¿Guy, cómo se inicia tu vinculación con la arquitectura?

Mis padres, Patricio Wenborne y Elizabeth Hughes, son ambos arquitectos de la Universidad Católica, cada uno con su propia carrera. Yo tenía muy claro que no quería ser arquitecto pero aun así la sangre y el arte tiraban en la familia; finalmente llegué a la arquitectura, pero por otro lado. Siempre tuve claro que las grandes carreras con largos años de estudio no eran para mí. Me veía transitando por otros caminos distintos a los que tomaron mis padres, algo que igual me costó mucho llevarlo a la realidad. Estudié otras cosas, por ejemplo administración agroindustrial durante dos años, en una época muy difícil –eran los años ochenta, había muchas protestas y paros, apenas avanzábamos en las clases– y la fotografía era mi hobby. De repente me di cuenta que estaba perdiendo el tiempo estudiando eso y decidí, por mientras, hacer de mi hobby mi trabajo, y todavía estoy en eso hasta el día de hoy.

Nunca estudiaste fotografía, entonces.

No, soy absolutamente autodidacta. Hice los cursos de extensión con Patricia Novoa en la Universidad Católica, Fotografía I y Fotografía II, y los cursos de color con Eduardo Vilches. Pero nada más. Además en esa época yo tenía 21 ó 22 años y la verdad es que quería trabajar y valérmela solo. Como no tenía ni tiempo ni dinero para estudiar me tiré a los leones, como se dice, con lo poco que sabía y a fuerza de intuición.

¿En qué año fue esto?

Esta decisión de hacerme fotógrafo fue en 1989. Yo ya sabía algo de arquitectura, y podría decirte que trabajar para arquitectos fue vital en mi desarrollo como fotógrafo. Además, comencé a fotografiar arquitectura en una época en la que en Chile no se le daba mucha importancia a un buen registro fotográfico de las obras. Era algo como bastante casual, las fotos las tomaban los mismos arquitectos. De a poco me fui metiendo en ese mundo profesional a través de los contactos de mis padres y demostrándole a los arquitectos que contratar a un fotógrafo valía la pena, que los hacía lucir sus obras y a veces revelaba aspectos que ni ellos habían visto de su propio proyecto. Desde ese momento, me ha encantado fotografiar arquitectura porque es un proceso en el que el ego del fotógrafo se guarda y tú pasas a ser un servicio de arquitectura. Eso me entusiasmaba mucho como forma de aprendizaje.

¿Empezaste fotografiando la obra de tus padres?

Claro, para la oficina que tenía mi padre, San Martín, Wenborne y Browne. Después trabajé con Pedro Pascal y luego con Enrique Browne, Cristián Boza, Cristián Undurraga… Conozco a casi todos los arquitectos importantes. Pero definitivamente la pasada por Germán me marcó. Me marcó su forma de mirar, de enfrentarse a las cosas y sobre todo el grado de conocimiento que tenía Germán de Chile, del territorio chileno y lo mucho que lo apreciaba. Yo sentía, frente a muchas de las otras obras que me tocaba fotografiar, que era una arquitectura que tenía los ojos puestos en lo que se hacía fuera del país. O algo así. Pero con Germán vi una arquitectura cuyos fundamentos estaban en lo sencillo, espontáneo y precario de Chile. Eso me gustó mucho: el aprecio por lo local para hacer una muy buena arquitectura. Y lo encontraba muy entretenido.

¿Cómo se produjo el vínculo con él, exactamente?

Nos encontramos en el Hotel explora de Torres del Paine. Había sido invitado a través de una agencia para hacer fotos del hotel y de los servicios que prestaba. Estaba recién inaugurado, y coincidimos en esa semana también con José Cruz. “Ah”, me dijo Germán, “tú eres el hijo de Patrick y la Eli”, todos me tenían completamente identificado. Le mostré las fotos y quedó maravillado con el poco tiempo que había estado y lo muy productiva que había sido mi visión. Desde ese momento hemos forjado una relación muy amistosa con Germán. Entonces, me encantaba ir a las reuniones que teníamos en su oficina a presentarle el material. Yo sentía que era como ir a clases. Todo lo que me hablaba, cómo me explicaba las cosas, lo encontraba muy enriquecedor.

¿Esta experiencia de fotografiar una obra como el Hotel explora, muy vinculada al paisaje, tuvo que ver también con tu inclinación por la fotografía de la naturaleza?

En general, he considerado el trabajo de fotografía de arquitectura como un servicio para sustentarme. Aunque sabía mucho de arquitectura a través de la familia, yo lo veía como una forma de ganarme el pan. Pero desde el principio, y antes de hacerme fotógrafo, la fotografía de naturaleza, a lo National Geographic, era mi sueño y de hecho ahora estoy dedicado a eso casi en un 100% y muy poco a la arquitectura. Me da un poco de lástima dejar la arquitectura, pero la verdad es que mi norte fue siempre la fotografía de la naturaleza. Ahora, el proceso de fotografiar arquitectura fue muy enriquecedor para mí como fotógrafo de la naturaleza: fotografiar una obra de arquitectura o un lugar de la naturaleza es para mí bastante similar, porque en definitiva tanto la obra como el paisaje están afectados por el clima y la luz, sobre los que no tengo control. Entonces el entrenamiento de la fotografía de arquitectura me ha servido mucho para esta otra etapa en la que lo que he intentado hacer es, podríamos decir, el retrato de la naturaleza de Chile.

¿Tu fotografía cambia según el arquitecto para el que trabajas? ¿Hay un diálogo, formal o informal, con el arquitecto sobre cómo quiere él que su edificio se vea o cómo quieres presentarlo tú?

Los arquitectos son tremendamente especiales, cada uno tiene sus particularidades y sus formas de trabajar. No es necesario dar nombres: hay algunos que cuando fotografío están al lado, discutiendo y analizando cada ángulo, cada luz y a mí me encanta esa participación. Y también hay otros que me dejan absolutamente solo frente a la obra y me dicen: “ve tú”. Ese es el estilo de Germán. Cuando uno tiene al arquitecto al lado y puede discutir cada toma, es bastante fácil porque en el fondo lo que haces es editar en el momento. Pero Germán tenía esa otra aproximación de dejarme absolutamente libre. Cada uno tiene su forma de relacionarse con el fotógrafo y ninguno es igual.

¿Hay algún tipo de arquitectura que te guste en particular fotografiar o que encuentres más fotogénica?

Creo que esa arquitectura tan perfecta, pulcra, impecable y pensada hasta en el menor detalle por el arquitecto, está un poco lejos de lo chileno. Los chilenos somos un poco imperfectos, las cosas no siempre están bien terminadas y eso, que a veces se mira como un aspecto negativo de la ejecución de la obra, lo puedes ver de otra manera y quizás pase a ser un valor. Trabajar con Germán me ayudó a apreciar eso, la belleza de las cosas rudas o sin pulir. En eso me interesa mucho lo que hacen Germán, Sebastián Irarrázaval y Cazú Zegers, son arquitecturas que me gusta fotografiar, por dar unos nombres entre tantos. En general me gusta cuando hay buena arquitectura construida con pocos recursos, lo encuentro muy atractivo. En otro espectro, también me gusta mucho el trabajo de Mathias Klotz y el de arquitectos como Maurizio Angelini o Felipe Assadi.

¿Y te interesa el tema de las personas en la foto de arquitectura?

Muchas veces los arquitectos prefieren fotografiar sus obras antes que entre el usuario, porque normalmente modifica muchas cosas. Son pocos los casos en que el usuario está muy de acuerdo con el arquitecto en cómo se habita la casa o en la elección del mobiliario. Fotografiar espacios de arquitectura vacíos, particularmente casas, es un desafío tremendo, sobre todo porque es muy difícil darles escala, pero me resulta más lejana la idea de una fotografía de arquitectura concentrada en mostrar solo “formas de habitar”, por decirlo de alguna manera. Aunque últimamente he visto muy buenos trabajos de gente habitando la arquitectura, y me parece absolutamente lógico. Existe una larga tradición interesada en dejar las cosas más pulcras, donde la fotografía era solo de arquitectura y apenas aparecían algunas personas para dar la sensación de una escala. Pero en la medida en que se pueda controlar, la aparición de grupos de personas en actividad me parece que puede aportar a la comprensión de lo que se quiere presentar.

La ciudad también te ha interesado, ¿verdad?

Sí, aunque no es una línea en la que haya trabajado mucho, pero he ido fotografiado Santiago a través de los años. Me interesa en particular la fotografía aérea de las ciudades, la mirada desde arriba. Cómo se ve Chile y cómo nos vemos como habitantes desde el aire es lo que me interesa retratar. Eso también abarca a la naturaleza. En tal sentido, más que su arquitectura, lo que me interesa de la ciudad es cómo se relaciona con su entorno geográfico, cómo se posiciona este conjunto de edificios y de seres humanos en la geografía, y en definitiva en el planeta. Por ejemplo, la ciudad de Punta Arenas, que es efectivamente una punta frente a un llano, el mar. Trato de no olvidarme nunca, incluso en la fotografía de obras, dónde está inserta la obra, cuál es su entorno geográfico, su horizonte, su sistema de referencias espaciales a gran escala. En general las obras que están solitas en un espacio neutro son muy pocas. Contextualizar la obra o la ciudad dentro de una geografía para mí es muy importante. Valdivia o Valparaíso son ciudades insertas en una geografía muy rica y variada. Me gusta mostrar cómo se entrelazan la textura urbana y la textura natural.

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↑ Pilas de leña de Germán Genkowsky, lago Fagnano, Timaukel, Tierra del Fuego. Fotografía de Guy Wenborne.

Extracto de la entrevista realizada a Guy Wenborne en septiembre de 2013 por Alejandro Crispiani.

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Publicado en

ARQ +1 | Germán del Sol / Guy Wenborne
Noviembre 2013

Entrevista realizada por

Alejandro Crispiani. Arquitecto, Universidad Nacional de La Plata, 1984 y Doctor en Historia Intelectual, Universidad Nacional de Quilmes, 2008. Ha realizado estudios de postgrado en Madrid y Barcelona, en el área de Teoría e Historia de la Arquitectura, especializándose en temas de historia relativos a la segunda mitad del siglo XX y a la relación entre arte y disciplinas proyectuales. Su actividad se ha visto reflejada a través de un número significativo de publicaciones y proyectos de investigación realizados en los últimos años en el ámbito latinoamericano; es autor del libro Objetos para transformar el mundo, coeditado en 2010 por la Universidad Nacional de Quilmes, Prometeo y Ediciones arq. Actualmente es profesor de la Escuela de Arquitectura de la pontificia Universidad Católica de Chile y editor en jefe de Ediciones ARQ.