectura ligada al ocio y al viaje. Si bien los programas tenían una tradición ya desde el siglo XIX, en la configuración de tipologías clásicas como el hotel, el casino y las termas, estas son reconfiguradas a partir de las nuevas concepciones espaciales y formales propiciadas por la modernidad y en sintonía con las nuevas necesidades culturales en torno al ocio.

Según Iribas (2003: 142), existieron dos tipos de turistas que consolidaron su actividad hasta los años cincuenta: el veraneante y el viajero. Ambos tuvieron formas particulares de practicar el ocio a través del uso del tiempo y del espacio. El veraneante fue aquel individuo que se tomaba un tiempo de ocio para recuperarse del trabajo, a través de su traslado a zonas balnearias, ya sea playas, termas o lagos, con el fin de asentarse por un tiempo largo con el pretexto de mejorar la salud.

El viajero en cambio, realizaba un viaje de carácter instructivo y de aproximación a espacios folclóricos, permaneciendo poco tiempo en cada lugar. “En el periodo del Movimiento Moderno, desde 1925 a 1965 esas dos categorías permanecen como únicas para toda la etapa” y son operativas para entender cuáles fueron entonces las tipologías arquitectónicas que las acogieron.

Podríamos decir que la primera tipología es el “hotel”, que precisamente permite la permanencia en el lugar y fue la que se ajustó a los tiempos de ambos tipos de turistas. La labor de Ferrocarriles estuvo centrada primero en generar tipologías de “Gran Hotel” en los destinos, con una importante cantidad de habitaciones, de espacios asociados al encuentro social y de servicios afines. La difícil mantención de dichos lugares propiciados precisamente por la estacionalidad del turismo nacional, hizo que el “gran hotel” fuese sustituido hacia los años sesenta por hoteles de menor tamaño.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-24Fig. 24 Hotel Pucón visto desde el lago. GV 1962, p. 128.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-25Fig. 25 Publicidad hotel O’Higgins, Viña del Mar. GV 1941, p. 34.

Los primeros establecimientos que respondieron a la tipología de “Gran Hotel”, construidos por el Departamento de Arquitectura de Ferrocarriles del Estado, fueron el Gran Hotel de Puerto Varas de 1936, y el de Pucón de 1935. Contemporáneamente se construyeron el Gran Hotel O’Higgins en Viña del Mar de 1935, de Collovich, Silva y Barrisco, como parte de la acción de la municipalidad por dotar al balneario de un establecimiento de lujo, y Gran Hotel El Carrera de 1937, de J. Smith Solar y J. Smith Miller, como parte de la remodelación del barrio cívico en la capital Santiago, frente a la plaza Constitución. Todos ellos contaban con un alto número de habitaciones, superando las cien y llegando hasta las cuatrocientas que tuvo El Carrera, además de contar con restaurantes, bares, salones y servicios asociados como peluquería y tiendas. Asimismo, sus condiciones garantizaban el confort de sus huéspedes, como la calefacción central. Por estas razones, eran considerados hoteles modernos en los documentos de la época, aunque sus rasgos formales respondían a un tipo de arquitectura mas bien ecléctica, que poco tenía que ver con la incipiente arquitectura moderna que comenzaba a darse en el país.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-26Fig. 26 Publicidad hotel Carrera. gv 1961, p. 48.

Dentro del tipo de “Gran Hotel”, los primeros ejemplos en introducir un lenguaje formal que superara la arquitectura ecléctica o pintoresquista que los caracterizó en un primer momento, fueron los proyectados por Martín Lira: el hotel Turismo Antofagasta (1949-1953) y el hotel Portillo (1947-1949). Si bien ellos respondían funcional y programáticamente a las concepciones del “Gran Hotel”, superando las cien habitaciones en ambos casos y conteniendo servicios de comedor y salones, su expresividad se caracterizó por recoger las condiciones del entorno geográfico en que se ubicaban. En los dos se utilizó la curva como estrategia general de disposición del edificio, potenciada por un lenguaje austero sin ornamentación.

En el caso del hotel Portillo se intentó hacer expresiva su condición de refugio y centro de esquí. Introducía también un nuevo uso de los materiales, dado por el contraste entre el zócalo de piedra de dos niveles, que permitía el asentamiento del edificio en la montaña, y los revestimientos de madera usado tanto en el remate superior como en el nivel de acceso y los balcones. El bloque curvado en la dirección de la pendiente, otorgaba vistas sobre la imponente cordillera de los Andes. Este era reforzado en sus dos lados con elementos que tendían a contenerlo: un cuerpo vertical y un conjunto de balcones horizontales. En el hotel Turismo de Antofagasta el bloque curvo se enfrenta a la bahía y pequeña playa que deja en su frente. En este caso Lira introduce un elemento perpendicular a la curva, que establece otras condiciones formales a través del escalonamiento en sus niveles superiores y a través de una semicircunferencia que cierra la bahía.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-27Fig. 27 Imagen alusiva a los deportes de invierno, donde aparece el hotel Portillo al fondo. EV Nº 345, 1962, portada.

Otro gran hotel que modificó la concepción inicial de esta tipología fue el Miramar, proyectado por Landoff y Valenzuela en 1946, en el roquerío existente entre la desaparecida playa Miramar y caleta Abarca. Consistía en un volumen en U, que se configuraba por un cuerpo central y dos alas laterales, de puntas semicirculares, que se acercaban al mar. En planta, la morfología del proyecto no era simétrica y ambas alas del proyecto (de igual ancho) tampoco eran paralelas. El ala sur, de un largo total de 29 metros, se unía al cuerpo central de manera perpendicular formando una L, como elemento unitario. En cambio el ala norte, de 37 metros de largo, se encontraba con la L de un ángulo distinto y sin intersectarse del todo, formaba un cuarto elemento de esquina entre la L y el ala sur. En esta esquina se armaban dos volúmenes verticales de cajas de escaleras, que armaban tanto la fachada a la calle como la que daba hacia el norte. Al margen del detalle geométrico, la planta era bastante poco rigurosa en comparación con lo conocido de estos arquitectos, como el Palacio Presidencial de cerro Castillo o el teatro Municipal de Viña del Mar. La asimetría tímida, se refería más a una condición de emplazamiento que a una voluntad de ruptura decididamente formal. El volumen, en el sentido vertical, se componía de un zócalo a nivel de calle retranqueado de sus bordes, y sobre él se alzaban dos niveles de marcada horizontalidad. Bajo él existían tres niveles que iban recortándose siguiendo la topografía existente. Además, contaba con una terraza superior sombreada por un plano suspendido sobre pilares, que se articulaba con el volumen vertical de cajas de escaleras.

El conjunto en general tenía una notoria unidad de lenguaje, basada en la horizontalidad dada por el uso de recursos simples, como enfatizar la línea superior de las ventanas, y en una clara definición volumétrica. Hacia la calle la fachada solo rompía su continuidad en el elemento vertical de la escalera, mientras en la fachada hacia el mar, los dos niveles sobre el zócalo parecían estar suspendidos, dejando un vacío entre la roca misma y el volumen del edificio. Las ventanas de similar tamaño en todo el conjunto, respondiendo a la regularidad dada por la repetición de las habitaciones, parecían estar excavadas en la masa edilicia. Su volumen irregular y su encuentro con las rocas a través de plataformas y volúmenes que se recortaban por la topografía lo hacia asentarse con propiedad en el emblemático lugar.

Volviendo a lo dicho por Iribas, la tipología del gran hotel estaba destinada al viajero; al que por pocos días estaría en condiciones de lujo y confort. En cambio, para el veraneante que permanecería más tiempo en el lugar, la hostería, la terma y el pequeño hotel fueron las tipologías recurrentes que se potenciaron hacia los años cincuenta, en lugares donde el gran hotel no tendría la demanda suficiente para su mantención. Dentro de ellas, los casos más significativos fueron el hotel Antumalal de Jorge Elton de 1947-1950, la hostería de Chañaral de Bresciani Valdés, Castillo y Huidobro de 1960, las hosterías de Ancud y Castro de Emilio Duhart en 1962 y la hostería de Cavancha de Martín Lira (1967-1969), todas nacidas al amparo de la corfo, cuando dicha corporación adquirió protagonismo en la actividad turística desplazando la labor que había tenido Ferrocarriles. De esta manera se propusieron

“Establecimientos más pequeños a lo largo de carreteras, esto resultó ser más efectivo tanto en la cantidad de inversiones como en la conformación de una red hotelera en el norte y en el sur del país poniendo fin a más de 30 años de gestión ferroviaria”
— Cassals, 1999: 145. (Fig.31)

En términos arquitectónicos, estos casos representan precisamente el cambio de escala del hotel, a partir de la necesidad de estancias más permanentes, con menores condiciones de lujo y en contacto más directo con el paisaje natural. Se utilizaron las condiciones formales propuestas por una modernidad desarrollada, introduciendo el uso de materiales diversos como la piedra y la madera, que permitieron crear una arquitectura sencilla respondiendo a la escala casi doméstica de las instalaciones. Al mismo tiempo introdujeron condiciones espaciales ligadas a los paisajes en los cuales se establecía, principalmente a través de la creación de espacios intermedios y terrazas que se proyectaban sobre la naturaleza, enmarcándola y trayéndola hacia los interiores.

Se puede decir que esta transformación hacia el uso de lenguajes y espacialidades modernas también se produjo en entidades de menor escala, como los restaurantes y salones de té; ejemplos de ello fueron el salón de té del Parque del Salitre, el restaurante Cap Ducal de Roberto Dávila (1936) y el Club de Yates de La Serena, de Martín Lira (1950). En definitiva también en los espacios de encuentro social se puede constatar una afiliación moderna que rompe con la tradición académica que los había definido, introduciendo no solo un lenguaje moderno si no una espacialidad proyectada en el paisaje cercano.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-28Fig. 28 Publicidad Hotelera Nacional S.A. – HONSA. GV 1962, p. 144.

Una nueva mirada sobre los documentos
de difusión turística

La labor de Ferrocarriles del Estado en la gestión, difusión y fomento del turismo nacional fue importante y fundacional, y consideró al menos tres estrategias relevantes para su consolidación: la construcción de ramales y estaciones propias de la empresa para el óptimo funcionamiento del medio de transporte asociado, la participación en la formación de consorcios hoteleros que a lo largo de todo el país dotaron de infraestructura para la permanencia en el destino y, finalmente, la difusión a través de los medios de propaganda nombrados.

De esta manera, existió una acción concertada de Ferrocarriles por generar la red de infraestructura ferroviaria y por dotar de establecimientos hoteleros a los centros urbanos y a lugares con paisajes de interés para el turista. Ellos constituyeron puntos estratégicos para el desarrollo turístico del territorio, lo colonizaron y fundaron a partir de un reconocimiento de los valores arquitectónicos, urbanos y paisajísticos que revisaremos a continuación con la presentación de casos emblemáticos.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-29Fig. 29 Publicidad balneario Antumalal, Pucón. gv 1949, p. 196.

A partir del análisis de los documentos de difusión turística se ha podido construir un archivo fotográfico y una selección de casos significativos¹⁴, que se presentarán en detalle en los capítulos siguientes. Estos se encuentran divididos según las temáticas propuestas, en las cuales la arquitectura fue elemento protagónico del desarrollo turístico, pero también del progreso y la modernización del país.

Los capítulos siguientes titulados: “Piezas de arquitectura para el ocio y el turismo” y “Conjuntos urbanos como destinos turísticos” proponen otorgar una nueva mirada a los documentos analizados y a los materiales seleccionados, para poner de relieve la importancia que adquieren las obras de arquitectura y las intervenciones urbanas que adhirieron a un sesgo disciplinar moderno, respondiendo a una demanda creciente por el desarrollo turístico de nacional. Así se propuso dar cuenta del imaginario turístico de Chile, que fue difundido con particular fuerza, constancia y especial cuidado gráfico. Este que pueden ser entendido como la base para la actual valorización del país en el contexto internacional del desarrollo turístico contemporáneo.

Los capítulos que organizan el presente libro, fueron propuestos como valores a través de los cuales se manifiesta la arquitectura y la ciudad. Ellos son: el valor programático de la pieza de infraestructura turística (hotelería, refugio, terma, equipamiento turístico, piscinas y balnearios), y el valor representativo de los conjuntos urbanos (representado preferentemente a través de arquitectura pública). El reconocimiento de estos valores propone una nueva mirada¹⁵ sobre estos materiales y establece una selección de casos significativos de análisis, que serán abordados en detalle para ejemplificar cada capítulo. La presentación de los casos de piezas arquitectura y de conjuntos urbanos, nos permite construir su relevancia en el contexto de la difusión del turismo nacional.

En cuanto a las piezas arquitectura se seleccionaron aquellas consideradas como infraestructura turística. Se puede afirmar que existió un particular interés en fortalecer el turismo a través de la construcción de hoteles, como de otro tipo de edificios que garantizaban la estadía en los destinos, como: hosterías, refugios y termas, a lo largo de todo el país. A ellos se le sumó la construcción de equipamiento para el ocio, como piscinas, salones de té, restaurantes, casinos, etc. De esta manera, la arquitectura dotó de programas nuevos y servicios complementarios a las localidades, consolidó balnearios y fundó nuevos sitios de interés turístico. Casos fundamentales son el Gran Hotel Antofagasta, el salón de té Parque del Salitre, el restaurante Cap Ducal, el hotel Miramar, Piscina y Club Social Rocas de Santo Domingo, el hotel Portillo, las Termas de Puyehue y el hotel Puerto Varas. Ellos configuraron una suerte de ensayos, tanto desde el punto de vista del desarrollo programático y funcional de estos establecimientos, como del trabajo contextual en las más variadas locaciones.

En cuanto a los conjuntos urbanos se seleccionaron los representativos de la modernidad y progreso, los cuales se encuentra presentado mayoritariamente por las intervenciones y proyectos emblemáticos en las más importantes ciudades del país. Principalmente la arquitectura de carácter estatal tanto como los espacios públicos, fueron mostrados profusamente como representativos del desarrollo del país en términos del fortalecimiento de lo cívico y lo urbano. Ejemplos de ello son el barrio cívico en Santiago, la plaza Sotomayor en Valparaíso, Plaza de Armas de Osorno, y el barrio universitario de Concepción. Todos ellos con sus diferencias de carácter y escala, son casos que ejemplifican la importancia que se le otorga a la arquitectura y al espacio público para corporizar valores cívicos en un contexto de modernización. Por otro lado, la rivera de Valdivia y el borde costero de Viña del Mar, representan paisajes urbanos interesantes, donde la ciudad y su desarrollo están referidas a condiciones geográficas particulares que son puestas en las imágenes lejanas y aéreas.

Finalmente, es necesario decir que los casos seleccionados y presentados constituyen un conjunto de obras arquitectónicas e intervenciones urbanas que bajo la consigna de promocionar al país desde una perspectiva turística, lograron posicionarlas como imágenes significativas en la construcción cultural moderna de Chile. El libro propone un argumento gráfico que acompaña la presentación de dichos casos, utilizando las imágenes de las fuentes primarias utilizadas (Guía del veraneante y En viaje), y casi en igual proporción, por las imágenes originales del fotógrafo Enrique Mora quien fue un colaborador constante de dichas publicaciones. Estas imágenes constituyen un material de incalculable valor, por primera vez publicado. Ellas ayudan a construir el continuo argumental que el libro propone, a través de las postales que representaron la relación crítica entre turismo y arquitectura moderna.

La-arquitectura-moderna-en-la-difusion-de-Chile-como-destino-turistico-titulo

Publicado en

Turismo y arquitectura moderna en Chile
Diciembre 2014

Artículo realizado por

Macarena Cortés. Arquitecta de la Universidad Central de Chile (1996), Magíster en Arquitectura (2002) y doctora en Arquitectura y estudios urbanos (2010) de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Postgrado en Paisajes culturales, patrimonio y proyecto, Universidad Politécnica de Cataluña (2005). Ha expuesto los resultados de su tesis doctoral e investigaciones en seminarios nacionales e internacionales. Es autora de varios libros, capítulos de libro y artículos para publicaciones nacionales e internacionales, con temáticas relativas al desarrollo de la arquitectura chilena del siglo XX. Actualmente es docente en pregrado y postgrado y Jefa de Investigación de la Escuela de Arquitectura UC.

Notas

Todas las imágenes pertenecientes al texto introductorio y a las fichas de casos, pertenecen a la revista En viaje y a la Guía del veraneante, ambas editadas por la Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile. Por lo que se utilizará la abreviatura EV y GV, respectivamente.

1 El primer texto relevante en este sentido es de 1883, de Paul Lafargue y se titula El derecho a la pereza, donde criticando fuerte-mente la moral capitalista impuesta, que tendió a reducir los derechos de los trabajadores a un mínimo, hizo un llamado a exigir el derecho al descanso.

2 Existen dos textos interesantes en esta línea; AA.VV. Arquitectura moderna y turismo: 1925-1965. IV Congreso Fundación Docomomo Ibérico, Universidad Politécnica de Valencia, 2003. Lasansky y McLaren. Arquitectura y turismo: percepción, representación y lugar. Barcelona: Gustavo Gili, 2006.

3 La revista En viaje, se encuentra totalmente digitalizada y disponible en el sitio hmemoriachilena.cl. Consultado el 25 de mayo de 2014. Tuvo carácter mensual desde el Nº 1 de noviembre de 1933 al Nº 470 de julio de 1973, y fue editado por la Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado chileno.

4 La Guía del veraneante se encuentra dispersa en distintos archivos y varios de sus ejemplares fueron adquiridos para la investiga-ción. Las dos primeras guías fueron bienales en 1936-1937 y 1938-1939, y luego tuvo un carácter anual y continuo hasta 1962; después de ello cambió su nombre a Guía Turística. Un total de 25 guías, editadas por la Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferroca-rriles del Estado chileno.

5 En 1937, la Metro Goldwyn Mayer produjo un documental orientado al turista estadounidense, con el nombre de The Land of Charm, bajo la dirección de James A. Fitzpatrick. En este plantea al espectador un viaje hacia un Chile moderno, reconocible y seguro como destino turístico exótico.

6 Como en The South American Handbook, publicada desde 1924 por la Federación de la Industria Británica, que tuvo una sección especial para Chile.

7 A esto se refiere Ian Thompson, precisamente por la estacionalidad referida al turismo nacional, agudizado por las condiciones climáticas que caracterizan al país (Thompson y Ahgerstein, 1997: 201-10).

8 Las concesiones que esta organización tenía a cargo eran además de los tres hoteles, los servicios de coches comedores y el restaurante de la estación Puerto (En viaje, 1939: 40)

9 Esto puede ser corroborado en las publicidades de la Organización Nacional Hotelera S.A., a partir de la nota titulada “La más completa red de los mejores hoteles de turismo de América Latina” (En viaje, 1945: 113).

10 Según se muestran en las diversas publicidades de dicha empresa entre 1945 y 1960, presentes en la revista En viaje y en la Guía del veraneante (1947: 216).

11 Publicidad del Consocio Hotelero de Chile S.A. (Guía del veraneante, 1948: 32).

12 Publicidad del Consocio Hotelero de Chile S.A. “¿Conoce Ud. el norte?” (Guía del veraneante, 1958: 33).

13 Julio Cordero fue arquitecto del Departamento Técnico de la Caja de la Habitación popular y reconocido por ser autor de la Población Huemul II en 1943.

14 La selección de casos fue realizada a partir de la cantidad de apariciones y por la importancia con que ellos fueron registrados en los documentos analizados.

15 Los documentos de difusión turística que se han citado, han sido estudiados preferentemente desde una perspectiva historiográfica, desde la labor de Ferrocarriles en el surgimiento del turismo en Chile, por autores como Rodrigo Booth y Carolina Cassals, y en menor medida por Ian Thompson. Ver bibliografía.

Referencias bibliográficas

AA.VV. Arquitectura moderna y turismo: 1925-1965. IV Congreso Fundación Docomomo Ibérico, Universidad Politécnica de Valencia, Valencia, 2003.

ALLIENDE, María Piedad. Historia de ferrocarril en Chile. Santiago: Goethe Institut y Pehuén Editores, 1993.

ARIÈS, Philippe y DUBY, Georges. Historia de la vida privada. Madrid: Taurus, 1990.

BARELLA, Carlos. “Dos cosas: construir hoteles y hacernos propaganda”. Editorial En viaje Nº 159, 1947. Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile.

CASSALS, Carolina. La Empresa de Ferrocarriles del Estado y el desarrollo del turismo en Chile, 1925-1975. Tesis para optar al grado de licenciado en Historia. Instituto de Historia, Pontificia Universidad Católica de Chile, 1999.

CASSALS, Carolina y SANDOVAL, Marco. “Viajar en tren, turismo chileno con una visión ferroviaria”. En Plan Maestro Turístico, ramal Talca Constitución. Santiago: Ediciones Universidad Central de Chile, 2013.

Código del Trabajo. Santiago: Editorial Nacimiento, 1932.

CORBIN, Alain. Historia del cuerpo. Buenos Aires: Taurus, 2005.

CORFO. Veinte años de labor: 1939-1959. Corporación de Fomento la Producción. Santiago: Editorial Zig-Zag, 1962, p. 37.

FEHER, Michel; NADDAFF, Ramona; y TAZI, Nadia. Fragmentos para una historia del cuerpo humano. Madrid: Taurus, 1990-1992.

GAUSA, Manuel. “El espacio turístico: paisaje al límite”. En AA.VV. Arquitectura del movimiento moderno, Registro Docomomo ibérico. Barcelona: Fundación Mies van der Rohe, 1996.

GATEPAC. “La necesidad de la vida al aire libre”. Revista AC N° 7, 1932. En SOLÁ-MORALES, Ignasi de. ac/ GATEPAC. 1931-1937. Barcelona: Gustavo Gili, 197?, p. 17.

GROSS, Patricio. Desarrollo urbano y Ferrocarril del Sur; 1860-1960. Impacto en ciudades y pueblos de la red. Santiago: Instituto de Estudios Urbanos, Pontificia Universidad Católica de Chile, 1998.

IRIBAS, José Miguel. “Evolución de las rutinas del espacio, las diferentes tipologías turísticas”. En Arquitectura moderna y turismo: 1925-1965. Actas IV Congreso Docomomo Ibérico. Valencia, 2003.

IRRIZAGA, C., GÁLVEZ, T. y SILVA, R. Desarrollo del transporte ferroviario en Chile. Sección Ingeniería de Transportes, Departamento de Obras Civiles. Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, Universidad de Chile, 1980.

LASANSKY y McLAREN. Arquitectura y turismo: percepción, representación y lugar. Barcelona: Gustavo Gili, 2006.

PIÉ, Ricard. “La arquitectura vergonzante”. En AA.VV. La arquitectura del sol. COA Calatunya, Comunidad Valenciana, Illes Balears, Murcia, Almería, Granada, Málaga y Canarias, Barcelona, 2002.

SERT, José Luis. Can our Cities Survive? Cambridge: Harvard University Press, 1942.

THOMPSON, Ian y AHGERSTEIN, Dietrich. Historia del ferrocarril en Chile. Santiago: Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, 1997.

VIGARELLO, Georges. Lo limpio y lo sucio. Madrid: Alianza, 1991.

Editorial En viaje Nº 2, 1933(a). Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile.

Editorial En viaje Nº 4, 1933(b). Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile.

Editorial En viaje Nº 9, 1934(a). Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile.

Editorial En viaje Nº 12, 1934(b). Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile.

“Organización Nacional Hotelera Bonfanti S:A”. En viaje Nº 71, 1939. Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile; p. 40.

“La más completa red de los mejores hoteles de turismo de América Latina”. En viaje Nº 145, 1945. Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile, p. 113.

Editorial En viaje Nº 158, 1946. Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile.

“Organización Nacional”. Guía del veraneante, 1947. Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile; p. 216.

Publicidad del Consocio Hotelero de Chile S.A. Guía del veraneante, 1948. Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile, p. 32.

Editorial En viaje Nº 184, 1949. Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile.

Publicidad del Consocio Hotelero de Chile S.A. “¿Conoce Ud. el norte?”. Guía del veraneante, 1958. Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile, p. 33.

Editorial En viaje Nº 345, 1962. Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile.